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Que se escondan las apariencias. (Privado)

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Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Uzziel X. Winter el Sáb Mayo 21, 2011 7:17 am

OFF:(Viene de aquí.)



El mal tiempo nos había acompañado desde la salida del museo. El limpiaparabrisas trabajaba a destajo, y yo tenía que jugar con la temperatura del termostato interior, de modo que no se empañara el cristal por dentro. Era un fastidio, no funcionaba bien desde hacía semanas, y nunca encontraba un segundo para llevarlo al taller. Tampoco quería que me robaran de forma indiscriminada. Los mecánicos se habían convertido en los nuevos ricos del siglo XXI. Encendí la radio después de palabras sueltas, nerviosas, unidas a incómodos silencios, de seguro unidos a pensamientos difusos en cada una de nuestras cabezas. Esperaba que no se arrepintiera de aquella "invitación". No, seguro que no.
La frecuencia hablaba de la feria, invitando a todos los que pudieran llegar, que accedieran. Todos los gobiernos habían facilitado el transporte público, tanto por tierra cómo por aire, lo que no dejaba de parecerme sorprendente.

Siguiendo sus indicaciones, aparqué justo en la esquina del edificio en que me dijo que vivía. Yo paré el motor y la radio, mirándola mientras me quitaba el cinturón de seguridad. Ahora lo pensaba, y no recordaba la última vez que una chica había estado a mi lado en el coche. Está bien, hacía un par de días, pero me refería a que no había estado de esa manera. Nerviosos, a esa hora del atardecer, sobrios, sin haber pasado horas de fiesta... Estaba convencido de que aquella noche iba a ser diferente. Suspiré, y fijé mi mirada en sus ojos profundos y llenos de respuestas.

- Nos vamos a empapar. -sonreí- Con antelación, lamento mojar el suelo/moqueta/parquet de tu apartamento.

Abrí la puerta, y el sonido de la lluvia se amplificó. Las cataratas del cielo se habían desbordado, similar a miles de cristales azotando una pared de metal era el ruido que provocaba esa tormenta -varios rayos y truenos habían decorado el cielo gris durante el camino- al chocar el agua contra el asfalto. Para sumar más dramatismo al asunto, el coche estaba justo encima de un charco. Bravo, alcalde, su pavimentación preventiva de las calles había sido un éxito.

- Vale, quédate aquí, iré a abrirte la puerta. -salí velozmente empapando mis zapatos. Me quité la americana (que de poco me iba a servir) y corrí hacia la puerta del copiloto, abriéndola. A modo de marquesina, la coloqué sobre la misma y sonreí, mojándome cómo nunca- Adelante, señorita Terpelli. No es un paraguas, pero servirá.

"It's something", pensé.

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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Alicia Terpelli el Sáb Mayo 21, 2011 9:12 am

En realidad no le había dicho que no me diera miedo la velocidad. Angelo había muerto en un accidente de coche, y eso lo tenía grabado en la memoria. La velocidad y el tráfico me asustaban, por eso yo al volante era excesivamente prudente. En una tarde como ésta, por ejemplo, yo no me hubiera atrevido a coger el coche. La lluvia descargaba sobre nosotros como si alguien estuviera tirándonos cubos a drede, la emisora de radio se había perdido y sólo quedábamos nosotros y nuestra conversación. Una conversación un poco escasa, que se balanceaba entre comentarios sobre el tiempo y la feria internacional que tendría lugar dentro de poco. Una conversación en la que no había dejado de sonreír, un poco como comiéndome las tripas por dentro. De acuerdo. Ahora que había estado encerrada en un espacio cerrado y pequeño (aunque sabía que iba a salir) y rodeada por la lluvia, el método de pensar en otra cosa y no agobiarme y dejarme llevar por mi miedo a los espacios cerrados y pequeños, me había llevado a pensar en las posibles consecuencias de haber invitado a Uzz a cenar a casa. Primero, hablaríamos, mientras yo hacía la pizza, probablemente, y él se secaba del pequeño paseo de cruzar de la acera al portal de mi edificio. Cerveza antes de cenar, vino durante, ¿algo más fuerte quizá, para después? Dios, Alicia, no pienses en eso. Sólo es una cena. Una cena de amigos.

"Ya, claro, pero es que el amigo en cuestión es guapo. Y tengo ganas de vivir un poco, maldita sea"

Bueno, pues así llevaba tres cuartos de hora, discutiendo internamente conmigo misma, y hay que ver lo pesada que podía llegar a ponerme. Sopesaba los pros y los contras de todo, absolutamente todo lo que se me ocurría que podía pasar, si era bueno, si quería decir algo, si significaba que estaba dejando mi dignidad a un lado... Porque hubiera quedado muy raro coger y darme de cabezazos contra la ventanilla que tenía a mi lado y que ahora mismo lloraba lluvia, que si no... Al fin nos detuvimos, y reconocí mi edificio entre la cortina de agua. Giré la cabeza para mirar a Uzz y decirle que si no tenía un paraguas ahí dentro, en el mismo momento que él se dirigía a mí. Glub.

-Oh, no te preocupes, el suelo se puede limpiar- sonreí haciendo un ademán con la mano, restándole importancia.- Lo que me preocupa es que... Cojas un... Resfria... ¡Uzz, no hace falta que...!- "me abras la puerta", iba a decir, pero no pude completar la frase. El joven ya estaba fuera abriéndome la puerta y sosteniendo su americana de forma especial para protegerme a mí del agua. Oh, Dios, oh, Dios, Alicia, contrólate. Esto no es Breakfast at Tiffany's. La lluvia no es romántica. No existen los sentimientos repentinos, ¿te enteras? Sí, sí, me entero, ¡pero es que se está mojando para que yo no me moje! Oh, por favor, vuelve a la realidad.

La realidad era que estaba sonriendo ampliamente y saliendo veloz del coche para no hacerle pasar bajo la lluvia más tiempo del necesario. Me refugié bajo su americana, apartándome el pelo de la cara, que de los pocos segundos que había estado expuesta a la lluvia, ya se había quedado empapado.

-Siento que tengas que mojarte tú... Andiamo!- nos hice acelerar en el cruce (siempre con cuidado de no caernos) hasta llegar al portal, resguardados, a salvo.- Mamma mia, sta piovendo gatti e cani!- protesté (se me escapó el italiano) mientras buscaba las llaves. Al fin. Ufa. Abrí la puerta al tiempo que sacudía la cabeza y lo miraba al cerrar.- Me siento culpable, Uzz, realmente no era necesario... Creo que tengo algo de ropa de chico arriba- de mi hermano, ojo, que nadie piense mal.- Podrás cambiarte y dejar esa a secar en los puntos de calor. Y si aún así pillas un resfriado por mi culpa, me comprometo a dejar de dar clases y a ser tu enfermera personal hasta que te pongas bien- mientras caminaba hacia el ascensor, pensé en lo mal que sonaba eso. Tremendamente mal. Terpelli, ¿qué rayos tienes en la cabeza? El viaje en el ascensor duraba exactamente treinta segundos, lo había calculado en un rato de aburrimiento. Yo vivía en la última planta del edificio, en una especie de pequeño dúplex-ático cuyo desván entero era mi habitación, y la planta baja, el resto de la casa. El ascensor de la comunidad reproducía siempre la misma canción, una de la acabada pero aún así muy querida entre la población Lady Gaga. Creo que era Bad Romance, no sé, todas me sonaban iguales. Cuando al fin llegamos a mi planta, mi puerta era la única del rellano. Me acerqué blandiendo las llaves.

-Ah... Casa, dolce casa- murmuré mientras abría la puerta.- Adelante, caballero. Siéntase como en su propia casa- sonreí sosteniendo la madera pulida para él, tras haber dejado las llaves sobre el mueble en que solía dejarlas. El recibidor era un pequeño pasillo con una puerta en una de las paredes, que escondía un armario pequeño para dejar abrigos, paraguas y botas de lluvia. De haberlo sabido, ahora el armario estaría prácticamente vacío. Tras ese pequeño pasillo se llegaba al salón-comedor, una habitación luminosa (cuando no llovía, claro), donde se respiraba toda la esencia de Italia. Las paredes en tonos claros, cuadros y fotos de la Toscana y de diferentes ciudades italianas enmarcadas en madera, que alternaban con fotos de mi familia y mis amigos, y una que me hice con Ayk el último día del primer curso, en una fiesta en la piscina que organizaron los profesores. Mi presencia se adivinaba en todo el salón, puesto que una pared estaba dedicada entera a una estantería donde había miles de libros. Novelas, libros de arte, de filosofía, de viajes... Otra de las paredes era la televisión enmarcada por un mueble del que las películas podrían caerse, pues estaba lleno. Todo estaba en su sitio y ordenado, salvo por una carátula de película encima de la mesa del salón, Cisne Negro. La había estado viendo la noche anterior para ponerla en clase y comentarla.

-Puedes dejar la americana y todo eso en ese punto de calor de ahí- le señalé uno de los tres que tenía distribuidos por la casa. Ya no se llamaban radiadores, ahora se llamaban puntos de calor y tenían otra forma. Mucho más moderna, claro, una forma que desentonaba con el aire retro del piso.- Yo voy a ver si puedo darte algo para que te cambies de ropa, no vaya a ser que cojas una neumonía... El baño es esa puerta del final del pasillo a la derecha, coge una toalla si quieres- sonriendo mientras le señalaba el sitio, avancé hacia una pequeña cuerda que colgaba del techo, en medio del pasillo. Tiré de ella, desplegando la escalerilla que llevaba a mi habitación, el desván, la zona más amplia de toda la casa, mi espacio privado, mi mundo. Subí por los pequeños escalones de madera, accediendo a mi burbuja. Yo misma me cambiaría de ropa. En mi cuarto se respiraba art nouveau y modernismo, por la iluminación tenue y las formas de los muebles. Una de las paredes estaba llena de fotos y recortes de lugares del mundo, de gente. Lugares que había visto, lugares que quería ver... Gente que no conocía, gente que sí... También frases proverbiales y dibujos, algunos míos, otros no, por ejemplo, los que eran las Cuatro Estaciones de Alphonse Mucha. Correteé hacia el armario, quitándome la camisa de franela, las botas y los vaqueros para sustiuirlos por unos leggings negros y una camisola verde, algo mucho más cómodo. Rebusqué, y al fin encontré unos pantalones de chandal de Angelo y una camiseta, la que había sido su favorita, que se había comprado por Internet. Un payaso que representaba una medida con las manos y decía: "I AM that long, will u ride, babe?". Obsceno (muy del estilo de Angelo), pero lo único que tenía. Bajé las escaleras con cuidado, tocando la puerta del baño.

-¿Uzz? Te he traído ropa de recambio, ¿puedo pasar?

Ahora que lo pensaba... ¿Sería Uzz "that long"?
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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Uzziel X. Winter el Dom Mayo 22, 2011 3:05 am

El porcentaje de posibilidades de resbalar en una tarde lluviosa es directamente proporcional a la cantidad de chicas guapas que estén pendientes de tí. Abrumadoramente alto. Se sale de los gráficos, maldita sea. Lo peor de todo, incluso, es no caerse. Me explico: si te caes, te empapas, quizás de haces daño. Ella se preocupa por tí y se interesa por tu estado físico. Si resbalas, luchas por mantener el equilibrio, pero no te caes... lo que se ve es una versión de tí haciendo equilibrismos sobre una pierna, tratando de conservar tu dignidad y la integridad de tu físico. Lo que hace ella ante eso es observarte con un semblante entre dubitativo y de verguenza ajena. Supongo que adivináis cual de las dos cosas me ocurrió a mí. La suerte que tuve es que creo -y digo creo- que ella estaba más preocupada de abrir la puerta que de otra cosa. Lucky me.
El acento italiano de Alicia era un transporte gratuito a otra época, dónde imperaban las lenguas antiguas, y eran melódicas, suaves, deslizándose a través de una melódica y suave garganta. Belleza sonora al cuadrado. Realmente mi ropa estaba echada a perder. Sobre negro no se notaba a simple vista, pero os aseguro que notarla sobre los hombros y el pecho -sin contar los bajos del pantalón- era muy desagradable.

- No digas eso... -fue lo primero que me salió al oír "Me siento culpable...". Después vino la parte de la enfermera y me fue imposible evitar una imagen suya vestida de blanco, con minifalda, medias blancas y una cofia. Tragué saliva, tratando de terminar la frase- ¿Tienes un balcón? Podría mojarme un poco más y aseguramos tu cambio de empleo. -reí, algo nervioso. Venga ya, era el argumento de una película X.

Aún con una sonrisa en la cara, entré en la casa, que era visiblemente más grande que mi apartamento. Sólo con vislumbrar la escalera, que conducía a una planta alta, lo asumí. Si su acento y su idioma eran un viaje al pasado, esa casa era la terminal de entrada. El contraste de colores era armónico a la vista, infundía calma. Demonios, sentía que aunque dragones escupe-fuego acecharan la ciudad, me sentiría tranquilo en esa casa. Era cómo una dosis de tranquilizante via visual.
El resto eran los recuerdos habituales que se encuentran en toda casa, sumado a los efectos de ocio, tales cómo música o cine. No reparé especialmente en eso, pero sí me llamó la atención la disposición de todo. Ordenado pero despreocupado al tiempo. Definitivamente, no me importaría vivir ahí. Con esa televisión... oh, joder. Viendo esa pantalla recordé que tenía el portátil en el maletero del coche. Portátil que necesitaba para terminar el artículo antes de mañana al mediodia. Mi plan era levantarme de la cama en mitad de la noche -muchas veces me costaba conciliar el sueño- y terminarlo. Ahora debería hacer eso, sumado a una visita a la tormentosa calle. Dale las gracias a tus hormonas, Uzzi.

- Gracias. -hice lo propio. Los puntos de calor reconocieron la humedad del tejido y empezaron a trabajar. Un pequeño reloj indicaba el tiempo que estaría secando. Mis cabellos goteaban, mi peinado se había ido a la porra, siendo educados- Tienes una casa estupenda, mágica. -dije, resumiendo pensamientos anteriores.

Me encaminé a un baño adecuado con el recinto e hice una mueca mirando al espejo. Parecía un anuncio de colonias. Aunque algo más feo y mucho menos musculado. Solté una ligera carcajada y creí cerrar la puerta, pero sin hacerlo del todo. Acostumbrado a la puerta de mi baño, que necesitaba más de una pasada a través del sensor. Lo que me urgía ahora era quitarme esa camisa, que me pesaba y me causaba una sensación criminal de humedad. La dejé en el suelo. Cerré un instante los brazos y me crujió la espalda. Una mala noche. Escuché su voz a través de la puerta, por lo que me acerqué, olvidando por completo que no estaba en mi casa, que estaba sin camisa.

- Claro, estás en tu casa. -pasé la mano por el sensor, la puerta se deslizó. Ella se había puesto más cómoda, y llevaba una camiseta gris un pantalón que parecía deportivo.- Eres muy amable... -la camiseta llevaba un dibujo y unas letras que no lograba descifrar- ¿Qué dice ahí? Espero que no sea un "I'm with stupid", sería descortés por tu parte. -reí.

Por un instante, la imaginé cambiándose de ropa. Y no era lascivo.

Era hermoso.

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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Alicia Terpelli el Dom Mayo 22, 2011 9:37 pm

Tras el "bip" del sensor de la puerta y que ésta se deslizara a un lado, yo entré con la ropa en los brazos y los ojos clavados en la camiseta, intenando poner la maraña de tejidos en un orden lógico. Mangas fuera de perneras, por ejemplo. Hice un ademán con la mano a la vez que sonreía, sosteniendo la camiseta de Angelo delante de mí y alisando los pantalones. No era amabilidad. Él era mi huésped, y yo era la anfitriona. Aparte de que como tal debía hacer gala de unas formas exquisitas y las normas de etiqueta marcaban la necesidad de colmar a los invitados con algo más que cortesía, realmente me sentía bien haciendo todo eso por él. No como anfitriona-atendiendo-a-su-huésped. Sino como Alicia atendiendo a Uzziel. Que era mejor. Papá siempre me había dicho que lo que distinguía a una mujer de una chica cualquiera eran su cultura y sus modales. Él había sido de siempre un fanático de los modales, a pesar de que en su época estos empezaran a descatalogarse, allá por el año 1999. Lo había visto frustrarse por la fina ironía educada de Angelo y dar gracias al cielo por mis maneras de salón. "Si te viera tu madre..." solía decir abrazándome con orgullo.

-En absoluto. Todo es poco para un invitado en una noche como ésta. Lo único que siento es no tener chocolate caliente, realmente ayuda a combatir el frío- dije al fin alzando los ojos a su persona. Y aunque sabía (me había mentalizado para ello) que era probable que me lo encontrara sin camisa, y aunque ya lo había visto así y con menos (recordemos que fuimos compañeros de Universidad y también coincidimos en fiestas de piscina, con todo lo que ello implicaba en ausencia de ropa), no pude evitar tomarme mi tiempo para replicar al comentario. Las esculturas que habíamos visto en la exposición no tenían nada que envidiar al torso de Uzziel, trabajado, sí, pero sin pasarse. Estaba bien formado, pero no al estilo "se-me-ven-hasta-las-venas-de-los-ojos" de Sylvester Stallone, que aún vivía, por cierto.

Carraspeando levemente (podía pasar por una pequeña y originada por el mal tiempo y no por mi mente infantiloide que pocos hombres había tenido en esa casa de esa guisa) mientras le entregaba la ropa, pude sonreír con ironía a su pequeño chiste sobre la camiseta.

-¿Descortés, yo? Cómo osáis, señor. Más que ofenderos vive Dios que os estoy haciendo un cumplido- teatralicé mi tono, hablando cual dama medieval de las leyendas de amor cortés, antes de reírme como siempre, con ligereza, como solía reírse Alicia. O sea, yo. ¡Dios!- Es una de las tantas camisetas con broma que tenía mi hermano, era su favorita. Yo tengo la original. Esa camiseta salió en respuesta a una de chica, tan soez como la que tienes en brazos. ¿Conoces la empresa T-Shirt Hell? Ellos la diseñaron- sonreí yendo hacia la puerta.- Ponte cómodo, yo voy a ir haciendo la pizza.

Salí del baño, vocalizando un asombrado y extasiado "Mother of God" sin producir sonido alguno. Realmente no había sido un momento incómodo. Había disfrutado más de la naturalidad imperante que de las vistas, aunque tampoco se quedaran atrás. Con una sonrisa entré en la cocina y encendí la luz que emulaba el resplandor del sol a mediodía. Era un invento nuevo; ahora había luces que te regalaban tu momento de la jornada favorito y su iluminación característica. Para la cocina yo había elegido el típico de las cocinas italianas, lo que te llevaba a pensar en la nona haciendo pasta con especias, ajos y carne colgando de las paredes de ladrillo. Acercándome a un panel de la pared junto a la nevera, presioné un botón táctil y se encendió la radio, resonando por toda la estancia, en mi emisora favorita.

-¡... y qué manera de llover, Mike! Bueno, en esta época primaveral, es algo normal. ¡Bienvenido o bienvenida si nos acabas de sintonizar!- saludó el locutor al tiempo que yo sacaba la masa de la pizza del congelador y la metía en el horno para devolverla a su estado normal ("Hola, Fred", dije yo en un susurro).- ¡Estás en Soundtrack FM, la radio para los amantes de las bandas sonoras! Ya sabes que aquí tienes de todo, películas nuevas, películas antiguas, series de los tiempos de tus padres y mucho, ¡mucho más! Veamos si podemos animarte la tarde de lluvia...- yo ya estaba animada, pensé con una sonrisa leve, sacando la masa y poniéndola sobre una tabla de madera en la encimera.- ...con algo que aquellos a los que les guste Disney reconocerán en seguida. ¿Quién no se acuerda del pop cincuentero que sonó en Las Crónicas de Narnia? Si te llamas Johnny, esta es tu canción.

Tras la voz del locutor empezó a sonar "Oh Johnny, oh Johnny" de Andrews Sisters, una canción que yo ya tenía en mi reproductor y que me encantaba. Mientras me peleaba con la masa y le añadía tomate de base con una cuchara de madera, cantaba por lo bajo y rockanroleaba yo sola, olvidándome de que, probablemente, si Uzz me veía tan emocionada con una canción, pensaría que estaba loca. Ups.
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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Uzziel X. Winter el Lun Mayo 23, 2011 3:07 am

Otra furtiva mirada hacia sus posaderas cerraron el episodio del chico desválido, atrapado por la lluvia, y pobre de vestiduras. Negué con la cabeza mientras sonreía, no sabía decir si la situación era surrealista o no, pero de momento estaba resultando sorprendentemente agradable. El pantalón no estaba muy mojado, pero aún así se estaba volviendo incómodo. Lo único que me molestaba de todo aquello es que iba a cenar con ella con ropa deportiva, casual, de andar por casa. Está claro que no era culpa mía, pero... me traía mosca, que caray. En la camiseta, el mensaje era directo, pero sutil. Claro que conocía T-Shirt Hell. Algunos compañeros de la facultad y yo enviamos varios modelos para ver si nos los publicaban en alguna de sus camisetas. No hubo suerte, pero nos regalaron un vale de cien dólares en productos de allí.
Adiviné que ésta era en respuesta de la camiseta del payaso, tremendamente ocurrente. "T-Shirt Hell. Where all the bad shirts go." Simplemente genial. Me llamó la atención que la camiseta le pareciera "soez". O quiso ser educada -es profesora, quién sabe si no se lleva el carácter a casa- o realmente no era tan... salida, llamémosle así, cómo yo pensaba que podía llegar a ser. O cómo a mi me gustaría que fuera. Me estoy haciendo un lío importante, mejor lo dejo estar.

Me hubiera duchado, pero aunque la que llevaba estuviera limpia, no concebía meterme en la ducha sin tener una muda nueva de ropa interior, por lo que sólo me sequé el pelo con la toalla, y me quedé descalzo frente al espejo. Intenté... poner mi pelo algo presentable, que es lo máximo que podía hacer. Estaba en el baño de una mujer, y había cosas de mujer, nada que mi físico pudiera aprovechar. Suspiré y me preparé para lo que de seguro sería una experiencia memorable. Si no nos emborrachábamos y acabábamos resacosos al día siguiente.
La radio provenía de la cocina, por lo que seguí ese sonido hasta llegar a ella, que cantaba alegremente mientras preparaba lo que parecía una suculenta cena. Era un espíritu libre, de los que no parecían quedar sobre la faz de la tierra. Sonreía, libre de preocupaciones -a simple vista- cantando una canción de no recordaba que año, y bailando al ritmo de la misma. Era increíble tal espectáculo, casi quería unirme a él. Supongo que mi contemporaneidad no me lo permitía, y era una pena.

- No sabía que cocinar te ponía de tan buen humor, pelirroja. O eso o hay alguna sustancia prohibida en esa pizza. -dije, sonriente. Fijé un instante la mirada en los cristales- Maldita sea, mañana por la mañana será imposible llegar hasta el periódico. El tráfico será demoníaco. -suspiré mientras, de las cosas que había rescatado del pantalón, cogía el paquete de cigarrillos y me marchaba hacia una ventana a encender uno. ¿Por qué? Porque si no me mantenía lejos de esa tentación de sonrisa estelar, caería cómo un bobo a sus pies. Y era muy pronto.- Gracias por la ropa, por cierto. -le sonreí. Eso sí.

- Vamos a dar un salto en el tiempo, ¡transportándote hasta la sintonía de una de las series de mayor repercusión de las últimas décadas! Pero antes, vamos con el número premiado de la lotería. -la sintonía, que parecía compuesta con midi, da paso al recital de números, después de anunciar el premio que se sorteaba. Unos inalcanzables quinientos millones de euros.- 19, 22, 37, 55 y 69. Serie, 5. ¡Enhorabuena a los premiados! -la sintonía ahora da las gracias a todos por haber jugado. No sabía si alegrarme de no haberlo hecho.- Ahora sí, os regalamos a todos éste tema de The Solids, que encabezaba y cerraba los capítulos de "Cómo Conocí a Vuestra Madre"! Queda un cuarto de hora para las nueve y media, y la canción se llama, "Hey Beautiful". ¡Disfrutadla!

El grito del vocalista dio paso al tema, una banda sonora para el humo de mi cigarrillo. Para la noche en general.

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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Alicia Terpelli el Lun Mayo 23, 2011 10:02 pm

Me encogí de hombros meintras seguía repartiendo ingredientes por la masa entomatada, al tiempo que mi sonrisa se ampliaba. Bajo el cambio en la melodía, las voces de Fred y Mike y los números de la lotería (a la que yo no jugaba nunca, pues no creía en la suerte), me limité a asentir. Sí, cocinar me encantaba. Cocinar era una de mis pasiones, y lo mejor de todo es que se me daba bien. Papá no cocinaba en absoluto, pero la nona Giorgina sí. La nona Giorgina era mi abuela parterna, la antítesis de su hijo; desorganizada, alegre, poco severa, cariñosa y a veces, ligeramente demasiado liberal. De ella habíamos aprendido Angelo y yo a valorar más el brillo del sol que la perfecta fromación de un ejército, como hubiera querido mi padre para mi hermano, o el perfecto semblante de un joven soldado de renta alta, como hubiera querido para mí. La nona Giorgina recordaba (había recordado, mejor dicho) esas épocas en las que la música era la guía de una persona, en las que las notas eran la banda sonora de cada día, y no los disparos o el sonido de helicópteros o avionetas llenando el aire. Y era la nona la que me había enseñado a cocinar y la que me acogía en Italia todos los veranos cuando yo era pequeña, y la que me recomendó para una beca en Milán en mi último año de instituto.

-No hay de qué, Uzz- respondí por encima del sonido de "Hey Beautiful".- En realidad no me tienes que agradecer nada, valoro yo más el hecho de que te quedes. No me gustan demasiado las tormentas, y tú, con la que está cayendo, no puedes ir a ninguna parte, es peligroso- comenté mientras dejaba caer el último trozo de cebolla sobre los doscientos kilos de queso y los ochocientos de diferentes tipos de carne (bacon y salchichas denominadas "de pueblo"; si algo no era la nona Giorgina, esto era vegetariana). Sí, sí, peligroso, me dijo una vocecita borde desde el pozo de mi conciencia al tiempo que sacaba un huevo de la nevera. A ti lo que te pasa es que te mueres de ganas de pasar más tiempo con él, mentirosilla. Oh, bueno, cállate.

Me dediqué a programar el horno y temporizarlo para luego meter la pizza cruda antes de apoyarme en la encimera y observarlo desde la ventana que comunicaba la cocina con el comedor, algo muy útil cuando tenía varios invitados y muchas cosas que pasar a la mesa. Se me hacía raro tener a un chico (hombre, ¿no?) a quien prácticamente ( y digo prácticamente porque tampoco era tan drástico) había ignorado durante la Universidad, la obsesión de Eliza, uno de los más cotizados de la Facultad de Letras y Humanidades. Y yo no lo había visto de ese modo durante mi época universitaria. Hizo falta un café solitario, caras de extrañeza y luego reconocimiento ("No puedo creerlo, ¿Alicia?", "¡Dios, Uzziel Winter! ¡Qué sorpresa!") para empezar a considerar que Ayk no había sido el único hombre atractivo sobre la faz de la tierra con el que se podía hablar de cualquier cosa. Uzz también podía hacerlo. Con toda la cercanía de alguien más próximo a mi edad que podía desplegar.

Sonreí levemente mientras me volvía a la nevera para sacar un par de botellines de cerveza. Oh, oh, dilema, ¿con o sin alcochol? ¿Limón o sola? ¿Dietética o normal? Y lo peor de todo, ¿por qué carajo tenía yo tanta variedad de cerveza en la nevera? ¡No es que fuera una borracha! Es que nunca se sabía quién iba a venir, o qué cantidad de seres humanos iba a invadir mi casa.

Mientras Fred anunciaba que la siguiente canción también había acompañado a una serie (Out in the street, de Cheap Trick, banda sonora de Aquellos Maravillosos 70), yo me mordí el labio inferior con la cabeza metida en el frío (perfecto para tu pelo húmedo, Alicia, qué lista eres) y la mano en la puerta roja del electrodoméstico.

-¿Uzz? ¿Te apetece una cerveza? Y si es así, ¿de qué tipo?- no bien hube acabado de pronunciar estas palabras, el horno en su programa velocirraptor hizo "¡Ding!", la luz de la nevera hizo "¡Puf!" y se apagó, la canción hizo "Wooow" y la casa se quedó en silencio. Genial. Un corte de electricidad. ¡Malditas tormentas y malditos apagones! Yo no sabía dónde narices tenía una linterna, pero velas tenía unas cuantas. Ya se sabe, las mujeres tenemos debilidad por esas cosas alargadas y fogosas. Espera... ¿¡Qué!?

-Oh, qué íntimo todo- bromeé desde la oscura cocina, poniéndome en pie. Al menos la pizza quedaba hecha.
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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Uzziel X. Winter el Mar Mayo 24, 2011 1:48 am

Las cartas ya estaban sobre la mesa. Creo que lo estaban desde hacía más tiempo, y yo estaba pecando de prudente. En cualquier otra situación seguramente ya estaría muy cerca de ella. Supongo que ésta vez quería hacerlo bien y medir mis movimientos. Estaba curado en salud, que muchas veces había metido la pata hasta el codo. Además, Alicia me imponía un respeto, una presencia que pocas mujeres habían proyectado en mí. Sin embargo, dejé que el ambiente corriera por mis venas y guiara mis movimientos, mi forma de actuar. Yo no necesitaba alcohol para convertirme en una persona interesante, modestia aparte.

- Y dime... -Lancé el humo al techo y me dí la vuelta, acercándome a la cocina- ¿Hasta que punto valoras que me quede? -sonreí con el cigarrillo entre los labios. Posé una mirada llena de intención en dirección a sus brillantes ojos- A mí si me gustan las tormentas. Es algo incontrolable, poderoso, implacable. La respuesta de la naturaleza al ser humano. -las cenizas brillaron. Aproveché para lanzar la ceniza al triturador de basura.

Seguí los movimientos gráciles de su figura buscar una bebida en la nevera, su voz dubitativa preguntándome que tipo de cerveza deseaba. Impedía a mi cabeza el girar la vista y no maravillarme con... uf. Hacía tiempo que había relegado los nervios a un segundo plano, junto a toda esa ropa mojada, con algunas palabras de disculpa. La noche era o iba a ser más que propicia para alcanzar un objetivo que parecía común. Creo que me reprimiría hasta más entrada la noche, pero de verdad me moría de ganas por deshacer su cama, despeinar su pelo y despertarme con su aroma.
Justo en el momento en que iba a responderle que una normal estaría bien, porque no me apasionaba la cerveza en realidad, se fueron las luces. Sorprendente, puesto que todo era nuevo, construído hacía pocos años. Eso también era un problema, porque conociendo a nuestro gobierno, lo podrían haber hecho rápido y mal. Sí, recordaba el apagón de hacía casi un año. Lo gracioso es que aquel día ni siquiera llovió. Ahora, al nene le tocó cubrir la historia cómo si de algo multitudinario se tratase. Al día siguiente todo el mundo me preguntaba en el blog si me habían degradado, o qué. Tuve que inventarme algo para no explicar que cubría la ausencia de tres becarias. Ahora en el departamento local me deben tres favores. Yo no soy tonto.

- Siempre podemos cenar a la luz de las velas. -reí y me metí en la cocina. Apagué el cigarrillo en el mismo sitio dónde había lanzado sus cenizas- O puedes posar tu mirada en cualquier lugar de la casa, con eso bastaría para que se llenara de luz. -me quedé cerca de ella. ¿Había dicho prudencia, no? Al diablo. No sé si era su perfume, la humedad que se respiraba en el ambiente, o que, pero me atraía con demasiado poder- ¿Sabes? Creo que nos estamos comportando cómo dos adolescentes. -empecé a cerrar espacios, pero sin tocarla- Quiero decir... -aparté un mechón de su cabello, lo poco que me dejaba ver el brillo de la luna en su rostro- ...es mejor que dejemos de pensar, y que... nos demos cuenta de que hemos crecido... -estaba muy cerca, y ahora sí que nuestros cuerpos se tocaban. Mis últimas palabras eran un susurro.

El absoluto silencio, sólo inquieto por las gotas de lluvias golpeando los cristales, observaba expectante cada uno de nuestros actos. Sería capaz de perderme para siempre en sus ojos con tal de poder adentrarme en ellos. ¿Por qué ella? ¿Por qué después de tanto tiempo iba a ser la estirada pero atractiva estudiante de filosofía Alicia Terpelli? El mundo no siempre tiene las respuestas adecuadas en los momentos en las que las necesitamos, y de buen seguro que aparecerán cuando sea demasiado tarde. Mi aliento se encuentra con el suyo, nuestros ojos también establecen contacto, y gritan, gritan.

- ¿Vas a besarme, Alicia? -le pregunté, desafiante- Vámonos al País de las Maravillas.

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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Alicia Terpelli el Mar Mayo 24, 2011 2:33 am

Mientras cerraba la nevera negando con la cabeza ante la impotencia del apagón, el sonido de los truenos, la luz de los relámpagos y de la noche, el cumplido de Uzz me llegó con claridad meridiana. Oh. Oh, Dios, no. O sea, sí. Pero... Una nunca está preparada para este tipo de cosas si tiene mi carácter. Ese carácter que siempre se centra en las cosas importantes y absurdamente inútiles, al mismo tiempo, como los estudios, hace un par de años, o el trabajo, en ese momento. Ese carácter que te hace hundirte en una especie de acuario. Los papeles y las ocupaciones a tu alrededor son el agua que te aprisiona dentro de esa gigantesca pecera. Grande, enorme, pero pecera al fin y al cabo. Y cuando tienes contacto con alguien, es a través del cristal. Puedes sonreírles, puedes fingir que les tocas, puedes incluso mirarles a los ojos. Pero el agua termina haciendo que mires hacia abajo y ellos se van. Ya te han visto, ahora quieren hacer algo que les recuerde al mundo real. Y al final la costumbre hace de ese acuario una cárcel muy cómoda. Pero una cárcel igualmente. Te pierdes y flotas en ese espacio, y cuando alguien entra para rescatarte y abrirte los ojos a la realidad, demostrarte que tú también puedes ser como esas personas que te miraban, estás demasiado aturdido como para alegrarte.

Así estaba yo. Aturdida. La proximidad, los comentarios, esa maldita y seductora voz. Inconscientemente me apoyé contra la encimera, sin dejarme escapatoria. Era una especie de animal salvaje rodeado por cazadores furtivos, sin poder huir. A la mínima que me moviera, me dispararían y perdería el sentido. Intenté recuperarme, volver a ser yo. Alicia, la profesora de Filosofía que sonreía levemente y que nunca se dejaba llevar por las circunstancias, la que mantenía siempre la cabeza fría. Los labios entreabiertos parecían el desierto que estaba ahí fuera, lejos de la colonia, y al mismo, peligrosamente cerca. Por favor, no lo hagas. Alicia, no lo hagas. No caigas. No puedes, tienes orgullo, tienes... ¡Eres una mujer independiente, hecha y derecha, por el amor del cielo! ¿Vas a dejarlo todo por unos ojos bonitos, una sonrisa dulce y una mente privilegiada? ¿Eh? ¿Qué pasa con el recuerdo de Ayk? ¿Qué pasa con tu vida? ¿Tu maldita reputación? ¿No eras tú la que se solía sonreír por no necesitar a un hombre a su lado? ¿Sabes el riesgo que corres? ¿Y por qué no me escuchas?

No, ciertamente no escuchaba a mi conciencia. Uzziel estaba demasiado cerca. Era mi jaula, por un lado, la encimera, por otro, su cuerpo. ¿Tan alto era? Ni siquiera me había fijado. Tenía que alzar la cabeza para mantener el contacto visual, para que mis ojos azules no se perdieran en su boca, que me moría de ganas de probar. Dios, no... No, no, no...

-No... No puedo permitirme ponerte en peligro, Uzz- murmuré.- Si seguimos adelante, corres un riesgo. Me conozco. Y me conoces. No soy de rollos de una noche, no soy...- tragué saliva. Dios, estaba demasiado cerca.- No soy... La clase de mujer que no avisa de lo que puede pasar. Tú lo has dicho. Hemos crecido. Y como adulta que soy, lo menos que puedo hacer es advertirte- antes de seguir, necesitaba hacerlo. Era estúpido y masoquista, era algo que no estaba bien visto a la hora de ligar con alguien, pero necesitaba hacerlo. Yo no quería ligar. Nunca lo había querido. Yo buscaba algo más.- Si nos vamos al País de las Maravillas...- le parafraseé.- ...puede que acabe enamorándome de ti. Soy así de idiota. Y no quiero ni incomodarte ni sufrir. Ahora... ¿Prefieres cancelar el viaje por la madriguera o sigues queriendo caer?
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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Uzziel X. Winter el Mar Mayo 24, 2011 11:59 am

No se estaba negando exactamente. El miedo nos impide hacer cosas. Y no tememos esas cosas directamente, no. Es el mismo miedo el que nos echa para atrás, avisándonos, mintiéndonos al decir que lo que está tras él es mucho peor. Suspiré mirándola en las sombras, sosteniendo una mirada de una persona demasiado responsable consigo misma, que vivía atenazada por sus obligaciones y por seguir un camino impuesto. Pero no coaccionada desde fuera, no, ella misma establecía esos parámetros. No conocía muchísimo a Alicia, pero adivinaba que podía tener que ver con algún antiguo episodio.
La lluvia había cesado un tanto, pero ni la luz volvía ni la tensión se tornaba respirable. El cigarrillo no había quedado bien apagado, por lo que una fina línea gris surgía del triturador. La atmósfera empuñaba un doble filo confuso para con la situación, porque siendo bella, parecía muy peligrosa. Me costaba entender esa advertencia, que anunciaba lágrimas antes de encender las sonrisas. Solicitar la viudedad antes de dar el "sí". Era una maldita paradoja, y se supone que yo trabajaba con eso. No quería ponerme nervioso, porque entonces le transmitiría la sensación. Ahí todo se echaría a perder.

Con todo, me quedé frente a frente con ella y no dejé de esbozar una sonrisa. Quería transmitirle una confianza que parecía haber perdido por completo. Sus palabras no sonaban seguras, era una especie de aviso. Un "aléjate de mí, soy una caja de Pandora". Yo no sabía, no podía verla de esa forma. Es verdad que ella no parecía la típica facilona que con dos copas terminaba prendada de tus encantos, nublados ante sus ojos por el alcohol. Me negaba a creer el hecho de que no fuera a ser capaz de besarla. Quería besarla. Sólo eso. El resto de la noche me daba igual.

Y lo hice. Ignoré esa advertencia y caí con todo el equipo. Quizás en el minuto siguiente me diera cuenta del error que quizás había cometido, pero bien valían esos segundos gloriosos. No me puse a pensar en si ella respondía o no a mis labios, porque estaba demasiado concentrado en deleitarme con su néctar. Dije segundos, pero no sabría determinar con exactitud el tiempo que duró ese beso. Ni si me separé de ella por voluntad propia. Ni nada, estaba completamente ido. Retorné a la tierra y hablé.

- No puedes pedirme que me quede impasible. Que reniegue de tantas cosas cómo me has mostrado hoy. -me separé un tanto- No puedo prometerte que ... no sé, que yo mañana vaya a traerte el desayuno a la cama. Ni que duerma abrazado a tí ésta noche. De la misma forma que no puedo prometerte lo contrario, Alicia. -pasé una mano por sus cabellos, de nuevo- Si vas a enamorarte de mí después de ésto... hazlo, y lo siento si va a ser un problema. Pero no puedes vivir tu vida tratando de planearlo todo, planear ésto. En eso consiste vivir, porque ya nos lo han quitado todo. Lo único que nos quedan son las emociones, y si las matamos... -suspiré- Quiero caer, si tú me dejas caer.

Vaya. Algo sonaba en mi cabeza, y creo que era mi subconsciente aplaudiendo. Había dejado salir todas esas cosas sin forzar, sin actuar. Creyéndomelo todo. Era yo el que no iba a enamorarse pronto. Para nada, no era tan sentimental. ¿O sí? Dicen que son las otras personas las que hacen que te descubras a tí mismo. Tal vez Alicia había pulsado la palanca secreta y todo iba a empezar a cambiar. Joder, no quería que sonara cómo una promesa electoral, pero... era el paso por la cárcel lo que había mermado tanto mi esperanza.

Esperé.

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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Alicia Terpelli el Mar Mayo 24, 2011 10:29 pm

Genial. Sencillamente genial. Ya está. Muy bien, Alicia, eres la hostia de lista. ¿No podías haberte quedado callada? ¿Eh? ¿No podías haberte guardado tus avisos para quien te los pidiera? No, claro que no, para ti lo importante es ir con la verdad siempre por delante, ¿no es así, estúpida filósofa? ¿Por qué no podías por una vez cerrar la maldita boca? ¿Por qué no podías ocultar tu debilidad, simplemente esta vez? ¿Por qué tienes siempre que dejarte ver de esta manera? No puedes ir por la vida siendo transparente, y menos haciéndolo tú misma, señalándote con luces de neón. "Miradme, soy una versión contemporánea de Elizabeth Bennet". ¡Hasta ella se hubiera mantenido en su sitio mejor que tú! ¿Dónde leíste que confesara sus intenciones al señor Darcy? Ella nunca le dijo que quería enamorarse de verdad antes de casarse, con lo cual acabaría siendo una solterona, no le hizo advertencias, se guardó esos pensamientos para sí misma y para su hermana. ¿Qué mierdas te pasa a ti?

La bronca que me estaba echando a mí misma mentalmente parecía no tener fin. Había empezado con un "Maldita sea, podrías haberte callado" y seguía hasta ahora, incluyendo esas incongruencias inconexas que poblaban mi cabeza. Dios... Me dolía pensar, sí, me dolía tener que ir haciéndome a la idea de que me había equivocado. El silencio que se había apoderado de nosotros y de toda mi casa (sólo se oía el repiquetear de la lluvia contra los cristales), roto simplemente por la respiración de dos cuerpos por los que no corría el aire. Seguía reprendiéndome, pero ahora había otra voz interviniendo a favor de las palabras lapidarias que había dicho. Me había limitado a ser justa. Sincera. Responsable. Como siempre, vamos. No quería perdjudicarme a mí, desde luego, pero tampoco quería hacer que Uzz lo pasara mal si llegaba a enamorarme de verdad de él. No quería que se viera entre la espada y la pared. No deseaba que se sintiera acorralado, ni mucho menos. Por eso había juzgado conveniente avisarle de lo que podía pasar. Lo que era posible. Había muchas lagunas en mi vida, muchos vacíos que, analizándome psicológicamente, sabía que quería suplir. Y si él no se veía capaz de meterse en camisa de once varas, yo lo comprendía. Me hubiera puesto en su lugar. También habría sonreído con suavidad, hubiera dicho que si ése era el caso, me marcharía. Lo que no habría hecho es prolongar el silencio.

Y mucho menos, besarme.

Porque lo hizo. A pesar de todo, a pesar de que posiblemente me había equivocado del todo al decirle aquello, me besó. Y al principio me quedé sorprendida, porque no me lo esperaba. Luego me dejé llevar por la dulzura de sus labios. No recordaba que fuera tan mágico. En absoluto. Llevaba mucho tiempo sin dejar que nadie me besara por puro orgullo y autosuficiencia. Pero con él era distinto. No me preguntéis por qué, pero así era, diferente. Con él no valía el orgullo, me lo rompía. Sonreía con incredulidad ante mi pretendida autosuficiencia. Y en el momento en que mi boca respondió a la llamada de la suya, yo también lo hice.

¿Segundos? ¿Minutos? ¿Milenios? No sé cuánto tiempo pasó hasta que nos separamos, no pude ni contarlo. No sabía si la lluvia que caía afuera era la misma, o era una nueva tormenta. No lo sabía, y lo cierto es que me traía sin cuidado. Ahora mi atención estaba fija en el hombre que sostenía mi rostro con sus manos, que acariciaba mi melena roja aún ligeramente humedecida, y que se abría tal como yo lo había hecho. Un pacto tácito de ir siempre con la sinceridad como escudo. Luego ya veríamos qué pasaba.

Apoyé mis manos en sus hombros mientras fijaba los ojos en el payaso de la camiseta, que empezaba a darme un poco de yuyu. Cuando leí de nuevo el mensaje, una leve sonrisa se dibujó en mi cara aniñada y pecosa. Alcé los ojos a los de él, azul grisáceo contra azul estival.

-No te pido que me mimes como si fuera una princesa, Uzz, no lo soy y lo sé. No te pido que me prometas el mundo- susurré, entrelazando mis dedos tras su nuca. Una última gota de agua se filtró entre ellos.- No te pido que me prometas nada. Lo único que te pido es que no me hagas daño. Hay emociones que no me gusta experimentar- suspiré, una de ellas era el dolor. Miré hacia la ventana una vez más. La lluvia caía de lado, mezclándose con la arena que llevaba el viento. Qué noche tan... bah. Una nueva sonrisa, esta vez más segura, decidida, luminosa. A ver si era verdad que podía hacer que la luz volviera a mi casa.- Dime, ¿crees que también estará lloviendo en el País de las Maravillas?
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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Uzziel X. Winter el Miér Mayo 25, 2011 2:47 am

- ¿No lo eres? -pregunté en voz baja. La manía de hablar en susurros en la oscuridad la tenía desde pequeño.- Te equivocas, no beso a chicas de menor categoría. -sonreí, cómplice- No sé qué pasará mañana, pero yo tampoco quiero hacer ni que me hagan daño. -qué bobadas dices. ¿Le gusta a alguien?- Si quieres ir hasta allí con el estómago vacío... podemos comprobarlo ahora mismo.

En ese momento metí el freno y quise asegurarme que lo que había pasado no era fruto del beso, que de verdad quería todo lo que estaba pasando. Que se atrevía a saltar, maldita sea. No lo dije, e intentaba no pensarlo, pero no concebía a nadie incapaz de dejarse llevar. Por eso estaba seguro que ella deseaba lo mismo que yo, que me lo había indicado durante toda la tarde y toda la noche. Es posible que le impactara que el hecho fuera a llegar, por eso mismo que había dicho, porque no quería sufrir. Yo lo entendía, no sabía que podía haber ocurrido en el pasado y no iba a pecar de prejuicios. Por eso metí el freno, quería que ella tomara una decisión. El primer paso hacia adelante era el complicado. Después venían solos. La puta experiencia me había enseñado eso a palos.

Después de esa divagación, la luz volvió. En la radio sonaba "Build Me Up Buttercup", de los Foundations. Se utilizó en varias películas, pero se hizo famosa -cinematográficamente hablando- en Algo Pasa con Mary, una comedia del año 1998. El horno, claro, volvió a encenderse. Paradójicamente, la lluvia retornó a ese estado de furia que presentaba al principio, y sin palabras vaticiné que puede que el apagón volviera a producirse de un momento a otro. Me acerqué más a Alicia, posando mis manos en su cadera.

- Además, dices que no eres una princesa... ¿qué hay de mí? -entorné los ojos- No soy precisamente una celebridad. Un periodista -ex-presidiario- que no es capaz de freír un huevo, fumador y... ¿demasiado rápido al volante? -vale, basta- Ésto... ¿Qué te parece si me callo y olvidas todo lo que te he dicho? Creo que hasta ahora te estaba causando una buena impresión, no quiero echarlo a perder. -reí.

Observé el reloj de pared. Iban a ser las diez y el tiempo se me pasaba muy despacio, sin yo saber porqué. Descubrí agradablemente que no quería separarme de ella. Bueno, claro, todo dependía de lo que ella dijera al respecto. Lo que me fastidiaba de verdad era el día siguiente. Yo no quería confundir atracción y un buen rato con... algo más. No hablo de amor, desde luego, porque es muy pronto. De hecho, ni siquiera sé si sabría reconocerlo. Ahora era yo el que tenía el lío. Suspiré en mi interior y me limité a poner el cerebro en pausa, porque si seguía por ese camino, terminaría por salirme humo por las orejas. Alicia Terpelli. En eso tenía que pensar ahora. En ella, en su llamativo color de pelo, sus sugerentes labios, bendita mirada y apetecible cuerpo. Esperaba tener tiempo de fijarme en el resto de lo que podía ofrecerme.

Quería ese tiempo. Me lo merecía, demasiado sin utilizar había tenido en mi vida.

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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Alicia Terpelli el Miér Mayo 25, 2011 9:57 am

Meneé la cabeza con una sonrisa. No, yo no era una princesa. No era ni siquiera una dama, aunque a mi padre le disgustara. No me consideraba más que ninguna otra mujer, y de hecho, aunque todo el mundo me decía lo guapa que era, no me veía así. Esa piel tan pálida y sensible, las pecas, el pelo color panocha, y además, tan... Notoriamente fuera de lugar... Habría dado cualquier cosa por no llamar tanto la atención. Yo prefería pasar desapercibida, prefería no destacar, ni por el físico ni por nada. No me gustaba que la gente se fijara en mí, prefería acercarme yo. Pero era imposible. Todo lo que me faltaba de vanidad les sobraba a los demás a la hora de mirarme y decir "Me gusta". No quería eso. No quería gustarle a nadie de entrada. A mí las personas nunca me gustaban de entrada, prefería conocerlas primero, fijarme en la belleza interior de la persona, y luego alejarme un poco para observar la obra al completo. Como había pasado con Uzz.

Me mordí el labio inferior con una sonrisa.

-Un viaje al País de las Maravillas no se puede hacer con el estómago vacío. ¿Cuánto tardará la...?- ¿...luz en volver? No pude acabar la frase porque la cocina volvió a iluminarse y la radio volvió a sonar y el horno volvió a calentar a pesar de que no hacía falta, pues la pizza ya estaba hecha. Su olor inundaba el espacio. No es por ser engreída ni nada, pero creía que me había salido una pizza cojonuda. Y perdón por la expresión.- Vale, a ver- me acerqué al horno poniéndome las manoplas y saqué el plato de la pizza, que efectivamente tenía una pinta estupenda.- La cena è pronta!- anuncié alegremente, aunque no hiciera falta, porque estaba ahí. Compartiendo espacio conmigo. Vivan las menciones en italiano innecesarias. Me volví para mirarlo, de nuevo apoyada en la encimera, esta vez no como una jaula, sino como mi pared de ladrillo al sol. Feel like a rockabillie.

-Bueno, Uzz... Estamos iguales. No soy una princesa, soy una profesora de Filosofía simplemente, seria y abstraída, y demasiado prudente al volante.- añadí. Lo de seria y abstraída era un hecho, como ya pudo comprobar.- Sin embargo, eso de que no sepas freírte un huevo me parece muy mal- hice un mohín enfadado.- Voy a tener que darte clases de cocina, los hombres tenéis que ser independientes- puse voz de feminista convencida pero a la inversa. Es decir, defendiendo la causa masculina. Bueno, qué mierdas, pilláis la gracia, ¿no? Pues eso.- No te preocupes, un poco de sinceridad no va a bajar tus puntos acumulados- le guiñé un ojo, volviéndome a un cajón para sacar un mantel. El típico mantel de cuadros rojos y blancos que uno podía ver en las callejas italianas. Salí de la cocina y subí a mi cuarto con él en brazos.

Una vez allí lo coloqué debajo del ventanal situado en el techo. Era como cenar bajo la lluvia pero sin mojarnos. De mi armario saqué dos velas de esas grandes y cuadradas, las que te regalan tus amigas y nunca sabes qué hacer con ellas, porque se supone que son aromáticas, y te debates entre la emoción y un pensamiento: "Espera... ¿están diciendo que mi casa huele mal?". Las puse sobre el mantel y me tiré al suelo, asomándome por la trampilla. La radio sonaba ahora con Vindicated, de Dashboard Confessional, banda sonora de Spiderman 2.

-¿Uzz? ¿Sabes el armario que hay detrás de ti? Tienes ahí los platos y los vasos, ¿me los puedes ir pasando, por favor?- le pedí con las manos apoyadas en la madera. Si se iba la luz, estaríamos salvados. Y si no se iba, bueno, la iluminación de mi cuarto era tan tenue que casi no contaba. Tal vez debería haber ordenado la mesa con los trabajos de los chicos desperdigados por ella.

Extreme facepalm.
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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Uzziel X. Winter el Miér Mayo 25, 2011 12:44 pm

Horas después...


···

Era llovizna lo que ahora ambientaba las calles de la ciudad. Un lívido manto que emborronaba las figuras de gente paseando, cogiendo taxis. Algunos paraguas que se balanceaban reflejando las luces de las farolas. Vivir en éste país-no-país tenía cosas positivas y cosas negativas. Ahora no me acordaba de las últimas, y estaba inquieto, porque mi trabajo consistía en eso. En hacer ver a todo el mundo en la mierda que estábamos metidos, hasta las rodillas. Sin embargo, nunca creí que pasar tiempo con alguien te hiciera ver que había otro lado en la moneda. Que aunque ahí fuera se esté destruyendo el tejido de la humanidad, aún hay esperanza en ciertas personas.
Estábamos tomando vino. Sí, de las cervezas se pasa al vino, por algún motivo. Ocurre en todas las cenas en las que dos personas están involucradas. Es algo así cómo una regla no escrita. Eso me contó mi padre una vez, desde su punto de vista machista, pero al final es verdad. Yo me encontraba sentado, con la espalda apoyada en la pared de la habitación. La copa de vino casi vacía al lado del plato de pizza. La situación ya era menos tensa que antes, pero ambos disfrutábamos de una cierta distancia prudencial. Sonreí y continué hablando.

- Antes, abajo, cuando me diste la ropa y salí del baño, tuve cierta reticencia a encender el cigarrillo... -reí- Estaba: "Sí lo enciendes igual te obliga a apagarlo, estás en su casa, no seas maleducado, ¡estúpido!" -hice una extraña imitación de mi voz. Por algún motivo.- Después me dije que seguro que te parecería sexy, y me quedé ahí, fumando y mirando al vacío. -en realidad estaba pensando vagamente en el artículo, pero parte de eso había. Mucha parte.

Miré el reloj. Las horas vuelan si te lo pasas bien, y ya eran la una de la madrugada. La pizza había estado deliciosa, para nada me había empachado, a pesar de la carne y el queso. Bocato di cardinale. Y tenía toda la razón del mundo, tenía que aprender a cocinar, que me había alimentado mucho tiempo a base de precocinados y esas cosas. Mucho tiempo. Lo que ocurre es que hacía bastante deporte y tenía un metabolismo curioso, así que... Digamos que compensaba. La radio abajo seguía sonando, ahora con una especie de refrito de temas que sonaron en Grey's Anatomy. Creo que era The Fray y How to Save a Life, pero se escuchaba muy bajito aquí arriba.

- Eres una anfitriona estupenda, Alicia. -me levanté y hice el ademán de mostrar la escena- Mira ésto: ropa, cena, música... No sé, no creo que haya nadie que siga siendo tan hospitalario con la otra persona, de verdad lo pienso. -la miré con sinceridad- Me lo estoy pasando genial. -me acerqué y, tomándole la mano, le planté un beso. Me sentía un lord inglés, pero qué caray.- Ésto no lo sabe mucha gente, pero tomé clases de italiano durante un verano. -mentí. Me hicieron un mini-cursillo en la cárcel- A ver qué tal. -carraspeé.

"Molti...grazie per la...manjata..."

- ¿Se dice así? -la miré. Sabía que no, pero vamos.- No, creo que puedo oír a millones de los tuyos viniendo cabreados hacia aquí por haber asesinado su vocabulario.

Hacer el tonto. Reír y pasarlo bien con una chica. Que diferente a tantas otras noches con jovencitas borrachas, reitero. Aunque a éstas alturas de la noche, quería muchas cosas de ella. Su cuerpo era algo tan evidente, que en ningún maldito momento había logrado pasar desapercibido para mí. Mierda, hablando claro estaba buena, muy buena, y deseaba acariciar ese trasero más de lo que había deseado muchas cosas en mi vida. Después podían cortarme el brazo, ya habría valido la pena con creces. Mejor que respire o la noche será demasiado corta.

- ¿Sabes? Creo que es hora de irse a dormir, mañana me esperan pronto en el trabajo. -indiqué- Creo que iré a ver si mi ropa está seca... -bueno, si no me ofrecía quedarme, ya había dado un paso para la retirada educada y elegante.


Última edición por Uzziel X. Winter el Vie Mayo 27, 2011 5:54 am, editado 1 vez

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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Alicia Terpelli el Jue Mayo 26, 2011 6:00 am

Era todo tan perfecto...Y ni siquiera había estado planeado. Ya veis. Esta mañana cuando me desperté ni siquiera había pensado que acabaría cenando bajo la llovizna a la luz de las velas que me regaló Katie con Uzziel Winter. No había pensado si quiera que hoy sería el día en que recordaría cómo era un beso. Me parecía que había pasado media eternidad desde que aflojé un poco las tensas cuerdas que me ataban a la razón y mi inminente realidad. Desde que las corté un poco con risas, chistes, anécdotas y vino. El olor de la libertad corriendo por mi habitación era intenso, dulce, amargo, olía a fuego y olía a lluvia también. Era una mezcla de todo un poco, y lo curioso es que me encantaba. Me encantaba estar así. Y además, es que con Uzziel era muy fácil dejarme salir. Había una parte de mí, una Alicia suelta y divertida, que hasta se había atrevido a contar un encontronazo que tuvo con el chocolate a los cinco años. Sí, bueno, me comí una tableta entera escondida tras el coche de mi padre, y con el calor que hacía, me fue imposible disimular; acabé hasta con el pelo manchado de dulce. O como aquella vez, a los quince años, que un grupo de amigas y yo nos habíamos ido de fiesta y habíamos acabado disfrazadas de estrellas del pop (leggings de cuero de colores chillones y tops a juego) habíamos acabado bailando uno de los primeros éxitos de Britney Spears sobre la barra de un bar. Cosas como ésa había podido contarle, cosas que me abrían un poco más a él, que daban sentido al hecho de que estuviera allí.

Ahora, sentada en el suelo al igual que él, daba un último sorbo a mi copa de vino y la dejaba junto al plato de pizza, un reflejo de lo que él hacía. Más risas. Oh, pensamientos que pretendían haber estado ocultos y ahora afloraban sin problemas.

-Sí, te hubiera obligado a apagarlo, pero bueno, ha sido un detalle irte a la ventana. El olor a humo no me gusta mucho, la verdad- apoyando mi barbilla en la palma de mi mano, sonreía. No era una sonrisa ensayada, ni falsa, era natural, me salía sola. Simplemente sola.- Pero admito que ha habido un momento... Pequeñín- hice una medida juntando el índice y el pulgar- Que te he mirado y hasta el cigarrillo me ha parecido atractivo.

Tal vez fuera la luz. Tal vez la tenue música que nos llegaba desde abajo, o tal vez el sirimiri de la lluvia, que había disminuido su intensidad, pero la negrura de las nubes, aún siendo de noche, dejaba ver las intenciones de la tormenta; iba a persistir. Casi podía oír su risa malvada. Iba a quedarse allí para arruinarme la noche, iba a hacer uso de sus truenos para no dejarme dormir. Se los oía desde lejos. Demonios de tiempo. Sin embargo, ahora no me podía preocupar de eso. Estaba con Uzz. Y me lo estaba pasando muy bien. Perfectamente bien. Incliné levemente la cabeza con una amplia sonrisa, me gustaba que él se estuviera divirtiendo tanto como yo. Su mano, mi mano, sus labios, era todo tan... Normal, a diferencia de lo que me había parecido unas horas antes. Ahora nos habíamos soltado, el primer paso se había superado hacía rato. Intenté no reírme ante esa forma de agradecerme por la cena, un intento de hablar mi idioma natural. La gente se complicaba mucho a la hora de hablar una lengua diferente a la suya. A mí me pasaba lo mismo con el alemán.

-En realidad, con un "Grazie mille per la cena" es suficiente. Luego ya puedes añadir un pequeño cumplido o un apelativo, pero no es necesario complicarse mucho. El italiano no es un idioma difícil, ya te enseñaré si quieres- le prometí con una sonrisa suave. Sí, le enseñaría. Podría empezar esa misma noche. Quería que se quedara. De ahí que mi sonrisa vacilara un poco al oír que tenía que irse. Yo en realidad tampoco debería trasnochar mucho, había clase dentro de unas horas, pero... Qué diablos, no había faltado ni un solo día desde que empezara a trabajar. Y estaba segura de que no iban a ponerme pegas si lo hacía.

-Vaya...- miré hacia el ventanal que nos protegía de la lluvia.- No sé si es muy buena idea... Puede volver a llover y el...- Alicia, déjate de tonterías. Sé directa, sé sincera, se te da muy bien.- Bah, qué demonios. Me gustaría que te quedaras. Ya sabes... No me entusiasman las tormentas.

Realmente no planeaba nada. Lo único que sabía era que no quería quedarme sola después de un rato tan fantástico. No podría dormir con la idea de que se había marchado y de que no sabía cuándo volvería a verlo.
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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Uzziel X. Winter el Sáb Mayo 28, 2011 1:50 pm

Había palabras que anunciaban un futuro. Cercano, quizás. "Ya te enseñaré." Es verdad, es un detalle muy pequeño, pero durante toda la noche esas cosas se intuyen, y te alegran. No me reconocía, después de haber salido de la cárcel no pensaba que la vida me trataría tan bien. Es posible que me hubiera cobrado ya todas las deudas, y que me haya dejado empezar de cero otra vez. No sé si me lo merecía o no, porque eso nunca se puede decir con seguridad, pero lo cierto es que me había ido todo que ni pintado. Trabajo, dinero, una casa... No me había faltado de nada. Ahora pensaba en Alicia y me planteaba si es que el destino no me estaba dando otra carta de más.
Sin embargo, a la cara, siempre le acompaña una inevitable cruz. ¿Qué posibilidades había de que Alicia saliera con un tipo acusado de asesinato? Sí, en algún momento tendría que decírselo. En las citas solía omitirlo, pero desde el minuto uno, estaba claro que habría un mañana. El miedo a que se fuera -y con razón, por otra parte- se incrementaba. Decidí dejar esos pensamientos para los próximos días, no quería aguarme la fiesta a mí mismo. Disfrutar del momento, carpe diem, y todas esas cosas. Incluso, una vez abajo, dejé el móvil en silencio, y lo único que hice fue activar la alarma para el día siguiente. Seguro que me levantaría en mitad de la noche en algún momento. Ahí aprovecharía para coger el portatil. Cuántos cálculos y tan poco tiempo.

- Ehm... -la miré, cuando volví a subir. Había bajado a coger el móvil y a dejar la ropa sobre una silla- Nos hemos besado y eso. -sentencié con voz queda, cómo si no fuera ya evidente. Carraspeé antes de continuar- Pero si quieres que duerma en el sofá... supongo que lo entenderé. -creedme todos y todas cuando digo ésto. Si los hombres pensáramos con el pene, hubiera sufrido inmediatamente un derrame cerebral. Cómo venganza de mi organismo.

Realmente deseaba acostarme con Alicia. Sería un bello colofón a una noche sobresaliente. De esas que salen en las películas antiguas, dónde los protagonistas despiertan, ya peinados, en un hermoso día -¿alguna vez habéis visto que despertaran y hubiera nubes y una tormenta? De eso es de lo que hablo- con una sonrisa de oreja a oreja. No sabía si acostarnos en la primera cita, que no estuvo pactada, fue un encontronazo, iba a ser buena idea. Así es, me lo estaba planteando de verdad, definitivamente había bebido demasiado.
No, era por sus palabras, abajo, antes de la cena. Si yo no me enamoraba de ella, le estaría haciendo daño. Digamos que es posible que me enamore, pongámonos en esa situación. No estaría empezando bien si la utilizara cómo un objeto sexual. Mírate, Uzziel Winter. Parece que ya utilizas la cabeza cómo un adulto. Descubriste que en tu vida hay una marcha menos. No se trata siempre de correr cómo un pollo sin cabeza, maldición.

- Estaba pensando en tus palabras. -Cuesta creer que años atrás estuviera metido en una de cada tres peleas en los callejones. Eran tiempos difíciles para mí- Todo aquello que dijiste antes, yo... -hice una pausa y le sonreí- ...mierda, estaba más seguro de mi mismo antes de beber. Creo que el alcohol tiene un efecto contrario en mí. -me senté en la cama, junto a ella- Me gustaría seguir adelante con ésto, Alicia. Ya sé que es muy pronto para tomar una decisión como ésta, pero... en fin, hacía años que no pasaba una noche así con nadie. -me levanté enseguida. Estaba volviéndome demasiado cursi y tenía que enmendarlo de alguna manera o parecería un ancianita en un programa de sobremesa. Me levanté como un resorte, dispuesto a soltar algo ingenioso para romper la tensión. Tan rápido lo hice que me golpeé con la silla del escritorio en la pierna derecha. Tropecé y caí sobre mi trasero. Bien, hay que empezar las cosas con buen pie. El alcohol se reía, cómplice de esa caída.

- Ouh... -me lamenté, con una media sonrisa en la cara y la mano en la zona lumbar.- Estoy bien, estoy bien, estoy bien... -me apresuré a decir, intentando levantarme- Eso han sido mis pensamientos no aptos para menores, dándome una lección.

Ahí estaba el comentario ingenioso.

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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Alicia Terpelli el Lun Mayo 30, 2011 8:50 am

Había dicho que no era una princesa, pero a veces no podía evitar sentirme como una copia barata de Rapunzel. Sólo que con el pelo ligeramente más corto (como veinte metros más corto, no más) y de color diferente, la cara más pecosa y los ojos azules en lugar de verdes. Al menos, así era ella según el diseño que hizo Disney hace poco menos de cincuenta años. Sin embargo, no hacía falta usar exactamente el ejemplo de esa chica. Yo conocía bien las películas de Disney, mi madre había sido una gran fan y mi padre había conservado todas las que ella guardaba de cuando era niña, en un recuerdo a momentos de emoción contenida y manos que volaban a los corazones. Todas en algún momento se habían sentido prisioneras. Ariel, encerrada bajo la inmensidad azul del océano y condicionada por su naturaleza de sirena. Jasmine, una princesa cuya libertad chocaba contra los muros de su palacio. Aurora, rodeada de mentiras y sobreprotección. Cenicienta, Mulán, y más que no recordaba. La propia Rapunzel, encerrada en una torre durante dieciocho años y engañada por una mujer que sólo se quería aprovechar de lo que podía aportarle, soñaba con salir de su prisión para enfrentarse al mundo. A mí me había pasado más o menos lo mismo.

Lo único diferente es que (primero, que yo no era un dibujo animado) yo me había acostumbrado a mi torre, a mi mar, a mi palacio, a mis mentiras. Yo me había acostumbrado a la rutina. Y salía de mi cárcel encerrada aún, escondida y protegida por una burbuja que me alejaba de mi miedo a sufrir, de mi temor a lo desconocido y lo inesperado. Sí, bueno, lo admitía, tenía miedo. No es que mi historial me hubiera curado de espanto ya, que digamos. Había pequeños hilos que sugerían que tirara de ellos para romper la burbuja y vivir, al fin vivir sin miedo, sin miedo a las cosas que eran naturales en un recorrido humano. Pequeños hilos que acababan desvaneciéndose cuando desviaba la mirada, se iban con un suspiro cansado y negando con sus fibras sin cabeza.

Ahora, no era un hilo lo que rodeaba mi burbuja. Porque la rodeaba, no sólo se asomaba a ella y me llamaba con promesas entusiastas de días mejores. Era una cadena hecha de momentos de duelos de intelecto en mares de café, de obras de arte, de historias, de música en medio de la cocina, de luces que se iban sin avisar, y como colofón, un beso tímido regalado en medio de la lluvia. Una cadena que olía a pizza casera y tenía el color del vino, y sonaba a risas. Quería agarrarme a ella y dejarme llevar, ir a donde ella decidiera guiarme. Ahora el miedo no era romper la burbuja (por mí, podía irse al cuerno la maldita burbuja), sino que esa cadena se rindiera y se alejara, como los hilos. Quería aferrarme a ella y no soltarla.

Pensando en esas cosas miraba a Uzziel, escuchando sus palabras como un ciego fiel escucha los versículos de la Biblia. No quería que se fuera. Quería que se quedara conmigo esa noche, que acariciara mi piel con sus manos cálidas, quería volver a besarlo.

Y quería que, a ser posible, saliera intacto de mi casa.
Intenté no reírme al verlo golpearse (eso no era divertido) y caer de forma tan... Payasil después. Negué con la cabeza levemente con una amplia sonrisa y me levanté de la cama. Me agaché a su lado y pasé uno de sus brazos por mis hombros, ayudándolo a levantarse. Sí, parecía flacucha, ¡pero en realidad yo tenía fuerza!

-Vamos, arriba... Y diles a tus pensamientos no aptos para menores que las lecciones no se dan a golpes- me reí- Soy profesora, sé de lo que hablo- puse tono de entendida y lo acompañé hasta la cama.- A ver, sienta. Tengo por aquí una pomada contra los golpes...- me volví hacia mi armario. Sí, tenía ahí esa crema porque yo era el doble de torpe de lo que parecía, y muchas veces, al levantarme de la cama, me tropezaba y no había quien me librara de los moratones. Cogí el botecito blanco y rojo y me arrodillé frente a él, levantándole el pantalón del chándal hasta la rodilla.

-Esto será como si te pusiera hielo- le expliqué.- Evita el dolor y baja inflamaciones. No es droga cutánea, tranquilo- me reí. Destapé la pomada y me puse un poco en los dedos, para luego aplicársela en la piel. Con suavidad, un leve masaje nada más, no hacía falta hacer el bestia. Una vez la hube puesto toda, sonreí y cerré el bote de pomada. Me incorporé y lo miré con las manos en las caderas.- Ya está. Pero ¿sabes? Mi hermano decía que el mejor remedio para los dolores es un poco de cariño- me incliné hacia él y posé levemente mis labios sobre los suyos. Así, sin más. Enrojeciendo seguramente (no era propio de mí), pero ya estaba bien de ser una niña. Me separé lo justo para poder respirar y hablar.- Si te he pedido que te quedes no es precisamente para que duermas en el sofá- sonreí.- Sólo... Despacio, ¿vale? Yo también quiero seguir adelante, pero... Con calma. ¿Puede ser?
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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Uzziel X. Winter el Mar Mayo 31, 2011 3:19 am

Hasta mis heridas agradecieron el tacto de esos labios. Si el tiempo se parase con cada beso de aquella pelirroja, me encantaría vivir detenido a lo largo de los milenios, bien valía el roce de su boca con la mía. Creo que había sonado cómo un peculiar pistoletazo de salida. El más suave y tierno de la historia. Los dos nos habíamos entregado a... no sabíamos muy bien que, pero no podía empezar mejor. Es verdad, ahora todo dolía un poco menos. Maldita sea, aunque tuviera un arpón metido en el ojo, dolería menos después de aquello. ¿Cómo lo hacía? ¿Cómo provocaba esos efectos en mí?

- Despacio. Despacio. -asentí dos veces, algo nervioso y levantándome con algo de dificultad. Está bien, los besos no eran la cura definitiva. Dadme un respiro.- Me gustaría que... fuera el comienzo de algo. -sonreí. Joder, las palabras no me salían- Ahora no puedo lavarme los dientes, pero espero que no te importe. -sonreí y la besé en la frente. Su cabello olía a... esperanza.

[...]

La primera vez que dormí con una chica estando yo enamorado de ella fue hace casi diez años. Susan Jayden, de mi clase de literatura. Caí rendido ante esos tirabuzones rubios, unos ojos que eran dos esmeraldas engarzadas en el rostro más pálidamente hermoso del último curso de instituto. Estaba prendido de ella. De sus encantos, de su forma de ser, su inteligencia. Su cuerpo era de escándalo, y yo era un jovencito hormonado. Ella me invitó a su casa después de una fiesta. Yo por entonces ya conducía, por lo que era relativamente popular en esa época. Claro que seguramente esa fuera la razón por la cual me llevaba a su casa. Pobre Uzz, que inocente eras en tu adolescencia.
Lo cierto es que la noche fue romántica. Sus padres estaban en no se qué país de vacaciones, y nosotros nos pasamos durante horas en la madrugada diciéndonos cosas mirándonos a los ojos, con música de fondo... cursiladas -porque en esas edades son lo que son- varias a la luz de la luna. Más tarde nos metimos en la cama, y me pidió que la abrazara. Ambos andábamos muy borrachos, dado que veníamos de uno de los bailes del instituto. Yo entendí que quería acostarse conmigo, -está bien, puede sonar pretencioso, pero si estuviérais en mi lugar, seguramente hubiérais pensado igual que yo- con todo lo que había dicho, cómo se había puesto, su forma de hablarme... Entonces fue cuando metí la pata -o más bien la mano- y le toqué un pecho. Su reacción, aún bajo los efectos del alcohol, fue una bofetada mayúscula, gritos varios, acompañados de una generosa ración de insultos. Como guinda, un Uzziel Winter en la calle a eso de las cuatro de la mañana. Tuve suerte de que el curso hubiera terminado, sino probablemente varias semanas de muchos motes ofensivos hacia mi amor propio. Oh sí, en Suiza también eramos así.

Cubrí nuestros cuerpos con la manta. El frío atenazaba las paredes de la habitación, pero nosotros conservábamos el calor bajo las sábanas. No sabía muy bien si era ella la que iba a abrazarme a mí, o yo a ella. Me costaba decidir entre dos opciones siempre. Sería mis ganas de acertar con precisión. Estúpida nacionalidad. Finalmente opté por un abrazo convencional, pero lleno de intención protectora. Lleno de intención por acercar su pecho al mío. Su cabeza quedó bajo mi barbilla, apoyada en mi hombro. Me sentía muy bien. Quería mandar al diablo el resto de mi vida y cambiarla por éste momento. Llorar de alegría y expresarle que nunca había estado así. Revolverme dentro de su ternura, mirarla, y darle las gracias por aquella tranquilidad. Quizá mi interior estaba exagerando. Pero no, los sentimientos nunca exageran. Su piel contra la mía se volvía una sensación fabulosa. Inconscientemente apagué la luz, fue entonces cuando el único rayo de luna que se colaba por la ventana fue a parar sobre nosotros. Iluminando nuestros rostros, parecía hecho a propósito. Dulce noche.

- Quiero que pasen treinta años antes de que salga el sol. -susurré- Que el mundo se detenga, y que cuando se reinicie, no se de cuenta de que ya no estamos.

¿Qué estaba pasando?

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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Alicia Terpelli el Mar Mayo 31, 2011 5:51 am

Reflexionar. Mirar por la ventana con un café en las manos y música clásica de fondo. Dejar que el azul de mi iris se perdiera en el azul del cielo, enfrentándose los dos en una silenciosa batalla de a ver cuál brillaba más; si el firmamento por el sol o mis ojos resplandeciendo con dudas. A veces la visión se veía empañada por la arena del desierto que había fuera de la colonia. A veces no era ese material etéreo y rojizo lo que se cruzaba frente a mi ventana, sino sueños y pensamientos que tomaban formas. A veces me preguntaba si los objetos que se entregaban al viento a que éste jugara con ellos a su antojo sentían algún tipo de presión. Me los imaginaba con estómagos diminutos encogiéndose antes de que una corriente se los llevara. Podía visualizar a las motas de polvo dudando antes de despegar: ¿Estaré haciendo lo correcto? ¿Qué pasará si lo que intento no es como yo lo he soñado? Podía ver plumas volando en la brisa cálida, suspirando, ¿y si se lo hubieran pensado mejor? ¿Y si se hubieran quedado en el pájaro del que se habían caído?

Conocía a alguien que se lamentaba por no haber pensado antes de dejarse llevar por el viento. Era una de las personas por las cuales yo había aprendido a ser precavida (tal vez demasiado precavida) a lo largo de mi existencia. Ella decía que se había enamorado de él. Lo decía a viva voz, dentro del grupo, sin disimular. Teníamos dieciséis años. Él decía que se la iba a follar como un condenado y que luego, que le dieran por ahí. Lo decía por las esquinas, en los baños de los chicos, cuando había gente escuchando. Sí, yo a veces me quedaba con mi amigo Peter (que por aquel entonces estaba en pleno proceso de aceptar su homosexualidad) en el baño de los chicos para servirle de apoyo. Ella decía que por él renunciaría a ese bien tan preciado que era la virginidad para una mujer. Él decía que le importaba una mierda lo que ella sintiera. Y por más que se lo dijimos, por más que intentamos avisarla, por más que quisimos que no le pasara nada malo, ella se dejó llevar. Ella era la pluma, el viento, su propia pasión y su ciego amor, y él era el muro contra el que acabaría chocando, por el cual caería al suelo en un charco de barro y no volvería a remontar. Dos meses después nos decía que tenía que dejar el instituto porque se había quedado embarazada.

Tal vez esa era una de las razones por las que yo no me tomaba estas cosas a la ligera. Bueno, tal vez no, seguro. Para mí todo lo que hacía en este terreno era trascendente. Desde una mirada hasta un beso, y desde el beso hasta acabar en la cama con alguien. Ojo, acabar en la cama, no acostarme con. Aún no pensaba en eso, a pesar de que las circunstancias podían llevar a decir: "¿¡Pero aún estáis así!?". Estábamos así. Y yo estaba genial. Protegida entre sus brazos, con la cabeza en el punto exacto para poder oír los latidos de su corazón, que al principio habían sido desbocados, y ahora ya eran más armoniosos. A oscuras, por una vez estar encerrada era agradable, porque su abrazo era la prisión-no prisión más hermosa en la que había estado. No me sentía agobiada ni sentía que me faltase el aire. Era como si él fuera capaz de dármelo simplemente con respirar si yo llegaba a necesitarlo.

Algo había empezado.
Algo precioso.

-¿Detener el tiempo y desaparecer hasta que el mundo vuelva a girar y de nuevo salga el sol? No sé yo... Tienes unos ojos preciosos, y con la luz solar, todavía son más bonitos- sonreí acariciándole la piel del cuello y el pecho por encima de la camiseta con el dorso de la mano. Hablábamos en voz baja, como si temiéramos romper el ambiente alzando nuestro tono. Un susurro era una caricia a la oscuridad.- Creo que el tiempo nunca ha tenido tanto miedo a represalias como ahora- murmuré con los ojos cerrados.- Y yo nunca he tenido tanto miedo a que siga corriendo como ahora. Intento consolarme pensando que éste es un momento que guardaré para siempre en mi cabeza pero no es suficiente. Quiero recordar con exactitud cómo es estar así...- pasé uno de mis brazos bajo uno de los suyos y le acaricié la espalda.- Cómo es sentir que nada puede hacerte daño si alguien... No, miento- me corregí.- Cómo es sentir que nada puede hacerme daño si tú me abrazas de este modo- inspiré hondo y alcé levemente la cabeza para acariciar su cuello con mi nariz. Era un momento perfecto. Era un comienzo perfecto de algo que no tenía nombre, pero que como todas las cosas, necesitaba tiempo para definirse.
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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Uzziel X. Winter el Mar Mayo 31, 2011 1:14 pm

No sería capaz de dormir así. Todo aquello había empezado en un museo. Cómo un simple paseo a través de cuadros y esculturas que nos miraban, envidiosos de nuestra condición de almas vivas capaces de amar, de sentir algo por alguien. Unas risas, unos comentarios, y la tarde se convirtió en noche. La noche, en cena, y la cena en... no sé en qué se había convertido esa cena, porque la belleza no puede denominarse con ningún nombre concreto. Sabía que no iba a dormir porque ahora, en esa cama, yacía a mi lado una obra de arte, mucho mejor que cualquier Da Vinci alcanzable por el ojo humano. Desde el primer momento creí que si cerraba los ojos ella iba a desaparecer, cómo si me encontrara en brazos de un sueño mentiroso que gustaba de burlarse de mí.

- No tengas miedo, pelirroja. -murmuré acariciando su cabello con la mano- De ésto no tienes por qué, aunque te suelte por la mañana, no pasará mucho tiempo hasta que mis brazos rodeen tu cuerpo otra vez. -sonreí- En pocas horas te estás convirtiendo en lo más adictivo que ha pasado a través de mi vida. En un rato tengo que escribir un artículo y no sé si podré teclear dos palabras seguidas sin que me salga "Alicia" en lugar de otra palabra.

Me tenía totalmente capturado. Ni siquiera podía hablar con nadie para que diera su opinión sobre todo ésto. En mi interior se estaba produciendo una especie de transición, cómo cuando los planetas se alinean. Por la tarde sólo podía pensar en mi trabajo, qué iba a cenar por la noche o si por la mañana habría demasiado tráfico. Una serie de acontecimientos después me encontraba debatiendo mi situación sentimental con el ser humano más... todo del universo. Me preguntaba cómo había sido tan bobo de no fijarme en ella cuándo estábamos en la facultad. El tiempo estaba mirándome con cara de, "eres un cretino", y con los brazos en jarras. "Tienes suerte de tener ésta suerte, Winter". Lo decía mucho mi profesor de alemán, corrigiendo mis trabajos. Ahora sé que no se equivocaba.
Mi reloj marcaba las dos menos cinco. No quería despertarla si me levantaba y bajaba a la calle, por lo que también debía idear un plan para hacer eso precisamente. Genial. En mi cerebro, todas las conexiones andaban ocupadas en mi, en Alicia y en todas las cosas que barajaba con respecto a ambos. Ponerme a pensar ahora en trabajo era cómo entrar en una trinchera en pleno desembarco de Normandía y decir: "Ehm... hola. Ya veo que estáis liados con todos los... tiros, bombas y demás. Pero me han comentado que el correo ya ha llegado, así que... bueno, ¡Adiós!"

- ¿Alguno de tus alumnos aprueba? -reí en voz baja- Quiero decir, no eres la típica profesora de cincuenta y ocho años, con canas, gafas gigantes y un culo cómo de aquí a Estambul. Deben estar más pendientes de tus ojos, tus labios, tú sonrisa, tú... No, yo habría matado por una profesora de Filosofía cómo tú. -pasé mi mano por su cintura, haciendo el ademán de dibujar su contorno- Apuesto a que más de uno fantasea contigo. -hago una pausa- Lo cuál ahora, bien pensado, ya no me hace tanta gracia. -Bromeé. Sí, sí, puedes decirlo, eran celos. No demasiado profundos, pero celos al fin y al cabo.- En resumen, que debes ser la profesora más sexy de la universidad... ¿te das cuenta? Miss Freud 2054.

Qué se joda el paso del tiempo. Envuélvalo, porque me lo llevo. Para siempre conservar sus miradas, y ese beso. Conservarla a ella.

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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Alicia Terpelli el Mar Mayo 31, 2011 11:04 pm

Había oído de gente que comparaba la risa con el orgasmo. Por unos instantes el mundo se desvanecía, cerrabas los ojos, dabas pequeños gritos que reflectaban lo que tu alma sentía en ese momento, y cuando terminabas, te quedabas con una sensación tan etérea como material. Una especie de relax infinito, tu cuerpo pesaba, tu respiración se golpeaba a sí misma en las entradas y salidas desde tu pecho y en el mundo reinaba la paz. Parecía que esa sensación de calma no iba a desvanecerse nunca, que siempre ibas a quedarte tendido allá donde estuvieras. El sofá, la cama, el suelo pasarían a transformarse en nubes de dulce y blanco algodoón, aunque debajo tuvieras espinas. Un orgasmo no sé, pero la risa a mí sí me provocaba esa sensación. Uzziel me hacía reír. Como hacía tiempo que no me reía. Tal vez eran sonidos ahogados por su propio cuerpo, bajos que dibujaban la oscuridad, pero me estaba riendo muchísimo.

Habíamos pasado de nada a todo en poco tiempo. Tal vez era lo único que nos faltaba, una noche más, unos momentos más de proximidad. Huir de las personas que había a nuestro alrededor en los bares, en el museo, huir de los ojos del ambiente cada vez que nos encontrábamos por ahí. Tal vez lo único que nos hacía falta eran esas altas horas de la noche, esas conversaciones en un mundo de duermevela, las caricias difuminando nuestros cuerpos. Me gustaban sus manos recorriendo el mío. Eran suaves, eran delicadas. Era como si pensara que estaba acariciando a una figura de la más fina porcelana y el más límpido cristal, tremendamente frágil. Como si temiera hacerme daño si aumentaba en algo su fuerza. Me estaba embrujando con ese tacto, con esa voz susurrante, con esa sonrisa que podía adivinar a pesar de no estar mirándolo a la cara. Estaba cayendo en su hechizo y no quería liberarme ni detenerlo. No podría. Si para él yo era una sustancia adictiva, la más adictiva, él para mí era el único punto de referencia en la salida de un vacío angosto y horrible. La única luz. Era raro pensar así cuando hacía sólo unas horas sólo pensaba en lo mal que tenían los chicos los trabajos. Era raro, pero fabuloso.

-Aprueban, aprueban- le aseguré riendo.- De tener fantasías, las tendrán el primer mes, porque luego les voy mostrando que tienen que escuchar mis palabras, no observar mis movimientos por la clase. Intento que todo lo que digo sea importante para que presten atención. Además... Bueno. Miss Freud 2054 es un poco exagerado- más risas. Más dulzura en mi habla. Una de mis manos acarició su brazo con las yemas de los dedos.- Nunca me he visto como un objeto de belleza concreto. Sé que es estúpido, y no voy a decir que soy fea, pero tampoco me considero hermosa. Tengo la cara llena de pecas, y bajo éstas soy muy blanca... Tengo el pelo color panocha... Y bueno, me centro tanto en el trabajo que descuido mi imagen y no me veo sexy. ¿Has visto cómo iba hoy en el museo? Parecía salida del reparto de "Me llamo Earl"- sonreí. Las yemas de mis dedos localizaron entonces un algo en el antebrazo que me hizo bajar la mirada a éste.

Bajo la luz de la luna la piel de Uzz se veía extremadamente pálida, y eso hacía que lo distinguiera con más claridad. Uzz llevaba un número 13 en código romano tatuado en el antebrazo. Lo acaricié con curiosidad.

-¿Y esto?- pregunté en un susurro.- No sabía que te gustaran los tatuajes. ¿Qué representa?
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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Uzziel X. Winter el Miér Jun 01, 2011 3:15 am

- Oh, ésto. -me gustaba que explorase mi cuerpo. Que se interesara por esos detalles- Todos dicen que el trece es un número de la mala suerte. En la cultura occidental se le dió ésta mala fama basándose en una creencia religiosa. El hecho de que en la última cena se sentaran trece personas y en menos de veinticuatro horas dos estuvieran muertos aterró a los hombres durante años. Se conserva esa tradición desde entonces. Se aplica a edificios, asientos de avión, (dónde omiten el trece, pasan del doce al catorce o lo señalan cómo "doce bis") incluso en algunos hoteles destinan el piso décimotercero a los utensilios de limpieza, servicios y demás. -hice una pausa, mirando el viejo tatuaje- Me lo hice para intentar alejar esa supuesta "mala suerte", y para burlarme, en cierto modo. Dónde se está más seguro es en el centro del huracán, ¿no? Un número tan malévolo -reí- impreso en mi piel debe ser contraproducente para la mala suerte que lleva implícita.

No me había explicado cómo un libro abierto, pero creo que se había entendido la idea. Fue el primer tatuaje, mucho antes del que adornaba mi espalda. Siempre me pareció algo especial, algo único que queda grabado en tu piel y te acompaña hasta la muerte, y más allá de la misma. Es personal, profundamente íntimo, algo que te define. Necesitaba algo que me llevara a mi propia realidad después de vivir todo lo vivido en lo que una vez fue mi hogar. Mi cuerpo se transformó en mi burlesco amuleto de cara al mañana, y desde entonces diez años habían pasado, y lo cierto es que no me había ido especialmente bien ni especialmente mal. Algunas salvedades... me sentía "seguro" con mi identidad marcada en la piel.
Nos arropé a ambos un poco más, y de repente me sentí cansado. Era ese cansancio del que te sientes satisfecho, cómo después de haber... sí, eso mismo. No se me ocurren más ejemplos, diablos. Aunque el sueño era más fuerte que yo, el olor del champú de la italiana podría mantenerme en vela noches enteras. Es curioso cómo la compañía agradable de alguien, el amor, tal vez, hacía que las capacidades físicas y emocionales aumentaran a niveles sobrehumanos. Vale, era un poco exagerado, pero por ahí andaba la situación.

- Y no digas eso, haz el favor. Tus pecas son adorables. -paso el dedo por su rostro, acariciando sus mejillas, sus pómulos- Las pelirrojas son mi debilidad, y tú no ibas a ser la excepción que confirma la regla. -ahora ese dedo jugueteó con un mechón de pelo. La suavidad hacía que el tacto fuera casi ínfimo. Quería mimar ese cuerpo- Y te puedo garantizar que eres sexy. Tanto, que dolía muchas veces, el pensar que no eras mía.

No mentí. Cuándo ves a alguien por primera vez, no piensas en si es simpático, o buena persona, o si te hará reír. Ves lo que ves, y lo primero que te salta a la vista al conocer a Alicia, es una sonrisa de película unido a unos ojos profundos y bellos cómo el mar, en los que te ahogarías sólo por estar unos segundos en ellos. En tanto ibas bajando, las cosas sólo hacían que mejorar, con una figura dedicada plenamente a ser observada con delicadeza, con... ah, no me salían los pensamientos. Ahora la tenía entre mis brazos y apenas me lo podía creer.

- Sea cómo sea, me gustas... profesora Terpelli. -me salió así, sin más- Así que en mi presencia -adopté un tono burlesco de altivez- no te consiento que digas esas cosas. -volví a susurrar- Porque entonces tendré que meterte mano para demostrarte que te equivocas, y ahora, hoy, no queremos eso, ¿verdad? -sonreí, gracioso.

Por un momento me imaginé de la mano, paseando por el centro con ella. Cómo una de esas parejas que hay a miles, tonteándo y haciendo fotos por doquier, demostrando al mundo toooodo lo que se quieren. No sabía si era eso lo que quería. Entonces descubrí que si era Alicia la que sujetaba la mano, me daba igual eso o cualquier otra cosa. Un paseo por el centro o al borde de un acantilado. La seguridad, la tranquilidad y el bienestar que me había dado esa noche para mí eran suficientes. Alicia me había dado algo a lo que agarrarme, a darle crédito a ésta vida que había sido poco más que indiferente conmigo. A hacerme creer que si había algo detrás de esa cortina oscura, dónde se ocultan las cosas destinadas a la gente que... no salía de la cárcel. Quería intentarlo.

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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Alicia Terpelli el Miér Jun 01, 2011 9:15 am

Negué con la cabeza sonriendo, mirándolo. No, no queríamos eso. Quería quedarme así esta noche. Quería dejar volar el tiempo abrazada a él, sintiendo sus caricias cargadas de dulzura. La pasión podía esperar, podía quedarse relegada a un segundo plano; antes quería sentir que no eran sólo mis "adorables pecas" o mi pelo de fuego lo que le interesaba de mí, quería asegurarme de que mi "sex-appeal" no le atraía tanto como para olvidar que debajo del cuerpo había una persona. Una persona especialmente sensible, especialmente pensativa, especialmente parada a la hora de dejarse llevar. Especialmente aferrada a unas maneras que nadie me había impuesto directamente, pero que siempre habían estado ahí, guardando un secreto e impregnándose en mi piel, pegándose a ella. Me había alzado un poco para poder contemplar sus ojos, sus preciosos ojos azul-grisáceo. Me recordaban a las nubes. Unas nubes de color azul que podían esconder secretos y contar historias. Esos ojos límpidos y ligeramente tristes eran la puerta a un alma que no podía leer con facilidad. Y al mismo tiempo que me planteaba una incógnita, un acertijo que hubiera podido mantenerme en vela mil y una noches, también me invitaba a dormir. Me invitaba a darme cuenta de que podía estar tranquila, que esa mirada me acunaría y seguiría estando a salvo en sus brazos.

Tenía ganas de dormir. Aparte de que estaba cansada, quería refugiarme en sus brazos y volver a ser una niña. No había fotos de mi madre acunándome, pero sí las había de mi padre sosteniéndome como si fuera una frágil criatura. Bueno, por aquel entonces lo era, pero la mirada de mi padre era como un mundo. Quería que alguien volviera a mirarme así mientras dormía, pero de manera diferente. No como un padre, sino como un hombre. Quería que alguien se sintiera fascinado simplemente por mi respiración, porque yo sabía que podía maravillarme con eso, con la respiración acompasada y suave de una persona. Estaba fascinada con los latidos del corazón de Uzz, con cómo sonaba su voz repicando contra su garganta, invadiendo el aire. Pequeños detalles que a alguien podían parecer insignificantes, pero que a mí me parecían un mundo. ¿Qué podía haber más increíble que los sonidos que demostrasen que alguien estaba vivo, y que estaba lo suficientemente cerca como para poder sentirlo yo?

-¿Sabes?- murmuré mientras se me cerraban los ojos.- Nunca me acuerdo de lo que sueño... Siempre que lo intento acabo con un dolor de cabeza tremendo... Sólo aparecen sombras difuminadas, formas confusas y trazos de voces... A veces me pregunto si será muy importante, o quién aparecerá por mi subconsciente...- reprimí un bostezo. Mi voz se iba haciendo más y más pequeña.- Pero hoy no necesitaré acordarme... Sé perfectamente qué es lo que voy a... soñar- me acurruqué a su lado, aovillándome como si fuera un gato. El calor de la manta y el de él harían de escudo contra el frío.- Buenas noches, Uzziel- murmuré antes de caer, definitivamente rendida.

Y exactamente no sé con qué soñé.
Pero sí que había un quién constante y presente en cada diapositiva que pasaba por mi subconsciente.
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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Uzziel X. Winter el Miér Jun 01, 2011 1:50 pm

Capítulo 3: Despierta, no ha sido un sueño.

Ni despertador, ni sol. Fue mi reloj biológico el que me levantó a eso de las siete. No solía levantarme de buen humor. Nunca. Bien, las estadísticas están para romperlas, y no hizo falta demasiado. Sólo una cama, que no era la mía. Una chica, Alicia, la cuál seguía ahí, abrazada a mí con la expresión de satisfacción y paz más franca que había visto nunca. Una estúpida sonrisa soñolienta hizo que me desmarcara de la realidad durante varios minutos, saboreando momentos que eran de verdad, no eran fruto de mi atribulada imaginación, o de psicotrópicos de diseño barato.
Sentía con aquel despertar, una especie de primera vez, pero al mismo tiempo la sensación era de familiaridad, cómo si ambos conociéramos todo del otro. Sin necesidad de hacer las cosas demasiado atropelladamente. Diablos, era feliz. Me sentía completo, lleno de vida, cómo si alguien hubiera pulsado un botón, limpiado todo lo malo y dándome una tarjeta dónde ponía que mi límite estaba a cero, que podía empezar otra vez. Lo mejor de todo es que ni siquiera habíamos tenido sexo. No quería ni imaginarme cómo serían las cosas una vez se diera esa condición. Uf, ni siquiera conocía esa parte de las relaciones. Había vuelto atrás en el tiempo, y era ese adolescente inexperto que... Oops. Tiempo. Tiempo. TIEMPO.

- Oh, mierda. -murmuré. Mi reloj de muñeca marcaba chistoso las siete y seis minutos de la mañana- No, no, no, el artículo. -no era culpa mía. El suizo más metódico hubiera perdido la noción del tiempo enredado en esos brazos- Tengo una hora... menos de una hora para escribirlo y apenas dos para entregarlo... -todas éstas palabras, las murmuraba intentando salir de la cama sin despertar a Alicia, que por otra parte me atraía silenciosamente a quedarme en ese colchón unos doscientos años más.

De haber podido, así hubiera sido. Pero me jugaba seriamente mi trabajo. Una vez podía saltarme las normas. Una vez ocasionalmente, puesto que ostentaba un lugar privilegiado en el periódico. La gente estaba satisfecha con mis columnas, al igual que mis jefes. Y sí, se me permitía, muy de vez en cuando, tomarme ciertas licencias. Ahora mismo, habiendo dejado ayer al editor en calzoncillos, mi cuello pendía de una cuerda, y no exagero si creo que el redactor jefe me iba a hacer picadillo si a las nueve menos cuarto -menos diez, jugando al límite- no había un artículo en su mesa, estaba fuera. Fuera de verdad. Despido fulminante.
El tiempo era mi enemigo, y bajar a la calle -dónde ya no llovía, pero las nubes se preparaban para un segundo asalto- a por el ordenador eran minutos preciosos que no vería nunca más. Me forcé, me obligué a salir de la cama y bajé con todo el silencio posible al comedor. Había otra opción, sí. Utilizar el ordenador de Alicia, pasar el artículo a la PDA, llevarlo al periódico y rezar porque lo aceptaran. Me consideraba bueno en mi trabajo, pero terminar un artículo -empezarlo, corrijo- sobre cómo afectaba la política en el ambiente de la feria en cosa de una hora... nunca me había enfrentado a eso.

- Primero de todo cálmate, Xavier. -pronuncié mi segundo nombre, cogiendo la PDA de entre mis cosas. Un cigarrillo que ya estaba en mis labios permanecía apagado. Así se iba a quedar, me calmaba los nervios. Nunca se acababa. Un pequeño juego mental conmigo mismo- ¿Hace calor aquí? -el programa de la calefacción se había activado por sí solo al notar mis pies descalzos. Me quité la camiseta y la plegué, algo más tranquilo ahora.

El ordenador de Alicia era un Apple de gama media. Buenísimo para el usuario que lo utiliza en tareas ofimáticas, justo eso, a medio camino entre el gamer y el navegante de internet. Lo encendí y me saludó, con un mensaje predeterminado, saludándome y llamándome "Alicia". Sonreí cómo un bobo al oír su nombre, pero intenté no quedar traspuesto durante mucho rato. Con toda la calma que tenía acumulada, abrí el procesador de textos, coloqué el cigarrillo al lado del teclado y... traté de escribir.

Si el recuerdo de una noche inolvidable se suma a un reloj implacable... tenéis que tener nervios de acero. Me encomendé a un gran paisano cómo era Roger Federer y empecé.

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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Alicia Terpelli el Miér Jun 01, 2011 10:34 pm

Don't let any one wake me...

I'm dreamin out loud,
dreamin out loud,
and all at once its so familiar to see,
I'm dreamin out loud,
dreamin out loud,
can't find a puzzle to fit into piece of apart of me

Era cierto que nunca recordaba lo que soñaba por las noches. Una peculiaridad. Cuando a mis amigas les había dado la fiebre esotérica que suele darles a las chicas allá por los trece años, yo no podía participar de las locuras que hacían. Ahora que era una mujer racional me alegraba, claro. Pero por aquel entonces me preguntaba si mi subconsciente funcionaría mal, y si ese era el caso, si podría significar que el resto de mi cerebro también. Luego me di cuenta de que justo en el momento antes de despertarme era en el que lo olvidaba todo. Es decir, mientras soñaba sabía que estab soñando, y lo visualizaba todo como si de una película se tratase. Pero cuando mi reloj interno decidía que ya era momento de levantarse y encarar un nuevo día, era como si todo hiciera "¡Puf!" y abría los ojos teniendo la mente en blanco. Sabiendo como sabía que los sueños no eran trascendentes (y lo sentía mucho por Freud, pero las cosas como son), no me importaba en exceso. Pero aquel amanecer estaba convencida de que había soñado con Uzz, y todos los detalles que se relacionaran de alguna manera con él, yo quería guardarlos para siempre a mi lado. De momento, para siempre.

Abrí los ojos cuando en la habitación aún no brillaba el sol, pero sí se filtraba esa luz desagradable de no-es-ni-de-noche-ni-de-día. Azul aguado, ese era el nombre de esa luz. De algún modo. El día había amanecido frío (manda narices que a mitad de mayo haga frío en África, pensé, maldito cambio climático, añadí después), el viento cantaba serenatas ahí fuera y las nubes escuchaban con persistente paciencia, deseando que llegara ese momento álgido que las emocionase y pudieran llorar. Iba a llover otra vez. Un escalofrío me hizo darme la vuelta en la cama. El calor de Uzz seguía ahí, pero su cuerpo no.

Un yunque de hielo muy desagradable rebotó en mi pecho al pensar que se había marchado. Asi sin más, sin despedirse. No habría sido lógico. Era lo lógico tras una noche de sexo desenfrenado con un rollo que conoces en un bar, pero no tras una noche simplemente de sueño con una persona que cambia tu vida progresivamente a cada segundo que pasa. Me incorporé despacio para que la cabeza no me diera vueltas, y entonces fue cuando oí el teclear desenfrenado del ordenador. A no ser que un ladrón con ganas de Twitter se me hubiera colado en casa en medio de la noche, Uzz seguía ahí. Haciendo uso de mi equipo informático, tan veloz y ocupando tanto tiempo, que me llevó a pensar que estaba escribiendo el artículo del que me habló de madrugada. Suspiré y salí de la cama, cambiándome de ropa. La camisola verde y los leggings negros fueron sustituidos por un camisón de manga larga de color azul claro, de tejido cálido y suave que hacía aún más infantil mi aspecto. Pero era cómodo. Y era con la suavidad de esa prenda con lo que quería abrazar al joven en un nuevo amanecer, que esperaba no fuera el último.

Bajé de mi desván-habitación con cuidado por la escalerilla de madera y lo vi ahí, en el salón, con la misma pose de Peter (mi amigo gay que era broker en la bolsa y estaba con los ojos pegados al ordenador siempre), inclinado hacia la pantalla. Sonreí y me acerqué a él caminando descalza por mi suelo de madera, posando en las plantas de mis pies una agradable calidez fruto del sistema calefactor. Posé las manos en sus hombros y me incliné sobre él para darle un beso en la mejilla.

-Buongiorno, Uzz- saludé en un susurro. Mi primera palabra del día siempre debía ser en italiano. Un tributo a mi lengua materna. Eché un vistazo a la pantalla; llevaba ya casi un folio entero de artículo.- Intuyo que esto podrías haberlo hecho ayer con más calma- muy bien, Alicia, alejando al chico que puede que sea tu futuro inminente de su trabajo. No tienes corazón.- Lo siento, podría haber preguntado si tenías algo que hacer- no tienes corazón pero al menos te disculpas. Bien por tus modales.- Voy a preparar el desayuno. ¿Quieres café, té, zumo, leche con cacao, sola...?- puse tono de camarera mientras iba hacia la cocina. Yo o empezaba el día con un café, o era como si no lo hubiera empezado.
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Re: Que se escondan las apariencias. (Privado)

Mensaje por Uzziel X. Winter el Jue Jun 02, 2011 9:27 am

Un pequeño ramalazo de lástima me cruzó por la mente al verla bajar. Me sentía mal por no haber despertado a su lado. O por contra, haberla visto a ella despertar. No son más que unos minutos, un simple detalle cómo un "Buenos días.", y un beso. Esas cosas que se hacen, que yo no conocía, pero que había visto y quería hacer. Volví un segundo la vista de la pantalla, para maravillarme con su soñolienta silueta, enfundada en un camison que le quedaba muy gracioso, y la aniñaba todavía más. No podía sino preguntarme cómo no la había visto de esa manera antes. Tan cercana, tan... posible.

- Buenos días... creo. -reí un instante. A ver si era verdad que me enseñaba italiano. No fuera que un momento de enfado me insultara y no supiera que decir después. Imaginad el panorama.- No, no te preocupes, lo tenía planeado. -no era del todo mentira- Además, valío la pena, ¿no es cierto? -sostuve la mirada en silencio durante varios segundos. La sonrisa estúpida seguía ahí. Uzzi, Uzzi... llegarás tarde.- Un vaso de leche fría será suficiente, muchas gracias pelirroja.

"Los mandatarios visten túnicas, y observan a la plebe harapienta, saludando con la mano. Es lo único que no ha cambiado en miles de años. Agitan la mano, y parece que no saben hacer nada más. De esas manos no cae pan, ni agua, ni vacunas. No cae paz. Nosotros, los ciudadanos, queremos algo más que una mano vacía." - Uzziel X.

Terminé. Alguna vez me había llevado un tirón de orejas por exponer mi opinión de aquella manera. Pero eso era, una columna de opinión. Me lo tenían que pasar. Lo que ocurre es que nadie cómo yo se atrevía, y camuflaba lo que pensaba todo el mundo en silencio cuándo leía mis líneas. Sabía de buena fuente que muchos periódicos se vendían por el ansia de la gente por leer algo diferente. Poder ver algo "prohibido" y sentir formar parte de un todo en el cual no participaban activamente. No era el revolucionario del pueblo, claro. De ser así estaríamos ante asaltos a los centros de poder y tampoco quería eso. No, no quería esa responsabilidad sobre mis hombros. Demasiado era tener esas páginas para poder gritar a viva voz lo que pensaba sobre todo lo que nos caía encima.
Empecé a repasarlo. Borré algunas cosas, añadí algunos detalles o los sustituí, porque no sonaban todo lo... musicales que me gustaba que sonaran las palabras. Al final me quedó de unas ciento cincuenta palabras, lo cuál no estaba mal. Sin embargo... el primer párrafo no me pareció atractivo. Las primeras frases son lo que te enganchan, sino, dejas de leer. Reglas de estilo, de mi libro de estilo propio. Lo borré todo. Aún iba bien de tiempo. Terminarlo, vestirme, beber ese vaso de leche y... volar.

- Aunque aún podré llevarme un beso de buenos días... ¿verdad? -sonreí tecleando las primeras palabras. Hasta ese momento no se me ocurrió que los días tienen una mañana, una tarde y una noche. Gran descubrimiento, Winter. - Por cierto... -me volví sobre la silla y la miré en la cocina- Supongo que... no sé, podríamos vernos más tarde. ¿No? -claro. Vaya, ese pensamiento me dejó satisfecho. Dos y dos habían sumado cuatro, al fin. La noche anterior había perdido la cabeza por ella, pero todavía podía pensar algo razonable.

Guardé el artículo en la PDA. Estaba estupendo, aún cuándo el tiempo me estaba, no pisando, mordisqueando los talones. Suspiré satisfecho y volví a guardar el cigarrillo de la discordia en su cajetilla, con sus mortíferos hermanos. Me levanté en busca de los labios deliciosos del país en forma de bota, o lo que es lo mismo, la italiana más bella a éste lado de África. Me estaba quedando demasiado colgado de esa chica, para bien o para mal. Y si había un "mal", no quería saber nada de ello. Más males y contras tenía yo, y la gente me aceptaba con una sonrisa bajo el brazo, gracias a mi puesto de trabajo, mi improvisada elegancia... a lo mejor hasta mis ojos ayudaban un tanto. Dios mío, dicho así parecía una carcasa interesante y nada más. La búsqueda terminó, ahí estaba esa boca.

- ¿Quién necesita café cuándo puede besarte para despertarse por la mañana? -mi boca, huérfana de sus labios, la besó cómo si no hubiera palabras para decir todo lo bien que me haría sentir. Que ya me había hecho sentir en apenas un día. Me separé unos interminables segundos después. Sabía a cielo.- Estoy empezando a odiar mi trabajo sólo por el hecho de que me separa ahora de tí. -me llevé la mano al mentón, pensativo- Cuándo me pase de romántico, dímelo. No pega con mi condición de tipo duro e interesante. -reí un momento, buscando ahora mi ropa.

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