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Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

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Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

Mensaje por Richard Von Rothschild el Miér Mayo 11, 2011 5:53 am

El ambiente en los hangares estaba la mar de caldeado por todo el lugar y es que la acción de Adeleim había levantado un revuelo impresionante, aunque la mitad se reía ya que no había provocado un destrozo de una envergadura demasiado desagradable y eso se notaba por el revuelo de técnicos con gruas que entraban. Adeleim le había dado la orden de salir del ahngar antes que nada, pero seguro que desbaratado alguna reunión importante con los políticos o a lo mejor le había hecho el mayor favor de todos a la presidenta por mis acto tan vandálicos aunque de seguro que no se había enterado de cómo había entrado en la sala de juntas… cosa que no me preocupaba pues de seguro se lo soltaría yo.

Había dejado tras una larga conversación a Georgina allí, dado que me habían mandado a alguien a buscarme de que la presidenta me había pedido que fuese de inmediato… a mi parecer la imaginaba de forma cómica como la reina de corazones gritando ¡QUE LE CORTEN LA CABEZAAA! O algo por el estilo, y eso hacia que fuese riéndome de una forma disimulada pero excéntrica a medida que andaba con ese paso desgarbado y mi vestimenta llamativa. Al llegar a los hangares me encontré lo siguiente.

Los políticos se agolpaban en sus naves intentándolas sacar, las grúas trabajaban para quitarlas de encima, los escudos automáticos de las naves funcionaban a todo trapo, algunos habían fallado y las naves caían sobre el propio peso y partiendo parte del casco de estos… y yo orgulloso de ello no pude cerrar la boca y grité a pleno pulmón lo que pensaba:

A veeer los que se lamentan de esas naves que pagamos nosotros con los impuestos… ¿Por qué no dejais de lamentaros y os vais a trabajar para variar… o… a hacer nada si trabajar os cuesta demasiado-dije con aire arrogante y tranquilo, para observar como todos me miraban con odio, antes de que yo buscase a la presidenta con la mirada, nada no estaba aún-¿Y Cuernalita?

Eso repreguntaba yo, comencé a buscarla como si jugase al escondite, la busqué por todos lados, quizas pareciese que solo miraba los destrozos de noser porque hablaba en voz alta con una voz cantarina y ridícula, aprovechando para colocar el culo a modo reverencia a los políticos pero agachándome, dandoles las espaldas mientras canturreaba lo siguiente:

¡RUBIITAAA AMARGAAADAAAA! ¿DÓNDE ESTAAAAAAS? ¡CUEEERNALITAAAA!-canturreaba a pleno pulmón con aire divertido
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Re: Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Sáb Mayo 14, 2011 3:31 am

Se había enterado de lo ocurrido y ni bien se mencionó a cierto holograma desesperante ella no dudó sobre quién sería el culpable de todo el asunto; un cierto sujeto igual o más desesperante. Según le habían dicho, la dichosa Adeleim había optado por aterrizar de una vez por toda en pleno hangar, aplastando y convirtiendo en basura y restos de metal reutilizables lo que antes habían sido un número aceptable de naves. Los costos de las naves –y los berrinches que más de un ingeniero y piloto harían- no eran algo que realmente le preocuparan, pues con dinero todo podría solucionarse y las Naciones no era que estuvieran haciendo recortes de presupuesto exactamente, al menos no en donde la presidenta pusiera pie. De modo que el dinero en sí no era algo que le preocupara, por más que prefiriera guardarse un par de millones de dólares antes que “despilfarrarlos” en los arreglos que habría que hacer. Lo que le preocupaba en general era el hecho en sí de haber estrellado las naves. ¡Las naves! Algunas ni siquiera habían sido de pilotos de las Naciones, sino de políticos con los que anteriormente había tenido una reunió y que por desgracia se habían retrasado en marcharse y en consecuencia un par ya no tenían un transporte propio. ¿Qué opinarían ellos? Naturalmente que estarían disgustados y ofendidos, pero también era natural que cerraran la boca al estar frente a ella. Si alguien debía tirar la primera piedra, ¿qué impedía que fuera ella quien la arrojara? Esa pregunta no necesitaba una respuesta.

La reunión se había interrumpido, ya entonces era obvio que nadie querría concentrarse en discutir a qué destinarían el presupuesto sabiendo que parte de sus naves estaban destrozadas y que no habría ningún presupuesto que los resguardara, a menos que tuvieran un seguro contra idiotas. ¿Quién pondría una compañía de seguros de ese tipo en territorio de las Naciones? Nadie cuerdo, desde luego: se quedaría sin dinero. Y mientras pensaba en todo eso Cornelia avanzaba con paso decidido y expresión molesta siempre a la orden del día. Menudo chiquilín tenía por general. ¿Cómo había logrado llegar a semejante puesto? Lamentablemente conocía la respuesta a eso también, por mucho que le pesara. Debía encontrarlo, ya se había encargado de hacerle enterar de que le buscaba y ahora sólo faltaba eso. Luego, qué hacer luego. Naturalmente que estaba molesta con Von Rothschild, pero eso a él no le afectaría en absoluto, por más decir que le divertiría. Debía de ser muy cuidadosa tratando con él, mas que nada con ella misma, por que él podía divertirse pero todo lo contrario. Aunque tenía que admitir que tantos políticos desesperados le causaban algo de gracia.

Habría sido imposible ignorar a Richard con los chillidos que emitía, como si fuera una especie de animal idiota en celo. La Rubita Amargada y la llamada Cuernalita no era otra que ella, por lo que hizo una mueca de hastío a medida que se acercaba por detrás el animal gritón. Silenciosa se posesionó tras de él y por unos segundos imaginó una buena forma de hacerlo callar de una vez por todas. Él no tenía ningún interruptor ni cable que desconectar por desgracia –aunque se podría decir que se le habían desconectado unos cuantos- pero ella lo consiguió valiéndose de una buena zancadilla a una de sus piernas, lo que cuando menos le haría perder el equilibrio.

-Voy a mandar a tu nave a un depósito de chatarra si sigues jodiéndolo todo. –dijo con voz pausada, controlando al menos por el momento su mal carácter. Se cruzó de hombros, intentando imponerse sin importar que en realidad resultara ser hasta de una altura más baja que su subordinado que, digamos de paso, casi nunca se subordinaba. –Y el dinero para pagar las naves saldrá de tus bolsillos, por supuesto.

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Re: Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

Mensaje por Richard Von Rothschild el Sáb Mayo 14, 2011 5:42 am

Fue en ese instante en el que noté la sombra cernirse sobre mi, me hice el remolón siguiendo buscando hasta que esta me hizo perder el equilibrio con una zancadilla, por suerte de un salto dos zancadas de los movimmientos bruscos hacia atrás y hacia delante conseguí a duras poenas no caer de boca contra el suelo agitando la cabeza levemente y mirando hacia atrás con un aspecto de inocentón que no me la quitaba nadie, pobre Cuernalita, le había jodido su juntita de políticos aburridos que no hacían mas que preocuparse por el dinero, negando con la cabeza cuando me amenazo y colocando una cara de terror que se compaginó con la actuación propia, actuando como un hombre desesperado que agitaba los brazos de uan forma exagerada y cómica mienytras observaba a su jefa amenazarle con hacerle eso a su nave:

¡NOOOOOOO! Por favooor... no hagaa esooooooo sería crueeeel... -dije para despu´ñes volver a mie stado normal y apollarme sobre ella de forma amigable. Aunque esta intentase quedar por encima de mi con esa forma de ser presidenta que tenía, ella sabía que contra mi para doblegarme no podía con esas cosas, sobre todo porque sacaba uno d elos motivos por el que era general, mi inteligencia-Y dígame cuernalita... cuantas de nuestras naves son capaces de viajar a la exosfera, ir a una velocidad de mach 7 y no chocar contra ningún satélite de comunicaciones... venga... las UART pueden pero caen por la gravedad, no disponen de combustible... caen como mosquitos, las naves grandes pueden, pero obviamente no alcanzan la velocidad de Adeleim... para atrapar a Adeleim... necesitarias... a ver que piense a si, ¡Otra Adeleim!

Hablaba muy pero que muy rápido, mas luego me separé levemente de ella y miré a los presentes sonriendoles de forma excéntrica y acercarme a sus ojos colocándome a su altura, no iba a imponerme, claro que le tenía respeto, mas era mi jefa y ella sabía que seguía sus ordenes, pero no me controlaba, hacía mi trabajo, eso ella también lo sabia, era bueno en el, ams me habían ofrecido ser el máximo mandatario militar dado lo bien que hacía mi trabajo, yo lo rechacé por supuesto, me gustaba pilotar y salir al campo de batalla, pero lo que no podía hacer ella, había solo uno de los motivos los cuales Cornelia no podía controlarme, y eso lo sabía, por el dinero, a mi me daba igual todo eso:

Digame cuanto es... tengo más dinero que muchos de los politicuchos esos juntos... lo sabe... gracias a mis patentes...-cierto era, mi invento de los impulsores electromagnéticos para elevar los coches y las motos había revolucionado a todo el mundo hasta tal punto que mi patente generaba millones al año... si y una parte era para mi... era asquerosamente rico.

En ese instaknte me separé de su rostro y me coloqué a su lado hablandole al oido a modo de secreto, la verdad que ahí iba mi argumento para que no se enfadara, no sabía de que iba la reunión, pero a nadie en su sano juicio les gustaría:

Cuernalita... venga no me negará que en parte está contenta por este pequeño destrozo... le ha evitado seguir con una aburrida reunión, y observe... los escudos de cada nave han actuado bien... solo la de un par de tontos que dejan los escudos bajados en tiempos de guerra se les ha escacharrado, los demás es que aun no aprtaron con las gruas sus naves, pero no ah sido tanto el destrozo-dije a su oido de una forma socarrona y algo divertida.
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Re: Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Sáb Mayo 14, 2011 7:58 am

En otras circunstancias quizás su cara de horror le habría causado algo más de gracia y ella habría sonreído, pero eso no pasó. La reacción probablemente había sido actuada –sobreactuada- y eso le quitaba bastante de su encanto. No obstante, Cornelia era conciente de que Adeleim, por más intocable que pudiera parecerles, era el punto débil del general zarrapastroso. Si tan sólo conociera ella ya el modo, podría haberse ahorrado muchos problemas del parte del hombre. Pero no, por desgracia aun no había encontrado nada, era casi como una piedra filosofal.

La mujer no pudo evitar una mueca en cuanto se apoyó contra su hombro. Él la desesperaba, no tenía interés alguno en tener un trato tan amistoso con él. ¿Por qué no podía ser un poco más normal? Otra cosa imposible, desde luego, y él seguía siendo un quebradero de cabeza tal y como siempre. Y es que además de problemático era demasiado inteligente.

-No eres nuestro único ingeniero. –intentó justificarse ella. Bien sabía que sólo él podría reproducir otra invención capaz de afrentar a Adeleim, otra Adeleim, pero también debía tener en cuenta a los demás ingenieros. Le convenía hacerlo. Quizás nadie más pudiera crear a Adeleim, pero ella creía que si un buen grupo de ingenieros se ponía de acuerdo y estaban motivados –y por motivación se entiende bien pagos- probablemente podrían crear algo decente, lo suficientemente bueno para convertir a la dichosa nave en una pila de chatarra… Y luego vendrían los problemas, pues los ingenieros eran muy individualistas y todos querrían reclamar sus derechos sobre la invención. –Mathews es un buen ejemplo –dijo recordando a la ingeniera en jefe, tan dedicada en su trabajo- si se lo propusiera y contara con la ayuda indicada podría crear algo lo suficientemente bueno.

Calló en cuanto se alejó, aliviada e imaginando que sus palabras habrían causado algún efecto esperado, pero pronto se dio cuenta de que no era así y de pronto se encontró sosteniéndole la mirada con el ceño fruncido. –Eso es excelente. –respondió secamente. No, ¡Por supuesto que no era excelente! Era rico, asquerosa y repugnantemente rico, y ella lo sabía. Y le fastidiaba tremendamente. No le envidiaba todo su dinero, ella también había logrado amasar una pequeña fortunilla con el paso del tiempo –ella y su esposo- pero no podía compararse ni de lejos con la de Von Rothschild, que por cada hora que se sentaba frente a un computador ganaba millones. Quizás sí le envidiaba. De cualquier forma, al menos sabía con certeza que los políticos restantes tendrían sus gastos cubiertos, al igual que el resto de las instalaciones.

Finalmente no lo soportó más y en cuanto se puso a hablarle demasiado cerca de su oído apartó su cara de un manotazo, harta. Lo peor de todo era que sabía que tenía razón, en realidad se estaba aburriendo un poco con la reunión pero era su obligación asegurarse de que todo saliera perfecto. Eran negocios por favor, daba igual que fueran entretenidos o no: eran importantes. ¿Acaso no sabía él que parte de sus enormes ingresos producto de sus patentes podían modificarse conforme el gobierno interviniera en la economía? Desde luego que no, aunque bien había dejado en claro que su dinero poco le importaba. Pero ya lo podría imaginar a él sin dinero, que necesitaría para llevar a cabo sus mil y un locuras.

-No vuelvas a hacer esos destrozos mientras hayan reuniones; hablo enserio en cuanto a lo de reunir ingenieros para que se ocupen de ellos. Y tienes suerte de que no hubiera nadie en las naves de momento, de haber heridos ni tu dinero podría haberte amparado. –le recordó, observándolo de manera generalizada ahora que se había alejado de él de una vez por todas. –¿Acaso vas a Hawai? Y ponte algo más decente, lastimas la vista.

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Re: Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

Mensaje por Richard Von Rothschild el Sáb Mayo 14, 2011 1:55 pm

Había algo que la presidenta creia por encima de todo y era mi amor por Adeleim, bueno Adeleim era una nave que podría fabricar cualquiera, al fin y al cabo era una nave de carga antigua reformada y actualizada con los mejores sistemas de seguridad y armamento, aunque realmente mi Adeleim originarl no era la que en estos momentos tenía, en una ocasión la derribaron y fue destruida, la que presenté ofuicialmente ante el comité de la escuela de Ingenieros, pero como toda obra de ingienería eran datos recopilados, por lo que me pude poner a trabajar con otra nave y ganarle mucho más a esta nueva nave que a la antigua pero con la misma personalidad y mismos recuerdos que Adeleim. Lo mejor de todo, era hacer ver a todo el mundo que Adeleim era mi punto débil... no... mi punto débil era mi hermana... auqneu claro nunca hablaba de ella y trabajaba como médica alejada de todo, tan alejada que habia tomado el apellido de su marido y ahora casi que nadie la asimilaba conmigo... algo a mi favor:

Lo se... aunque espera... he de decirte dos cosas... la primera, te equivocas con tus hipótesis de que yo subestimo a los demás ingenieros... no es así, nunca lo ha sido, es mas Mathews es el ingeniero jefe por algo.
Lo segundo, pones en entre dicho o al menos me das a ver de que veo a Adeleim como una máquina iondestructible... ¡Para nada! Además mi ejemplo iba encauzado a que usted y sus ganas de venganza llevaría las arcas de las naciones unidas a fabricar algo que ya se ha inventado...
-dije con tranquilidad negando con la cabeza con una sonrisa, la presidenta no conocía nada de lo que hablaba, podría saber mucho de estrategias políticas y algo de militares... pero de ingeniería estaba bajo mínimos-Permitame que te diga... llevas años amenazándome con Adeleim, pero en el fondo... crees que es una baza para mantenerme controlado... ¿cuando te ha servido?... Llevo dándote largas el mismo tiempo

En el blanco..... había dado en el blanco, tanto por un lado como por el otro, me había dado el guantazo, tanto por lo del dinero como por lo del aburrimiento, bien, me retiré levemente mirándome de arriba a abajo y chasqueando la lengua, la verdad que ser rico no me importaba mucho, arreglaba muchas cosas con eso, bah esta no era mas que un destrozo, mis otras locuras no eran destrozos ni nada por el estilo... mas bien, sacaba de quicio, o en las maniobras ponía a prueba a mi soldados haciendoles la puñeta y forzando las maquinas de pruebas a tal punto que a veces no daban a mas y bueno sufrian percances... en eso mismo trabajaba ahora la ingeniera jefe, en arreglar esos fallos para las maniobras. Por mi aprte, donaba el dinero al hospital de mi hermana, para que ella pagase a los que no pudiesen permitirse la sanidad... una buena obra que mantenía en secreto:

En serio... Se lo dije... cuando se diseñó esta nave, en los planos puse una plaza de aparcam,iento con mi nombre... -dije sacándole la lengua de forma leve para luego negar abriendo mi ordenador de muñeca y senseñándole algunos datos-Mire los datos de los sensores de Adeleim antes de entrar en el hangar... Actividad humana 0% Adeleim tiene sistemas de seguridad que impide que pueda dañar a cualquier ser humano... mire esta otra lectura...vision infrarroja por si los demas sensores fallaban... se preocupa demasiado... Adeleim no haría daño a nadie... si yo le pido que haga algo, nunca sería matando, es mas si hay que disparar a alguien. en combate he de hacerlo yo en manual, si lo hace ella, son ráfagas de advertencia que lo alejen.
Y mi camisa Hawaiana... lo siento, ya no existe Hawai... algún recuerdo ha de haber de ese lugar... y mi tyraje d emilitar con los galones y todo eso... me es incómodo

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Re: Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Dom Mayo 15, 2011 1:24 am

-¿En serio? –fue su pregunta, sin necesidad de respuesta. Para Cornelia era inentendible que no subestimara a otros ingenieros, que no se sintiera ni superior y ni capaz de obtener resultados mejores. Es decir, ¿por qué no habría de hacerlo? Cornelia creía…No, Cornelia sabía que todos debían de tener un enorme ego, allá bien en el fondo de sí y hábilmente escondido, y no ponía en tela de juicio que Richard era la excepción a la regla. En efecto, en realidad no lo era, pero su ego no debía basarse justamente en eso. De cualquier forma, aquel no era un punto que valiera la pena discutir con ella; en cambio los siguientes sí. No podía discutirle aquello por mucho que le hubiera gustado: las amenazas basadas en Adeleim nunca habían funcionado, al menos no habían dado resultados plenamente visibles o bien ella nunca se había enterado de nada. Pero era la verdad, el tiempo había pasado y el general seguía tan problemático como siempre. ¿Cómo podía ser que Adeleim no fuera su punto débil? Era algo sorprendente. ¿En qué podría basarse una amenaza real que le afectara? Probablemente en su sentido de la justicia y en sus valores morales, elementos básicos en la mayoría de las personas, pero mucho más de que eso no podía saber.

Había dado en el blanco, por si no había quedado claro. Sin embargo ella no se mosqueó, sino que se mantuvo en silencio mientras asimilaba la información, apenas prestando atención al comportamiento de su acompañante. Se había vuelto intocable con sus anteriores argumentos y ahora se convertiría en inimputable gracias a sus explicaciones técnicas. Cornelia podía ser muy buena en materia de administración y economía, podía ser una militar prodigiosa y hasta podía opacar a más de un oficial en lo referente a vuelos y maniobras, pero rebatir los aspectos técnicos de la nave era algo que escapaba a su competividad. En realidad saber que Adeleim estaba programada tan minuciosamente era un alivio en gran medida, pues así podría ahorrarle bastantes más problemas a las Naciones de los que ocasionarían un montón de aeronaves rotas. La vidas humanas, por ejemplo, eran demasiado costosas. Sin embargo no todo era perfecto, pues según sus propias palabras Adeleim era incapaz de disparar a alguien, aun en una situación crítica. Aquello le sorprendió levemente y se reflejó en su rostro, pues alzó las cejas por espacio de algunos segundos. No era un dato demasiado relevante pero le hacía retomar algunas de sus ideas básicas: su pérdida no sería irreparable para Von Rothchild, pero cabía destacar que esa imposibilidad de atacar de la máquina podía llegar a constituir una ventaja para ellos.

Decidió ignorar las explicaciones del porqué de las ropas estrafalarias mientras dirigía su vista en rededor, pendiente de los operarios que intentaban imponer una pequeñísima parte de orden a tanto caos. No había provocado gran cosa al fin y al cabo, sólo un desorden considerable pero siempre sin heridos, y de pronto surgió una pequeña duda en la mente de Cornelia. ¿Acaso Adeleim tenía un sentido de lo que es moral y lo que no? Aun peor. ¿Acaso Adeleim podía pensar por sí misma? Y no se refería a reacciones de unos y ceros, sino a pensamientos auténticos.

-Richard… -le llamó por su primer nombre, lo cual manifestaba su incomodidad con la situación, con la idea. Se giró para observarle mejor, para estar segura de que lo que sea que le respondiera fuera la verdad y en su rostro no hubo ira ni fastidio; al menos no de momento. En su lugar había consternación. -¿Esa cosa es un ser pensante? ¿Discierne de lo que está bien o mal? –tenía que ser eso, eso explicaba muchas cosas a pesar de que preferiría que Von Rothschild le respondiera que no, que tenía una conciencia tan desarrollada como la de una heladera. Pero Adeleim distaba bastante de eso, y de ser así –una máquina totalmente conciente de todo- podría resultar muy peligrosa, una auténtica amenaza…o quizás no.

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Re: Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

Mensaje por Richard Von Rothschild el Dom Mayo 15, 2011 2:21 am

Dioses santoos ¡ Pues claaarooo! Obviamente los que somos ingenieros tenemos un orgullo de superar a otro o mejor dicho de mejorar loq ue otro inventa, pero por el amor de dios... los que buscan el poder de un premio son solo aquellos que buscan fe en su reconocimiento, busca en alguno de mis 4 libros editados algo que sea arrogante... dimelo... son libros que utilizan los universitarios para aprender, les enseña algo... un ingeniero con tanto orgullo no dejaria los conocimientos de los que dispone en la palma de la mano d eun mocoso que juega a ser dios-dije de forma excéntrica aplicando movimientos exagerados a estos, tras eso me puse a caminar de nuevo de un lado a otro mirando a los presentes, iba de uno en uno mirando las naves e intentando reconocer las naves de cada uno de estos mientras las grúas actuaban para sacarlas de encimas de las otras.

Me acerqué al primer político, un tipo bajito con nbigote y barbas con cara de muy malas pulgas pero demasiado tranquilo para estar enfadado de verdad, más recordaba que no me había gritado, loq ue me hizo pensar lo siguiente que le comenté con bastante sociabilidad pero con ese excentricismo que me caracterizaba y que de paso ponía nerviosos a muchos pero les hacúia gracia a otros:

Por ejemplo usted... no le he visto gritarme en todo momento... ¿por que?... obvio... mira aq este que está al lado suya, está enfadado tambien, y esta preocupado por su nave, pero no se mueve porque ve que los escudos estan activos y que no sufrió daños, usted ha venido con el-dije tranquilo mientras miraba a otro que si gritaba mientras dejaba a los dos callados y con cara de... vaya y lleva razón-¡Usted el gritón... desconoce la palabra esa de tener nave propia, grita que se la han destruido para ver si le dan otra... nadaa... no tiene naveee... se quien es lo vi en las holonoticias... siempre va en una nave transporte privado que se ha quedado acoplada cerca de donde celebrabais la reunion... no sea mentiroso ¿quieres?... ese en cambio si tiene moticvos... se ha quedado sin nave... pero no se preocupe...a hora por tonto irá con usted...

Tras eso me di la vuelta mientras al tipo que desenmascaré se quedaba alucinando y volvía con la presidenta que preguntaba cosas sin sentido, una vez más la ignorancia ganaba a su saber, al menos en lo que tecnologías conllevase, yo negué ante la histerica actuaciónq ue seguro estaba aterrando a la rubita amargada:

¿Conciencia propia?... NO... ¿estas loca?... Todos sus actos son meras programacion If, Else... While... for While... funciones.... Cuernalita... para hacer una cosa, tiene que procesar 6 millones de lineas de codigo... para ello debe ver si hay algo o alguien... que si puede ser sarcástica que si no que si si... eso es programación pura y dura... no me lleve tres años programando a Adeleim para darle alma... le di personalidad si... pero una personalidad artificial que hace en el fondo lo que yo le diga y en el fondo me aconseja... por eso peleamos... me gusta pelear con ella... una discusión al día... está en su programación, sus amenazas igual-dije de una forma que lo entendiese, como me pousiese a explicarle las instrucciones que llevaba Adeleim i9bamos listos... Adeleim tenia mas de 700000 billones de líneas de código compartidas entre la nave y la propia IA... y la mitad eran basadas en la personalidad... dos años sin dormir de trabajo... 3 de pruebas y depuración de fallos... en total 5 años de trabajoso esfuerzo gravados... siendo esta el mayor de mis logros.
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Re: Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Lun Mayo 16, 2011 10:25 am

Los gritos, los aspavientos y el hombre en general le estaban hartando. No, no le estaban… ya había conseguido eso. Quizás no fuera tan arrogante tal como decía –aunque Cornelia seguía y seguiría albergando dudas al respecto- pero de cualquier forma eso no quitaba que fuera molesto. Sí, era tremendamente molesto, en especial porque no solo aparentaba saber más que ella en su materia, sino que en efecto lo sabía. No era el mensaje en sí lo que le desesperaba, sino la manera de transmitirlo. Por esa razón Queenstone se sintió aliviada al momento en que el estrambótico general se alejó, aunque la tranquilidad le duró poco en vista de que este se dirigía ahora hacia dos políticos. Si debía ser realista, dudaba que la opinión pública en cuanto a aquel día, la organización en general de la reunión y ella misma pudieran empeorar, pero siempre debía recordar también que con Von Rothschild todo era posible; y generalmente lo era para mal.

Uno de los hombres gritaba sin parar, con su rostro congestionado a causa del empeño que ponía en ello; el otro, por el contrario, simplemente parecía algo dolido por su pérdida. Cornelia habría deseado que alguno de los hombres –o ambos, porqué no- no dominara sus nervios y decidiera que los puños eran la mejor forma de comunicarse con el general, pero todo ocurrió a la inversa de como lo había esperado. ¿Eso era bueno o malo? Observó desde una distancia prudencial cómo le explicaba en un lenguaje mas bien técnico al hombre silencioso que su nave en realidad no había sufrido daños gracias a tal y cual cosa y luego presenció como ponía en evidencia al hombre ruidoso, que en realidad no era más que un político mentiroso más del montón. No le extrañaba viniendo de él y se vio obligada a reprimir una pequeña sonrisa, ante la “desgracia” ajena: sí que había gente graciosa y patética en el mundo, aun quedaban de esos.

Pero la tranquilidad no podía durarle mucho y acabada la breve entrevista con los políticos Richard regresó a rebatirle sus argumentos con la misma razón de siempre. Era un alivio saber que la máquina en realidad no tenía conciencia propia y también constituía cierta satisfacción el echo de que él hubiera utilizado cinco años de su vida para la creación de algo tan desesperante, algo que solamente él podría haber sido capaz de construir. Pero Cornelia ignoraba la otra parte de la historia: que él era un ingeniero, que gracias a sus años de dedicación en distintos aparatos descabellados era que tenía tanto dinero como para permitirse ser un desastre y, finalmente pero no menos importante, que no había motivo alguno para discutir con él, en realidad. -¡Cómo sea! ¡Deja de joder las reuniones y pon tu culo a crear otra máquina parlante! Por más que no hayas echo nada malo constituyes una pérdida de tiempo enorme, hasta preferiría que te la pasaras construyendo una bomba nuclear. –acabó por soltarle molesta, aunque a medida que sus gritos se ponían fin y a la vez que con una mano se masajeaba la sien su disconformidad en general iba disminuyendo. Debía encontrar alguna tarea para mantenerlo ocupado, lo suficientemente alejado como para que no interviniera en ninguno de sus planes.

-La… la Feria. –respondió tras cerrar sus ojos por unos segundos, serenándose como si nadie hubiese gritado nada jamás y haciendo caso omiso de su acompañante. Aunque todo lo contrario, no le ignoraba: si quería que le prestara atención debía de mantenerse lo más tranquila posible y, con un poco de suerte, el acabaría por captar también su seriedad. –La vigilancia nunca está de más, y la Feria Universal es un asunto muy delicado. Sería muy útil que tu fueras una especie de…mmm… espía, algo así. Ya sabes, vestir esas prendas de civil que tanto te gustan y no trabajar; lo que haces cada día de tu vida. –acabó por decir. En realidad no era tan necesario pues tranquilamente podría contratar guardias por aquí y por allá, pero si quería sacárselo de encima debía poner argumentos interesantes sobre la mesa.

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Re: Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

Mensaje por Richard Von Rothschild el Lun Mayo 16, 2011 6:20 pm

Mantuve pues mi mirada nuevamente en la presidenta, la cual no tardaría demasiado en explotar y hacerme ver lo fierecilla que era, esta comenzó ya a exaltarse a masajearse la sien, bien estaba bastante cabreada, pero no encontraba razones para seguir con la discusión, puesto que no se las había dado, me encantaba cuando un par de frases bien dichas me quitaban el marrón, jugar con el miedo a lo desconocido de Cornelia ayudaba mucho, dado que era una miedica ante esas posibles cosas y su punto débil era las tecnologías, sobre política no podría engañarla, ella a mi quizás un poco, pero sobre todo yo con las tecnologías y lo hacía ver con su forma de decirme que me estuviese quieto, su enfado era místico y placentero, para eso hacía las cosas:

Tardaría menos, las instrucciones básicas de una IA, las tengo programadas, faltaría programarle su personalidad... no me tendrías fuera de servicio mucho tiempo... -dije con una sonrisa picara mientras daba vueltas en plan buitre alrededor de ella,, intentando examinar lo que quería decirme con lo de la bomba nuclear-Conoce mi aversión ante tales viles objetos... no pienso construir algo que puede llenar de radiación todo el Omnipotent... y destruir medio mundo... otra vez. No es algo que entre en mis planes... lo mio ya has visto que es desquiciar superiores... a esos a ti... a mi comandante general... dime... ¿que pasaría si fuese yo el máximo rango militar?... Serías mi jefa pero solo tu lo serías... no tendría gracia alguna.

Sonreí de forma socarrona y le di la espalda, hasta que escuché el tema de la feria, la feria universal, me quería mandar a vigilar allí ¿o me quería mandar allí para no verme el pelo? Quizás ambas cosas, pero conocía ala presidenta y ahora estaba molesta, quería que fuese por algo más, por lo que la cogí del brazo y me la lleve apartado de los políticos mientras abría mi ordenador de muñeca y abría el correo que esta me había mandado horas antes, no había demasiada preocupación, pero normalmente no utilizaba ese método, me llamaba directamente para hablar conmigo, eso dedicaba algo más de mi tiempo hacia ella. La llevé a una zona donde no nos podían escuchar y comencé a habolar:

¿No trabajooo? ¿No le llegan los informes de maniobras vuelos daños etc de todaas las maniobras de mis muchachos o que? Esto d ela vigilancia será puro relax pàra mi, pero creo que hay algo más que le preocupa... ¿Por qué me mandas a mi y no a alguien de seguridad? ¿Y por que de incognito?... Hable sin demora y sin decir que para mantenerme alejadito... sabe que en 5 minutos podría moverme de la feria al Omnipotent y del omnipotent allí... - me mantuve con las cejas alzadas y me crucé de brazos apoyandome en la columna que había, una sonrisa excéntrica apareció en mi rostro pero ese gesto de apoyarme indicaba que al menos la escucharía y me quedase quietecito-Por cierto... me mandaste un correo electrónico urgente para verme... por eso mis tres días de permiso se vieron interrumpidos... por ese permiso no fui a la reunion rutinaria, pero intenté sacar que de importante había, alñlí nada, pero algo me dice, que en estos tres días que estuve fuera, algo ha pasado yq ue me lo quieres contar... ¿Por queee? si soy un desastre?

Eso uñtimo lo exágere en palabras, era mas bien un reproche, puesto que delante d elos demás guardaba apariencias, pero a solas ella sacaba a relucir toda la confianza que ten´ñia en mi, motivos tendría, los había, bastantes, por eso aun no había salido del ejercito, puesto que a pesar de estar loco era unn general apreciable y magn´ñifico, como me encantaba echarme flores auqnue fuese en pensamientos, aunque claro, es en pensamienbtos, no alardeaba demasiado de mis cosas en públicos, a noser que esa cosa ayudara a la humanidad, en ese caso la plasmaba en libros o las patentaba y ganaba millones... lo que tenía ser ingeniero en mis ratos libres.
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Re: Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Sáb Mayo 21, 2011 5:04 am

Instrucciones básicas, IA… para ella nada de eso tenía algo de básico y por un momento la tentación de volver a gritar y de paso estamparle el rostro a Richard contra sus botas, por decir lo menos, parecía estar ganando. Sin embargo acabó por calmarse: Cornelia hizo de tripas corazón y se limitó a observar a su general con una mirada fulminante, que sólo podía significar un “¿ya terminaste?”. Por desgracia sabía que no, recién había comenzado. Genial, no quería invertir su tiempo libre en la creación de una bomba nuclear, para colmo. Sin embargo de cualquier manera no había sido una buena sugerencia: constituiría un arma demasiado eficiente y amenazante pero a su vez sería insoportable para el medio ambiente…y para los dichosos imperialistas. Construir armas de ese tipo sería echárselos encima sin pensarlo dos veces, y se suponía que se buscaba una relación mas amistosa justamente con ellos, no acabar desencadenando una guerra estúpida por un invento aun mas estúpido.

-Ya creo que tendría gracia, mucha gracia. –le espetó ella, aunque en lugar de tener una expresión graciosa ante la idea tenía, por el contrario, una mirada seria y estóica: no sería gracioso para nada. El poder, aunque sólo fuera un poquitín más, en las manos de Von Rothschild nunca daría como resultado algo positivo, al menos no como lo que ella calificaba de esa manera.

De pronto él le tomó del brazo y ella suspiró: ahora hablarían de algo un poco bastante más productivo, más secreto y más interesante. El que él revisara de pronto su correo le confirmó que lo habría leído, aquello que le había escrito no sin cierta urgencia y que ahora parecía haber despertado más de una pregunta en el apretado cerebro de Richard. Cornelia sonrió levemente; cuando quería podía no ser tan inútil como aparentaba. Pronto llegaron a un lugar algo más apartado, donde estuvieron libres de los ojos de los políticos, los técnicos y otros curiosos.

-Eso no es trabajar, no cuando sólo pasas con suerte una hora haciendo algo que, además, te tomas como un juego. Si fueras de vigilante al menos nos aseguraríamos de que constantemente estarías cumpliendo con tu deber, para variar. –volvió a espetarle, aunque ya no con tanta hostilidad, observando con mirada crítica mientras él se reclinaba contra una columna. –Pues sí, es para mantenerte bien alejadito y ocupadito, marinero. –sonrió burlona después de tanto tiempo, llegando a utilizar un tono de voz infantil reclinándose levemente hacia delante, como si estuviera hablando con un niño pequeño algo bobo. Sin embargo pronto recuperó la compostura, al oírle hablar sobre el tema quizás más delicado de aquel día: su correo. Y lo que era mas importante, lo que estaba implícito en él. Cornelia guardó silencio por unos segundos, mientras organizaba sus ideas y buscaba la mejor manera posible de comunicarle sobre la oferta de cierta general de las filas “casi enemigas”. Por supuesto, iba a ser cuidadosa y seleccionaría cierta información, mientras que se guardaría otra demasiado personal, pero en líneas generales le contaría todo lo que tuviera relevancia.

-Eres un desastre, pero eres lo único a lo que le puedo echar mano. Ha ocurrido algo… interesante. –intentó quitarle importancia, pero lo cierto era que no le era posible. Lo que había ocurrido había sido de gran importancia, era una auténtica oportunidad, y por ello no dejaba de ser excitante. Sin embargo y a pesar de que confiaría la información, no podía dejar traslucir las emociones que aquella noticia le proporcionaba. Sencillamente no iba con ella. –Von Austerlitz debería sonarte; es el apellido de una general de la Unión Euroasiática; ella acudió a nosotros. Von Austerlitz ama a su patria, desde luego, pero bajo ningún concepto tolera a su actual líder. Es inteligente, demasiado diría yo, pero creo que es digna de confianza. – desde luego, omitió decir sus razones para decir aquello.- Busca un tipo de alianza entre ella y nosotros, algunos de sus subordinados mas leales de por medio. Como imaginarás, acepté el ofrecimiento. –dijo, extrañamente incómoda. Sin embargo debía recuperar cierta autoridad, por mas que estuvieran ahora en un ámbito más privado y decidió agregar algunas palabras. –Iras a la Feria. No hay discusiones.

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Re: Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

Mensaje por Richard Von Rothschild el Sáb Mayo 21, 2011 7:55 pm

Aaaaah...-la miré asustada colocando un gesto demasiado exagerado mientras retrocedía y la señalaba agutando mi dedo indice hacia ella, haciendome una persona aterrada minetras la miraba, mientras simulaba que no podía decir palabra hasta que una tos semiprolongada me hizo acercarme y mirarla a los ojos, mientras le posaba una mano en la frente-¡TIENES SENTIDO DEL HUMOOOR! ¡HA LLEGADO EL APOCALIIIIIIIPSIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIS!

Lo siguiente d elo que se pudo disfrutar o ver era de mi persona tirado d erodillas diciendo eso del apocalipsis a grito tendido y con las manos alzadas al cielo como si suplicase perdón, para después levantarme tan normal pero con ese aire de excentricidad que me caracterizaba y daba forma a mi personalidad de loco de remate y que finalmente completé con una mirada hacia ella, ahora ya que estábamos ocultos en nuestra zona a solas los demás podrían solo haber escuchado esa excéntricidad, en ese instante negué con la cabeza... ¿no hacía mi trabajo?... venga ya, ella sabía que si, me decía que no porque solo veía los informes pero esa era la parte de mi trabajo que ella veía:

Cadetes en epoca de examen, William Galifer, 22 años, fuerzas terrestres, una media de 8, especialista en explosivos. Catede Filiphs Cadrium, 22 años, francotirados una media de un 7,7, tercer y ultimo cadete de esta semana en examinarse Sarah Demand, 21 año, fuerzas aereas, media de un 9'6, piloto, y experta tiradora. Eso para empezar... veo quien se examina y quien no... por otro lado, incidencias ocurridas en el omnipotent, por el momento han habido 456 aterrizajes programados autorizados y 7 no programados y autorizados, 356 despegues por el momento... y viendo este desastre quitale unos 50 a los 100 que debían despegar. Incidencias de seguridad, falsas alarmas en la sala de máquinas sector 3, zona de habitaciones, y una alarma real en la sala de juntas provocada esta tarde por mi al entrar por la ventana. 2 alarmas reales, una por intrusión de un robot espia en los conductos de ventilación, y la otra de la incursión de ese asesino interceptado por Georgina. Hay mas... pero la aburriría demasiado... quizás sea aparente que no hago mi trabajo... peroe stoy mas pendiente de todo esto que usted de la seguridad del omnipotent y no de los políticos... -dije mientras miraba las uñas, por que mientras tanto abría mi propio documento en mi ordenador, enseñándole todas als incidencias escrtitas por mi, y en otra media pantalla, había dividido en dos ventanas, los correos de informe y los mensajes de los sistemas de seguridad de inttrusismo y demás, así como el informe donde se veia que me había presentado a supervisar las pruebas de los que se examinaban-¿Sabes?... tenía fe en la chica... muy buenas notas... pero aprobó el que menos nota media tuvo... los exámenes siempre hablan de inteligencia... pero la inteligencia se ve en como te desenvuelves en elñ campo de batalla... eso si... el cadete que aprobó aun queda una prueba que pasar, puesto que la de trabajo en equipo la suspendió con creces.

Miré el rostro de Cuernalita y le sonreí de una vez más, pues decía que me quería tener ocupado, el otro tema que si me preocupaba, bueno ahora siq ue me había llamado la atención, vayua vaya, la comandante general de la unión euroasiatica... no la conocía en persona, mas debía hacerlo, Cuernalita había hecho bien en hacerlo, si era capaz de traicionar a los suyos... ¿que no srería capaz de planear contra nosotros?... debía tener mucho cuidado, creo que por eso me había informado a mi, yo mas que nadie me podría conocer las posibles trampas al menos tecnológicas y darle un apoyo táctico en temas militares, puesto que ella también sabíoa de esos temas:

¡LA LESBIANA LECHOSA! ¿Ha estado aqui?... Dime... ¿es tan blanca como sale en la tele cuando les presento su ministro de defensa?... ¿Te tiró los trastos?... Dime que ligó contigo...-primero había que empezar con una broma pero luego me puse serio y la miré a los ojos enarcando las cejas de una forma extraña-Primero... no es general... es comandante general... por debajo de su presidenta y el ministro de defensa... esta da una orden y tiene todo el ejercito besando sus pies... a ver... te has fiado de ella, mas aceptaste un primer encuentro ¡Aquí! Cuidado con eso... puede haber filtraciones... o ella misma querer tergiversarlo todo para darloa su favor y provocar una guerra. Por otro lado. Si esto es para hacerse ella con el poder... ¿Qué beneficio sacas tu?... ¿Qué beneficio habría apoyo de nuestras tropas? O acceso al omnipotent... dos puntos.

1º Podemos ser parte del juego... cuando no nos necesite... pumba... le hemos dadoa cceso al Omnipotnet... podría haber sacado información, o al menos sacar puntos débiles con solo una mirada... vamos mira... por un pequeño destrozo... se ha dejado desprotegida toda las demás zonas... un accidente provocado por otra persona que no fuese yo... y podría liarla bien... hablaré con mis superiores para que de una vez por todas cambien eso.
2º Poodemos ser parte del juego, pero quedar como aliados... ¿Qué beneficio sacamos?... ya estábamos en guerra con un muermo de lider que tienen... ¿Qué garantías hay de una persona con un claro ejemplo de sindrome Napoleonico?


Le dejé claro esos puntos, sabía que me contestaría con que ella ya había tomado medidas, pero sería mentiura, no conocía de tecnologías y me lo acababa de contar a mi a solas, no lo sabíamos nadie mas que ella y yo por el momento, y claro, la susodicha:

No me digas con que eso lo tenías previsto... si yo soy tu plan... has llegado días tarde... debiste comentarmelo cuando tuvo lugar... un correo como el que me mandaste pero diciendo... la comandante general "enemiga" está aqui... ¿te interesa echar un vistazo a ver si hay algo anómalo?... Por suerte no lo hubo y dudo que en la primera toma de contacto intente hacernos daño de algún modo-me rascaba la barbilla, cuando me ponía serio quizás seguía con ese modo excéntico característico, pero... sacaba a relucir los motivos obvios por lo que era General-Iré a la feria... no quiero que ningún terrorista o alguien anómalo provoque una guerra innecesaria... pero iré de incognito... lo que significa que estaré por los puestos y atracciones tambien... ¿vale?...
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Re: Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Dom Mayo 22, 2011 1:12 pm

Eran normales esas reacciones repentinas suyas, llegaban al punto de ser previsibles…y sin embargo y sabiendo todo esto Cornelia no pudo evitar dar una especie de salto hacia atrás al momento en que el hombre comenzó a gritar que el Día del Juicio Final se acercaba y tal y cual patraña más, presa del susto. Era previsible y sin embargo ella no había podido evitar reaccionar como un gato asustado: de haber sido posible se le habría erizado todo el vello del cuerpo y habría clavado sus garras en los ojos del ahora profeta apocalíptico. Sin embargo Corny seguía siendo una humana común y corriente, de armas tomar, pero a fin de cuentas ninguna hibridación genética entre humano y felino, con lo cual la opción del ataque repentino quedaba echada por tierra. Mientras él se arrojaba de rodillas al suelo para seguir con su actuación ella deseó que misteriosamente –por obra divina, le daba igual- le diera un ataque de epilepsia pero, naturalmente, nada de eso pasó. Y de nuevo, volvió a envolverse en ese aire de normalidad tan impropio de él. Suponiendo que en verdad le quedara un poquitín de eso en su persona.

-De acuerdo, quizás sí haces tu trabajo como corresponde. –se vio obligada a admitir, a regañadientes. Era innegable, el hombre bien informado estaba de todo lo que debía concernirle y mucho más. ¿Acusarlo de ser ineficiente? A Cornelia se le pasó por la cabeza el hacerlo, pero sabia que era justamente a la inversa: Richard era extremadamente eficiente en todo su trabajo, lo cual a su vez le provocaba acabarlo con tanta facilidad y dedicarle –en apariencia- tan poco tiempo y esfuerzo. Si no fuera tan eficiente probablemente la vida dentro del Omnipotent sería mucho más tranquila. –¡No te atrevas a criticarme! –le ladró de repente ignorando su observación sobre la inteligencia, con la cual habría estado de acuerdo de haberle escuchado. Le sostuvo la mirada manifiestamente molesta, por supuesto que sin devolverle la sonrisa, hasta que de repente… de repente gritó, si parecía que era lo único que podía hacer correctamente. Cornelia dio un respingo, luego un bufido y finalmente se resignó a seguir oyéndole parlotear.

-¿Lesbiana lechosa? –alzó una ceja, entre sorprendida y divertida. De acuerdo, era un pesado pero en ocasiones hasta podía arrancarle una pequeña risa. –No voy a responderte eso. De cualquier forma tu ya sabes cuán fiel soy a mi esposo.- le respondió con una media sonrisa, ahora ella también bromeando, aunque a medias. Las personas como Cornelia no estaban echas para los compromisos y sin duda un matrimonio era uno en potencia. Sin embargo, cuando los “compromisos” se establecían entre dos personas no demasiado comprometidas…la situación podía pintar mejor. O al menos así era como ella lo veía. De cualquier forma y recapitulando, aquello era un dato irrelevante en la conversación: simplemente había sido una burla, un recordatorio de que ella también podía jugar sin que el Apocalipsis se les viniera encima. -¡Naturalmente que nos beneficia! Debemos mantener cerca a nuestros amigos y aun más a nuestros enemigos. Es evidente que no tenemos lo primero; por tanto debemos vigilarla atentamente. Es una oportunidad; con alguien operando desde dentro podría facilitársenos considerablemente el acabar con Bonham. Y si llegara al poder… -guardó silencio por unos segundos. No había considerado tanto como era debido aquella posibilidad, a pesar de que era totalmente factible que, de acabar con Bonham, Nike pasara a ser a “mujer a cargo”, por decirlo de alguna manera. Sin embargo, existían las diferencias entre von Austerlitz y Bonham, muy marcadas y a la vez constituyentes de un motivo más que sólido para aceptar cualquier tipo de alianza. –Von Austerlitz piensa como nosotros. -¿o acaso sólo como ella?- Que ella llegara al poder, algo de por sí difícil, podría resultarnos benéfico: sería como tener a uno de nosotros dominando Eurasia. Yo… yo nos creo capaces de confiar en ella. –defendió su opinión a como diera lugar; a fin de cuentas era ella quien mandaba y quien se creía la más adecuada para decidir esas cosas. Por desgracia, no lo era. -Y de cualquier forma, yo ya he tomado las medidas pertinentes. –de acuerdo, eso no era una enorme mentira pero tampoco una verdad absoluta, mas se sintió obligada a decirlo, como si con eso fuera a convencer a su interlocutor de que había echo lo correcto. Momento, ¿porqué debía de convencerlo?

-Por supuesto que tú no eres mi plan. No el único, al menos. –dijo con voz cortante, buscando dar fin a los sermones que había recibido. Ya estaba bien; había cometido una serie de errores no demasiado pequeños y él gustosamente se los había echo notar. Y muy bien, pensó, a fin de cuentas por algo tenía el rango que ostentaba. Suspiró derrotada al oírlo hablar: sí sí, la feria, con puestos de atracciones incluidos. ¿A qué le sonaba eso? Al Richard de siempre, cómo no. –Vale, las atracciones y todo incluido. Sólo recuerda: el verdadero atractivo de la rueda de la fortuna es que te aplaste. Confío en que te divertirás, para variar. –comentó sarcástica, para luego observar su propio reloj que, sorprendentemente, podía decir la hora entre otras cosas. –Si no tienes nada más que decir al respecto…yo sí debo trabajar. Alguien se encargó de montar una fiesta allá en el hangar.

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Re: Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

Mensaje por Richard Von Rothschild el Lun Mayo 23, 2011 3:16 am

Finalmente lo admitió, una sonrisa triunfal apareció en mi rostro caracterizada por mi repentina resolución de mi problema con ella y su aparente desconfianza hacia mi criterio de cómo hacer o no mi trabajo, un criterio que conocía bien, y quizás a la gente le pareciese fácil mi forma de actuar, quizás mi aparente relajación daba un aire de que no daba un palo al agua, pero acababa de demostrarle que no, que trabajaba, mucho mejor que muchos. Mi eficiencia se debía a varias cosas, no paraba quieto, igual podía estar comiendo y leyendo o escribiendo informes que arreglando algo y escribiendo informes, que en mi nave y `pilotando y leyendo y escribiendo informes, que no estuviese en la oficina no significaba absolutamente nada… ¿Para que existía una red interna en la base? ¿Y para que existía mi cuenta de acceso…? Algunos creían que para nada, otros se limitaban a ver que siempre estaba dentro de dicha cuenta, la mantenía para que nadie entrase por mí... sería extraño:

Bien, mi eficiencia queda probada por la presidenta… la siguiente resolución eees-en ese instante se cabreó, me crucé de brazos enarcando las cejas, me acerqué a su rostro y piqué su nariz comenzando con un ritual que siemrpe acababa mal, esta vez no sería así, tan solo emití un par de ladridos entonando el mismo tono de voz aportado por la mujer para imitarla, solo sabía hacer eso, parecía un perro en reiteradas ocasiones… un coñazo si se me permitía aclarar-¿Por qué no? Parte de tu misión es saber aceptar las críticas para mejorar ¿no?... espera… a quien no te respeta lo que haces lo mandas ejecutar… como a la periodista esa… si me he enterado… una muerte accidental después de lo que publicó… ¿En serio? Presidenta… eres una auteeeeentica tirana… y eso lo puedes tomar como un halago o como una amenaza en cualquier caso estará equivocada, simplemente digo la verdad.

Una sonrisa que acabó por desaparecer, un instante de seriedad para que viese que hablaba en serio, no estaba de acuerdo con todo lo que hacía ella en su política, ella tampoco con todo lo que hacía yo en mi trabajo, pero nos llevábamos suficientemente bien para soportar nuestras críticas, y suficientemente mal como para criticarnos. Al parecer se había reido, la miré con aire de autosuficiencia, un poco echado para delante y con un gesto de picardía, ese apodo impuesto a la mandataria militar me hizo gracia a mi también el primer día que lo pensé, sino no se lo habría puesto:

Cuando se tratan de personas ajenas si se ríe eeem… Cuando le digo a usted enana amargada… o enana chillona bien que se mosquea-dije con toda la razón del mundo, pero obviamente con un aire picaresco el cual intentaba medio ofenderla y por otro lado con esa verdad que siempre salía de mis labios dando donde más dolía, después ella me soltó su grotecidad, bieeen ahí puse cara de pena y me toqué el pecho, dolido por lo que acababa de decir, a mi su esposo me daba igual, ella era promiscua… para mi una guarra, mas nunca me acostaría con nadie casada, por eso nunca le había tirado los trastos a la presidenta, sino, ya lo habría hecho-Lo seee… nunca has querido acostarte conmigo… pero en cambio si con los tropecientos hombres que pasan a hacerle la pelota entre otras cosas… ¿Por qué no con ella? Seguro que lo está deseando…

Estoy tan de acuerdo con varias partes como en desacuerdo con otras, sigo de acuerdo con mantenerla de nuestro lado, no quita que se le niegue aun ciertos privilegios… su primer fallo en esas medidas fue permitirle acceso al Omnipotent en la primera toma de contacto, aunque serviría de poco, ella hubiese optado por ganarse nuestra confianza para después entrar. En segundo lugar pienso que esa mujer piensa por ella misma, a nosotros nos necesita, creeme si pudiese ella sola lo haría. Tercer punto… pensarse el hecho de poder confiar en ella me indica que ahora que saco los puntos a relucir no estás tan segura y por eso me necesitas… ¿me equivoco?-podría ser que yo no entrase en los planes y ella tuviese bastante planeado, pero le acababa de demostrar que no todo estaba planeado y que por eso necesitaba mi ayuda, por ese último punto apoyé mi mano derecha en su hombro izquierdo y la miré a los ojos con una sonrisa triunfal pero mostrándole mi apoyo ante todo lo que pidiese-Algunas medidas bien tomadas… otras no… por eso entro en sus planes, no pretendo ser el único, no soy Dios… aunque puteo más que el… y ahora si me permites… deberías confiar en mí, yo aunque no lo parezca lo hago con usted, pero… tengo que hacerle ver los fallos… sino ¿qué clase de subordinado seria?

Un gesto triunfal con el brazo y un posterior bailoteo ante el zanjar de la chica a dejarme las atracciones y todo incluido en mi misión de proteger y servir en la feria mundial, si si me montaría en todo de gratis y además pudiéndolo hacer porque estaba trabajando, con la única condición de tener que velar por la seguridad y vigilar a todo sospechoso que quiera liarla bien bien:

Gracias, aprovecharé todo lo que pueda esa estancia con todos los gastos pagados en ferialandia-esbocé una gran sonrisa y en ese instante escuché sus palabras referente a lo que yo había liado, enarcando mis cejas y colocando carita de pena a medida que ella me echaba la bronca de forma indiferente-Venga miralo por el lado bueno… te he ayudado a ver lo fácil que es entrar en el hangar sabiendo un poco… y te he librado de una reunión aburrida y hemos hablado de lo que teníamos que hablar… mis métodos los considerarás poco ortodoxos… pero con una sola acción te he solucionado tres problemas.
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Re: Infundaciones infandadas o algo parecido (Cornelia)

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Vie Mayo 27, 2011 1:52 pm

Cornelia puso los ojos en blanco; no había más que hacer con ese tipo. Al final había acabado por concederle demasiado, mucho más de lo que él se merecía y definitivamente muchísimo más de lo que le hubiera gustado concederle: había admitido equivocaciones de manera bastante indirecta, había permitido que le faltara el respeto –lo cual en realidad no era ninguna novedad, pues eso él lo hacía con todo mundo- y finalmente le había dado lo que quería. No habían sido unos resultados demasiado satisfactorios si vamos al caso, pero afortunadamente ella también había obtenido un par de cosas a cambio, como un nuevo punto de vista de las circunstancias, un poquitín de risa –ínfima si la comparaba con los disgustos que se había llevado a su vez- y… ¿Ya había nombrado la diversidad de puntos de vista? Suspiró. No, no le había ayudado en absoluto, al menos no desde su punto de vista. Sin embargo, tampoco le había perjudicado. De todas formas, esa era otra cuestión aparte.

-La próxima vez podré prescindir de tus servicios, gracias de todas formas. A todo esto, ¿Para qué quieres gastos pagos si tienes tanto dinero? –preguntó hastiada, cejas en alza. Desde luego la respuesta era sencilla y obvia: para incordiar, por decirlo con palabras bonitas. Había sido un incordio, ahora también lo era y le había ocasionado la pérdida de un tiempo más que valioso, tal como podía comprobar a cada vez que espiaba minuciosamente su reloj. Sí, era el momento de alejarse del subnormal y a atenerse a las consecuencias que éste habría provocado, pero de pronto sintió una pequeña necesidad que no podría haber estado mas alejada de los deseos carnales que se le habían insinuado. ¿Porqué no ser ella un incordio, por unos segundos también? Suponiendo que aun no lo fuera, claro. Era una tontería, un juego de niños al que ni ella se habría atrevido a participar siendo mucho más joven, pero de igual modo estaba dispuesta a hacerlo. Total… le agradaba ver los efectos y las reacciones que su bajo sentido de la moral causaban en las personas y Richard no era ninguna excepción a la regla.

-Por supuesto que las desgracias ajenas son más graciosas. Si supieras de lo nos hemos reído por las noches… -dejó la frase en el aire, mientras simulaba pensar a la vez que llevaba su mano hacia un mechón de cabello rubio rebelde y se lo acomodaba detrás de la oreja, simulando pensar un comentario que de todas formas ya estaba perfectamente formulado en su cabeza. –Y la diferencia entre tú, mi tropel de hombres y la muñequita de hielo es que, sencillamente, ellos no me inspiran repulsión. –fue su lengua viperina la que habló, ignorando cualquier punto sensible del tío en el hipotético y ficticio caso de que aquella parrafeada le afectara de algún modo. Naturalmente, o al menos como ella se lo imaginaba, no sería causante más que de risas y quizás nuevas burlas, pero de todas formas había constituido un alivio el decirlo. Se había sentido bien, endemoniadamente bien. Y a todo esto, ¿muñequita de hielo? Se rió mentalmente de sí misma, ante el apodo que le había otorgado a aquella pintoresca joven. Sí, no cabía duda de que era cual una muñeca, y en cuanto a su carácter no quedaban demasiadas dudas al respecto.

-En resumen tenemos la ventaja, al menos de momento. –fue su sentencia final, ignorando lo que había dicho y echo segundos atrás, haciendo gala de una memoria selectiva prodigiosa. –Ella nos necesita, seamos cuidadosos en extremo con eso y todo estará bien. Ahora… -la última miradilla apresurada a su reloj y se interrumpió a mitad de frase. Elevó la vista hacia von Rothschild y en lugar de dedicarle una sonrisa que de todas formas habría sido falsa y habría involucrado cierto esfuerzo de su parte, se limitó a observar fijamente sus ojos por unos segundos.

Buen trabajo. –fueron sus únicas palabras, en un tono algo enigmático. Quienes no la conocieran dirían que tan sólo habían sido dos palabras, quizás plagadas de sarcasmo. En cambio, entre conocidos tan cercanos el significado había sido algo diferente: por más extraño que resultara pensarlo, había sido un auténtico cumplido, algo más que suficiente viniendo de ella. Por que sí, aunque le sacara de sus casillas e hiciera el tonto a toda hora, también había sido sumamente eficiente, uno de sus mejores hombres –y uno de los pocos que jamás había sido ni sería uno de sus hombres- y, en definitiva, estaba orgullosa de él. Así pues, Cornelia se dio rápidamente la vuelta y comenzó a caminar hacia el hangar de aviones con paso apresurado. Si alguien le hubiera visto el rostro habría notado que al llegar al final del pasillo había sonreído.

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