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Que se escondan las apariencias. (Privado)
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Que se escondan las apariencias. (Privado)
OFF:(Viene de aquí.)
El mal tiempo nos había acompañado desde la salida del museo. El limpiaparabrisas trabajaba a destajo, y yo tenía que jugar con la temperatura del termostato interior, de modo que no se empañara el cristal por dentro. Era un fastidio, no funcionaba bien desde hacía semanas, y nunca encontraba un segundo para llevarlo al taller. Tampoco quería que me robaran de forma indiscriminada. Los mecánicos se habían convertido en los nuevos ricos del siglo XXI. Encendí la radio después de palabras sueltas, nerviosas, unidas a incómodos silencios, de seguro unidos a pensamientos difusos en cada una de nuestras cabezas. Esperaba que no se arrepintiera de aquella "invitación". No, seguro que no.
La frecuencia hablaba de la feria, invitando a todos los que pudieran llegar, que accedieran. Todos los gobiernos habían facilitado el transporte público, tanto por tierra cómo por aire, lo que no dejaba de parecerme sorprendente.
Siguiendo sus indicaciones, aparqué justo en la esquina del edificio en que me dijo que vivía. Yo paré el motor y la radio, mirándola mientras me quitaba el cinturón de seguridad. Ahora lo pensaba, y no recordaba la última vez que una chica había estado a mi lado en el coche. Está bien, hacía un par de días, pero me refería a que no había estado de esa manera. Nerviosos, a esa hora del atardecer, sobrios, sin haber pasado horas de fiesta... Estaba convencido de que aquella noche iba a ser diferente. Suspiré, y fijé mi mirada en sus ojos profundos y llenos de respuestas.
- Nos vamos a empapar. -sonreí- Con antelación, lamento mojar el suelo/moqueta/parquet de tu apartamento.
Abrí la puerta, y el sonido de la lluvia se amplificó. Las cataratas del cielo se habían desbordado, similar a miles de cristales azotando una pared de metal era el ruido que provocaba esa tormenta -varios rayos y truenos habían decorado el cielo gris durante el camino- al chocar el agua contra el asfalto. Para sumar más dramatismo al asunto, el coche estaba justo encima de un charco. Bravo, alcalde, su pavimentación preventiva de las calles había sido un éxito.
- Vale, quédate aquí, iré a abrirte la puerta. -salí velozmente empapando mis zapatos. Me quité la americana (que de poco me iba a servir) y corrí hacia la puerta del copiloto, abriéndola. A modo de marquesina, la coloqué sobre la misma y sonreí, mojándome cómo nunca- Adelante, señorita Terpelli. No es un paraguas, pero servirá.
"It's something", pensé.
El mal tiempo nos había acompañado desde la salida del museo. El limpiaparabrisas trabajaba a destajo, y yo tenía que jugar con la temperatura del termostato interior, de modo que no se empañara el cristal por dentro. Era un fastidio, no funcionaba bien desde hacía semanas, y nunca encontraba un segundo para llevarlo al taller. Tampoco quería que me robaran de forma indiscriminada. Los mecánicos se habían convertido en los nuevos ricos del siglo XXI. Encendí la radio después de palabras sueltas, nerviosas, unidas a incómodos silencios, de seguro unidos a pensamientos difusos en cada una de nuestras cabezas. Esperaba que no se arrepintiera de aquella "invitación". No, seguro que no.
La frecuencia hablaba de la feria, invitando a todos los que pudieran llegar, que accedieran. Todos los gobiernos habían facilitado el transporte público, tanto por tierra cómo por aire, lo que no dejaba de parecerme sorprendente.
Siguiendo sus indicaciones, aparqué justo en la esquina del edificio en que me dijo que vivía. Yo paré el motor y la radio, mirándola mientras me quitaba el cinturón de seguridad. Ahora lo pensaba, y no recordaba la última vez que una chica había estado a mi lado en el coche. Está bien, hacía un par de días, pero me refería a que no había estado de esa manera. Nerviosos, a esa hora del atardecer, sobrios, sin haber pasado horas de fiesta... Estaba convencido de que aquella noche iba a ser diferente. Suspiré, y fijé mi mirada en sus ojos profundos y llenos de respuestas.
- Nos vamos a empapar. -sonreí- Con antelación, lamento mojar el suelo/moqueta/parquet de tu apartamento.
Abrí la puerta, y el sonido de la lluvia se amplificó. Las cataratas del cielo se habían desbordado, similar a miles de cristales azotando una pared de metal era el ruido que provocaba esa tormenta -varios rayos y truenos habían decorado el cielo gris durante el camino- al chocar el agua contra el asfalto. Para sumar más dramatismo al asunto, el coche estaba justo encima de un charco. Bravo, alcalde, su pavimentación preventiva de las calles había sido un éxito.
- Vale, quédate aquí, iré a abrirte la puerta. -salí velozmente empapando mis zapatos. Me quité la americana (que de poco me iba a servir) y corrí hacia la puerta del copiloto, abriéndola. A modo de marquesina, la coloqué sobre la misma y sonreí, mojándome cómo nunca- Adelante, señorita Terpelli. No es un paraguas, pero servirá.
"It's something", pensé.
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Uzziel X. Winter- Civiles U.E.
- Mensajes: 33
Fecha de inscripción: 08/05/2011
Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)
En realidad no le había dicho que no me diera miedo la velocidad. Angelo había muerto en un accidente de coche, y eso lo tenía grabado en la memoria. La velocidad y el tráfico me asustaban, por eso yo al volante era excesivamente prudente. En una tarde como ésta, por ejemplo, yo no me hubiera atrevido a coger el coche. La lluvia descargaba sobre nosotros como si alguien estuviera tirándonos cubos a drede, la emisora de radio se había perdido y sólo quedábamos nosotros y nuestra conversación. Una conversación un poco escasa, que se balanceaba entre comentarios sobre el tiempo y la feria internacional que tendría lugar dentro de poco. Una conversación en la que no había dejado de sonreír, un poco como comiéndome las tripas por dentro. De acuerdo. Ahora que había estado encerrada en un espacio cerrado y pequeño (aunque sabía que iba a salir) y rodeada por la lluvia, el método de pensar en otra cosa y no agobiarme y dejarme llevar por mi miedo a los espacios cerrados y pequeños, me había llevado a pensar en las posibles consecuencias de haber invitado a Uzz a cenar a casa. Primero, hablaríamos, mientras yo hacía la pizza, probablemente, y él se secaba del pequeño paseo de cruzar de la acera al portal de mi edificio. Cerveza antes de cenar, vino durante, ¿algo más fuerte quizá, para después? Dios, Alicia, no pienses en eso. Sólo es una cena. Una cena de amigos.
"Ya, claro, pero es que el amigo en cuestión es guapo. Y tengo ganas de vivir un poco, maldita sea"
Bueno, pues así llevaba tres cuartos de hora, discutiendo internamente conmigo misma, y hay que ver lo pesada que podía llegar a ponerme. Sopesaba los pros y los contras de todo, absolutamente todo lo que se me ocurría que podía pasar, si era bueno, si quería decir algo, si significaba que estaba dejando mi dignidad a un lado... Porque hubiera quedado muy raro coger y darme de cabezazos contra la ventanilla que tenía a mi lado y que ahora mismo lloraba lluvia, que si no... Al fin nos detuvimos, y reconocí mi edificio entre la cortina de agua. Giré la cabeza para mirar a Uzz y decirle que si no tenía un paraguas ahí dentro, en el mismo momento que él se dirigía a mí. Glub.
-Oh, no te preocupes, el suelo se puede limpiar- sonreí haciendo un ademán con la mano, restándole importancia.- Lo que me preocupa es que... Cojas un... Resfria... ¡Uzz, no hace falta que...!- "me abras la puerta", iba a decir, pero no pude completar la frase. El joven ya estaba fuera abriéndome la puerta y sosteniendo su americana de forma especial para protegerme a mí del agua. Oh, Dios, oh, Dios, Alicia, contrólate. Esto no es Breakfast at Tiffany's. La lluvia no es romántica. No existen los sentimientos repentinos, ¿te enteras? Sí, sí, me entero, ¡pero es que se está mojando para que yo no me moje! Oh, por favor, vuelve a la realidad.
La realidad era que estaba sonriendo ampliamente y saliendo veloz del coche para no hacerle pasar bajo la lluvia más tiempo del necesario. Me refugié bajo su americana, apartándome el pelo de la cara, que de los pocos segundos que había estado expuesta a la lluvia, ya se había quedado empapado.
-Siento que tengas que mojarte tú... Andiamo!- nos hice acelerar en el cruce (siempre con cuidado de no caernos) hasta llegar al portal, resguardados, a salvo.- Mamma mia, sta piovendo gatti e cani!- protesté (se me escapó el italiano) mientras buscaba las llaves. Al fin. Ufa. Abrí la puerta al tiempo que sacudía la cabeza y lo miraba al cerrar.- Me siento culpable, Uzz, realmente no era necesario... Creo que tengo algo de ropa de chico arriba- de mi hermano, ojo, que nadie piense mal.- Podrás cambiarte y dejar esa a secar en los puntos de calor. Y si aún así pillas un resfriado por mi culpa, me comprometo a dejar de dar clases y a ser tu enfermera personal hasta que te pongas bien- mientras caminaba hacia el ascensor, pensé en lo mal que sonaba eso. Tremendamente mal. Terpelli, ¿qué rayos tienes en la cabeza? El viaje en el ascensor duraba exactamente treinta segundos, lo había calculado en un rato de aburrimiento. Yo vivía en la última planta del edificio, en una especie de pequeño dúplex-ático cuyo desván entero era mi habitación, y la planta baja, el resto de la casa. El ascensor de la comunidad reproducía siempre la misma canción, una de la acabada pero aún así muy querida entre la población Lady Gaga. Creo que era Bad Romance, no sé, todas me sonaban iguales. Cuando al fin llegamos a mi planta, mi puerta era la única del rellano. Me acerqué blandiendo las llaves.
-Ah... Casa, dolce casa- murmuré mientras abría la puerta.- Adelante, caballero. Siéntase como en su propia casa- sonreí sosteniendo la madera pulida para él, tras haber dejado las llaves sobre el mueble en que solía dejarlas. El recibidor era un pequeño pasillo con una puerta en una de las paredes, que escondía un armario pequeño para dejar abrigos, paraguas y botas de lluvia. De haberlo sabido, ahora el armario estaría prácticamente vacío. Tras ese pequeño pasillo se llegaba al salón-comedor, una habitación luminosa (cuando no llovía, claro), donde se respiraba toda la esencia de Italia. Las paredes en tonos claros, cuadros y fotos de la Toscana y de diferentes ciudades italianas enmarcadas en madera, que alternaban con fotos de mi familia y mis amigos, y una que me hice con Ayk el último día del primer curso, en una fiesta en la piscina que organizaron los profesores. Mi presencia se adivinaba en todo el salón, puesto que una pared estaba dedicada entera a una estantería donde había miles de libros. Novelas, libros de arte, de filosofía, de viajes... Otra de las paredes era la televisión enmarcada por un mueble del que las películas podrían caerse, pues estaba lleno. Todo estaba en su sitio y ordenado, salvo por una carátula de película encima de la mesa del salón, Cisne Negro. La había estado viendo la noche anterior para ponerla en clase y comentarla.
-Puedes dejar la americana y todo eso en ese punto de calor de ahí- le señalé uno de los tres que tenía distribuidos por la casa. Ya no se llamaban radiadores, ahora se llamaban puntos de calor y tenían otra forma. Mucho más moderna, claro, una forma que desentonaba con el aire retro del piso.- Yo voy a ver si puedo darte algo para que te cambies de ropa, no vaya a ser que cojas una neumonía... El baño es esa puerta del final del pasillo a la derecha, coge una toalla si quieres- sonriendo mientras le señalaba el sitio, avancé hacia una pequeña cuerda que colgaba del techo, en medio del pasillo. Tiré de ella, desplegando la escalerilla que llevaba a mi habitación, el desván, la zona más amplia de toda la casa, mi espacio privado, mi mundo. Subí por los pequeños escalones de madera, accediendo a mi burbuja. Yo misma me cambiaría de ropa. En mi cuarto se respiraba art nouveau y modernismo, por la iluminación tenue y las formas de los muebles. Una de las paredes estaba llena de fotos y recortes de lugares del mundo, de gente. Lugares que había visto, lugares que quería ver... Gente que no conocía, gente que sí... También frases proverbiales y dibujos, algunos míos, otros no, por ejemplo, los que eran las Cuatro Estaciones de Alphonse Mucha. Correteé hacia el armario, quitándome la camisa de franela, las botas y los vaqueros para sustiuirlos por unos leggings negros y una camisola verde, algo mucho más cómodo. Rebusqué, y al fin encontré unos pantalones de chandal de Angelo y una camiseta, la que había sido su favorita, que se había comprado por Internet. Un payaso que representaba una medida con las manos y decía: "I AM that long, will u ride, babe?". Obsceno (muy del estilo de Angelo), pero lo único que tenía. Bajé las escaleras con cuidado, tocando la puerta del baño.
-¿Uzz? Te he traído ropa de recambio, ¿puedo pasar?
Ahora que lo pensaba... ¿Sería Uzz "that long"?
"Ya, claro, pero es que el amigo en cuestión es guapo. Y tengo ganas de vivir un poco, maldita sea"
Bueno, pues así llevaba tres cuartos de hora, discutiendo internamente conmigo misma, y hay que ver lo pesada que podía llegar a ponerme. Sopesaba los pros y los contras de todo, absolutamente todo lo que se me ocurría que podía pasar, si era bueno, si quería decir algo, si significaba que estaba dejando mi dignidad a un lado... Porque hubiera quedado muy raro coger y darme de cabezazos contra la ventanilla que tenía a mi lado y que ahora mismo lloraba lluvia, que si no... Al fin nos detuvimos, y reconocí mi edificio entre la cortina de agua. Giré la cabeza para mirar a Uzz y decirle que si no tenía un paraguas ahí dentro, en el mismo momento que él se dirigía a mí. Glub.
-Oh, no te preocupes, el suelo se puede limpiar- sonreí haciendo un ademán con la mano, restándole importancia.- Lo que me preocupa es que... Cojas un... Resfria... ¡Uzz, no hace falta que...!- "me abras la puerta", iba a decir, pero no pude completar la frase. El joven ya estaba fuera abriéndome la puerta y sosteniendo su americana de forma especial para protegerme a mí del agua. Oh, Dios, oh, Dios, Alicia, contrólate. Esto no es Breakfast at Tiffany's. La lluvia no es romántica. No existen los sentimientos repentinos, ¿te enteras? Sí, sí, me entero, ¡pero es que se está mojando para que yo no me moje! Oh, por favor, vuelve a la realidad.
La realidad era que estaba sonriendo ampliamente y saliendo veloz del coche para no hacerle pasar bajo la lluvia más tiempo del necesario. Me refugié bajo su americana, apartándome el pelo de la cara, que de los pocos segundos que había estado expuesta a la lluvia, ya se había quedado empapado.
-Siento que tengas que mojarte tú... Andiamo!- nos hice acelerar en el cruce (siempre con cuidado de no caernos) hasta llegar al portal, resguardados, a salvo.- Mamma mia, sta piovendo gatti e cani!- protesté (se me escapó el italiano) mientras buscaba las llaves. Al fin. Ufa. Abrí la puerta al tiempo que sacudía la cabeza y lo miraba al cerrar.- Me siento culpable, Uzz, realmente no era necesario... Creo que tengo algo de ropa de chico arriba- de mi hermano, ojo, que nadie piense mal.- Podrás cambiarte y dejar esa a secar en los puntos de calor. Y si aún así pillas un resfriado por mi culpa, me comprometo a dejar de dar clases y a ser tu enfermera personal hasta que te pongas bien- mientras caminaba hacia el ascensor, pensé en lo mal que sonaba eso. Tremendamente mal. Terpelli, ¿qué rayos tienes en la cabeza? El viaje en el ascensor duraba exactamente treinta segundos, lo había calculado en un rato de aburrimiento. Yo vivía en la última planta del edificio, en una especie de pequeño dúplex-ático cuyo desván entero era mi habitación, y la planta baja, el resto de la casa. El ascensor de la comunidad reproducía siempre la misma canción, una de la acabada pero aún así muy querida entre la población Lady Gaga. Creo que era Bad Romance, no sé, todas me sonaban iguales. Cuando al fin llegamos a mi planta, mi puerta era la única del rellano. Me acerqué blandiendo las llaves.
-Ah... Casa, dolce casa- murmuré mientras abría la puerta.- Adelante, caballero. Siéntase como en su propia casa- sonreí sosteniendo la madera pulida para él, tras haber dejado las llaves sobre el mueble en que solía dejarlas. El recibidor era un pequeño pasillo con una puerta en una de las paredes, que escondía un armario pequeño para dejar abrigos, paraguas y botas de lluvia. De haberlo sabido, ahora el armario estaría prácticamente vacío. Tras ese pequeño pasillo se llegaba al salón-comedor, una habitación luminosa (cuando no llovía, claro), donde se respiraba toda la esencia de Italia. Las paredes en tonos claros, cuadros y fotos de la Toscana y de diferentes ciudades italianas enmarcadas en madera, que alternaban con fotos de mi familia y mis amigos, y una que me hice con Ayk el último día del primer curso, en una fiesta en la piscina que organizaron los profesores. Mi presencia se adivinaba en todo el salón, puesto que una pared estaba dedicada entera a una estantería donde había miles de libros. Novelas, libros de arte, de filosofía, de viajes... Otra de las paredes era la televisión enmarcada por un mueble del que las películas podrían caerse, pues estaba lleno. Todo estaba en su sitio y ordenado, salvo por una carátula de película encima de la mesa del salón, Cisne Negro. La había estado viendo la noche anterior para ponerla en clase y comentarla.
-Puedes dejar la americana y todo eso en ese punto de calor de ahí- le señalé uno de los tres que tenía distribuidos por la casa. Ya no se llamaban radiadores, ahora se llamaban puntos de calor y tenían otra forma. Mucho más moderna, claro, una forma que desentonaba con el aire retro del piso.- Yo voy a ver si puedo darte algo para que te cambies de ropa, no vaya a ser que cojas una neumonía... El baño es esa puerta del final del pasillo a la derecha, coge una toalla si quieres- sonriendo mientras le señalaba el sitio, avancé hacia una pequeña cuerda que colgaba del techo, en medio del pasillo. Tiré de ella, desplegando la escalerilla que llevaba a mi habitación, el desván, la zona más amplia de toda la casa, mi espacio privado, mi mundo. Subí por los pequeños escalones de madera, accediendo a mi burbuja. Yo misma me cambiaría de ropa. En mi cuarto se respiraba art nouveau y modernismo, por la iluminación tenue y las formas de los muebles. Una de las paredes estaba llena de fotos y recortes de lugares del mundo, de gente. Lugares que había visto, lugares que quería ver... Gente que no conocía, gente que sí... También frases proverbiales y dibujos, algunos míos, otros no, por ejemplo, los que eran las Cuatro Estaciones de Alphonse Mucha. Correteé hacia el armario, quitándome la camisa de franela, las botas y los vaqueros para sustiuirlos por unos leggings negros y una camisola verde, algo mucho más cómodo. Rebusqué, y al fin encontré unos pantalones de chandal de Angelo y una camiseta, la que había sido su favorita, que se había comprado por Internet. Un payaso que representaba una medida con las manos y decía: "I AM that long, will u ride, babe?". Obsceno (muy del estilo de Angelo), pero lo único que tenía. Bajé las escaleras con cuidado, tocando la puerta del baño.
-¿Uzz? Te he traído ropa de recambio, ¿puedo pasar?
Ahora que lo pensaba... ¿Sería Uzz "that long"?

Alicia Terpelli- Civiles U.E.
- Mensajes: 45
Fecha de inscripción: 07/05/2011
Edad: 18
Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)
El porcentaje de posibilidades de resbalar en una tarde lluviosa es directamente proporcional a la cantidad de chicas guapas que estén pendientes de tí. Abrumadoramente alto. Se sale de los gráficos, maldita sea. Lo peor de todo, incluso, es no caerse. Me explico: si te caes, te empapas, quizás de haces daño. Ella se preocupa por tí y se interesa por tu estado físico. Si resbalas, luchas por mantener el equilibrio, pero no te caes... lo que se ve es una versión de tí haciendo equilibrismos sobre una pierna, tratando de conservar tu dignidad y la integridad de tu físico. Lo que hace ella ante eso es observarte con un semblante entre dubitativo y de verguenza ajena. Supongo que adivináis cual de las dos cosas me ocurrió a mí. La suerte que tuve es que creo -y digo creo- que ella estaba más preocupada de abrir la puerta que de otra cosa. Lucky me.
El acento italiano de Alicia era un transporte gratuito a otra época, dónde imperaban las lenguas antiguas, y eran melódicas, suaves, deslizándose a través de una melódica y suave garganta. Belleza sonora al cuadrado. Realmente mi ropa estaba echada a perder. Sobre negro no se notaba a simple vista, pero os aseguro que notarla sobre los hombros y el pecho -sin contar los bajos del pantalón- era muy desagradable.
- No digas eso... -fue lo primero que me salió al oír "Me siento culpable...". Después vino la parte de la enfermera y me fue imposible evitar una imagen suya vestida de blanco, con minifalda, medias blancas y una cofia. Tragué saliva, tratando de terminar la frase- ¿Tienes un balcón? Podría mojarme un poco más y aseguramos tu cambio de empleo. -reí, algo nervioso. Venga ya, era el argumento de una película X.
Aún con una sonrisa en la cara, entré en la casa, que era visiblemente más grande que mi apartamento. Sólo con vislumbrar la escalera, que conducía a una planta alta, lo asumí. Si su acento y su idioma eran un viaje al pasado, esa casa era la terminal de entrada. El contraste de colores era armónico a la vista, infundía calma. Demonios, sentía que aunque dragones escupe-fuego acecharan la ciudad, me sentiría tranquilo en esa casa. Era cómo una dosis de tranquilizante via visual.
El resto eran los recuerdos habituales que se encuentran en toda casa, sumado a los efectos de ocio, tales cómo música o cine. No reparé especialmente en eso, pero sí me llamó la atención la disposición de todo. Ordenado pero despreocupado al tiempo. Definitivamente, no me importaría vivir ahí. Con esa televisión... oh, joder. Viendo esa pantalla recordé que tenía el portátil en el maletero del coche. Portátil que necesitaba para terminar el artículo antes de mañana al mediodia. Mi plan era levantarme de la cama en mitad de la noche -muchas veces me costaba conciliar el sueño- y terminarlo. Ahora debería hacer eso, sumado a una visita a la tormentosa calle. Dale las gracias a tus hormonas, Uzzi.
- Gracias. -hice lo propio. Los puntos de calor reconocieron la humedad del tejido y empezaron a trabajar. Un pequeño reloj indicaba el tiempo que estaría secando. Mis cabellos goteaban, mi peinado se había ido a la porra, siendo educados- Tienes una casa estupenda, mágica. -dije, resumiendo pensamientos anteriores.
Me encaminé a un baño adecuado con el recinto e hice una mueca mirando al espejo. Parecía un anuncio de colonias. Aunque algo más feo y mucho menos musculado. Solté una ligera carcajada y creí cerrar la puerta, pero sin hacerlo del todo. Acostumbrado a la puerta de mi baño, que necesitaba más de una pasada a través del sensor. Lo que me urgía ahora era quitarme esa camisa, que me pesaba y me causaba una sensación criminal de humedad. La dejé en el suelo. Cerré un instante los brazos y me crujió la espalda. Una mala noche. Escuché su voz a través de la puerta, por lo que me acerqué, olvidando por completo que no estaba en mi casa, que estaba sin camisa.
- Claro, estás en tu casa. -pasé la mano por el sensor, la puerta se deslizó. Ella se había puesto más cómoda, y llevaba una camiseta gris un pantalón que parecía deportivo.- Eres muy amable... -la camiseta llevaba un dibujo y unas letras que no lograba descifrar- ¿Qué dice ahí? Espero que no sea un "I'm with stupid", sería descortés por tu parte. -reí.
Por un instante, la imaginé cambiándose de ropa. Y no era lascivo.
Era hermoso.
El acento italiano de Alicia era un transporte gratuito a otra época, dónde imperaban las lenguas antiguas, y eran melódicas, suaves, deslizándose a través de una melódica y suave garganta. Belleza sonora al cuadrado. Realmente mi ropa estaba echada a perder. Sobre negro no se notaba a simple vista, pero os aseguro que notarla sobre los hombros y el pecho -sin contar los bajos del pantalón- era muy desagradable.
- No digas eso... -fue lo primero que me salió al oír "Me siento culpable...". Después vino la parte de la enfermera y me fue imposible evitar una imagen suya vestida de blanco, con minifalda, medias blancas y una cofia. Tragué saliva, tratando de terminar la frase- ¿Tienes un balcón? Podría mojarme un poco más y aseguramos tu cambio de empleo. -reí, algo nervioso. Venga ya, era el argumento de una película X.
Aún con una sonrisa en la cara, entré en la casa, que era visiblemente más grande que mi apartamento. Sólo con vislumbrar la escalera, que conducía a una planta alta, lo asumí. Si su acento y su idioma eran un viaje al pasado, esa casa era la terminal de entrada. El contraste de colores era armónico a la vista, infundía calma. Demonios, sentía que aunque dragones escupe-fuego acecharan la ciudad, me sentiría tranquilo en esa casa. Era cómo una dosis de tranquilizante via visual.
El resto eran los recuerdos habituales que se encuentran en toda casa, sumado a los efectos de ocio, tales cómo música o cine. No reparé especialmente en eso, pero sí me llamó la atención la disposición de todo. Ordenado pero despreocupado al tiempo. Definitivamente, no me importaría vivir ahí. Con esa televisión... oh, joder. Viendo esa pantalla recordé que tenía el portátil en el maletero del coche. Portátil que necesitaba para terminar el artículo antes de mañana al mediodia. Mi plan era levantarme de la cama en mitad de la noche -muchas veces me costaba conciliar el sueño- y terminarlo. Ahora debería hacer eso, sumado a una visita a la tormentosa calle. Dale las gracias a tus hormonas, Uzzi.
- Gracias. -hice lo propio. Los puntos de calor reconocieron la humedad del tejido y empezaron a trabajar. Un pequeño reloj indicaba el tiempo que estaría secando. Mis cabellos goteaban, mi peinado se había ido a la porra, siendo educados- Tienes una casa estupenda, mágica. -dije, resumiendo pensamientos anteriores.
Me encaminé a un baño adecuado con el recinto e hice una mueca mirando al espejo. Parecía un anuncio de colonias. Aunque algo más feo y mucho menos musculado. Solté una ligera carcajada y creí cerrar la puerta, pero sin hacerlo del todo. Acostumbrado a la puerta de mi baño, que necesitaba más de una pasada a través del sensor. Lo que me urgía ahora era quitarme esa camisa, que me pesaba y me causaba una sensación criminal de humedad. La dejé en el suelo. Cerré un instante los brazos y me crujió la espalda. Una mala noche. Escuché su voz a través de la puerta, por lo que me acerqué, olvidando por completo que no estaba en mi casa, que estaba sin camisa.
- Claro, estás en tu casa. -pasé la mano por el sensor, la puerta se deslizó. Ella se había puesto más cómoda, y llevaba una camiseta gris un pantalón que parecía deportivo.- Eres muy amable... -la camiseta llevaba un dibujo y unas letras que no lograba descifrar- ¿Qué dice ahí? Espero que no sea un "I'm with stupid", sería descortés por tu parte. -reí.
Por un instante, la imaginé cambiándose de ropa. Y no era lascivo.
Era hermoso.
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Uzziel X. Winter- Civiles U.E.
- Mensajes: 33
Fecha de inscripción: 08/05/2011
Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)
Tras el "bip" del sensor de la puerta y que ésta se deslizara a un lado, yo entré con la ropa en los brazos y los ojos clavados en la camiseta, intenando poner la maraña de tejidos en un orden lógico. Mangas fuera de perneras, por ejemplo. Hice un ademán con la mano a la vez que sonreía, sosteniendo la camiseta de Angelo delante de mí y alisando los pantalones. No era amabilidad. Él era mi huésped, y yo era la anfitriona. Aparte de que como tal debía hacer gala de unas formas exquisitas y las normas de etiqueta marcaban la necesidad de colmar a los invitados con algo más que cortesía, realmente me sentía bien haciendo todo eso por él. No como anfitriona-atendiendo-a-su-huésped. Sino como Alicia atendiendo a Uzziel. Que era mejor. Papá siempre me había dicho que lo que distinguía a una mujer de una chica cualquiera eran su cultura y sus modales. Él había sido de siempre un fanático de los modales, a pesar de que en su época estos empezaran a descatalogarse, allá por el año 1999. Lo había visto frustrarse por la fina ironía educada de Angelo y dar gracias al cielo por mis maneras de salón. "Si te viera tu madre..." solía decir abrazándome con orgullo.
-En absoluto. Todo es poco para un invitado en una noche como ésta. Lo único que siento es no tener chocolate caliente, realmente ayuda a combatir el frío- dije al fin alzando los ojos a su persona. Y aunque sabía (me había mentalizado para ello) que era probable que me lo encontrara sin camisa, y aunque ya lo había visto así y con menos (recordemos que fuimos compañeros de Universidad y también coincidimos en fiestas de piscina, con todo lo que ello implicaba en ausencia de ropa), no pude evitar tomarme mi tiempo para replicar al comentario. Las esculturas que habíamos visto en la exposición no tenían nada que envidiar al torso de Uzziel, trabajado, sí, pero sin pasarse. Estaba bien formado, pero no al estilo "se-me-ven-hasta-las-venas-de-los-ojos" de Sylvester Stallone, que aún vivía, por cierto.
Carraspeando levemente (podía pasar por una pequeña y originada por el mal tiempo y no por mi mente infantiloide que pocos hombres había tenido en esa casa de esa guisa) mientras le entregaba la ropa, pude sonreír con ironía a su pequeño chiste sobre la camiseta.
-¿Descortés, yo? Cómo osáis, señor. Más que ofenderos vive Dios que os estoy haciendo un cumplido- teatralicé mi tono, hablando cual dama medieval de las leyendas de amor cortés, antes de reírme como siempre, con ligereza, como solía reírse Alicia. O sea, yo. ¡Dios!- Es una de las tantas camisetas con broma que tenía mi hermano, era su favorita. Yo tengo la original. Esa camiseta salió en respuesta a una de chica, tan soez como la que tienes en brazos. ¿Conoces la empresa T-Shirt Hell? Ellos la diseñaron- sonreí yendo hacia la puerta.- Ponte cómodo, yo voy a ir haciendo la pizza.
Salí del baño, vocalizando un asombrado y extasiado "Mother of God" sin producir sonido alguno. Realmente no había sido un momento incómodo. Había disfrutado más de la naturalidad imperante que de las vistas, aunque tampoco se quedaran atrás. Con una sonrisa entré en la cocina y encendí la luz que emulaba el resplandor del sol a mediodía. Era un invento nuevo; ahora había luces que te regalaban tu momento de la jornada favorito y su iluminación característica. Para la cocina yo había elegido el típico de las cocinas italianas, lo que te llevaba a pensar en la nona haciendo pasta con especias, ajos y carne colgando de las paredes de ladrillo. Acercándome a un panel de la pared junto a la nevera, presioné un botón táctil y se encendió la radio, resonando por toda la estancia, en mi emisora favorita.
-¡... y qué manera de llover, Mike! Bueno, en esta época primaveral, es algo normal. ¡Bienvenido o bienvenida si nos acabas de sintonizar!- saludó el locutor al tiempo que yo sacaba la masa de la pizza del congelador y la metía en el horno para devolverla a su estado normal ("Hola, Fred", dije yo en un susurro).- ¡Estás en Soundtrack FM, la radio para los amantes de las bandas sonoras! Ya sabes que aquí tienes de todo, películas nuevas, películas antiguas, series de los tiempos de tus padres y mucho, ¡mucho más! Veamos si podemos animarte la tarde de lluvia...- yo ya estaba animada, pensé con una sonrisa leve, sacando la masa y poniéndola sobre una tabla de madera en la encimera.- ...con algo que aquellos a los que les guste Disney reconocerán en seguida. ¿Quién no se acuerda del pop cincuentero que sonó en Las Crónicas de Narnia? Si te llamas Johnny, esta es tu canción.
Tras la voz del locutor empezó a sonar "Oh Johnny, oh Johnny" de Andrews Sisters, una canción que yo ya tenía en mi reproductor y que me encantaba. Mientras me peleaba con la masa y le añadía tomate de base con una cuchara de madera, cantaba por lo bajo y rockanroleaba yo sola, olvidándome de que, probablemente, si Uzz me veía tan emocionada con una canción, pensaría que estaba loca. Ups.
-En absoluto. Todo es poco para un invitado en una noche como ésta. Lo único que siento es no tener chocolate caliente, realmente ayuda a combatir el frío- dije al fin alzando los ojos a su persona. Y aunque sabía (me había mentalizado para ello) que era probable que me lo encontrara sin camisa, y aunque ya lo había visto así y con menos (recordemos que fuimos compañeros de Universidad y también coincidimos en fiestas de piscina, con todo lo que ello implicaba en ausencia de ropa), no pude evitar tomarme mi tiempo para replicar al comentario. Las esculturas que habíamos visto en la exposición no tenían nada que envidiar al torso de Uzziel, trabajado, sí, pero sin pasarse. Estaba bien formado, pero no al estilo "se-me-ven-hasta-las-venas-de-los-ojos" de Sylvester Stallone, que aún vivía, por cierto.
Carraspeando levemente (podía pasar por una pequeña y originada por el mal tiempo y no por mi mente infantiloide que pocos hombres había tenido en esa casa de esa guisa) mientras le entregaba la ropa, pude sonreír con ironía a su pequeño chiste sobre la camiseta.
-¿Descortés, yo? Cómo osáis, señor. Más que ofenderos vive Dios que os estoy haciendo un cumplido- teatralicé mi tono, hablando cual dama medieval de las leyendas de amor cortés, antes de reírme como siempre, con ligereza, como solía reírse Alicia. O sea, yo. ¡Dios!- Es una de las tantas camisetas con broma que tenía mi hermano, era su favorita. Yo tengo la original. Esa camiseta salió en respuesta a una de chica, tan soez como la que tienes en brazos. ¿Conoces la empresa T-Shirt Hell? Ellos la diseñaron- sonreí yendo hacia la puerta.- Ponte cómodo, yo voy a ir haciendo la pizza.
Salí del baño, vocalizando un asombrado y extasiado "Mother of God" sin producir sonido alguno. Realmente no había sido un momento incómodo. Había disfrutado más de la naturalidad imperante que de las vistas, aunque tampoco se quedaran atrás. Con una sonrisa entré en la cocina y encendí la luz que emulaba el resplandor del sol a mediodía. Era un invento nuevo; ahora había luces que te regalaban tu momento de la jornada favorito y su iluminación característica. Para la cocina yo había elegido el típico de las cocinas italianas, lo que te llevaba a pensar en la nona haciendo pasta con especias, ajos y carne colgando de las paredes de ladrillo. Acercándome a un panel de la pared junto a la nevera, presioné un botón táctil y se encendió la radio, resonando por toda la estancia, en mi emisora favorita.
-¡... y qué manera de llover, Mike! Bueno, en esta época primaveral, es algo normal. ¡Bienvenido o bienvenida si nos acabas de sintonizar!- saludó el locutor al tiempo que yo sacaba la masa de la pizza del congelador y la metía en el horno para devolverla a su estado normal ("Hola, Fred", dije yo en un susurro).- ¡Estás en Soundtrack FM, la radio para los amantes de las bandas sonoras! Ya sabes que aquí tienes de todo, películas nuevas, películas antiguas, series de los tiempos de tus padres y mucho, ¡mucho más! Veamos si podemos animarte la tarde de lluvia...- yo ya estaba animada, pensé con una sonrisa leve, sacando la masa y poniéndola sobre una tabla de madera en la encimera.- ...con algo que aquellos a los que les guste Disney reconocerán en seguida. ¿Quién no se acuerda del pop cincuentero que sonó en Las Crónicas de Narnia? Si te llamas Johnny, esta es tu canción.
Tras la voz del locutor empezó a sonar "Oh Johnny, oh Johnny" de Andrews Sisters, una canción que yo ya tenía en mi reproductor y que me encantaba. Mientras me peleaba con la masa y le añadía tomate de base con una cuchara de madera, cantaba por lo bajo y rockanroleaba yo sola, olvidándome de que, probablemente, si Uzz me veía tan emocionada con una canción, pensaría que estaba loca. Ups.

Alicia Terpelli- Civiles U.E.
- Mensajes: 45
Fecha de inscripción: 07/05/2011
Edad: 18
Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)
Otra furtiva mirada hacia sus posaderas cerraron el episodio del chico desválido, atrapado por la lluvia, y pobre de vestiduras. Negué con la cabeza mientras sonreía, no sabía decir si la situación era surrealista o no, pero de momento estaba resultando sorprendentemente agradable. El pantalón no estaba muy mojado, pero aún así se estaba volviendo incómodo. Lo único que me molestaba de todo aquello es que iba a cenar con ella con ropa deportiva, casual, de andar por casa. Está claro que no era culpa mía, pero... me traía mosca, que caray. En la camiseta, el mensaje era directo, pero sutil. Claro que conocía T-Shirt Hell. Algunos compañeros de la facultad y yo enviamos varios modelos para ver si nos los publicaban en alguna de sus camisetas. No hubo suerte, pero nos regalaron un vale de cien dólares en productos de allí.
Adiviné que ésta era en respuesta de la camiseta del payaso, tremendamente ocurrente. "T-Shirt Hell. Where all the bad shirts go." Simplemente genial. Me llamó la atención que la camiseta le pareciera "soez". O quiso ser educada -es profesora, quién sabe si no se lleva el carácter a casa- o realmente no era tan... salida, llamémosle así, cómo yo pensaba que podía llegar a ser. O cómo a mi me gustaría que fuera. Me estoy haciendo un lío importante, mejor lo dejo estar.
Me hubiera duchado, pero aunque la que llevaba estuviera limpia, no concebía meterme en la ducha sin tener una muda nueva de ropa interior, por lo que sólo me sequé el pelo con la toalla, y me quedé descalzo frente al espejo. Intenté... poner mi pelo algo presentable, que es lo máximo que podía hacer. Estaba en el baño de una mujer, y había cosas de mujer, nada que mi físico pudiera aprovechar. Suspiré y me preparé para lo que de seguro sería una experiencia memorable. Si no nos emborrachábamos y acabábamos resacosos al día siguiente.
La radio provenía de la cocina, por lo que seguí ese sonido hasta llegar a ella, que cantaba alegremente mientras preparaba lo que parecía una suculenta cena. Era un espíritu libre, de los que no parecían quedar sobre la faz de la tierra. Sonreía, libre de preocupaciones -a simple vista- cantando una canción de no recordaba que año, y bailando al ritmo de la misma. Era increíble tal espectáculo, casi quería unirme a él. Supongo que mi contemporaneidad no me lo permitía, y era una pena.
- No sabía que cocinar te ponía de tan buen humor, pelirroja. O eso o hay alguna sustancia prohibida en esa pizza. -dije, sonriente. Fijé un instante la mirada en los cristales- Maldita sea, mañana por la mañana será imposible llegar hasta el periódico. El tráfico será demoníaco. -suspiré mientras, de las cosas que había rescatado del pantalón, cogía el paquete de cigarrillos y me marchaba hacia una ventana a encender uno. ¿Por qué? Porque si no me mantenía lejos de esa tentación de sonrisa estelar, caería cómo un bobo a sus pies. Y era muy pronto.- Gracias por la ropa, por cierto. -le sonreí. Eso sí.
- Vamos a dar un salto en el tiempo, ¡transportándote hasta la sintonía de una de las series de mayor repercusión de las últimas décadas! Pero antes, vamos con el número premiado de la lotería. -la sintonía, que parecía compuesta con midi, da paso al recital de números, después de anunciar el premio que se sorteaba. Unos inalcanzables quinientos millones de euros.- 19, 22, 37, 55 y 69. Serie, 5. ¡Enhorabuena a los premiados! -la sintonía ahora da las gracias a todos por haber jugado. No sabía si alegrarme de no haberlo hecho.- Ahora sí, os regalamos a todos éste tema de The Solids, que encabezaba y cerraba los capítulos de "Cómo Conocí a Vuestra Madre"! Queda un cuarto de hora para las nueve y media, y la canción se llama, "Hey Beautiful". ¡Disfrutadla!
El grito del vocalista dio paso al tema, una banda sonora para el humo de mi cigarrillo. Para la noche en general.
Adiviné que ésta era en respuesta de la camiseta del payaso, tremendamente ocurrente. "T-Shirt Hell. Where all the bad shirts go." Simplemente genial. Me llamó la atención que la camiseta le pareciera "soez". O quiso ser educada -es profesora, quién sabe si no se lleva el carácter a casa- o realmente no era tan... salida, llamémosle así, cómo yo pensaba que podía llegar a ser. O cómo a mi me gustaría que fuera. Me estoy haciendo un lío importante, mejor lo dejo estar.
Me hubiera duchado, pero aunque la que llevaba estuviera limpia, no concebía meterme en la ducha sin tener una muda nueva de ropa interior, por lo que sólo me sequé el pelo con la toalla, y me quedé descalzo frente al espejo. Intenté... poner mi pelo algo presentable, que es lo máximo que podía hacer. Estaba en el baño de una mujer, y había cosas de mujer, nada que mi físico pudiera aprovechar. Suspiré y me preparé para lo que de seguro sería una experiencia memorable. Si no nos emborrachábamos y acabábamos resacosos al día siguiente.
La radio provenía de la cocina, por lo que seguí ese sonido hasta llegar a ella, que cantaba alegremente mientras preparaba lo que parecía una suculenta cena. Era un espíritu libre, de los que no parecían quedar sobre la faz de la tierra. Sonreía, libre de preocupaciones -a simple vista- cantando una canción de no recordaba que año, y bailando al ritmo de la misma. Era increíble tal espectáculo, casi quería unirme a él. Supongo que mi contemporaneidad no me lo permitía, y era una pena.
- No sabía que cocinar te ponía de tan buen humor, pelirroja. O eso o hay alguna sustancia prohibida en esa pizza. -dije, sonriente. Fijé un instante la mirada en los cristales- Maldita sea, mañana por la mañana será imposible llegar hasta el periódico. El tráfico será demoníaco. -suspiré mientras, de las cosas que había rescatado del pantalón, cogía el paquete de cigarrillos y me marchaba hacia una ventana a encender uno. ¿Por qué? Porque si no me mantenía lejos de esa tentación de sonrisa estelar, caería cómo un bobo a sus pies. Y era muy pronto.- Gracias por la ropa, por cierto. -le sonreí. Eso sí.
- Vamos a dar un salto en el tiempo, ¡transportándote hasta la sintonía de una de las series de mayor repercusión de las últimas décadas! Pero antes, vamos con el número premiado de la lotería. -la sintonía, que parecía compuesta con midi, da paso al recital de números, después de anunciar el premio que se sorteaba. Unos inalcanzables quinientos millones de euros.- 19, 22, 37, 55 y 69. Serie, 5. ¡Enhorabuena a los premiados! -la sintonía ahora da las gracias a todos por haber jugado. No sabía si alegrarme de no haberlo hecho.- Ahora sí, os regalamos a todos éste tema de The Solids, que encabezaba y cerraba los capítulos de "Cómo Conocí a Vuestra Madre"! Queda un cuarto de hora para las nueve y media, y la canción se llama, "Hey Beautiful". ¡Disfrutadla!
El grito del vocalista dio paso al tema, una banda sonora para el humo de mi cigarrillo. Para la noche en general.
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Uzziel X. Winter- Civiles U.E.
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Fecha de inscripción: 08/05/2011
Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)
Me encogí de hombros meintras seguía repartiendo ingredientes por la masa entomatada, al tiempo que mi sonrisa se ampliaba. Bajo el cambio en la melodía, las voces de Fred y Mike y los números de la lotería (a la que yo no jugaba nunca, pues no creía en la suerte), me limité a asentir. Sí, cocinar me encantaba. Cocinar era una de mis pasiones, y lo mejor de todo es que se me daba bien. Papá no cocinaba en absoluto, pero la nona Giorgina sí. La nona Giorgina era mi abuela parterna, la antítesis de su hijo; desorganizada, alegre, poco severa, cariñosa y a veces, ligeramente demasiado liberal. De ella habíamos aprendido Angelo y yo a valorar más el brillo del sol que la perfecta fromación de un ejército, como hubiera querido mi padre para mi hermano, o el perfecto semblante de un joven soldado de renta alta, como hubiera querido para mí. La nona Giorgina recordaba (había recordado, mejor dicho) esas épocas en las que la música era la guía de una persona, en las que las notas eran la banda sonora de cada día, y no los disparos o el sonido de helicópteros o avionetas llenando el aire. Y era la nona la que me había enseñado a cocinar y la que me acogía en Italia todos los veranos cuando yo era pequeña, y la que me recomendó para una beca en Milán en mi último año de instituto.
-No hay de qué, Uzz- respondí por encima del sonido de "Hey Beautiful".- En realidad no me tienes que agradecer nada, valoro yo más el hecho de que te quedes. No me gustan demasiado las tormentas, y tú, con la que está cayendo, no puedes ir a ninguna parte, es peligroso- comenté mientras dejaba caer el último trozo de cebolla sobre los doscientos kilos de queso y los ochocientos de diferentes tipos de carne (bacon y salchichas denominadas "de pueblo"; si algo no era la nona Giorgina, esto era vegetariana). Sí, sí, peligroso, me dijo una vocecita borde desde el pozo de mi conciencia al tiempo que sacaba un huevo de la nevera. A ti lo que te pasa es que te mueres de ganas de pasar más tiempo con él, mentirosilla. Oh, bueno, cállate.
Me dediqué a programar el horno y temporizarlo para luego meter la pizza cruda antes de apoyarme en la encimera y observarlo desde la ventana que comunicaba la cocina con el comedor, algo muy útil cuando tenía varios invitados y muchas cosas que pasar a la mesa. Se me hacía raro tener a un chico (hombre, ¿no?) a quien prácticamente ( y digo prácticamente porque tampoco era tan drástico) había ignorado durante la Universidad, la obsesión de Eliza, uno de los más cotizados de la Facultad de Letras y Humanidades. Y yo no lo había visto de ese modo durante mi época universitaria. Hizo falta un café solitario, caras de extrañeza y luego reconocimiento ("No puedo creerlo, ¿Alicia?", "¡Dios, Uzziel Winter! ¡Qué sorpresa!") para empezar a considerar que Ayk no había sido el único hombre atractivo sobre la faz de la tierra con el que se podía hablar de cualquier cosa. Uzz también podía hacerlo. Con toda la cercanía de alguien más próximo a mi edad que podía desplegar.
Sonreí levemente mientras me volvía a la nevera para sacar un par de botellines de cerveza. Oh, oh, dilema, ¿con o sin alcochol? ¿Limón o sola? ¿Dietética o normal? Y lo peor de todo, ¿por qué carajo tenía yo tanta variedad de cerveza en la nevera? ¡No es que fuera una borracha! Es que nunca se sabía quién iba a venir, o qué cantidad de seres humanos iba a invadir mi casa.
Mientras Fred anunciaba que la siguiente canción también había acompañado a una serie (Out in the street, de Cheap Trick, banda sonora de Aquellos Maravillosos 70), yo me mordí el labio inferior con la cabeza metida en el frío (perfecto para tu pelo húmedo, Alicia, qué lista eres) y la mano en la puerta roja del electrodoméstico.
-¿Uzz? ¿Te apetece una cerveza? Y si es así, ¿de qué tipo?- no bien hube acabado de pronunciar estas palabras, el horno en su programa velocirraptor hizo "¡Ding!", la luz de la nevera hizo "¡Puf!" y se apagó, la canción hizo "Wooow" y la casa se quedó en silencio. Genial. Un corte de electricidad. ¡Malditas tormentas y malditos apagones! Yo no sabía dónde narices tenía una linterna, pero velas tenía unas cuantas. Ya se sabe, las mujeres tenemos debilidad por esas cosas alargadas y fogosas. Espera... ¿¡Qué!?
-Oh, qué íntimo todo- bromeé desde la oscura cocina, poniéndome en pie. Al menos la pizza quedaba hecha.
-No hay de qué, Uzz- respondí por encima del sonido de "Hey Beautiful".- En realidad no me tienes que agradecer nada, valoro yo más el hecho de que te quedes. No me gustan demasiado las tormentas, y tú, con la que está cayendo, no puedes ir a ninguna parte, es peligroso- comenté mientras dejaba caer el último trozo de cebolla sobre los doscientos kilos de queso y los ochocientos de diferentes tipos de carne (bacon y salchichas denominadas "de pueblo"; si algo no era la nona Giorgina, esto era vegetariana). Sí, sí, peligroso, me dijo una vocecita borde desde el pozo de mi conciencia al tiempo que sacaba un huevo de la nevera. A ti lo que te pasa es que te mueres de ganas de pasar más tiempo con él, mentirosilla. Oh, bueno, cállate.
Me dediqué a programar el horno y temporizarlo para luego meter la pizza cruda antes de apoyarme en la encimera y observarlo desde la ventana que comunicaba la cocina con el comedor, algo muy útil cuando tenía varios invitados y muchas cosas que pasar a la mesa. Se me hacía raro tener a un chico (hombre, ¿no?) a quien prácticamente ( y digo prácticamente porque tampoco era tan drástico) había ignorado durante la Universidad, la obsesión de Eliza, uno de los más cotizados de la Facultad de Letras y Humanidades. Y yo no lo había visto de ese modo durante mi época universitaria. Hizo falta un café solitario, caras de extrañeza y luego reconocimiento ("No puedo creerlo, ¿Alicia?", "¡Dios, Uzziel Winter! ¡Qué sorpresa!") para empezar a considerar que Ayk no había sido el único hombre atractivo sobre la faz de la tierra con el que se podía hablar de cualquier cosa. Uzz también podía hacerlo. Con toda la cercanía de alguien más próximo a mi edad que podía desplegar.
Sonreí levemente mientras me volvía a la nevera para sacar un par de botellines de cerveza. Oh, oh, dilema, ¿con o sin alcochol? ¿Limón o sola? ¿Dietética o normal? Y lo peor de todo, ¿por qué carajo tenía yo tanta variedad de cerveza en la nevera? ¡No es que fuera una borracha! Es que nunca se sabía quién iba a venir, o qué cantidad de seres humanos iba a invadir mi casa.
Mientras Fred anunciaba que la siguiente canción también había acompañado a una serie (Out in the street, de Cheap Trick, banda sonora de Aquellos Maravillosos 70), yo me mordí el labio inferior con la cabeza metida en el frío (perfecto para tu pelo húmedo, Alicia, qué lista eres) y la mano en la puerta roja del electrodoméstico.
-¿Uzz? ¿Te apetece una cerveza? Y si es así, ¿de qué tipo?- no bien hube acabado de pronunciar estas palabras, el horno en su programa velocirraptor hizo "¡Ding!", la luz de la nevera hizo "¡Puf!" y se apagó, la canción hizo "Wooow" y la casa se quedó en silencio. Genial. Un corte de electricidad. ¡Malditas tormentas y malditos apagones! Yo no sabía dónde narices tenía una linterna, pero velas tenía unas cuantas. Ya se sabe, las mujeres tenemos debilidad por esas cosas alargadas y fogosas. Espera... ¿¡Qué!?
-Oh, qué íntimo todo- bromeé desde la oscura cocina, poniéndome en pie. Al menos la pizza quedaba hecha.

Alicia Terpelli- Civiles U.E.
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Fecha de inscripción: 07/05/2011
Edad: 18
Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)
Las cartas ya estaban sobre la mesa. Creo que lo estaban desde hacía más tiempo, y yo estaba pecando de prudente. En cualquier otra situación seguramente ya estaría muy cerca de ella. Supongo que ésta vez quería hacerlo bien y medir mis movimientos. Estaba curado en salud, que muchas veces había metido la pata hasta el codo. Además, Alicia me imponía un respeto, una presencia que pocas mujeres habían proyectado en mí. Sin embargo, dejé que el ambiente corriera por mis venas y guiara mis movimientos, mi forma de actuar. Yo no necesitaba alcohol para convertirme en una persona interesante, modestia aparte.
- Y dime... -Lancé el humo al techo y me dí la vuelta, acercándome a la cocina- ¿Hasta que punto valoras que me quede? -sonreí con el cigarrillo entre los labios. Posé una mirada llena de intención en dirección a sus brillantes ojos- A mí si me gustan las tormentas. Es algo incontrolable, poderoso, implacable. La respuesta de la naturaleza al ser humano. -las cenizas brillaron. Aproveché para lanzar la ceniza al triturador de basura.
Seguí los movimientos gráciles de su figura buscar una bebida en la nevera, su voz dubitativa preguntándome que tipo de cerveza deseaba. Impedía a mi cabeza el girar la vista y no maravillarme con... uf. Hacía tiempo que había relegado los nervios a un segundo plano, junto a toda esa ropa mojada, con algunas palabras de disculpa. La noche era o iba a ser más que propicia para alcanzar un objetivo que parecía común. Creo que me reprimiría hasta más entrada la noche, pero de verdad me moría de ganas por deshacer su cama, despeinar su pelo y despertarme con su aroma.
Justo en el momento en que iba a responderle que una normal estaría bien, porque no me apasionaba la cerveza en realidad, se fueron las luces. Sorprendente, puesto que todo era nuevo, construído hacía pocos años. Eso también era un problema, porque conociendo a nuestro gobierno, lo podrían haber hecho rápido y mal. Sí, recordaba el apagón de hacía casi un año. Lo gracioso es que aquel día ni siquiera llovió. Ahora, al nene le tocó cubrir la historia cómo si de algo multitudinario se tratase. Al día siguiente todo el mundo me preguntaba en el blog si me habían degradado, o qué. Tuve que inventarme algo para no explicar que cubría la ausencia de tres becarias. Ahora en el departamento local me deben tres favores. Yo no soy tonto.
- Siempre podemos cenar a la luz de las velas. -reí y me metí en la cocina. Apagué el cigarrillo en el mismo sitio dónde había lanzado sus cenizas- O puedes posar tu mirada en cualquier lugar de la casa, con eso bastaría para que se llenara de luz. -me quedé cerca de ella. ¿Había dicho prudencia, no? Al diablo. No sé si era su perfume, la humedad que se respiraba en el ambiente, o que, pero me atraía con demasiado poder- ¿Sabes? Creo que nos estamos comportando cómo dos adolescentes. -empecé a cerrar espacios, pero sin tocarla- Quiero decir... -aparté un mechón de su cabello, lo poco que me dejaba ver el brillo de la luna en su rostro- ...es mejor que dejemos de pensar, y que... nos demos cuenta de que hemos crecido... -estaba muy cerca, y ahora sí que nuestros cuerpos se tocaban. Mis últimas palabras eran un susurro.
El absoluto silencio, sólo inquieto por las gotas de lluvias golpeando los cristales, observaba expectante cada uno de nuestros actos. Sería capaz de perderme para siempre en sus ojos con tal de poder adentrarme en ellos. ¿Por qué ella? ¿Por qué después de tanto tiempo iba a ser la estirada pero atractiva estudiante de filosofía Alicia Terpelli? El mundo no siempre tiene las respuestas adecuadas en los momentos en las que las necesitamos, y de buen seguro que aparecerán cuando sea demasiado tarde. Mi aliento se encuentra con el suyo, nuestros ojos también establecen contacto, y gritan, gritan.
- ¿Vas a besarme, Alicia? -le pregunté, desafiante- Vámonos al País de las Maravillas.
- Y dime... -Lancé el humo al techo y me dí la vuelta, acercándome a la cocina- ¿Hasta que punto valoras que me quede? -sonreí con el cigarrillo entre los labios. Posé una mirada llena de intención en dirección a sus brillantes ojos- A mí si me gustan las tormentas. Es algo incontrolable, poderoso, implacable. La respuesta de la naturaleza al ser humano. -las cenizas brillaron. Aproveché para lanzar la ceniza al triturador de basura.
Seguí los movimientos gráciles de su figura buscar una bebida en la nevera, su voz dubitativa preguntándome que tipo de cerveza deseaba. Impedía a mi cabeza el girar la vista y no maravillarme con... uf. Hacía tiempo que había relegado los nervios a un segundo plano, junto a toda esa ropa mojada, con algunas palabras de disculpa. La noche era o iba a ser más que propicia para alcanzar un objetivo que parecía común. Creo que me reprimiría hasta más entrada la noche, pero de verdad me moría de ganas por deshacer su cama, despeinar su pelo y despertarme con su aroma.
Justo en el momento en que iba a responderle que una normal estaría bien, porque no me apasionaba la cerveza en realidad, se fueron las luces. Sorprendente, puesto que todo era nuevo, construído hacía pocos años. Eso también era un problema, porque conociendo a nuestro gobierno, lo podrían haber hecho rápido y mal. Sí, recordaba el apagón de hacía casi un año. Lo gracioso es que aquel día ni siquiera llovió. Ahora, al nene le tocó cubrir la historia cómo si de algo multitudinario se tratase. Al día siguiente todo el mundo me preguntaba en el blog si me habían degradado, o qué. Tuve que inventarme algo para no explicar que cubría la ausencia de tres becarias. Ahora en el departamento local me deben tres favores. Yo no soy tonto.
- Siempre podemos cenar a la luz de las velas. -reí y me metí en la cocina. Apagué el cigarrillo en el mismo sitio dónde había lanzado sus cenizas- O puedes posar tu mirada en cualquier lugar de la casa, con eso bastaría para que se llenara de luz. -me quedé cerca de ella. ¿Había dicho prudencia, no? Al diablo. No sé si era su perfume, la humedad que se respiraba en el ambiente, o que, pero me atraía con demasiado poder- ¿Sabes? Creo que nos estamos comportando cómo dos adolescentes. -empecé a cerrar espacios, pero sin tocarla- Quiero decir... -aparté un mechón de su cabello, lo poco que me dejaba ver el brillo de la luna en su rostro- ...es mejor que dejemos de pensar, y que... nos demos cuenta de que hemos crecido... -estaba muy cerca, y ahora sí que nuestros cuerpos se tocaban. Mis últimas palabras eran un susurro.
El absoluto silencio, sólo inquieto por las gotas de lluvias golpeando los cristales, observaba expectante cada uno de nuestros actos. Sería capaz de perderme para siempre en sus ojos con tal de poder adentrarme en ellos. ¿Por qué ella? ¿Por qué después de tanto tiempo iba a ser la estirada pero atractiva estudiante de filosofía Alicia Terpelli? El mundo no siempre tiene las respuestas adecuadas en los momentos en las que las necesitamos, y de buen seguro que aparecerán cuando sea demasiado tarde. Mi aliento se encuentra con el suyo, nuestros ojos también establecen contacto, y gritan, gritan.
- ¿Vas a besarme, Alicia? -le pregunté, desafiante- Vámonos al País de las Maravillas.
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Uzziel X. Winter- Civiles U.E.
- Mensajes: 33
Fecha de inscripción: 08/05/2011
Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)
Mientras cerraba la nevera negando con la cabeza ante la impotencia del apagón, el sonido de los truenos, la luz de los relámpagos y de la noche, el cumplido de Uzz me llegó con claridad meridiana. Oh. Oh, Dios, no. O sea, sí. Pero... Una nunca está preparada para este tipo de cosas si tiene mi carácter. Ese carácter que siempre se centra en las cosas importantes y absurdamente inútiles, al mismo tiempo, como los estudios, hace un par de años, o el trabajo, en ese momento. Ese carácter que te hace hundirte en una especie de acuario. Los papeles y las ocupaciones a tu alrededor son el agua que te aprisiona dentro de esa gigantesca pecera. Grande, enorme, pero pecera al fin y al cabo. Y cuando tienes contacto con alguien, es a través del cristal. Puedes sonreírles, puedes fingir que les tocas, puedes incluso mirarles a los ojos. Pero el agua termina haciendo que mires hacia abajo y ellos se van. Ya te han visto, ahora quieren hacer algo que les recuerde al mundo real. Y al final la costumbre hace de ese acuario una cárcel muy cómoda. Pero una cárcel igualmente. Te pierdes y flotas en ese espacio, y cuando alguien entra para rescatarte y abrirte los ojos a la realidad, demostrarte que tú también puedes ser como esas personas que te miraban, estás demasiado aturdido como para alegrarte.
Así estaba yo. Aturdida. La proximidad, los comentarios, esa maldita y seductora voz. Inconscientemente me apoyé contra la encimera, sin dejarme escapatoria. Era una especie de animal salvaje rodeado por cazadores furtivos, sin poder huir. A la mínima que me moviera, me dispararían y perdería el sentido. Intenté recuperarme, volver a ser yo. Alicia, la profesora de Filosofía que sonreía levemente y que nunca se dejaba llevar por las circunstancias, la que mantenía siempre la cabeza fría. Los labios entreabiertos parecían el desierto que estaba ahí fuera, lejos de la colonia, y al mismo, peligrosamente cerca. Por favor, no lo hagas. Alicia, no lo hagas. No caigas. No puedes, tienes orgullo, tienes... ¡Eres una mujer independiente, hecha y derecha, por el amor del cielo! ¿Vas a dejarlo todo por unos ojos bonitos, una sonrisa dulce y una mente privilegiada? ¿Eh? ¿Qué pasa con el recuerdo de Ayk? ¿Qué pasa con tu vida? ¿Tu maldita reputación? ¿No eras tú la que se solía sonreír por no necesitar a un hombre a su lado? ¿Sabes el riesgo que corres? ¿Y por qué no me escuchas?
No, ciertamente no escuchaba a mi conciencia. Uzziel estaba demasiado cerca. Era mi jaula, por un lado, la encimera, por otro, su cuerpo. ¿Tan alto era? Ni siquiera me había fijado. Tenía que alzar la cabeza para mantener el contacto visual, para que mis ojos azules no se perdieran en su boca, que me moría de ganas de probar. Dios, no... No, no, no...
-No... No puedo permitirme ponerte en peligro, Uzz- murmuré.- Si seguimos adelante, corres un riesgo. Me conozco. Y me conoces. No soy de rollos de una noche, no soy...- tragué saliva. Dios, estaba demasiado cerca.- No soy... La clase de mujer que no avisa de lo que puede pasar. Tú lo has dicho. Hemos crecido. Y como adulta que soy, lo menos que puedo hacer es advertirte- antes de seguir, necesitaba hacerlo. Era estúpido y masoquista, era algo que no estaba bien visto a la hora de ligar con alguien, pero necesitaba hacerlo. Yo no quería ligar. Nunca lo había querido. Yo buscaba algo más.- Si nos vamos al País de las Maravillas...- le parafraseé.- ...puede que acabe enamorándome de ti. Soy así de idiota. Y no quiero ni incomodarte ni sufrir. Ahora... ¿Prefieres cancelar el viaje por la madriguera o sigues queriendo caer?
Así estaba yo. Aturdida. La proximidad, los comentarios, esa maldita y seductora voz. Inconscientemente me apoyé contra la encimera, sin dejarme escapatoria. Era una especie de animal salvaje rodeado por cazadores furtivos, sin poder huir. A la mínima que me moviera, me dispararían y perdería el sentido. Intenté recuperarme, volver a ser yo. Alicia, la profesora de Filosofía que sonreía levemente y que nunca se dejaba llevar por las circunstancias, la que mantenía siempre la cabeza fría. Los labios entreabiertos parecían el desierto que estaba ahí fuera, lejos de la colonia, y al mismo, peligrosamente cerca. Por favor, no lo hagas. Alicia, no lo hagas. No caigas. No puedes, tienes orgullo, tienes... ¡Eres una mujer independiente, hecha y derecha, por el amor del cielo! ¿Vas a dejarlo todo por unos ojos bonitos, una sonrisa dulce y una mente privilegiada? ¿Eh? ¿Qué pasa con el recuerdo de Ayk? ¿Qué pasa con tu vida? ¿Tu maldita reputación? ¿No eras tú la que se solía sonreír por no necesitar a un hombre a su lado? ¿Sabes el riesgo que corres? ¿Y por qué no me escuchas?
No, ciertamente no escuchaba a mi conciencia. Uzziel estaba demasiado cerca. Era mi jaula, por un lado, la encimera, por otro, su cuerpo. ¿Tan alto era? Ni siquiera me había fijado. Tenía que alzar la cabeza para mantener el contacto visual, para que mis ojos azules no se perdieran en su boca, que me moría de ganas de probar. Dios, no... No, no, no...
-No... No puedo permitirme ponerte en peligro, Uzz- murmuré.- Si seguimos adelante, corres un riesgo. Me conozco. Y me conoces. No soy de rollos de una noche, no soy...- tragué saliva. Dios, estaba demasiado cerca.- No soy... La clase de mujer que no avisa de lo que puede pasar. Tú lo has dicho. Hemos crecido. Y como adulta que soy, lo menos que puedo hacer es advertirte- antes de seguir, necesitaba hacerlo. Era estúpido y masoquista, era algo que no estaba bien visto a la hora de ligar con alguien, pero necesitaba hacerlo. Yo no quería ligar. Nunca lo había querido. Yo buscaba algo más.- Si nos vamos al País de las Maravillas...- le parafraseé.- ...puede que acabe enamorándome de ti. Soy así de idiota. Y no quiero ni incomodarte ni sufrir. Ahora... ¿Prefieres cancelar el viaje por la madriguera o sigues queriendo caer?

Alicia Terpelli- Civiles U.E.
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Edad: 18
Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)
No se estaba negando exactamente. El miedo nos impide hacer cosas. Y no tememos esas cosas directamente, no. Es el mismo miedo el que nos echa para atrás, avisándonos, mintiéndonos al decir que lo que está tras él es mucho peor. Suspiré mirándola en las sombras, sosteniendo una mirada de una persona demasiado responsable consigo misma, que vivía atenazada por sus obligaciones y por seguir un camino impuesto. Pero no coaccionada desde fuera, no, ella misma establecía esos parámetros. No conocía muchísimo a Alicia, pero adivinaba que podía tener que ver con algún antiguo episodio.
La lluvia había cesado un tanto, pero ni la luz volvía ni la tensión se tornaba respirable. El cigarrillo no había quedado bien apagado, por lo que una fina línea gris surgía del triturador. La atmósfera empuñaba un doble filo confuso para con la situación, porque siendo bella, parecía muy peligrosa. Me costaba entender esa advertencia, que anunciaba lágrimas antes de encender las sonrisas. Solicitar la viudedad antes de dar el "sí". Era una maldita paradoja, y se supone que yo trabajaba con eso. No quería ponerme nervioso, porque entonces le transmitiría la sensación. Ahí todo se echaría a perder.
Con todo, me quedé frente a frente con ella y no dejé de esbozar una sonrisa. Quería transmitirle una confianza que parecía haber perdido por completo. Sus palabras no sonaban seguras, era una especie de aviso. Un "aléjate de mí, soy una caja de Pandora". Yo no sabía, no podía verla de esa forma. Es verdad que ella no parecía la típica facilona que con dos copas terminaba prendada de tus encantos, nublados ante sus ojos por el alcohol. Me negaba a creer el hecho de que no fuera a ser capaz de besarla. Quería besarla. Sólo eso. El resto de la noche me daba igual.
Y lo hice. Ignoré esa advertencia y caí con todo el equipo. Quizás en el minuto siguiente me diera cuenta del error que quizás había cometido, pero bien valían esos segundos gloriosos. No me puse a pensar en si ella respondía o no a mis labios, porque estaba demasiado concentrado en deleitarme con su néctar. Dije segundos, pero no sabría determinar con exactitud el tiempo que duró ese beso. Ni si me separé de ella por voluntad propia. Ni nada, estaba completamente ido. Retorné a la tierra y hablé.
- No puedes pedirme que me quede impasible. Que reniegue de tantas cosas cómo me has mostrado hoy. -me separé un tanto- No puedo prometerte que ... no sé, que yo mañana vaya a traerte el desayuno a la cama. Ni que duerma abrazado a tí ésta noche. De la misma forma que no puedo prometerte lo contrario, Alicia. -pasé una mano por sus cabellos, de nuevo- Si vas a enamorarte de mí después de ésto... hazlo, y lo siento si va a ser un problema. Pero no puedes vivir tu vida tratando de planearlo todo, planear ésto. En eso consiste vivir, porque ya nos lo han quitado todo. Lo único que nos quedan son las emociones, y si las matamos... -suspiré- Quiero caer, si tú me dejas caer.
Vaya. Algo sonaba en mi cabeza, y creo que era mi subconsciente aplaudiendo. Había dejado salir todas esas cosas sin forzar, sin actuar. Creyéndomelo todo. Era yo el que no iba a enamorarse pronto. Para nada, no era tan sentimental. ¿O sí? Dicen que son las otras personas las que hacen que te descubras a tí mismo. Tal vez Alicia había pulsado la palanca secreta y todo iba a empezar a cambiar. Joder, no quería que sonara cómo una promesa electoral, pero... era el paso por la cárcel lo que había mermado tanto mi esperanza.
Esperé.
La lluvia había cesado un tanto, pero ni la luz volvía ni la tensión se tornaba respirable. El cigarrillo no había quedado bien apagado, por lo que una fina línea gris surgía del triturador. La atmósfera empuñaba un doble filo confuso para con la situación, porque siendo bella, parecía muy peligrosa. Me costaba entender esa advertencia, que anunciaba lágrimas antes de encender las sonrisas. Solicitar la viudedad antes de dar el "sí". Era una maldita paradoja, y se supone que yo trabajaba con eso. No quería ponerme nervioso, porque entonces le transmitiría la sensación. Ahí todo se echaría a perder.
Con todo, me quedé frente a frente con ella y no dejé de esbozar una sonrisa. Quería transmitirle una confianza que parecía haber perdido por completo. Sus palabras no sonaban seguras, era una especie de aviso. Un "aléjate de mí, soy una caja de Pandora". Yo no sabía, no podía verla de esa forma. Es verdad que ella no parecía la típica facilona que con dos copas terminaba prendada de tus encantos, nublados ante sus ojos por el alcohol. Me negaba a creer el hecho de que no fuera a ser capaz de besarla. Quería besarla. Sólo eso. El resto de la noche me daba igual.
Y lo hice. Ignoré esa advertencia y caí con todo el equipo. Quizás en el minuto siguiente me diera cuenta del error que quizás había cometido, pero bien valían esos segundos gloriosos. No me puse a pensar en si ella respondía o no a mis labios, porque estaba demasiado concentrado en deleitarme con su néctar. Dije segundos, pero no sabría determinar con exactitud el tiempo que duró ese beso. Ni si me separé de ella por voluntad propia. Ni nada, estaba completamente ido. Retorné a la tierra y hablé.
- No puedes pedirme que me quede impasible. Que reniegue de tantas cosas cómo me has mostrado hoy. -me separé un tanto- No puedo prometerte que ... no sé, que yo mañana vaya a traerte el desayuno a la cama. Ni que duerma abrazado a tí ésta noche. De la misma forma que no puedo prometerte lo contrario, Alicia. -pasé una mano por sus cabellos, de nuevo- Si vas a enamorarte de mí después de ésto... hazlo, y lo siento si va a ser un problema. Pero no puedes vivir tu vida tratando de planearlo todo, planear ésto. En eso consiste vivir, porque ya nos lo han quitado todo. Lo único que nos quedan son las emociones, y si las matamos... -suspiré- Quiero caer, si tú me dejas caer.
Vaya. Algo sonaba en mi cabeza, y creo que era mi subconsciente aplaudiendo. Había dejado salir todas esas cosas sin forzar, sin actuar. Creyéndomelo todo. Era yo el que no iba a enamorarse pronto. Para nada, no era tan sentimental. ¿O sí? Dicen que son las otras personas las que hacen que te descubras a tí mismo. Tal vez Alicia había pulsado la palanca secreta y todo iba a empezar a cambiar. Joder, no quería que sonara cómo una promesa electoral, pero... era el paso por la cárcel lo que había mermado tanto mi esperanza.
Esperé.
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Uzziel X. Winter- Civiles U.E.
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Fecha de inscripción: 08/05/2011
Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)
Genial. Sencillamente genial. Ya está. Muy bien, Alicia, eres la hostia de lista. ¿No podías haberte quedado callada? ¿Eh? ¿No podías haberte guardado tus avisos para quien te los pidiera? No, claro que no, para ti lo importante es ir con la verdad siempre por delante, ¿no es así, estúpida filósofa? ¿Por qué no podías por una vez cerrar la maldita boca? ¿Por qué no podías ocultar tu debilidad, simplemente esta vez? ¿Por qué tienes siempre que dejarte ver de esta manera? No puedes ir por la vida siendo transparente, y menos haciéndolo tú misma, señalándote con luces de neón. "Miradme, soy una versión contemporánea de Elizabeth Bennet". ¡Hasta ella se hubiera mantenido en su sitio mejor que tú! ¿Dónde leíste que confesara sus intenciones al señor Darcy? Ella nunca le dijo que quería enamorarse de verdad antes de casarse, con lo cual acabaría siendo una solterona, no le hizo advertencias, se guardó esos pensamientos para sí misma y para su hermana. ¿Qué mierdas te pasa a ti?
La bronca que me estaba echando a mí misma mentalmente parecía no tener fin. Había empezado con un "Maldita sea, podrías haberte callado" y seguía hasta ahora, incluyendo esas incongruencias inconexas que poblaban mi cabeza. Dios... Me dolía pensar, sí, me dolía tener que ir haciéndome a la idea de que me había equivocado. El silencio que se había apoderado de nosotros y de toda mi casa (sólo se oía el repiquetear de la lluvia contra los cristales), roto simplemente por la respiración de dos cuerpos por los que no corría el aire. Seguía reprendiéndome, pero ahora había otra voz interviniendo a favor de las palabras lapidarias que había dicho. Me había limitado a ser justa. Sincera. Responsable. Como siempre, vamos. No quería perdjudicarme a mí, desde luego, pero tampoco quería hacer que Uzz lo pasara mal si llegaba a enamorarme de verdad de él. No quería que se viera entre la espada y la pared. No deseaba que se sintiera acorralado, ni mucho menos. Por eso había juzgado conveniente avisarle de lo que podía pasar. Lo que era posible. Había muchas lagunas en mi vida, muchos vacíos que, analizándome psicológicamente, sabía que quería suplir. Y si él no se veía capaz de meterse en camisa de once varas, yo lo comprendía. Me hubiera puesto en su lugar. También habría sonreído con suavidad, hubiera dicho que si ése era el caso, me marcharía. Lo que no habría hecho es prolongar el silencio.
Y mucho menos, besarme.
Porque lo hizo. A pesar de todo, a pesar de que posiblemente me había equivocado del todo al decirle aquello, me besó. Y al principio me quedé sorprendida, porque no me lo esperaba. Luego me dejé llevar por la dulzura de sus labios. No recordaba que fuera tan mágico. En absoluto. Llevaba mucho tiempo sin dejar que nadie me besara por puro orgullo y autosuficiencia. Pero con él era distinto. No me preguntéis por qué, pero así era, diferente. Con él no valía el orgullo, me lo rompía. Sonreía con incredulidad ante mi pretendida autosuficiencia. Y en el momento en que mi boca respondió a la llamada de la suya, yo también lo hice.
¿Segundos? ¿Minutos? ¿Milenios? No sé cuánto tiempo pasó hasta que nos separamos, no pude ni contarlo. No sabía si la lluvia que caía afuera era la misma, o era una nueva tormenta. No lo sabía, y lo cierto es que me traía sin cuidado. Ahora mi atención estaba fija en el hombre que sostenía mi rostro con sus manos, que acariciaba mi melena roja aún ligeramente humedecida, y que se abría tal como yo lo había hecho. Un pacto tácito de ir siempre con la sinceridad como escudo. Luego ya veríamos qué pasaba.
Apoyé mis manos en sus hombros mientras fijaba los ojos en el payaso de la camiseta, que empezaba a darme un poco de yuyu. Cuando leí de nuevo el mensaje, una leve sonrisa se dibujó en mi cara aniñada y pecosa. Alcé los ojos a los de él, azul grisáceo contra azul estival.
-No te pido que me mimes como si fuera una princesa, Uzz, no lo soy y lo sé. No te pido que me prometas el mundo- susurré, entrelazando mis dedos tras su nuca. Una última gota de agua se filtró entre ellos.- No te pido que me prometas nada. Lo único que te pido es que no me hagas daño. Hay emociones que no me gusta experimentar- suspiré, una de ellas era el dolor. Miré hacia la ventana una vez más. La lluvia caía de lado, mezclándose con la arena que llevaba el viento. Qué noche tan... bah. Una nueva sonrisa, esta vez más segura, decidida, luminosa. A ver si era verdad que podía hacer que la luz volviera a mi casa.- Dime, ¿crees que también estará lloviendo en el País de las Maravillas?
La bronca que me estaba echando a mí misma mentalmente parecía no tener fin. Había empezado con un "Maldita sea, podrías haberte callado" y seguía hasta ahora, incluyendo esas incongruencias inconexas que poblaban mi cabeza. Dios... Me dolía pensar, sí, me dolía tener que ir haciéndome a la idea de que me había equivocado. El silencio que se había apoderado de nosotros y de toda mi casa (sólo se oía el repiquetear de la lluvia contra los cristales), roto simplemente por la respiración de dos cuerpos por los que no corría el aire. Seguía reprendiéndome, pero ahora había otra voz interviniendo a favor de las palabras lapidarias que había dicho. Me había limitado a ser justa. Sincera. Responsable. Como siempre, vamos. No quería perdjudicarme a mí, desde luego, pero tampoco quería hacer que Uzz lo pasara mal si llegaba a enamorarme de verdad de él. No quería que se viera entre la espada y la pared. No deseaba que se sintiera acorralado, ni mucho menos. Por eso había juzgado conveniente avisarle de lo que podía pasar. Lo que era posible. Había muchas lagunas en mi vida, muchos vacíos que, analizándome psicológicamente, sabía que quería suplir. Y si él no se veía capaz de meterse en camisa de once varas, yo lo comprendía. Me hubiera puesto en su lugar. También habría sonreído con suavidad, hubiera dicho que si ése era el caso, me marcharía. Lo que no habría hecho es prolongar el silencio.
Y mucho menos, besarme.
Porque lo hizo. A pesar de todo, a pesar de que posiblemente me había equivocado del todo al decirle aquello, me besó. Y al principio me quedé sorprendida, porque no me lo esperaba. Luego me dejé llevar por la dulzura de sus labios. No recordaba que fuera tan mágico. En absoluto. Llevaba mucho tiempo sin dejar que nadie me besara por puro orgullo y autosuficiencia. Pero con él era distinto. No me preguntéis por qué, pero así era, diferente. Con él no valía el orgullo, me lo rompía. Sonreía con incredulidad ante mi pretendida autosuficiencia. Y en el momento en que mi boca respondió a la llamada de la suya, yo también lo hice.
¿Segundos? ¿Minutos? ¿Milenios? No sé cuánto tiempo pasó hasta que nos separamos, no pude ni contarlo. No sabía si la lluvia que caía afuera era la misma, o era una nueva tormenta. No lo sabía, y lo cierto es que me traía sin cuidado. Ahora mi atención estaba fija en el hombre que sostenía mi rostro con sus manos, que acariciaba mi melena roja aún ligeramente humedecida, y que se abría tal como yo lo había hecho. Un pacto tácito de ir siempre con la sinceridad como escudo. Luego ya veríamos qué pasaba.
Apoyé mis manos en sus hombros mientras fijaba los ojos en el payaso de la camiseta, que empezaba a darme un poco de yuyu. Cuando leí de nuevo el mensaje, una leve sonrisa se dibujó en mi cara aniñada y pecosa. Alcé los ojos a los de él, azul grisáceo contra azul estival.
-No te pido que me mimes como si fuera una princesa, Uzz, no lo soy y lo sé. No te pido que me prometas el mundo- susurré, entrelazando mis dedos tras su nuca. Una última gota de agua se filtró entre ellos.- No te pido que me prometas nada. Lo único que te pido es que no me hagas daño. Hay emociones que no me gusta experimentar- suspiré, una de ellas era el dolor. Miré hacia la ventana una vez más. La lluvia caía de lado, mezclándose con la arena que llevaba el viento. Qué noche tan... bah. Una nueva sonrisa, esta vez más segura, decidida, luminosa. A ver si era verdad que podía hacer que la luz volviera a mi casa.- Dime, ¿crees que también estará lloviendo en el País de las Maravillas?

Alicia Terpelli- Civiles U.E.
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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)
- ¿No lo eres? -pregunté en voz baja. La manía de hablar en susurros en la oscuridad la tenía desde pequeño.- Te equivocas, no beso a chicas de menor categoría. -sonreí, cómplice- No sé qué pasará mañana, pero yo tampoco quiero hacer ni que me hagan daño. -qué bobadas dices. ¿Le gusta a alguien?- Si quieres ir hasta allí con el estómago vacío... podemos comprobarlo ahora mismo.
En ese momento metí el freno y quise asegurarme que lo que había pasado no era fruto del beso, que de verdad quería todo lo que estaba pasando. Que se atrevía a saltar, maldita sea. No lo dije, e intentaba no pensarlo, pero no concebía a nadie incapaz de dejarse llevar. Por eso estaba seguro que ella deseaba lo mismo que yo, que me lo había indicado durante toda la tarde y toda la noche. Es posible que le impactara que el hecho fuera a llegar, por eso mismo que había dicho, porque no quería sufrir. Yo lo entendía, no sabía que podía haber ocurrido en el pasado y no iba a pecar de prejuicios. Por eso metí el freno, quería que ella tomara una decisión. El primer paso hacia adelante era el complicado. Después venían solos. La puta experiencia me había enseñado eso a palos.
Después de esa divagación, la luz volvió. En la radio sonaba "Build Me Up Buttercup", de los Foundations. Se utilizó en varias películas, pero se hizo famosa -cinematográficamente hablando- en Algo Pasa con Mary, una comedia del año 1998. El horno, claro, volvió a encenderse. Paradójicamente, la lluvia retornó a ese estado de furia que presentaba al principio, y sin palabras vaticiné que puede que el apagón volviera a producirse de un momento a otro. Me acerqué más a Alicia, posando mis manos en su cadera.
- Además, dices que no eres una princesa... ¿qué hay de mí? -entorné los ojos- No soy precisamente una celebridad. Un periodista -ex-presidiario- que no es capaz de freír un huevo, fumador y... ¿demasiado rápido al volante? -vale, basta- Ésto... ¿Qué te parece si me callo y olvidas todo lo que te he dicho? Creo que hasta ahora te estaba causando una buena impresión, no quiero echarlo a perder. -reí.
Observé el reloj de pared. Iban a ser las diez y el tiempo se me pasaba muy despacio, sin yo saber porqué. Descubrí agradablemente que no quería separarme de ella. Bueno, claro, todo dependía de lo que ella dijera al respecto. Lo que me fastidiaba de verdad era el día siguiente. Yo no quería confundir atracción y un buen rato con... algo más. No hablo de amor, desde luego, porque es muy pronto. De hecho, ni siquiera sé si sabría reconocerlo. Ahora era yo el que tenía el lío. Suspiré en mi interior y me limité a poner el cerebro en pausa, porque si seguía por ese camino, terminaría por salirme humo por las orejas. Alicia Terpelli. En eso tenía que pensar ahora. En ella, en su llamativo color de pelo, sus sugerentes labios, bendita mirada y apetecible cuerpo. Esperaba tener tiempo de fijarme en el resto de lo que podía ofrecerme.
Quería ese tiempo. Me lo merecía, demasiado sin utilizar había tenido en mi vida.
En ese momento metí el freno y quise asegurarme que lo que había pasado no era fruto del beso, que de verdad quería todo lo que estaba pasando. Que se atrevía a saltar, maldita sea. No lo dije, e intentaba no pensarlo, pero no concebía a nadie incapaz de dejarse llevar. Por eso estaba seguro que ella deseaba lo mismo que yo, que me lo había indicado durante toda la tarde y toda la noche. Es posible que le impactara que el hecho fuera a llegar, por eso mismo que había dicho, porque no quería sufrir. Yo lo entendía, no sabía que podía haber ocurrido en el pasado y no iba a pecar de prejuicios. Por eso metí el freno, quería que ella tomara una decisión. El primer paso hacia adelante era el complicado. Después venían solos. La puta experiencia me había enseñado eso a palos.
Después de esa divagación, la luz volvió. En la radio sonaba "Build Me Up Buttercup", de los Foundations. Se utilizó en varias películas, pero se hizo famosa -cinematográficamente hablando- en Algo Pasa con Mary, una comedia del año 1998. El horno, claro, volvió a encenderse. Paradójicamente, la lluvia retornó a ese estado de furia que presentaba al principio, y sin palabras vaticiné que puede que el apagón volviera a producirse de un momento a otro. Me acerqué más a Alicia, posando mis manos en su cadera.
- Además, dices que no eres una princesa... ¿qué hay de mí? -entorné los ojos- No soy precisamente una celebridad. Un periodista -ex-presidiario- que no es capaz de freír un huevo, fumador y... ¿demasiado rápido al volante? -vale, basta- Ésto... ¿Qué te parece si me callo y olvidas todo lo que te he dicho? Creo que hasta ahora te estaba causando una buena impresión, no quiero echarlo a perder. -reí.
Observé el reloj de pared. Iban a ser las diez y el tiempo se me pasaba muy despacio, sin yo saber porqué. Descubrí agradablemente que no quería separarme de ella. Bueno, claro, todo dependía de lo que ella dijera al respecto. Lo que me fastidiaba de verdad era el día siguiente. Yo no quería confundir atracción y un buen rato con... algo más. No hablo de amor, desde luego, porque es muy pronto. De hecho, ni siquiera sé si sabría reconocerlo. Ahora era yo el que tenía el lío. Suspiré en mi interior y me limité a poner el cerebro en pausa, porque si seguía por ese camino, terminaría por salirme humo por las orejas. Alicia Terpelli. En eso tenía que pensar ahora. En ella, en su llamativo color de pelo, sus sugerentes labios, bendita mirada y apetecible cuerpo. Esperaba tener tiempo de fijarme en el resto de lo que podía ofrecerme.
Quería ese tiempo. Me lo merecía, demasiado sin utilizar había tenido en mi vida.
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Uzziel X. Winter- Civiles U.E.
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Fecha de inscripción: 08/05/2011
Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)
Meneé la cabeza con una sonrisa. No, yo no era una princesa. No era ni siquiera una dama, aunque a mi padre le disgustara. No me consideraba más que ninguna otra mujer, y de hecho, aunque todo el mundo me decía lo guapa que era, no me veía así. Esa piel tan pálida y sensible, las pecas, el pelo color panocha, y además, tan... Notoriamente fuera de lugar... Habría dado cualquier cosa por no llamar tanto la atención. Yo prefería pasar desapercibida, prefería no destacar, ni por el físico ni por nada. No me gustaba que la gente se fijara en mí, prefería acercarme yo. Pero era imposible. Todo lo que me faltaba de vanidad les sobraba a los demás a la hora de mirarme y decir "Me gusta". No quería eso. No quería gustarle a nadie de entrada. A mí las personas nunca me gustaban de entrada, prefería conocerlas primero, fijarme en la belleza interior de la persona, y luego alejarme un poco para observar la obra al completo. Como había pasado con Uzz.
Me mordí el labio inferior con una sonrisa.
-Un viaje al País de las Maravillas no se puede hacer con el estómago vacío. ¿Cuánto tardará la...?- ¿...luz en volver? No pude acabar la frase porque la cocina volvió a iluminarse y la radio volvió a sonar y el horno volvió a calentar a pesar de que no hacía falta, pues la pizza ya estaba hecha. Su olor inundaba el espacio. No es por ser engreída ni nada, pero creía que me había salido una pizza cojonuda. Y perdón por la expresión.- Vale, a ver- me acerqué al horno poniéndome las manoplas y saqué el plato de la pizza, que efectivamente tenía una pinta estupenda.- La cena è pronta!- anuncié alegremente, aunque no hiciera falta, porque estaba ahí. Compartiendo espacio conmigo. Vivan las menciones en italiano innecesarias. Me volví para mirarlo, de nuevo apoyada en la encimera, esta vez no como una jaula, sino como mi pared de ladrillo al sol. Feel like a rockabillie.
-Bueno, Uzz... Estamos iguales. No soy una princesa, soy una profesora de Filosofía simplemente, seria y abstraída, y demasiado prudente al volante.- añadí. Lo de seria y abstraída era un hecho, como ya pudo comprobar.- Sin embargo, eso de que no sepas freírte un huevo me parece muy mal- hice un mohín enfadado.- Voy a tener que darte clases de cocina, los hombres tenéis que ser independientes- puse voz de feminista convencida pero a la inversa. Es decir, defendiendo la causa masculina. Bueno, qué mierdas, pilláis la gracia, ¿no? Pues eso.- No te preocupes, un poco de sinceridad no va a bajar tus puntos acumulados- le guiñé un ojo, volviéndome a un cajón para sacar un mantel. El típico mantel de cuadros rojos y blancos que uno podía ver en las callejas italianas. Salí de la cocina y subí a mi cuarto con él en brazos.
Una vez allí lo coloqué debajo del ventanal situado en el techo. Era como cenar bajo la lluvia pero sin mojarnos. De mi armario saqué dos velas de esas grandes y cuadradas, las que te regalan tus amigas y nunca sabes qué hacer con ellas, porque se supone que son aromáticas, y te debates entre la emoción y un pensamiento: "Espera... ¿están diciendo que mi casa huele mal?". Las puse sobre el mantel y me tiré al suelo, asomándome por la trampilla. La radio sonaba ahora con Vindicated, de Dashboard Confessional, banda sonora de Spiderman 2.
-¿Uzz? ¿Sabes el armario que hay detrás de ti? Tienes ahí los platos y los vasos, ¿me los puedes ir pasando, por favor?- le pedí con las manos apoyadas en la madera. Si se iba la luz, estaríamos salvados. Y si no se iba, bueno, la iluminación de mi cuarto era tan tenue que casi no contaba. Tal vez debería haber ordenado la mesa con los trabajos de los chicos desperdigados por ella.
Extreme facepalm.
Me mordí el labio inferior con una sonrisa.
-Un viaje al País de las Maravillas no se puede hacer con el estómago vacío. ¿Cuánto tardará la...?- ¿...luz en volver? No pude acabar la frase porque la cocina volvió a iluminarse y la radio volvió a sonar y el horno volvió a calentar a pesar de que no hacía falta, pues la pizza ya estaba hecha. Su olor inundaba el espacio. No es por ser engreída ni nada, pero creía que me había salido una pizza cojonuda. Y perdón por la expresión.- Vale, a ver- me acerqué al horno poniéndome las manoplas y saqué el plato de la pizza, que efectivamente tenía una pinta estupenda.- La cena è pronta!- anuncié alegremente, aunque no hiciera falta, porque estaba ahí. Compartiendo espacio conmigo. Vivan las menciones en italiano innecesarias. Me volví para mirarlo, de nuevo apoyada en la encimera, esta vez no como una jaula, sino como mi pared de ladrillo al sol. Feel like a rockabillie.
-Bueno, Uzz... Estamos iguales. No soy una princesa, soy una profesora de Filosofía simplemente, seria y abstraída, y demasiado prudente al volante.- añadí. Lo de seria y abstraída era un hecho, como ya pudo comprobar.- Sin embargo, eso de que no sepas freírte un huevo me parece muy mal- hice un mohín enfadado.- Voy a tener que darte clases de cocina, los hombres tenéis que ser independientes- puse voz de feminista convencida pero a la inversa. Es decir, defendiendo la causa masculina. Bueno, qué mierdas, pilláis la gracia, ¿no? Pues eso.- No te preocupes, un poco de sinceridad no va a bajar tus puntos acumulados- le guiñé un ojo, volviéndome a un cajón para sacar un mantel. El típico mantel de cuadros rojos y blancos que uno podía ver en las callejas italianas. Salí de la cocina y subí a mi cuarto con él en brazos.
Una vez allí lo coloqué debajo del ventanal situado en el techo. Era como cenar bajo la lluvia pero sin mojarnos. De mi armario saqué dos velas de esas grandes y cuadradas, las que te regalan tus amigas y nunca sabes qué hacer con ellas, porque se supone que son aromáticas, y te debates entre la emoción y un pensamiento: "Espera... ¿están diciendo que mi casa huele mal?". Las puse sobre el mantel y me tiré al suelo, asomándome por la trampilla. La radio sonaba ahora con Vindicated, de Dashboard Confessional, banda sonora de Spiderman 2.
-¿Uzz? ¿Sabes el armario que hay detrás de ti? Tienes ahí los platos y los vasos, ¿me los puedes ir pasando, por favor?- le pedí con las manos apoyadas en la madera. Si se iba la luz, estaríamos salvados. Y si no se iba, bueno, la iluminación de mi cuarto era tan tenue que casi no contaba. Tal vez debería haber ordenado la mesa con los trabajos de los chicos desperdigados por ella.
Extreme facepalm.

Alicia Terpelli- Civiles U.E.
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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)
Horas después...
···
···
Era llovizna lo que ahora ambientaba las calles de la ciudad. Un lívido manto que emborronaba las figuras de gente paseando, cogiendo taxis. Algunos paraguas que se balanceaban reflejando las luces de las farolas. Vivir en éste país-no-país tenía cosas positivas y cosas negativas. Ahora no me acordaba de las últimas, y estaba inquieto, porque mi trabajo consistía en eso. En hacer ver a todo el mundo en la mierda que estábamos metidos, hasta las rodillas. Sin embargo, nunca creí que pasar tiempo con alguien te hiciera ver que había otro lado en la moneda. Que aunque ahí fuera se esté destruyendo el tejido de la humanidad, aún hay esperanza en ciertas personas.
Estábamos tomando vino. Sí, de las cervezas se pasa al vino, por algún motivo. Ocurre en todas las cenas en las que dos personas están involucradas. Es algo así cómo una regla no escrita. Eso me contó mi padre una vez, desde su punto de vista machista, pero al final es verdad. Yo me encontraba sentado, con la espalda apoyada en la pared de la habitación. La copa de vino casi vacía al lado del plato de pizza. La situación ya era menos tensa que antes, pero ambos disfrutábamos de una cierta distancia prudencial. Sonreí y continué hablando.
- Antes, abajo, cuando me diste la ropa y salí del baño, tuve cierta reticencia a encender el cigarrillo... -reí- Estaba: "Sí lo enciendes igual te obliga a apagarlo, estás en su casa, no seas maleducado, ¡estúpido!" -hice una extraña imitación de mi voz. Por algún motivo.- Después me dije que seguro que te parecería sexy, y me quedé ahí, fumando y mirando al vacío. -en realidad estaba pensando vagamente en el artículo, pero parte de eso había. Mucha parte.
Miré el reloj. Las horas vuelan si te lo pasas bien, y ya eran la una de la madrugada. La pizza había estado deliciosa, para nada me había empachado, a pesar de la carne y el queso. Bocato di cardinale. Y tenía toda la razón del mundo, tenía que aprender a cocinar, que me había alimentado mucho tiempo a base de precocinados y esas cosas. Mucho tiempo. Lo que ocurre es que hacía bastante deporte y tenía un metabolismo curioso, así que... Digamos que compensaba. La radio abajo seguía sonando, ahora con una especie de refrito de temas que sonaron en Grey's Anatomy. Creo que era The Fray y How to Save a Life, pero se escuchaba muy bajito aquí arriba.
- Eres una anfitriona estupenda, Alicia. -me levanté y hice el ademán de mostrar la escena- Mira ésto: ropa, cena, música... No sé, no creo que haya nadie que siga siendo tan hospitalario con la otra persona, de verdad lo pienso. -la miré con sinceridad- Me lo estoy pasando genial. -me acerqué y, tomándole la mano, le planté un beso. Me sentía un lord inglés, pero qué caray.- Ésto no lo sabe mucha gente, pero tomé clases de italiano durante un verano. -mentí. Me hicieron un mini-cursillo en la cárcel- A ver qué tal. -carraspeé.
"Molti...grazie per la...manjata..."
- ¿Se dice así? -la miré. Sabía que no, pero vamos.- No, creo que puedo oír a millones de los tuyos viniendo cabreados hacia aquí por haber asesinado su vocabulario.
Hacer el tonto. Reír y pasarlo bien con una chica. Que diferente a tantas otras noches con jovencitas borrachas, reitero. Aunque a éstas alturas de la noche, quería muchas cosas de ella. Su cuerpo era algo tan evidente, que en ningún maldito momento había logrado pasar desapercibido para mí. Mierda, hablando claro estaba buena, muy buena, y deseaba acariciar ese trasero más de lo que había deseado muchas cosas en mi vida. Después podían cortarme el brazo, ya habría valido la pena con creces. Mejor que respire o la noche será demasiado corta.
- ¿Sabes? Creo que es hora de irse a dormir, mañana me esperan pronto en el trabajo. -indiqué- Creo que iré a ver si mi ropa está seca... -bueno, si no me ofrecía quedarme, ya había dado un paso para la retirada educada y elegante.
Última edición por Uzziel X. Winter el Vie Mayo 27, 2011 6:54 pm, editado 1 vez
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...you'll always stink and burn.




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Uzziel X. Winter- Civiles U.E.
- Mensajes: 33
Fecha de inscripción: 08/05/2011
Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)
Era todo tan perfecto...Y ni siquiera había estado planeado. Ya veis. Esta mañana cuando me desperté ni siquiera había pensado que acabaría cenando bajo la llovizna a la luz de las velas que me regaló Katie con Uzziel Winter. No había pensado si quiera que hoy sería el día en que recordaría cómo era un beso. Me parecía que había pasado media eternidad desde que aflojé un poco las tensas cuerdas que me ataban a la razón y mi inminente realidad. Desde que las corté un poco con risas, chistes, anécdotas y vino. El olor de la libertad corriendo por mi habitación era intenso, dulce, amargo, olía a fuego y olía a lluvia también. Era una mezcla de todo un poco, y lo curioso es que me encantaba. Me encantaba estar así. Y además, es que con Uzziel era muy fácil dejarme salir. Había una parte de mí, una Alicia suelta y divertida, que hasta se había atrevido a contar un encontronazo que tuvo con el chocolate a los cinco años. Sí, bueno, me comí una tableta entera escondida tras el coche de mi padre, y con el calor que hacía, me fue imposible disimular; acabé hasta con el pelo manchado de dulce. O como aquella vez, a los quince años, que un grupo de amigas y yo nos habíamos ido de fiesta y habíamos acabado disfrazadas de estrellas del pop (leggings de cuero de colores chillones y tops a juego) habíamos acabado bailando uno de los primeros éxitos de Britney Spears sobre la barra de un bar. Cosas como ésa había podido contarle, cosas que me abrían un poco más a él, que daban sentido al hecho de que estuviera allí.
Ahora, sentada en el suelo al igual que él, daba un último sorbo a mi copa de vino y la dejaba junto al plato de pizza, un reflejo de lo que él hacía. Más risas. Oh, pensamientos que pretendían haber estado ocultos y ahora afloraban sin problemas.
-Sí, te hubiera obligado a apagarlo, pero bueno, ha sido un detalle irte a la ventana. El olor a humo no me gusta mucho, la verdad- apoyando mi barbilla en la palma de mi mano, sonreía. No era una sonrisa ensayada, ni falsa, era natural, me salía sola. Simplemente sola.- Pero admito que ha habido un momento... Pequeñín- hice una medida juntando el índice y el pulgar- Que te he mirado y hasta el cigarrillo me ha parecido atractivo.
Tal vez fuera la luz. Tal vez la tenue música que nos llegaba desde abajo, o tal vez el sirimiri de la lluvia, que había disminuido su intensidad, pero la negrura de las nubes, aún siendo de noche, dejaba ver las intenciones de la tormenta; iba a persistir. Casi podía oír su risa malvada. Iba a quedarse allí para arruinarme la noche, iba a hacer uso de sus truenos para no dejarme dormir. Se los oía desde lejos. Demonios de tiempo. Sin embargo, ahora no me podía preocupar de eso. Estaba con Uzz. Y me lo estaba pasando muy bien. Perfectamente bien. Incliné levemente la cabeza con una amplia sonrisa, me gustaba que él se estuviera divirtiendo tanto como yo. Su mano, mi mano, sus labios, era todo tan... Normal, a diferencia de lo que me había parecido unas horas antes. Ahora nos habíamos soltado, el primer paso se había superado hacía rato. Intenté no reírme ante esa forma de agradecerme por la cena, un intento de hablar mi idioma natural. La gente se complicaba mucho a la hora de hablar una lengua diferente a la suya. A mí me pasaba lo mismo con el alemán.
-En realidad, con un "Grazie mille per la cena" es suficiente. Luego ya puedes añadir un pequeño cumplido o un apelativo, pero no es necesario complicarse mucho. El italiano no es un idioma difícil, ya te enseñaré si quieres- le prometí con una sonrisa suave. Sí, le enseñaría. Podría empezar esa misma noche. Quería que se quedara. De ahí que mi sonrisa vacilara un poco al oír que tenía que irse. Yo en realidad tampoco debería trasnochar mucho, había clase dentro de unas horas, pero... Qué diablos, no había faltado ni un solo día desde que empezara a trabajar. Y estaba segura de que no iban a ponerme pegas si lo hacía.
-Vaya...- miré hacia el ventanal que nos protegía de la lluvia.- No sé si es muy buena idea... Puede volver a llover y el...- Alicia, déjate de tonterías. Sé directa, sé sincera, se te da muy bien.- Bah, qué demonios. Me gustaría que te quedaras. Ya sabes... No me entusiasman las tormentas.
Realmente no planeaba nada. Lo único que sabía era que no quería quedarme sola después de un rato tan fantástico. No podría dormir con la idea de que se había marchado y de que no sabía cuándo volvería a verlo.
Ahora, sentada en el suelo al igual que él, daba un último sorbo a mi copa de vino y la dejaba junto al plato de pizza, un reflejo de lo que él hacía. Más risas. Oh, pensamientos que pretendían haber estado ocultos y ahora afloraban sin problemas.
-Sí, te hubiera obligado a apagarlo, pero bueno, ha sido un detalle irte a la ventana. El olor a humo no me gusta mucho, la verdad- apoyando mi barbilla en la palma de mi mano, sonreía. No era una sonrisa ensayada, ni falsa, era natural, me salía sola. Simplemente sola.- Pero admito que ha habido un momento... Pequeñín- hice una medida juntando el índice y el pulgar- Que te he mirado y hasta el cigarrillo me ha parecido atractivo.
Tal vez fuera la luz. Tal vez la tenue música que nos llegaba desde abajo, o tal vez el sirimiri de la lluvia, que había disminuido su intensidad, pero la negrura de las nubes, aún siendo de noche, dejaba ver las intenciones de la tormenta; iba a persistir. Casi podía oír su risa malvada. Iba a quedarse allí para arruinarme la noche, iba a hacer uso de sus truenos para no dejarme dormir. Se los oía desde lejos. Demonios de tiempo. Sin embargo, ahora no me podía preocupar de eso. Estaba con Uzz. Y me lo estaba pasando muy bien. Perfectamente bien. Incliné levemente la cabeza con una amplia sonrisa, me gustaba que él se estuviera divirtiendo tanto como yo. Su mano, mi mano, sus labios, era todo tan... Normal, a diferencia de lo que me había parecido unas horas antes. Ahora nos habíamos soltado, el primer paso se había superado hacía rato. Intenté no reírme ante esa forma de agradecerme por la cena, un intento de hablar mi idioma natural. La gente se complicaba mucho a la hora de hablar una lengua diferente a la suya. A mí me pasaba lo mismo con el alemán.
-En realidad, con un "Grazie mille per la cena" es suficiente. Luego ya puedes añadir un pequeño cumplido o un apelativo, pero no es necesario complicarse mucho. El italiano no es un idioma difícil, ya te enseñaré si quieres- le prometí con una sonrisa suave. Sí, le enseñaría. Podría empezar esa misma noche. Quería que se quedara. De ahí que mi sonrisa vacilara un poco al oír que tenía que irse. Yo en realidad tampoco debería trasnochar mucho, había clase dentro de unas horas, pero... Qué diablos, no había faltado ni un solo día desde que empezara a trabajar. Y estaba segura de que no iban a ponerme pegas si lo hacía.
-Vaya...- miré hacia el ventanal que nos protegía de la lluvia.- No sé si es muy buena idea... Puede volver a llover y el...- Alicia, déjate de tonterías. Sé directa, sé sincera, se te da muy bien.- Bah, qué demonios. Me gustaría que te quedaras. Ya sabes... No me entusiasman las tormentas.
Realmente no planeaba nada. Lo único que sabía era que no quería quedarme sola después de un rato tan fantástico. No podría dormir con la idea de que se había marchado y de que no sabía cuándo volvería a verlo.

Alicia Terpelli- Civiles U.E.
- Mensajes: 45
Fecha de inscripción: 07/05/2011
Edad: 18
Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)
Había palabras que anunciaban un futuro. Cercano, quizás. "Ya te enseñaré." Es verdad, es un detalle muy pequeño, pero durante toda la noche esas cosas se intuyen, y te alegran. No me reconocía, después de haber salido de la cárcel no pensaba que la vida me trataría tan bien. Es posible que me hubiera cobrado ya todas las deudas, y que me haya dejado empezar de cero otra vez. No sé si me lo merecía o no, porque eso nunca se puede decir con seguridad, pero lo cierto es que me había ido todo que ni pintado. Trabajo, dinero, una casa... No me había faltado de nada. Ahora pensaba en Alicia y me planteaba si es que el destino no me estaba dando otra carta de más.
Sin embargo, a la cara, siempre le acompaña una inevitable cruz. ¿Qué posibilidades había de que Alicia saliera con un tipo acusado de asesinato? Sí, en algún momento tendría que decírselo. En las citas solía omitirlo, pero desde el minuto uno, estaba claro que habría un mañana. El miedo a que se fuera -y con razón, por otra parte- se incrementaba. Decidí dejar esos pensamientos para los próximos días, no quería aguarme la fiesta a mí mismo. Disfrutar del momento, carpe diem, y todas esas cosas. Incluso, una vez abajo, dejé el móvil en silencio, y lo único que hice fue activar la alarma para el día siguiente. Seguro que me levantaría en mitad de la noche en algún momento. Ahí aprovecharía para coger el portatil. Cuántos cálculos y tan poco tiempo.
- Ehm... -la miré, cuando volví a subir. Había bajado a coger el móvil y a dejar la ropa sobre una silla- Nos hemos besado y eso. -sentencié con voz queda, cómo si no fuera ya evidente. Carraspeé antes de continuar- Pero si quieres que duerma en el sofá... supongo que lo entenderé. -creedme todos y todas cuando digo ésto. Si los hombres pensáramos con el pene, hubiera sufrido inmediatamente un derrame cerebral. Cómo venganza de mi organismo.
Realmente deseaba acostarme con Alicia. Sería un bello colofón a una noche sobresaliente. De esas que salen en las películas antiguas, dónde los protagonistas despiertan, ya peinados, en un hermoso día -¿alguna vez habéis visto que despertaran y hubiera nubes y una tormenta? De eso es de lo que hablo- con una sonrisa de oreja a oreja. No sabía si acostarnos en la primera cita, que no estuvo pactada, fue un encontronazo, iba a ser buena idea. Así es, me lo estaba planteando de verdad, definitivamente había bebido demasiado.
No, era por sus palabras, abajo, antes de la cena. Si yo no me enamoraba de ella, le estaría haciendo daño. Digamos que es posible que me enamore, pongámonos en esa situación. No estaría empezando bien si la utilizara cómo un objeto sexual. Mírate, Uzziel Winter. Parece que ya utilizas la cabeza cómo un adulto. Descubriste que en tu vida hay una marcha menos. No se trata siempre de correr cómo un pollo sin cabeza, maldición.
- Estaba pensando en tus palabras. -Cuesta creer que años atrás estuviera metido en una de cada tres peleas en los callejones. Eran tiempos difíciles para mí- Todo aquello que dijiste antes, yo... -hice una pausa y le sonreí- ...mierda, estaba más seguro de mi mismo antes de beber. Creo que el alcohol tiene un efecto contrario en mí. -me senté en la cama, junto a ella- Me gustaría seguir adelante con ésto, Alicia. Ya sé que es muy pronto para tomar una decisión como ésta, pero... en fin, hacía años que no pasaba una noche así con nadie. -me levanté enseguida. Estaba volviéndome demasiado cursi y tenía que enmendarlo de alguna manera o parecería un ancianita en un programa de sobremesa. Me levanté como un resorte, dispuesto a soltar algo ingenioso para romper la tensión. Tan rápido lo hice que me golpeé con la silla del escritorio en la pierna derecha. Tropecé y caí sobre mi trasero. Bien, hay que empezar las cosas con buen pie. El alcohol se reía, cómplice de esa caída.
- Ouh... -me lamenté, con una media sonrisa en la cara y la mano en la zona lumbar.- Estoy bien, estoy bien, estoy bien... -me apresuré a decir, intentando levantarme- Eso han sido mis pensamientos no aptos para menores, dándome una lección.
Ahí estaba el comentario ingenioso.
Sin embargo, a la cara, siempre le acompaña una inevitable cruz. ¿Qué posibilidades había de que Alicia saliera con un tipo acusado de asesinato? Sí, en algún momento tendría que decírselo. En las citas solía omitirlo, pero desde el minuto uno, estaba claro que habría un mañana. El miedo a que se fuera -y con razón, por otra parte- se incrementaba. Decidí dejar esos pensamientos para los próximos días, no quería aguarme la fiesta a mí mismo. Disfrutar del momento, carpe diem, y todas esas cosas. Incluso, una vez abajo, dejé el móvil en silencio, y lo único que hice fue activar la alarma para el día siguiente. Seguro que me levantaría en mitad de la noche en algún momento. Ahí aprovecharía para coger el portatil. Cuántos cálculos y tan poco tiempo.
- Ehm... -la miré, cuando volví a subir. Había bajado a coger el móvil y a dejar la ropa sobre una silla- Nos hemos besado y eso. -sentencié con voz queda, cómo si no fuera ya evidente. Carraspeé antes de continuar- Pero si quieres que duerma en el sofá... supongo que lo entenderé. -creedme todos y todas cuando digo ésto. Si los hombres pensáramos con el pene, hubiera sufrido inmediatamente un derrame cerebral. Cómo venganza de mi organismo.
Realmente deseaba acostarme con Alicia. Sería un bello colofón a una noche sobresaliente. De esas que salen en las películas antiguas, dónde los protagonistas despiertan, ya peinados, en un hermoso día -¿alguna vez habéis visto que despertaran y hubiera nubes y una tormenta? De eso es de lo que hablo- con una sonrisa de oreja a oreja. No sabía si acostarnos en la primera cita, que no estuvo pactada, fue un encontronazo, iba a ser buena idea. Así es, me lo estaba planteando de verdad, definitivamente había bebido demasiado.
No, era por sus palabras, abajo, antes de la cena. Si yo no me enamoraba de ella, le estaría haciendo daño. Digamos que es posible que me enamore, pongámonos en esa situación. No estaría empezando bien si la utilizara cómo un objeto sexual. Mírate, Uzziel Winter. Parece que ya utilizas la cabeza cómo un adulto. Descubriste que en tu vida hay una marcha menos. No se trata siempre de correr cómo un pollo sin cabeza, maldición.
- Estaba pensando en tus palabras. -Cuesta creer que años atrás estuviera metido en una de cada tres peleas en los callejones. Eran tiempos difíciles para mí- Todo aquello que dijiste antes, yo... -hice una pausa y le sonreí- ...mierda, estaba más seguro de mi mismo antes de beber. Creo que el alcohol tiene un efecto contrario en mí. -me senté en la cama, junto a ella- Me gustaría seguir adelante con ésto, Alicia. Ya sé que es muy pronto para tomar una decisión como ésta, pero... en fin, hacía años que no pasaba una noche así con nadie. -me levanté enseguida. Estaba volviéndome demasiado cursi y tenía que enmendarlo de alguna manera o parecería un ancianita en un programa de sobremesa. Me levanté como un resorte, dispuesto a soltar algo ingenioso para romper la tensión. Tan rápido lo hice que me golpeé con la silla del escritorio en la pierna derecha. Tropecé y caí sobre mi trasero. Bien, hay que empezar las cosas con buen pie. El alcohol se reía, cómplice de esa caída.
- Ouh... -me lamenté, con una media sonrisa en la cara y la mano en la zona lumbar.- Estoy bien, estoy bien, estoy bien... -me apresuré a decir, intentando levantarme- Eso han sido mis pensamientos no aptos para menores, dándome una lección.
Ahí estaba el comentario ingenioso.
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Uzziel X. Winter- Civiles U.E.
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