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Hagamos cosas atemporales [Uzziel]

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Hagamos cosas atemporales [Uzziel]

Mensaje por Alicia Terpelli el Lun Mayo 09, 2011 9:02 am

"Alicia, cariño, recuérdame por qué rábanos eres profesora, que es que ya no estoy nada convencida de que sea por vocación".

Hablar con uno mismo no es síntoma de estar muy bien de la cabeza, pero como no había formulado el pensamiento en voz alta, podía pasar por cuerda. Realmente me estaba desesperando. Ese lunes había sido uno de los peores, porque los chicos habían ido a no-sé-qué-fiesta, y habían vuelto con una resaca de aquí hasta California. Y claro, como la profe había mandado un trabajo para el lunes, hazlo a toda prisa antes de entrar a clase, que seguramente no se dará cuenta. Pues me había dado cuenta, señoras y señores. Y de verdad, pocas veces en mis pocos años como docente he tenido que enfrentarme a semejante mansalva de incongruencias. Detrás de mis gafas de nerd graduadas apropiadamente para la leve miopía que me llevaba achacando un tiempo, mis ojos azules y cansados se humedecían a sí mismos al leer que Nietzsche había formulado la teoría del Mundo de las Ideas, o que Descartes en realidad era perteneciente a la corriente idealista. En la mesa de mi casa, tuve que gruñir de cansancio y estampar la frente contra la madera pintada de negro y barnizada sobre la cual se extendían los cuarenta y ocho trabajos. Sólo había uno o dos que realmente se hubieran molestado en hacerlos bien, con tiempo, investigando, conscientes de que no valía con poner cualquier tontería para rellenar espacio. ¡Dios! ¿Cómo había podido Ayk? Me quité las gafas, definitivamente, y miré el reloj. Eran las cinco y media de la tarde. No pensaba pasarla toda corrigiendo tonterías. Cero para todos, excepto para los dos que lo habían hecho bien (trabajos que me miraría con más calma después), y ya podían rogar al cielo hacer el examen final de matrícula. Que si no...

Me levanté de la mesa y me fui a mi cuarto a cambiarme de ropa. Necesitaba salir de casa, y sabía perfectamente adónde ir. Volaron por mi cuarto blusas y faldas largas, hasta que di con esos vaqueros oscuros que tanto me gustaban y esa camisa de cuadros de franela a lo Earl Hickey. Recuperé las gafas cuando salí de casa. Llamaba poco la atención de esa guisa (si podemos considerar llamar poco la atención el hecho de que todo el mundo se me quedara mirando el pelo, cuando en teoría los pelirrojos nos íbamos a extinguir), y me parecía la más adecuada para lo que quería hacer.

Me planté frente al museo media hora después. Era una de esas tardes muertas en las que o te dejabas llevar por las obras de arte y las exposiciones, o te ponías a comer como un animal a causa del aburrimiento. El inmueble era una especie de templo griego inspirado en el British Museum que había en Londres. Ese museo que contenía trazos de todas las culturas y de todas las civilizaciones existentes, y que en algún momento de su vida contenía exposiciones dedicadas a investigaciones sobre problemas sociales tales como la drogadicción, el alcoholismo o la prostitución. Cuando eso eran problemas y no el pan nuestro de cada día en este mundo gris. La entrada, por suerte, era muy barata, un intento del gobierno de hacer la cultura accesible a todos. La verdad es que yo lo valoraba, sin duda, pero me parecía que la gente, en medio de su individualismo personal (claro, no podía ser otro) estaba más preocupada de la guerra y las epidemias que de recuperar los pedazos de un pasado decadente que luchaba por mantenerse a flote. No era la primera vez que entraba en ese museo, y la gente podría pensar que me aburría, pero no. En el reparto del mundo, la UE, en un alarde de caballerosidad para con el nuevo continente poblado, había cedido obras muy importantes de diferentes partes del mundo: Londres, París, Florencia, Roma, Madrid... Varias de mis favoritas estaban ahí, y no perdía nada al acercarme a verlas de vez en cuando y contarles sin hablar que estaba harta de todo. Que quería vivir. Bueno, qué más daba.

Me acerqué a la taquilla, esperando de pie tras una pareja que se reía tontamente, discutiendo sobre quién invitaba a quién. Me quité las gafas y las metí a la mochila al tiempo que zapateaba en el suelo con mis viejas Converse negras. Dios... Enamorados. Qué estúpidos.

Qué envidia.
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Re: Hagamos cosas atemporales [Uzziel]

Mensaje por Uzziel X. Winter el Lun Mayo 09, 2011 12:33 pm

Que no llueva, que la polución no asfixie nuestras gargantas, que el viento no se vuelva abrasivo con cada ráfaga que recorre las calles. Mierda, eso son noticias. No me hace falta irme a buscar un atentado, o un tiroteo en un instituto, salir a la calle y disfrutar de incluso un poco de fresco muchas veces bastaba para llenar una columna de opinión, o dos, si me apuras. "El renacer de la naturaleza.", bien podría llamar a ese "fenómeno" a mitades de siglo.
Bah, a quién pretendo engañar, eso no lo leería nadie, ni siquiera los ecologistas más arraigados del Antártida, de leerse ahí nuestro periódico. Bueno, al menos eso me había convencido a salir de casa. Lanzo el cigarrillo por la ventanilla al tiempo que compro uno de nuestros ejemplares al tipo gordo que los vende en la farola. El titular de portada reza que nuestro dirigente sigue visitando; camuflado como una cumbre, un país africano. Yo no puedo evitar esbozar una sonrisa, porque es gracioso. Es cómo cuando te pones al lado de una estatua y haces posturas cómicas para que te tomen fotos. Ellos nunca serán cómo tú. Nunca estarán vivos de verdad. Hablo de los niños y las familias, claro. El gobernador de cada estado tiene los bolsillos a reventar de los diamantes que su pueblo extrae de las mismas entrañas de la tierra, dónde el calor del núcleo es inhumano, dónde probablemente varias vidas se quedan bajo las minas a cada jornada de trabajo.
Con todo, prefiero vivir aquí que en las Naciones, más lejos del océano. Arranco y justo en la siguiente esquina dirijo el coche hacia el aparcamiento del Museo Alitheia, pues había leído en Internet que ayer se inauguró una exposición acerca de la Segunda Guerra Mundial. Había objetos históricos, siempre me habían llamado la atención la historia física.

Una de las cosas que tenían los museos por encima de otros lugares de ocio era sitio para aparcar. Parece una bobada, pero se pierde mucho tiempo aparcando en una ciudad dónde la media era de casi cuatro coches por habitante. Sí si, llego un momento, salidos de la crisis de 2020, que los coches se vendieron con las cajas de cereales. Vale, no literalmente, pero supongo que os hacéis una idea.
Me había puesto una americana marron oscuro sobre una camisa negra. No tenía otros pantalones limpios que unos vaqueros viejos, tambien negros, así que decidí ponerme unas zapatillas algo decentes que tenía bajo la cama. Iba a encenderme otro cigarrillo, pero recordé que no podía fumar alli dentro, así que volví a guardarlo en la cajetilla, con sus hermanos. La cámara compacta me acompañaba en el bolsillo de la americana, por si acaso. En el otro, reposaba un pequeño bloc de papel y un bolígrafo. Ya, lo podía apuntar por voz en el teléfono, pero es que había visto eso en una peli y me había parecido... elegante, ya sabéis.

La cola no parecía muy larga, y es que la cultura sigue sin llamar la atención. Justo en el momento en el que me disponía a ponerme los auriculares para disfrutar de la historia en el relativo silencio de la música, una visión femenina se dispuso en mi campo visual. Era pelirroja, y algo más. Diciendo verdades, fue en lo primero que me fijé hasta al cabo de un tiempo. Igualmente, tampoco pasó de ahí hasta que me di cuenta de su reacción frente a la parejita que también hacía cola. Soy periodista, y muchas veces un periodista de esos que hacen la pregunta más inoportuna en el peor momento. La racha de viento que bailó con los mechones de su pelo, llevó mis palabras hasta su oído.

- Veo que te molesta que tarden mucho en pagar... -sostengo las últimas palabras con cierta sorna. Su semblante no era precisamente de tener prisa- ¿No es cierto? Éstos adolescentes, en lugar de pagar una entrada para un fascinante museo, se entretienen jugando con sus hormonas. -meto las manos en los bolsillos y alzo la vista suspirando audiblemente.

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Re: Hagamos cosas atemporales [Uzziel]

Mensaje por Alicia Terpelli el Miér Mayo 11, 2011 1:21 am

Recordaba que la primera vez que había visitado el museo había sido con Angelo, mi hermano. Él tenía diecisiete años y yo diez. Como comprenderéis, una niña de diez años no valora tanto el arte como fuede hacerlo una mujer de dieciséis años más. Y los más críticos con la sociedad opinaban que un adolescente tenía mejores cosas que hacer que llevar a su hermanita pequeña a ver obras de arte. Como... Yo qué sé. Beber. Fumar. Drogarse. Acostarse con todo ser viviente que se cruzara en su camino, con o sin protección. Pero una de las cosas que recordaba con más orgullo de mi hermano fallecido era que nunca había sido un joven como los demás. Angelo entendía las cosas de otra manera. Angelo intentaba que el cielo volviera a ser azul con palabras cálidas y cuentos a medianoche. Él apreciaba la belleza de una flor que hubiera sobrevivido al temporal, o los dibujos que la lluvia corrosiva deslizaba por el cristal de las ventanas de casa. Sí, Agelo había sido un verdadero ángel.

Y lo echaba mucho de menos. Muchísimo. Mientras la parejita seguía discutiendo risueñamente acerca de quién pagaría las entradas (¿por qué no se pagaban cada uno lo suyo y ya está? Qué manía la gente de complicarse la existencia, caray.), yo giré la cabeza hacia las escaleras anchas y blancas que subían hacia el edificio. Y me pareció verlos ahí, el joven moreno de ojos azules llevando de la mano a la niña de pelo rojo panocha (sí -.-) y rizoso. Me pareció verlos entrar, y si hubiera sido un paseo 3D como los que ofrecía ahora la Wikipedia en sus entradas de monumentos importantes del mundo, los hubiera visto adentrarse en las diferentes alas del museo. La favorita de Angelo siempre había sido el Ala Azul, que representaba el arte neoclásico y romántico del siglo XIX. Recordaba que en un cuadro concreto se le habían llenado los ojos de lágrimas. Los hombres también lloran. Al preguntarle qué le pasaba, él me lo había señalado. Era una mujer con un pecho al descubierto, enarbolando una bandera francesa y volviéndose a un grupo de gente que tenía la boca abierta en gritos de protesta. El juego de luces y sombras era lo que los entenidos llamaban "claroscuro", y la voluptuosidad de las formas hacían parecer que la figura era real. "Es indescriptiblemente bello" decía Angelo. "Puedes ver en sus caras el deseo de libertad. La mujer que ves delante, Lizzie, es la propia libertad. Este cuadro se llama La Libertad Guiando al Pueblo, y me parece increíble que en el siglo XIX tuvieran más claros sus deseos que ahora, cuando la gente parece estar dormida".

Délacroix había causado en mi hermano esa emoción tan incontenible, y mientras el viento me revolvía el pelo ahora, me parecía oír su voz.

De ahí que me diera un susto de muerte cuando alguien me habló al oído.

-¡Dios!- exclamé antes de girarme bruscamente. No, no era Dios. Era Uzziel Winter. Por el momento, el paralelismo entre uno y otro no podía establecerse. Uzziel y yo éramos... conocidos asiduos. Ese era el nombre que yo les daba a las personas con las que de vez en cuando me reunía para hablar y con las que llevaba un rodaje en relación temporal. Aparte de que de vista lo conocí en la Universidad, tenía una mentalidad interesante. Y su vocación periodística era cartesiana, no dejaba de hacerse preguntas. ¿También él saldría con una frase estrella tipo "Cogito ergo sum"?

-Me has dado un susto tremendo- protesté. Su alusión a los jóvenes que teníamos delante me hizo chasquear la lengua. Para ser profesora, hay que ver la poca paciencia que tenía con los chicos que no eran alumnos míos.-Eh- les increpé.- Soy capaz de pagaros yo misma los tickets con tal de que os calléis de una vez y avancéis. Estáis siendo un poco bastante impertinentes con esos juegos florales vuestros que no vienen a cuento- la chica me miró ofendidísima e indignadísima, y el chico un poco aturdido. Me encantaba enfadarme, por un lado. Hacía que mi acento italiano saliera más a flote. Al final acabó pagando el chico ambas entradas, y la joven se permitió una última mirada de odio hacia mí antes de seguir a su novio.

Yo me giré hacia Uzziel con una sonrisa maliciosa.

-Lo que no me gusta es quedarme de pie en un mismo sitio más tiempo del necesario si no tengo intención de hacerlo. Por otro lado, problema resuelto- me encogí de hombros y me acerqué a la taquilla.- Un biglietto, per favore. La mia nazionalità è italiana, e devo portare con me il certificato, se necessario- ¿que por qué me ponía a dar explicaciones de mi origen? Porque si una persona demostraba que era de nacionalidad euroasiática pero que hablaba un idioma distinto, te regalaban una videoguía. Ya no eran "audio". Los hologramas habían tomado el control del mundo. Pagué religiosamente mis dos euros con cincuenta, recogí la videoguía y me quedé esperando a mi compañero.

No tenía inconveniente en hacer la visita a su lado.
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Re: Hagamos cosas atemporales [Uzziel]

Mensaje por Uzziel X. Winter el Miér Mayo 11, 2011 3:01 am

- Digamos que me gusta asustar a las cultas incautas. -saco un billete de cinco y espero el cambio mientras la miro- ¿Sabes? Siempre que te vuelvo a ver me da la sensación de que no vas a recordarme. -río y recojo la calderilla que el taciturno taquillero ha dejado sobre la repisa.- Lo cual dice poco a mi favor...

Alicia era esa clase de gente a la que no puedes encajar en ningún ámbito. No puede encasillarse. Eso me llamaba bastante la atención. A ser sincero, me llamaba mucho la atención. Los jovenes la habían fulminado con la mirada, y no era para menos. Les había cortado el rollo a base de bien, y lo cierto es que ese acento italiano llamaba la atención para mal. Sí, daba miedo, joder. No me había dado cuenta de hasta que punto el italiano podía ser exótico, cuándo prácticamente lindaba con mi país de origen.
La puerta se abrió ante nosotros de forma automática, mostrando las máquinas dónde debíamos pasar nuestra entrada. Un holograma saludaba a todos los visitantes. Se trataba del fundador del museo, del que no recordaba el nombre, francamente. De frente, había una especie de mapa en tres dimensiones de las diferentes exposiciones del museo y de dónde estaban ubicadas. Una familia asiática observaba la técnica con la que estaba fabricada. Pequeños bastardos, cómo si no supieran que son ellos los que hacen girar cada pieza, cada engranaje de ésta unión. Me atrevería a decir que un ochenta por ciento de la tecnología nace en lo que era Japón o China.

- Terpelli era tu apellido, claro. Ahora lo entiendo todo. -asiento, no supe de su procedencia hasta que la oí hablar- Nunca me habías dicho que eres italiana. -claro que no. Las pocas veces que nos habíamos visto, nos habíamos enzarzado entre la política y la filosofía. Era divertido, claro, pero a veces parecíamos bots de protocolo sentados en torno a una mesa rebosante de café.- Es... raro, aunque a día de hoy no me sorprende. Maldita globalización. -Uzz, eres bobo, su acento era más que notable.

Una vez pasados el mapa, nos adentramos hacia adelante. Yo esperaba ver en algún momento esas fotos de el Desembarco de Normandía, las tropas nazis, las reliquias de las SS, incluso se rescató un avión B-52 casi intacto. Eso estaba en la sala central, dónde se mostraban al público las exposiciones itinerantes. Realmente era muy económico. Pasen y vean, el principio de siglo al precio de una bolsa de pan de molde.

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Re: Hagamos cosas atemporales [Uzziel]

Mensaje por Alicia Terpelli el Vie Mayo 13, 2011 7:20 am

El museo se dividía en Alas de diferentes colores. Cada Ala era una época de la Historia del Arte diferente. El Ala Roja estaba dedicada a la Grecia Antigua y el resplandeciente Imperio Romano. El Ala Verde, al arte musulmán, del cual, puesto que estábamos en África y Oriente Medio estaba a tiro de piedra, había una abundante muestra de materiales y obras, aparte de una extensa exposición fotográfica de La Alhambra de Granada y la Mezquita de Córdoba, en España. El Ala Amarilla se dedicaba especialmente al arte medieval, relieves del románico, vidrieras y esculturas del gótico, pintura flamenca del siglo XV (van Eyck, el Bosco y compañía) y el Giotto. Y así podríamos seguir hasta el arte de hace veinte años. Cada mes, más o menos, se renovaban las exposiciones y se devolvían piezas a sus museos originales para colocar nuevas que venían prestadas. Me conocía el mapa de memoria. Mientras pasaba mi entrada por la maquinita, y desviaba los ojos del grupo de asiáticos mirando fascinados el holograma a Uzz, sonreí.

-Extrañas aficiones las suyas, señor Winter- comenté guardándome la entrada en el bolsillo de los vaqueros. Yo coleccionaba entradas. De museos, de teatros, de cines, de conciertos... Eran para mí el mejor álbum de fotos/vida que una pudiera tener.- Oh, y por lo de recordarte o no, no te preocupes, nuestras charlas son inolvidables. Aparte que tenía una compañera en la Universidad que estaba colada por ti, y nos obligaba a pasarnos las horas de estudio en la Facultad de Letras sólo para verte estudiar a ti. Ups... Seguramente no debería haber dicho eso- reflexioné en voz alta. Bueno, igual daba, hacía años que no veía a la compañera en cuestión, y estaba segura de que Uzziel nunca se había percatado de su presencia.- Por cierto, en cuanto a la nacionalidad... No creí que hiciera falta mencionarlo- sonreí.- Creía que por el apellido podía intuirse, y que se me notaba mucho el acento. Cosa que me fastidia sobremanera, porque mi padre siempre dice que es de mala educación y de gente vasta el hecho de que se sepa su procedencia.

Estaba avanzando con él por la entrada/salida (una especie de técnica publicitaria de una nueva exposición, Reliquias de las Cámaras de Gas, un estudio exhaustivo de la Segunda Guerra Mundial), vi a un segurata cogiendo del brazo a la chica de antes, la que me había mirado con odio, que sostenía con una mano un bocadillo y con la otra una Reflex del tamaño del pene de un elefante. Dios, ¿se podía ser más tonta? Mira que decía bien claro a la entrada que nada de comer o hacer fotos a las obras de arte... Aparte de impertinente, analfabeta. Pobre mujer. Y pobre chico, lo que tenía que aguantar. Mientras los veía desfilar hacia la salida y los japoneses/chinos comentaban entre sí lo curioso que era todo (suponía yo, no hablaba ni chino ni japonés), yo me giré hacia Uzziel con la segunda sonrisa de malicia brillando en mi cara.

-No sabes lo que me gusta la justicia poética- reí ligeramente, y entre pasos y no pasos, nos plantamos en el hall que daba a tres de las distintas Alas: Grecia y Roma, Medievo y Arte del siglo XIX.- En teoría yo había venido porque hay una exposición dedicada a Eros, con esculturas, pinturas... Y un Caravaggio que me encanta. Pero si tienes algún plan mejor o tenías otra idea, estoy abierta a sugerencias.
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Re: Hagamos cosas atemporales [Uzziel]

Mensaje por Uzziel X. Winter el Sáb Mayo 14, 2011 4:39 am

Desconocía por completo el hecho que me contaba de su amiga. La miré con gesto de sorpresa, intentando no dibujar en mi rostro que mis jovenes hormonas de entonces deseaban llevarse a la cama a la amiga de esa amiga -a la misma Alicia, no os perdáis- pero nunca me lo había planteado, porque ni creía tener posibilidades y mucho menos tiempo de cortejarla para que terminara entre mis sábanas. Es verdad, en aquella época no dedicaba mucho tiempo al sexo opuesto. Ahora me arrepiento, claro, sin contar también el tiempo en la cárcel. No es que llevara tiempo sin... ya sabéis, sino que malgaste mucho sin tacto femenino alguno.

- ¿Sí? -exclamé- Lamento que perdieras tardes y tardes por mi culpa. Indirecta, pero culpa mía, al fin y al cabo. Te lo agradeceré con un café, una copa, una cena... alguna cosa que empiece por "c". -reí mientras escuchaba las palabras acerca de su nacionalidad- Sí, pero ¿sabes? Debo admitir que tengo muchísimas cosas en la cabeza y dejara escapar ese detalle. Otro punto menos a mi favor, cuándo es mi trabajo recopilar detalles sobre historias, noticias... -esbocé un falso gesto de fastidio al tiempo que nos adentrábamos en la exposición de la que os hablé.

Contemplo junto a Alicia el show al que se veían sometidos la pareja, orquestrado todo por el guardia de seguridad. Entonces supe que ella, interiormente se había apuntado un tanto. Hacía tiempo que había dejado de juzgar a las personas a primera vista. Sí, supongo que era una especie de principio periodístico. Pregunta, después dispara.
Poco antes de eso, me había maravillado con una pieza en perfecto estado de la guerra. Un rifle Luger. Comparado con las armas laser de la policía no era absolutamente nada, pero me imaginaba la precisión con la que había ejecutado soldados y me asombraba. Supongo que una mano ágil era necesaria también, tenía pinta de pesar.

- No, adelante, vamos. Había venido a ver la nueva exposición, pero supongo que una visita acompañada de una profesora siempre será más didáctica, y sería un placer. Puedo volver luego u otro día. -sonrío mirándola. Maldición, seguía tan joven cómo antes, si eso es posible. Le cedí el paso, con una especie de reverencia. Sin que se diera cuenta, y de forma casi automática anoté su apellido en la libreta (no por que fuera a olvidarlo, sino porque solía recopilar datos de esa forma) y al lado anoté un "Hot?". Devolví el bloc a su lugar, llevándome las manos a los bolsillos.

"Hot?"

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Re: Hagamos cosas atemporales [Uzziel]

Mensaje por Alicia Terpelli el Sáb Mayo 14, 2011 9:07 am

Sonreí ampliamente. De haber sido una ingenua adolescente habría dicho/pensado: "¡Vaya! Qué caballero. Será un placer aceptar la invitación. A ver, ¿cuántas cosas con "c" me puedes ofrecer? Un café, una Coca-Cola, un concierto, un cine... ¿Una cama?", y habría movido las cejas de manera sugerente. Porque eh, que una tuviera el corazón de luto, no quiere decir que estuviera ciega. En la Universidad ya me había fijado en que Uzziel estaba bastante bueno, y ahora que ya no éramos niños sino adultos formados del todo y con la ocasión de habernos trabajado, estaba incluso mejor. No le había dicho nada por falta de tiempo, de ganas... Y porque Ayk todavía estaba en mi mundo. Eso había hecho que dejara de ver al resto de los chicos a mi alrededor. No sabía si había sido muy fiel/tenaz o muy tonta. Por todo lo que me había perdido, por todo lo que había rechazado sin preocuparme del daño que hubiera podido hacer, porque pensaba que nadie pensaba en mí de la manera lo suficiente seria como para que un "No" por mi parte pudiera herir la sensibilidad de las personas. Pero había algo que sí que me rondaba por la cabeza desde que Ayk desapareció del mapa: Tenía que empezar a vivir un poco. Y lo había intentado, de verdad, pero no podía. Yo no podía llevarme a alguien a la cama simplemente por el placer del sexo. Yo no encontraba placer en el sexo, yo prefería sentir algo por alguien y demostrárselo entregándole algo que para mí era vital, algo como mi intimidad, mi valorada intimidad. Sí, era una rarita. Una romántica sin haber creído nunca realmente en el amor.

De ahí que simplemente sonriera a las palabras de Uzziel. Bueno, no, Alicia, me dije dándome una colleja mental. A este tío lo conoces. Te cae bien, sabes que tiene mundo interior, hazte un favor a ti misma y deja ya de pensar en Ayk. No seas frígida.

-De momento se me ocurre una caminata por el museo... Y lo que surja- le saqué la lengua un segundo y avancé, dándole las gracias por haberme cedido el paso. Eso sí que había sido de un perfecto caballero. Un cartel indicaba la localización de la exposición, al final de un largo pasillo que imitaba una bóveda de cañón renacentista, con sus casetones y su mármol. Iba a preguntarle si a esas cosas no solía ir con su novia, pero intuí que no tenía. Si no, no me hubiera invitado a "cualquier cosa con c". O sí, quién sabe. Igual era uno de esos jetas que gustaban de jugar a tantas bandas como pudieran. Nah, esos ojos azules no parecían los de un jeta. Además, me daba igual. No me importaba lo bastante, al menos aún no, como para sentirme utilizada si era el caso.

-Ahí está- dije doblando la esquina hacia la exposición. Al fondo estaba el Caravaggio, curiosamente, libre de turistas o curiosos. No era uno de los cuadros más famosos del autor italiano, es cierto, pero no dejaba de ser bello por eso, caray.- ¡Mira, Uzz!- susurré emocionada, acercándome a toda velocidad a la obra, y frenándome al recordar que en los museos no se corría. Ya se encargó de refrescarme la memoria la mirada furibunda de una señora de zapatillas a cuadros por calzado. Tragué saliva, y empecé a caminar con toda la parsimonia del mundo, hasta que al fin me planté frente al "Truinfo del Amor" de Caravaggio, una representación de un Eros adolescente, desnudo, con cara de travieso y resplandeciente, encima de unos instrumentos musicales y varios libros. Estaba ahí, el verdadero cuadro. ¡Y yo podía verlo y estar delante!- Oh, no deja de sobrecogerme- comenté en voz baja.- Sobretodo la simbología de la obra. Es absolutamente brutal.
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Re: Hagamos cosas atemporales [Uzziel]

Mensaje por Uzziel X. Winter el Dom Mayo 15, 2011 12:55 pm

Existen dos motivos para dejar el paso a una chica. Uno, el evidente, el elegante, el "legal", es porque quieres dejarla pasar, ya que su alteza y su hermosura deben ir siempre por delante de tu humilde persona. Por caballerosidad. El otro, el segundo es bastante más instintivo, de menos clase, más barriobajero. Pero eso sí, infinitamente más satisfactorio. Y es para maravillarte con las curvas que dibujan su trasero. Unos vaqueros generosos me dejaban participar en una exploración que bien valía echar un segundo y tercer vistazo. Gracias, creación, por darme unos ojos. Extásico. Claro está, no revelaré por cual de las dos opciones me decanté. Lo dejo a vuestra elección.

- Te tomo la palabra, por esporádica que suene tu oferta. -reí ligeramente.

El placer visual daba paso a otra clase de emoción visual, que era la pintura sobre un lienzo. Parecía fascinada con el cuadro del pintor italiano. Mis gustos sobre arte no se remontaban tan atrás en el tiempo. El llamado arte abstracto me llamaba más la atención, porque intentaban acercarnos algo que el ser humano no podía explicar con palabras. Por eso estaban ahí Las Latas de Sopa Campbell de Warhol, los Relojes Blandos de Dalí, y un largo etcétera. Lo único que me gustaba de los cuadros renacentistas o del arte de esa época en general era la realidad brutal con la cual estaban pintados. Parecía que en cualquier momento la pintura podía salirse del cuadro y cobrar vida.
Alicia no parecía, estaba encantada con poder ver esa obra de arte en directo. Era increíble vivir en el siglo en que vivíamos y estar cerca de alguien que aún valoraba de esa forma las cosas intangibles de la vida. Sonreí ampliamente caminando mientras seguía su estela. En el recinto sólo se oían los pasos de mis zapatos sobre el mármol. Yo sólo andaba hacia ella con mis manos en los bolsillos y mis ojos en el dios del amor y el sexo.

- Cuéntan los mitos, -empecé en voz baja, una historia que oí en la cárcel. Sí, en la cárcel.- que Psique era la más hermosa de las tres princesas de Anatolia. Afrodita, celosa de su belleza, envió a Eros, su hijo, a lanzarle una flecha de oro oxidado, para que así se enamorase del hombre más horrible que encontrara. Tal fue así que tanta era la belleza de Psique, que el mismo Eros cayó preso de sus encantos, y lanzó la flecha al mar. Después, aprovechó el momento que ella dormía para llevarsela con él a su palacio en los cielos.

Carraspeé un instante y casi sin darme cuenta me acerqué un poco más a su oído, sin dejar de mirar el cuadro ni de inhalar su perfume.

- Para evitar que Afrodita descargue contra él su ira, sólo aparece de noche ante Psique, y no le permite hacer preguntas sobre su identidad. Ambos se aman cada noche, sin descanso. Ella, inocente, pide a Eros que le deje ver a sus hermanas, ante lo que el advierte que querrán acabar con su dicha. Finalmente, el dios accede y sus profecía se cumple. -hago una pausa y rodeo a la chica, colocándome en su otro oído- Las hermanas de Psique querían saber quién era el maravilloso marido de su hermana y la convencen para que descubra la identidad de Eros. Una noche, mientras él duerme, ella enciende una lámpara de aceite sobre el rostro de su amado. Una gota de ésta lámpara cae en la frente de Eros, que se despierta y se marcha decepcionado, abandonando a su amante.

"Psique implora a Afrodita que le devuelva el amor de Eros, pero ésta, rencorosa, le ordena realizar cuatro tareas casi imposibles para cualquier mortal. Pero tanto era el amor de Psique por Eros, que logró realizarlas. La cuarta tarea suponía bajar al inframundo a pedir a Perséfone una cajita con un poco de belleza que previamente la misma Afrodita le había dado. Imagina cuánto amor albergaba el corazón de Psique por Eros, que fue capaz, cómo simple mortal, de evitar al Can Cerbero, Caronte y demás peligros de aquella nefasta ruta.
Psique abandonó el inframundo tomando prestada un poco de belleza de aquella cajita, creyendo así que Eros la debería amar con toda seguridad.
Eros perdonó a Psique, y no sólo eso, sino que le pidió la mano y el deseo de que Zeus la volviera inmortal."


Suspiré y caminé hacia otro de los cuadros que adornaban la sala. Siempre me había parecido una historia increíble. Lo sé, en la cárcel no se oyen historias así. Wilfred, un anciano que llevaba media vida allí, había trabajado de bibliotecario antes de atracar una licorería tiroteando a una pareja de chinos que la regentaban. Era un buen hombre, era la garra de la pobreza la que apretó ese gatillo. Cada noche nos contaba una historia, por tópico que parezca.

- El poder del amor... ¿verdad? -le sonreí de medio lado, admirando una obra desconocida para mí, pero que me inspiraba calma.

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Re: Hagamos cosas atemporales [Uzziel]

Mensaje por Alicia Terpelli el Lun Mayo 16, 2011 8:58 am

Era francamente una obra maravillosa. No sólo desde el punto de vista formal, que también. El claroscuro, el tenebrismo del fondo contrastando con la piel pálida del ángel, la precisión de las formas, las alas, la cara traviesa de un Eros adolescente, el modo en que le brillaban los ojos, esa sonrisa... Pero lo que significaba el cuadro era lo que más me gustaba. El joven dios lucía victorioso sobre una nube de instrumentos musicales y hojas de papel, instrumentos de medición y geometría, e incluso una armadura, apoyado sobre un arcón cubierto con una sábana blanca, símbolo de una pureza misteriosa que el espectador tenía que adivinar. El chaval llevaba en sus manos las flechas con las que condenaba a enamorarse a todo aquel que él deseara, simplemente por capricho. La alegoría estaba clara: el amor triunfaba sobre todo. Sobre la música, la literatura, las matemáticas, las guerras, incluso sobre los desconocido, sobre la realeza (representada por una corona en la parte derecha). Pero también quería significar que el amor era caprichoso, que podía hacer daño, que podía reírse de ti si eso le entretenía. Efímera felicidad en medio de un mar de dolor.

Me estaba recreando en los detalles cuando la voz de Uzz se asomó a mi oído y abrió las ventanas de mi atención. La historia de Eros y Psique. La conocía por supuesto, y me conmovía, como les solían conmover a las mujeres de antes las historias de amor. La había oído y leído muchas veces. Como filósofa y profesora, como mujer de sangre mediterránea próxima a Grecia, conocía la mitología, tanto la que había gobernado Roma allá en los siglos III a.C. hasta el V d.C. como la griega, mucho mejor estructurada, mucho más antigua y cargada de símbolos y de filosofía, por supuesto. Sí, conocía de sobra la historia de Eros y Psique, pero nunca me la habían contado a mí. Y nunca me la habían contado... Así. En un susurro, tan cerca, de manera tan... Intensa. Uzziel parecía vivir lo que contaba. En un momento de locura, pensé que no me extrañaba que Eliza hubiera estado tan colgada de él, y menos si había tenido la ocasión de que le contara una historia de amor al oído. No creía que eso fuera así. Pero si lo hubiera hecho, Eliza habría tocado el cielo. La voz de Uzziel era cautivadora.

Realmente cautivadora.

Lo miré cuando se alejó de mi lado, yendo a ver una obra pictórica mucho más moderna que la que yo había estado contemplando hasta hacía unos instantes. Cerca, había una escultura de A. Canova, del periodo neoclasicista. Una belleza que representaba a un ángel besando a una mortal, devolviéndole a la vida. Era Eros despertando a Psique. Poniéndole suavemente la mano en el hombro, se la señalé.

-Mira. Tu historia hecha escultura- me acerqué a ella para observarla mejor, dando vueltas sobre su superficie pulida de acabado perfecto.- ¿Existe realmente, o es sólo una ilusión? ¿Es verdadera felicidad? ¿Tiene tanto poder?- lo miré por encima del fin de las alas de Eros.- ¿Qué es el amor, Uzziel? ¿Dolor? ¿Pasión, cariño? ¿Qué es y cómo podemos afirmar que aún sigue vivo en este mundo tan gris?
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Re: Hagamos cosas atemporales [Uzziel]

Mensaje por Uzziel X. Winter el Mar Mayo 17, 2011 2:08 am

La escultura había estado en el centro de la sala todo el tiempo y ni siquiera la había visto. Me acerqué a la misma con un ojo puesto el Alicia. Es muy difícil compartir una sala con semejante belleza e intentar dejarte asombrar por el resto de obras de arte. Yo lo intentaba, claro, no era cortés admirarla con cara de bobo. Sí, está bien, estaba empezando a gustarme. De hecho, en breve iba a llamar al periódico a pedirles doce horitas más para entregar el trabajo que me habían mandado, -el que ahora mismo no recordaba, y me daba igual- porque quería que Alicia volviera en mi coche, hacia mi casa. Pero en fin, eso es lo que piensas siempre que pasas tiempo con una chica guapa.

- En todas las historias hay amor, Alicia. -respondo a su pregunta, cómo si se tratara de una confesión- Las grandes decisiones, los grandes acontecimientos, descubrimientos, imperios, guerras... siempre hay un amor que lo complica o lo soluciona todo. -hago una pausa- Es nuestro sino. Es más, no creo que sea posible vivir sin conocer el amor. Puedes aceptarlo o negarlo, pero en algún momento sentirás amor por alguien.

No me equivocaba. No hacía falta ser profesor para asumir algo así. El mundo era una mierda, sí, pero si seguían existiendo los seres humanos, si hemos sobrevivido a la guerra y a la continua erosión del planeta, era, en parte, gracias al amor. Y no tenía que ser necesariamente amor hacia alguien, muchas veces el amor hacia una cosa, o incluso hacia un ideal era suficiente para seguir adelante.
Lo interesante del asunto es que yo me creía esas palabras firmemente. El paso por la cárcel no había endurecido tanto mi corazón. Después de haberme ido de casa -aunque hiciera años de eso- no iba a renunciar a vivir cómo me apeteciera. Dentro de eso... sí, quizá se contaba el conocer el amor, amén de los polvos ocasionales y similares.

- Y sí, tiene muchísimo poder. E inspira dolor, cariño, pasión... -suspiré- Es difícil de describir, Alicia, y creo que eso lo sabes bien, si alguna vez has estado enamorada de alguien. -suena mi teléfono. Seguro que era el redactor jefe.- Dame un momento, pelirroja. -sonrío y me alejo unos pasos.

~~ - Precisamente iba a llamarte, Roy, necesito hasta mañana al mediodía.
- ¿Estás de coña, Uzz?, tenía que entrar en la edición de mañana, precisamente.
- Lo sé, pero también sé que me debes 150 € y te los puedo perdonar. Estoy en medio de algo... creo. Siempre puedes pedirle a Sidney que escriba algo, todavía es pronto.
- Ya sé que es pronto, suizo cabrón. Pero ahora eres tú el que me debes una, no lo olvides.
- Descuida gordito, hablaré con el jefe mañana a las doce, explicándoselo. Tu culo está a salvo.
- ¿Está buena?
- ¿Qué?
- Que si está buena. "En medio de algo", no creo que estés haciendo un jodido puzzle.
- Deja tus sueños eróticos a un lado, mañana te veo. Gracias. Sidney también me lo agradecerá.
- Adiós, Uzz. ~~

Buen viejo Roy. Siempre se le escapaba algún taco entre frase y frase, y me había pegado esa costumbre. Intentaba controlarlo, pero cuando adquieres un detalle de alguien con quien pasas varias horas, luego es imposible desprenderse de eso. Guardé el móvil en un bolsillo interior de la americana y volví al lado de Alicia, que seguía pululando por el recinto. Me había precipitado en alargar un día más el trabajo, tal vez. En sus ojos veía alguna señal de... maldita sea, al menos le gustaba lo que veía. Si había suerte, a eso de las cinco me tendría que levantar a escribir el artículo. Pero valdría la pena totalmente.

- Todavía no has elegido la "c", pero un café ahora no nos vendría nada mal. ¿Qué opinas? -pregunto sonriente.

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Re: Hagamos cosas atemporales [Uzziel]

Mensaje por Alicia Terpelli el Mar Mayo 17, 2011 8:31 am

Metí las manos en los bolsillos de mis vaqueros. La respuesta de Uzz era una buena respuesta, definitivamente. Elaborada, fundamentada... No eran argumentos vanos. Muchas veces en clase, cuando me sentía melancólica, hacía cambios en la forma de captar la atención de los chicos. Planteaba preguntas así, preguntas demasiado metafísicas para jóvenes de la segunda mitad del siglo XXI, preguntas que al principio originaban un denso silencio, pero que luego, alguna chica valiente o algún chico con las ideas claras empezaba a responder, originando un debate. Muchas veces empezaban a pelearse entre sí, y era en esas ocasiones que tenía que subirme a la mesa y meterme los dedos meñiques en la boca para silbar con fuerza y que volvieran al mundo real. Pero otras, dejaban ver sus pensamientos, sus emociones, sus sentimientos, algo que en adolescentes que se creen adultos era muy difícil. Y yo los escuchaba atentamente porque necesitaba saber. No había olvidado que no había pasado mucho tiempo desde que yo era como ellos. Tenía veintiséis años, por el amor de Dios. Ni que fuera una cuarentona. Pero igual, habían pasado muchas cosas en poco tiempo. Podría decir que el camino a mi madurez lo inicié en mi primer año de carrera.

Cuando conocí a Ayk. No sé si alguna vez había dedicado el bastante tiempo para analizar lo que había pasado con él. Realmente, pasar no había pasado nada. Nada con él, pero algo dentro de mí. ¿Si me había enamorado alguna vez? Yo creía que sí. Vamos, no podía saberlo porque no lo había hablado con nadie. Nadie me había dicho "Pues sí, hija, estás pillada hasta las trancas", o "Pues no, hija, simplemente lo admiras, pero tranquila, no es amor". Sabía lo que había deseado, sabía lo que había significado para mí su fe en mi persona (fe que había llegado al punto de prácticamente regalarme su puesto de trabajo), y cuánto habíamos hablado sobre todo. Junto a él las horas habían sido minutos, y los minutos, apenas suspiros. Cada vez que me lo cruzaba en los pasillos, esos gestos cómplices... Y oh, esas tardes paseando por los jardines cuando no tenía nada que estudiar y me lo encontraba. Me encantaba pasar el rato con él, pero no sabía si era amor. Y se había ido antes de poder preguntarle a él, que era más mayor y sabría más de esas cosas, y podría haberme resuelto las dudas.

Me había abstraído mientras pensaba todo aquello, dejando mi mirada perdida. Ni siquiera me había enterado de que Uzziel se había ido a hablar por el móvil y que ahora volvía. Y peor aún, me estaba hablando, y yo ahí a mi bola. Sacudí levemente la cabeza con el ceño fruncido y lo miré como si despertara de una larga siesta. ¿Qué...? ¿Café? ¿Y eso qué es? Madre mía, Alicia, trabajas demasiado. Sonreí y miré el reloj.

-Por la hora, más que un café, yo iría a cenar- de repente eran las siete y media de la tarde y mis horarios eran de bebé de preescolar.- Te propongo algo. Yo he venido caminando, pero mi casa está a tres cuartos de hora de aquí a patita... Si has traído coche, podemos ir hacia allí. Puedo hacer pizza, ya sabes... Soy italiana y es lo mío. Aunque si quieres un café, por mí guay, tú tomas café y yo te miro, pero no bebo nada. Que si no no duermo- le saqué la lengua y caminé hacia la salida de la exposición, volviéndome para mirarlo.- ¿Vienes?

Antes de que lo preguntéis, no, no me parecía raro invitar a un compañero de la Universidad/colega de coloquios a cenar a casa. Sólo era una cena. Me aburría de estar siempre sola, y lo dicho. Sólo era una cena. Una pizza, un poco de charla, un poco de música de fondo. Nada más.

¿No?
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Re: Hagamos cosas atemporales [Uzziel]

Mensaje por Uzziel X. Winter el Mar Mayo 17, 2011 12:32 pm

- Dime... ¿Quién soy yo para negarme ante tan generosa oferta? -sonreí ampliamente. Me encontraba extraña/estúpidamente simpático. Más de lo habitual- Además, sigues con la oferta. Casa y cena... incluso coche empieza por "c". -Bueno, ya vale con la "c", pareces un capítulo de Barrio Sésamo 2.0.

Su gesto aniñado sacándome la lengua hizo que empezara a verla de otra forma. Claro, iba a su casa, había cancelado planes, ¿es obvio, no? Evidencias aparte, entre aquello y todas las veces que habíamos entablado una conversación, cada vez me resultaba más interesante cómo persona. Seguí sus pasos cómo un cordero sigue a su pastor, obediente. Me había dejado el traje de lobo en casa, qué se le va a hacer, no me acostumbraba a comportarme decentemente. Tampoco pensaba en emborracharla después de la cena, sería paradójico ver en ese estado a toda una profesora de la facultad. También sería gracioso, sin embargo.

Salir del museo se convirtió en un trámite. Al menos a mí ya me había dejado de importar la dichosa exposición; y por lo que podía observar, a ella también. Me sentía raro, porque no eran ganas de llegar y romperle la blusa lo que tenía. Sino ganas de llegar, mantener una conversación, bromear, cenar... luego tal vez vendría lo de la blusa, pero ese no es el tema. El tema es que hacía mucho tiempo que no tenía esa clase de "cita", por así decir.
Ahora me encontraba en un extraño silencio en mitad de un parking, con dos personas con relativa prisa por llegar a su destino. Creo que era más nerviosismo que otra cosa. No era la primera vez que estábamos juntos, pero ahora parecía que todo apremiaba. Que se nos había encendido la bombilla y teníamos que correr a apagarla, porque habíamos caído en la cuenta de algo. Nos urgía.

- Conduzco algo rápido. ¿Te importa? -En ésta época, podíamos morir de mil formas diferentes. Digamos que los accidentes de coche, aún siendo numerosos, no eran las principales causas de fallecimiento entre la población. Además, estaba algo inquieto, y me relajaría.- Aunque entiendo que te pueda asustar. -me diría que no. Todas dicen que no.

Un trueno rubricó mis últimas palabras. El cielo se había ido encapotando mientras nosotros estábamos en el museo. Las lluvias solían ser cortas pero intensas. De lo contrario, durarían un día o dos, pero sería bastante más calmado. Suspiré. Las calles se abarrotaban de vehículos si se ponía a llover. Eso alargaría el viaje.
Alargaría el viaje. Ella y yo, en el coche. Sonrientes y nerviosos. Oh, joder, me volvía a sentir cómo un adolescente. Vamos Uzzi, no te alteres, eres bueno en las distancias cortas, ¿porqué te cuesta tanto ahora? Fue entonces cuando recordé el "Hot?" de la libreta. Fue entonces cuando empecé a entender la historia.

- Qué tu voz guíe mis manos. -carraspeé después de un rato.- Es decir, indícame el camino hacia tu casa.

Una gota se presentó en mi parabrisas.

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Re: Hagamos cosas atemporales [Uzziel]

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