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Trabajo y otros "placeres". [Privado] [+18]

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Trabajo y otros "placeres". [Privado] [+18]

Mensaje por Uzziel X. Winter el Dom Jun 05, 2011 7:09 am

Capítulo 4: Aunque el mundo esté frío.


- Me es imposible. -espeté sonriente- Tenía que fumarme un cigarrillo después, es algo así cómo una necesidad fisiológica. ¿Pretendías que saliera al balcón? ¡Perdiste mi camiseta y hacía demasiado frío!

El tiempo pasa, y no nos damos cuenta cuándo lo pasamos bien. Es lo que se ha dicho siempre, apuesto a que con toda la tecnología de la que disponemos, se podría dilucidar si nuestro cerebro interpreta el paso del tiempo de manera diferente si nuestros niveles de hormonas excitantes son distintos. Claro que también podrían buscar una cura para las enfermedades congénitas, y no perder el tiempo en sandeces similares. El mundo iría mejor, sin duda, si no hubieran malgastado tantos años en viajar fuera del planeta, por citar un ejemplo.
Casi mes y medio después de aquel encontronazo en el museo, Alicia y yo habíamos empezado a salir. Poco tiempo que nos sirvió para llenarlo de hechos, recuerdos, vivencias, que imaginaríamos día tras día con sonrisas no forzadas en el rostro. Demasiadas noches en casa de uno y de otro, cenas, cines, paseos bajo la lluvia o al atardecer. Aquella relación de cuento distaba mucho del resto de mi vida, si mirabas atrás. Poco a poco nos ibamos conociendo, descubriendo pasado y presente del otro. Yo me veía obligado a omitir una parte de mi vida, atenazado por ese relativo miedo. Si después -ojalá que no- resultaba que se iba para siempre, me arrepentiría de haber abierto mi corazón de aquella manera. Yo, que era un maldito cubito de hielo de los alpes.

La "discusión", pues el tono era de humor, era por el mosqueo que cogió Alicia una vez que decidí fumarme un cigarrillo en la cama, a su lado, después de haber hecho el amor. Me recriminaba que podía haber salido. Momentos antes, me había desnudado en el comedor, lanzando una de mis camisetas a alguna especie de agujero negro, porque ahora esa prenda no aparecía. Si alguien iba a quitarme el vicio, sería ella. Aunque francamente, yo no estaba por la labor. Muchos lo habían intentado y yo había ignorado por completo esas advertencias de muerte, cáncer y demás. Sabía perfectamente cada ápice de lo que me intentaban proteger. Buscaba ideas nuevas, supongo. Algo así cómo: "Uzziel Winter, cada vez que usted fuma un cigarrillo, muere una cría de murciélago." Sería sorprendente, cómo mínimo.

- Ahora, intentaré no distraerme con las impresionantes vistas que me brindas para hacer algunas fotos. -la miré sin perder la sonrisa y le dí un beso- Pero puedo hacer eso mientras paseamos, o miramos los stands. -pasamos por un expendedor de folletos, y tomé uno. El papel era colorido y mostraba una mascota en forma de... algo, señalando el título de la feria.- Creo que hay un concierto más tarde. -comenté, mirando el programa de esa noche.

El periódico me había pedido que tomara fotos de la conferencia que iba a dar el líder del continente frío, Neo II. Era un hecho sin precedentes en África, dado que todos los gobernantes que imperaban los continentes lo habían hecho antes, no así el antártico. Me habían pedido que si había ocasión, le sacara una o dos preguntas, pero creo que iba a ser imposible, pues no tenía la acreditación, y aunque contaba con mis propios métodos, quería pasarmelo bien con Alicia, no tener que urdir planes para sacar una pregunta política a un mandatario de segunda fila y obtener un: "Sí","No", "Bien, gracias." cómo respuesta.

- Pero bueno, también puedes irte por ahí si te aburres, y ya nos encontraremos. -bobadas, la quería conmigo, pero no la iba a asfixiar.


Última edición por Uzziel X. Winter el Jue Jun 16, 2011 2:03 am, editado 2 veces

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Re: Trabajo y otros "placeres". [Privado] [+18]

Mensaje por Alicia Terpelli el Dom Jun 05, 2011 9:26 am

-¿Que yo la perdí? ¡Pero tendrás morro, Uzziel Xavier Winter! Eres tú el que se puso a hacer una especie de strip-tease ahí en medio y mandó la camiseta a tomar viento, no me eches la culpa a mí. Tú la tiraste y la pared se la tragó. Yo no tuve nada que ver. Y no te quejes del frío, que es bueno para el cutis, o eso decía mi nona Giorgina.

Cogida de la mano del mejor hombre que había pasado por mi vida, con una sonrisa coronando mi rostro pecoso e infantil, paseaba por las calles que nos revelaba la feria que estaba teniendo lugar en la Reserva Natural del Imperio Antártico. Era verdad que hacía frío, pero es que nosotros veníamos del centro de África. Francia en agosto nos seguiría pareciendo frío. Ahora mismo yo iba con unos vaqueros oscuros, botas de montaña y una cazadora sintética especial para invierno. Cuando Uzziel me había dicho de acompañarlo (puesto que él tenía que trabajar), no sólo me había puesto contentísima de que me lo pidiera (¡era nuestro primer viaje como pareja oficial!), sino que también había tenido que comprar ropa nueva para ir bien equipada al sur más sur de nuestro continente.

La verdad es que me sentía increíblemente bien. Me sentía completa. Me sentía viva. Uzziel me había hecho en poco tiempo más feliz que en toda mi vida. No podía mirar a ningún lado sin que en mi mente apareciera él con su inconfundible sonrisa, con sus ojos de cielo, con un susurro que regalarme o un beso que robarme. No podía pasarme una hora sin pensar en que por la noche, el me abrazaría, me perdería entre sus labios y haría el amor con él, una y otra vez. Era algo de lo que no podía cansarme. No sólo por el placer que sentía, que también, sino porque él lo hacía con cariño. Entrelazaba sus dedos con los míos, me besaba con toda la pasión y la ternura de la que era capaz en momentos como ésos.

No me arrepentía de haber dejado que cayera por la madriguera, ni que me arrastrara con él al País de las Maravillas. No me arrepentía de nada en absoluto. Cada vez me costaba menos convencerme de que las teorías que defendían el amor como motor del mundo eran ciertas. En las últimas semanas me había reído más que desde que nací. Uzz me había enseñado a no echar de menos mis recuerdos y a apreciar los momentos felices vividos en ellos, extrapolarlos a los que él me ofrecía cada segundo que pasaba a mi lado. Cuando lo veía, el corazón me latía frenético, y deseaba correr para que me abrazara, aunque tuviera que atravesar una marea de coches a doscientos por hora. Ahora mis pasos me guiaban, a su lado, por las coloridas calles de Cabo de Buena Esperanza, que parecía un Río de Janeiro II. Se sucedían las cintas de colores, las músicas del mundo, las máscaras extravagantes. Y a pesar de que el ambiente estaba frío, entre los stands reinaba una calidez impropia de un mundo dividido. Yo estaba muy a gusto por ahí. Era una utopía, mi utopía. El mundo unido, en algo tan banal como era una feria, pero unido al fin y al cabo. Unas niñas de raza negra corretearon frente a nosotros cuando Uzz cogió el panfleto del stand. Apoyé la barbilla en su hombro mientras miraba el papel que él sostenía en su mano.

-¿Un concierto? Espero que no sea la nieta de Miley Cyrus. El hijo salió medio normal, pero la nieta es igual que ella. Qué lástima de Humanidad- puse tono de disgusto, estaba completamente en contra de esos productos comerciales que no aportaban nada positivo a la sociedad actual. Pero no, no parecía ser ella. Le di un beso en la mejilla sonriendo mientras seguíamos avanzando. En un espacio entre stands, se veía a un grupo de chicas jóvenes bailando danzas hawaianas tradicionales al ritmo de una música que sonaba diáfana, con sus faldas de paja y hojas características, collares de flores y todo. Cuando menos, era pintoresco. Miré a Uzz y le acaricié el dorso de la mano con el pulgar.

-¿Bromeas? ¿Y perderme las caras que pones al ver cosas como ésa?- señalé discretamente al grupo de bailarinas hawaianas y me reí.- Ni hablar, me quedo contigo. Prometo no distraerte mucho. Seré buena. Es más...- me puse la capucha por encima y me tapé todo lo que pude.- Ahora ya no me ves. No soy un objeto que desvía tu atención.

Sólo me faltaba añadir "Ña, ña", sacarle la lengua y parecería el premio Nobel del infantilismo. Pero qué le iba a hacer. Estaba pletórica.
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Re: Trabajo y otros "placeres". [Privado] [+18]

Mensaje por Uzziel X. Winter el Mar Jun 07, 2011 2:35 am

- Te equivocas de día... y no me llames Xavier, sabes que lo detesto. -tomé varias fotos rápidas del pequeño ejército de vírgenes con el que contaba el harén uno de los mandatarios de Oriente Próximo, de su comitiva y de él mismo- Te hablo de la camiseta azul del rayo amarillo en el pecho, no te hagas la loca.

El viaje al sur para mí era más que habitual, pero comprendía su entusiasmo. Debido a su empleo, no debía viajar en exceso. Lo cierto es que a ambos nos hacía muchísima ilusión. Se trataba de una experiencia nueva, al menos para mí. Compartir una habitación de hotel con alguien con quién también había compartido el avión. Por mi parte había pedido más días de lo que normalmente me solía tomar para hacer ese tipo de cosas, así podía dedicarlos a ella, a nosotros. En muy poco tiempo nos habíamos tomado la relación en serio. Tarde o temprano nos acabaríamos pidiendo las llaves de la casa del otro, o planeando alquilar un piso juntos. Lo veía en sus ojos, en los míos.
El frío era soportable, pero no por eso era menos frío. La bufanda y el abrigo que llevaba cumplían su labor, igual que los mitones que me había puesto en las manos, para intentar mantenerlas calientes y tener los dedos libres para manejar la cámara. Una brisa helada, seguro que procedente del mar más próximo, recorrió mi cabeza. Fue el momento de recurrir al pipo negro que me solía poner en invierno. Ella aún no me había visto nunca de esa guisa. Supongo que sería el blanco de su risa durante un rato, pero en fin, el trabajo y el frío no son compatibles. Al menos para mí no, siempre había sido así de friolero.

- Igualmente... -divagué para mí mismo en voz alta- Éste frío no deja de ser raro. No sabía que aquí abajo había avanzado tanto, será que llevo tiempo sin venir. -lancé una foto a uno de los cancilleres de la Unión. No sabía que estaba allí. Ese tipo había monopolizado la plantación de verdura y fruta transgénica en Alemania. Y en tan poco tiempo que daba hasta miedo.- No me hagas caso, pero creo que mañana hacen una reproducción holográfica de U2 y Metallica. Justo después de un multitudinario concierto étnico. Ya sabes cómo son éstas cosas, dinero a espuertas. -el numerito siguiente me arrancó una sonrisa bien amplia- Eres un pequeño esquimal adorable.

Reí con su reacción. A veces me la comería a dulces mordiscos por todo el cuerpo. Creo que era eso lo que más valoraba, poder reír con ella continuamente. Me mostraba que había más cosas, lejos de los recuerdos. Hacía olvidar que había algo más que hacer en la vida que hundirse en la miseria hacia la que nosotros mismos nos veíamos abocados gracias los prejuicios, lacerantes y persistentes, igual que un arraigado tumor. Alicia era ya, en poco tiempo, el punto a favor de mi vida. Podía interpretarse de muchas maneras, pero digamos que yo la veía cómo la antorcha a recoger en el estrecho pasadizo de mi existencia.
Por delante de mi objetivo, justo antes de fotografiar un stand con varios cocineros de Wok haciendo un show cookin', pasó una pareja. Parecían felizmente casados, y llevaban un carrito dónde un bebé rodeado de aparatitos de ruido blanco y cubierto en uno de esas burbujas climáticas dormía plácidamente. Una sonrisa incomprensible asaltó mi rostro. Dios mío.

- Mira. -hice un ademán con la cabeza, señalando a la feliz pareja- ¿Te imaginas que un día seamos cómo esos dos? -la miré un instante, volviendo enseguida la vista de nuevo- Sin el niño y todo eso, ya sabes. -dije, velozmente- Paseando, de camino a una comida familiar, o a hacer la compra.

Ni siquiera sabía porqué me había sobrevenido la idea. Supongo que el ambiente de felicidad era propicio a creer que formar una familia en éste siglo era viable. Lo cuál se convertía en una idea descabellada con el transcurrir de los años. Traer un hi... establecer un árbol genealógico era una locura si se tenía en cuenta la creciente -lenta, pero segura- tasa de mortalidad, tanto infantil cómo adulta que se registraba cada año. Lamentable pero cierto. Mucho tenían que cambiar las cosas.

Sin embargo...

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Re: Trabajo y otros "placeres". [Privado] [+18]

Mensaje por Alicia Terpelli el Jue Jun 09, 2011 9:38 am

Sonrisa. Según el diccionario, desde un punto de vista fisiológico, una sonrisa es una expresión facial formada al flexionar los 17 músculos cerca de los extremos de la boca, pero también alrededor de los ojos. En los humanos, es una expresión común que refleja placer o entretenimiento, pero también puede ser una expresión involuntaria de ansiedad o de muchas otras emociones. Ahora comprendía por qué los diccionarios no ligaban nunca, aparte de porque eran objetos y racionalmente no podían ligar. Y bueno, no podía evitar sentirme un poco identificada. En el fondo, había sido eso, demasiado racional, demasiado cuadriculada. Un poco como una máquina, una máquina de contención de mí misma. También era cierto que no había encontrado a nadie para evitar la contención. Me conocía. Debajo de las americanas de color beige y las gafas de montura "nerd", debajo del bolígrafo rojo, tan temido para corregir, debajo de las lecciones en las clases y lo que habían sido miradas frías y labios apretados, se escondía una mujer aún joven, algo alocada, que se fascinaba por los colores y que disfrutaba de la música de años atrás.

Que paseaba de la mano de su chico por calles que vibraban solas, que saltaban, por las que se podían ver mil personajes pintorescos. No podía dejar de mirar con una enorme sonrisa a cada harén de mujeres ataviadas con el clásico velo musulmán (que se había vuelto opcional en 2030, pero que aún seguían llevando para ocasiones especiales), a señores con traje y corbata que parecían muy apresurados, como si tuvieran que ir a dar conferencias en menos de un minuto y les quedara aún un kilómetro de camino. Entre esas miradas a la gente, no podía evitar fijarme en los stands, algunos decorados con flores y fotografías exuberantes de animales tropicales que aún existían y deseaban ser salvados. O algo así.

Le cogí el programa a Uzz para que tuviera las manos libres y pudiera hacer fotos. Lo leí con interés mientras caminaba a su lado. El concierto holográfico de U2 no me sorprendía. El hijo de Bono, John, el más joven, no había seguido su carrera musical. Se había dedicado a jugar a ser científico, y poco antes de morir, había cogido muestras del ADN de su padre. En su momento había sido un escándalo, pero hacía siete años, el primer holograma de Bono había salido a la luz. Un holograma interactivo, él mismo, consciente de estar ahí y todo. De hecho, sus palabras habían sido: "No sé qué leches hago aquí plantado ni por qué estoy pixelado... ¡Pero dale caña, nena!".

La voz de Uzz me hizo levantar la vista del papel. Mis ojos azules primero lo enfocaron a él, y luego se dirigieron a la familia. Una especie de vacío hizo presa de mí. Hasta ahora no me había planteado que posiblemente Uzziel fuera a ser mi futuro permanente. No me daba miedo, para nada. Pero ver nuestro probable reflejo daba impresión al principio. Intenté imaginarnos dentro de unos años. Más mayores, más acostumbrados el uno al otro, y no quería pensar en la parte de "más vistos que el tebeo". Pero podía vernos juntos. Podía vernos más maduros, tal vez con algunas canas, algunas pequeñas arrugas ya. Podía visualizarnos. Aunque el hijo ni me lo planteaba. No creía que fuera a ser buena madre.

-La verdad, hasta ahora no me había parado a pensar en mi futuro así... No con comidas familiares, ya sabes que sólo me queda mi padre... Y sería un poco raro, el coronel Terpelli con su hija revolucionaria y el novio de ésta...- comenté mientras seguía con la mirada a la familia. Luego lo miré a él con una sonrisa.- Pero acabo de imaginar un día lejano en el tiempo, un día con una casa común, con nuestra propia comida familiar sin necesidad de terceros, y sí que me veo contigo- le di un beso en la mejilla, así de improviso, así porque me apetecía.- Eso sí, tendrás que dejar de echarme la culpa porque tú pierdes camisetas...- me reí con suavidad, siguiendo nuestro camino. Acabábamos de llegar a un conjunto de stands que daban comidas del mundo. Madre, qué hambre. Miré al suelo y me mordí el labio inferior.- No puedo mirar, no puedo mirar, no puedo mi... ¿Eso es tortilla de patata? Mátame, por favor- supliqué cogiéndole del brazo. Como no me sujetara, me comía hasta al vendedor, si estaba relleno de tortilla.
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Re: Trabajo y otros "placeres". [Privado] [+18]

Mensaje por Uzziel X. Winter el Dom Jun 12, 2011 11:26 am

Capítulo 5: Irresistible.

Las horas pasaban de la mano, cómplices en aquella fiesta, en aquella feria proclamada 24/7 durante dos semanas. No sabía si a alguno de los centenares de miles de visitantes les convencía toda la monserga que los políticos deslizaban por debajo de esa alfombra perfumada, llamada "Campus de las Naciones", en algún medio de comunicación. Aprovechaban los "espacios parlamentales" para colar todos esos mensajes de pluralidad -falsa pluralidad- y de coalición, los unos con los otros. Bien sabía yo que a las espaldas de ciudadanos cómo Alicia, todos esos peces gordos urdían conspiraciones de guerra. Una guerra que no estaba lejos. Una guerra que significaría el fin del mundo tal y cómo lo conocemos... una vez más.
Algo en mi interior estaba muy harto de eso. Es verdad que no era un pacifista radical, pero a cualquiera cansaría el hecho de tener que resolver todo a bombazo limpio. Suspiré y revisé el bloc. Todo parecía estar hecho, salvo la comparecencia de los miembros de ONU y OTAN, que se tendría lugar mañana al mediodía. Había sido un día productivo, de hecho; conseguí infinidad de fotos que ni siquiera esperaba obtener. Ahora me encontraba con Alicia en un stand alemán, saboreando una generosa muestra de cerveza negra y fumando un cigarrillo. Los placeres del trabajo bien hecho.

- Mira, te digo que si todo ésto termina algún día, preciosa, te llevaré a que veas Suiza. No está muy lejos de Italia... compartimos cordillera, maldita sea. -reí con ganas.

Nos encontrábamos muy cerca el uno del otro, sentados en una mesa de aquel lugar dónde el idioma y el acento volaban muy alto. La charla había perdido Era una escena dulce, romántica, digna de culebrón. Nuestros dedos estaban entrelazados en la superficie de la mesa, mientras que la otra mano buscaba algo que hacer, de puro nerviosismo. Llevábamos poco tiempo cómo para no albergar ese sentimiento de las mariposas en el estómago, tan clásico de las parejas acarameladas. La quería mucho. No sabía cuánto en realidad, ni sabía si ese sentimiento fuera a durar, pero lo cierto es que en poquísimo tiempo me había hecho sentir cosas que desconocía por completo. Tanto en el ámbito sentimental cómo en muchos otros. Había sido mi descubridora, por así decir, explorando los recodos de mi personalidad. Igual que esa cosa por la que pasas por delante durante años, y de repente alguien recién llegado te la muestra, y es cómo: "Oh dios, ¿siempre ha estado ahí?" Sin embargo, teniendo en cuenta todo eso, el alcohol quería jugar sus cartas también.

- Es muy tarde... -la miré un instante, parándome en su escote, subiendo y encontrándome con sus labios. Era demencial, un cuerpo destinado a volver loco a cualquier hombre que fuera capaz de poseerlo. Y muy, muy difícil intentar ignorar esa maravilla.- Voy a hablarte claro, Alicia. -miré a un lado y al otro del bar, después me acerqué a ella, apoyando mis codos sobre la mesa- Tengo muchísimas ganas de hacerte el... de follarte, ahora mismo. De hecho llevo toda la noche con esas mismas ganas. Y... el hotel está un poco lejos, no sé si me entiendes...

Con la cabeza, hice un ademán hacia la parte del stand que daba a la calle. Habí uno de esos sofisticados baños portátiles. Estaban bastante bien, teniendo en cuenta de que con la magnitud del recinto, incluso los políticos con más renombre podían ser susceptibles de usarlo. Se trataba de un cubículo algo más pequeño que un cobertizo, con un lavabo y un váter. Algunos incluso contaban con ducha, dado que algunos números de baile de los stands hacían sudar a sus artistas. Con el calentón que me había dado de repente, hasta el coche me parecía a años luz de ese improvisado bar teutón.

Una imagen de ella rompiéndome el cierre del cinturón en ese lugar era... uf.

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Re: Trabajo y otros "placeres". [Privado] [+18]

Mensaje por Alicia Terpelli el Miér Jun 15, 2011 7:09 am

La noche había caído sobre la localización de la feria, pero nosotros estábamos preparados. Así como a las siete Uzz había anunciado que tenía bastantes fotos, tantas como para poder empapelar todo el edificio donde trabajaba, y nos habíamos ido al hotel. A descansar un poco y a planear la noche, aparte de para cambiarnos de ropa. Por la mañana había llevado una simple camiseta y unos pantalones bastante zarrapastrosos, ahora llevaba un top largo azul muy oscuro con cremallera de strass en el pecho (provocativo, ¿eh?) y unos vaqueros ajustados. La ocasión lo merecía. Si por la tarde los stands me habían parecido fascinantes, por la noche aquello sería la hostia. Y perdón por la expresión. De modo que habíamos decidido salir, pasear otra vez, quizá cruzarnos con algún conocido (yo había visto a un par de alumnos de último curso, a los que no les había dado clase, pero cuyos hermanos sí iban conmigo y aparentemente habían hecho de mí una leyenda) y disfrutar de una fiesta nocturna concentrada. Ahora había mucha más gente de nuestra edad paseando por ahí, a la luz del día se veían más niños y familias numerosas con juguetes extraños. Los colores cálidos y peculiares habían dado paso a luces intensas y bandas sonoras que sonaban a través de los altavoces. En los diferentes stands, los diplomáticos que habían acudido al evento se soltaban un poco y hablaban entre ellos con cervezas en la mano.

Ahora, Uzz y yo estábamos en un stand-bar alemán. Las muestras europeas y las americanas se hacían la competencia a ver cuál era más impresionante. A poca distancia, había un inmenso estadio en el que, según el programa, en aquel momento se estaba haciendo una exhibición de los conocidos Monster Trucks. Por encima del sonido de las conversaciones y de la música (tradicional alemana, cómo no, parecía que nos habíamos metido de lleno en el Oktoberfest), oía el ruido de los motores. Lo oía todo. Pero sólo escuchaba dos cosas. Una, la voz de Uzziel invadiendo mi espacio con suavidad y dulzura, al tiempo que su mano acariciaba la mía por encima de la mesa; y la otra, su risa, la mía, sus suspiros, su tono. Había llegado a necesitar esa música en mi vida, Uzziel componía la melodía que sonaba en mis minutos. En poco tiempo había llegado a quererlo como a nadie. Ni siquiera a Ayk. Tal vez si hubiera tenido esta proximidad con mi antiguo profesor no diría eso, pero no había sido el caso. Mi intimidad pertenecía a ese joven periodista que siempre había estado ahí. Y no cambiaría eso por nada.

-Me parece bien- sonreí.- No sé a ti, pero a mí me da vergüenza haber nacido en Italia y no conocer más que lo justo. Veamos, iba a Verona en Navidades y en verano, porque claro, nací ahí... Y mi último año de instituto lo cursé en Milán. Si descontamos el viaje de fin de curso en segundo de carrera a Florencia, nada- no debería decir eso tan alegremente. Italiana y prácticamente no conocía mi propio país. Claro que las fronteras ahora no eran iguales que hacía unos años.

Una vibración en el bolsillo de mis vaqueros oscuros me hizo volver la vista hacia abajo. Llevaba ahí el móvil. Solté la mano de Uzz con un ligero "Disculpa un segundo" y cogí el teléfono. Tenía un mensaje. De Eliza. La misma Eliza que había estado colgada del que era ahora mi chico, la misma Eliza de la que no sabía nada desde que salimos de la Universidad. Extrañada, lo leí mientras daba un leve sorbo a mi Bloody Mary. "No puedo creerme que estés con Uzziel Winter. Creía que éramos amigas. Olvídame". Parpadeé incrédula. Algunas personas se habían perdido el cursillo express de Cómo Conocí a mi Madurez. Iba a enseñárselo a Uzz, de hecho estaba diciendo "Mira lo que..." cuando él ahogó mis palabras con las suyas. Me quedé con el brazo a medio camino, y la voz también. De acuerdo, aluciné. ¿Quería hacerlo en público? Mis ojos azules siguieron la dirección de su mirada. ¿En el baño portátil? ¿En serio?

El Bloody Mary habló por mí. Odiaba el alcohol porque me hacía perder de vista a mi mente racional. Asco de Hormonas.

-O sea, que estás con tu chica en un sitio precioso, en una noche perfecta, en un momento tan importante como es una feria internacional, y de las miles de cosas que podemos hacer, ¿a ti se te ocurre decirme que te apetece follar?- intenté ahogar la risa y no sonar escandalizada. De hecho puse la más seria de mis caras y me levanté, como si fuera a abandonar el stand. Se hizo evidente que la broma había alcanzado su fin cuando lo cogí del brazo y me lo llevé a rastras de ahí.- Vale, no veo por qué no, vamos- dije riéndome mientras atravesaba la marea de gente que disfrutaba de sus bebidas en el simulacro de bar. Estaban tan centrados en hacer vida social que nadie se dio cuenta de que una joven pareja se metía al baño portátil.

-Caray, desde fuera parecía más pequeño- comenté con la espalda apoyada en la puerta cerrada con pestillo. Cómo se notaba que los dueños eran alemanes y el dinero les salía de las orejas. Ese baño portátil bien hubiera sido el baño de una suite presidencial en un hotel de siete estrellas. Pues genial. Miré a Uzz con una sonrisa y me mordí el labio inferior.- Qué susto te he dado, ¿eh?- me reí alegremente.
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Re: Trabajo y otros "placeres". [Privado] [+18]

Mensaje por Uzziel X. Winter el Jue Jun 16, 2011 2:02 am

Y tanto que me asustó. En una relación larga te puedes permitir ciertas cosas, porque conoces a la otra persona y hay una confianza implícita en los actos. Por unos segundos pensé que lo había echado todo a perder. Gracias a la reacción posterior, me dejó con cara de imbécil. Aunque aliviado, un imbécil aliviado que atravesaba la muchedumbre mientras ese gesto de estupefacción se iba tornando en una sonrisa perversa. Además, la chica contribuía indirectamente hacia mis deseos, con esa ropa que dejaba mucho a la imaginación. Sí, imaginaba diversas formas de quitársela. La notaba un poco achispada con lo que se había tomado, y solo esperaba que a la mañana siguiente no me lanzara trastos por la cabeza, diciendo que cómo me atrevía a pervertir de aquella forma a una chica tan refinada cómo ella. Tengo que decir a mi favor que es ella la que me arrastra hacia el baño.

- Ésta me la pagarás, Terpelli. -murmuré, mientras entrábamos, de la forma menos clandestina posible, cabe decir.

El sonido del pestillo sonó cómo un pistoletazo de salida en mi cabeza. En ese momento, dí unos pasos hacia atrás, mirándo hacia la puerta, descubriendo que la rejilla del respiradero que había en el techo del mini-recinto de plástico, reflejaba con la luz una fría sobre el cuerpo de mi chica. La observé concienzudamente, sin mediar palabra esbozando una ligera sonrisa de complacencia. Me quité la americana y la dejé sobre el lavabo, que parecía seco. Seguía explorando a una distancia prudencial sus formas, sus pezones, que no sabía si estaban erectos por el frío o por la idea del sexo público, sólo separado de las miles de personas por una fina pared de plástico duro.

- Creo que te has vestido así porque sabías que tarde o temprano iba a rendirme a tus encantos, italianita. -dije, desabrochando dos botones de mi camisa y dándo pasos cortos hacia su posición de nuevo. Mis manos dibujaron el contorno de sus caderas. La derecha, comenzó a desabrochar el botón de los vaqueros, que se desprendió felizmente. La cremallera era el único sonido, junto al zumbido sordo del batiburrillo de voces, gritos, risas y música del exterior.

Empecé a besar su cuello con lentitud pero con dedicación, recreándome en cada franja de su piel, separando su pelo para tener el alcance perfecto. Mi mano, que había terminado de bajar la cremallera, se deslizó sobre la ropa interior de Alicia. Aquellos besos que se habían iniciado bajo su oído ahora habían llegado al pecho, y llegando de nuevo a una cremallera -en éste caso la del top- decidí librarme de ella con la misma boca, sujetándola con los dientes y dejando a la vista un sujetador deseoso de ser desabrochado.
Pero no olvidemos aquella mano deliciosamente perdida en su entrepierna. Empecé a juguetear con su sexo, al tiempo que los vaqueros iban cayendo hasta las rodillas de la chica. Estaba muy excitado, y mi pene se puso erecto con el solo pensamiento de lo que estaba por llegar. No le quité el sostén, me limité a apartarlo para atrapar uno de los pechos dentro de mi boca, succionando el pezón, lamiéndolo, mordiéndolo.

Seguía el silencio, inundado por los jadeos y respiración entrecortada mutuos. El frío se había convertido en mera anécdota. Alguna voz próxima a la puerta me hacía pensar que en cualquier momento podría abrirse alegremente con alguien que simplemente quería ir al baño. No se abriría, pero una parte de mi cabeza pensaba que sí. Ahí residía el morbo. Quería arrancarle un gemido a mi pareja, que se dejara llevar, que uno de esos sonidos nos delatara y que las voces de fuera se tornaran en un: "creo que ahí dentro hay una pareja... ya sabes". Eso susurraría la gente que pasara por ahí. La zona que estaba tocando empezaba a humedecerse. Para que no le molestara, mi mano libre desabrochó al fin el sostén, que cayó al suelo, confuso.

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Re: Trabajo y otros "placeres". [Privado] [+18]

Mensaje por Alicia Terpelli el Jue Jun 16, 2011 4:45 am

Oh guao. Nunca sabes lo mucho que puedes llegar a conocerte a ti mismo hasta que otra persona no te abre los ojos hacia dentro. Dicho así suena muy asqueroso. Intentaré explicarme de una manera más concisa. Había hecho falta que Uzziel entrara del todo en mi vida para que yo hiciera cosas que no habría hecho ni loca de estar sola. Esto, por ejemplo. Yo jamás, jamás, jamás en mi vida habría planteado siquiera remotamente la posibilidad de tener sexo en un baño público, a merced de los ojos u oídos de cualquier personajillo que pudiera pasar por los alrededores. Había sido como una especie de escultura, que por dentro sabía que estaba viva, pero la piedra era demasiado fuerte atenazándote la piel. Con alguna ridícula pose mirando hacia abajo desde tu pedestal, arañando de manera patética las paredes de tu prisión, sabiendo perfectamente que solo no vas a poder. Añorando ser como los demás, vivir, volar, soñar, sin ser capaz de ello. Hasta que al fin, alguien se subía al pedestal con un martillo y una estaca metálica. Espera, quieres decirle, no lo hagas, no sabes en el lío en que vas a meterte, pero como no te hace caso, sólo te echas para atrás, rogando para que no te haga daño cuando todo caiga al suelo. Parpadeas confuso cuando ves el sol, pero en seguida te adaptas y te tiras por todo lo que ves, corres, saltas, gritas, todo estalla. Y es tan maravilloso que te preguntas cómo demonios has podido vivir sin eso durante toda tu vida.

Yo aún me lo preguntaba.

Sonreí con malicia cuando se acercó a mí, su cuello y parte de su pecho al descubierto, su piel llamando a mi boca. Me mordí el labio inferior.

-Vamos, señor Winter, castígueme. Me permito bromas crueles y encima planeo actos indecentes en público, con premeditación y alevosía- susurré en tono grave, un poco ronco, aterciopelado. Sus manos en mi cuerpo eran una chispa de agua en medio de un desierto, y quería, no, necesitaba más. Mis manos bucearon por su cabello castaño, su precioso, suave, dulce cabello castaño, cuando su boca empezó a recorrer mi piel. La primera vez que nos acostamos empezamos de improviso, simplemente porque sí. Estábamos en mi casa, en mi cama, tumbados escuchando la música que surgía suavemente desde un aparato pasado de moda, pero que aún funcionaba. Había sido un "Eres increíble", un beso, una caricia delineando mi cuerpo, más besos. Había sido el cariño lo que me había hecho creer en la pasión física de nuevo. Nada como lo de esta noche.

Pero también estaba bien esto, no os vayáis a creer. Mi cuerpo resucitó de su letargo cuando mis vaqueros se deslizaron por mis piernas, manejados como marionetas por un único titiritero que también tenía en sus manos los hilos de mi corazón, mis límites, y conocía perfectamente la forma de burlarlos. Su mano experta en mi sexo me hizo suspirar profundamente, cerrar los ojos, deslizar mis dedos crispados de entre su pelo hasta la piel de su cuello. Su boca entreteniéndose en humedecer mi piel seca, sedienta de sus labios y su lengua. Era sexy, maldita sea. Jodidamente sexy verlo deshacerse de las barreras de ropa con esa facilidad, ese gesto, mordiendo un trozo de metal. Quería ese mordisco en mí, joder. Ah, eso estaba mejor. Un leve gemido voló desde mi garganta cuando sus labios se recrearon en mi pecho, mi espalda se arqueó sola, con vida propia, la vida que él estaba deslizando por los poros de mi piel hacia dentro. Energía y fuerza, deseo, por supuesto, no podía ser de otra manera. Cuando el sostén se quejó de la caída, abrí los ojos y puse las manos en sus hombros, haciéndolo levantar. En mi rostro brillaba una sonrisa aderezada con pimienta y fuego. Me acerqué despacio a su oído, mientras una de mis manos se deslizaba por sus abdominales. Me encantaría romperle la camisa.

-No, no, no, cariño. Esto es un juego de dos- murmuré antes de morderle el cuello. Sí, le mordí, con toda la suavidad de la que fui capaz, antes de que mis labios trabajasen solos. Individualistas. Sonreí, deslizando mi boca desde su clavícula por su mandíbula y su barbilla hasta sus labios. Ese beso, profundo, cálido y sincero, podríamos decir que fue una distracción mientras desabrochaba su camisa y la dejaba caer, sobre mi sujetador. Mi pecho contra el suyo, ¿podría haber sensación más increíble? Al separarme me detuve un segundo en sus ojos azules, limpios y sinceros. Sonreí, le besé la punta de la nariz, rocé sus labios otra vez, bajé los míos por su pecho y su abdomen. Había algo ahí que quería ser libre. Por encima de sus pantalones, acaricié su miembro, casi a punto ya. Guau, lo que hacía la cerveza, era como tomarse esteroides especiales para los órganos reproductores. Viagra líquida. Desabroché su cinturón, deteniéndome en el sonido metálico y sonriendo. Botón, cremallera. Rutina pantalonil, pero eh, sentaba tan bien deshacerse de eso... Me había deshecho de mis vaqueros yo misma, estaban marginados en un rincón. So long, jeans. Los de Uzz acababan de seguir el mismo camino. Sus boxers eran unos inútiles a la hora de intentar disimular una forma dura y excitante. Ñam ñam. Me arrodillé frente a él definitivamente, rozando la piel de sus caderas con la yema de los dedos, bajando la goma de la prenda interior con suavidad. ¡Sorpresa! Dios, había sido como un payaso de esos de la caja. Antes los había de chocolate. El de Uzz no lo era, pero igualmente me lo metí a la boca. No tenía hambre de nada más.
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Re: Trabajo y otros "placeres". [Privado] [+18]

Mensaje por Uzziel X. Winter el Vie Jun 17, 2011 10:13 am

"Vamos, señor Winter, castígueme." Las palabras rebotaron en mi cabeza igual que un balón de baloncesto lanzado con rabia contra las paredes de una habitación. "Castígueme. Castígueme. Castígueme." Aquella voz estaba adentrándose en mis oídos cómo nunca antes había escuchado así. Me había esmerado en buscar el lado burdelesco de Alicia, por llamarlo así, y creo que al fin lo había logrado despertar. El pequeño animal arrinconado cómo ella lo tenía, había sacado las zarpas, apoderándose de su ser, poseyéndola. Nunca me había pedido nada parecido. El sexo con Alicia era brutal, pero enfocarlo desde aquella perspectiva, en esa situación... se antojaba tentador.
Tomó el control después de mi actuación, y yo contribuí, dejando a merced mi cuerpo para que jugara sus mejores cartas. O séase, todas, porque no hacía nada mal. No sé cómo sabía tanto, pero era una absoluta maestra en ese campo. En un mes... bueno, os ahorraré detalles, aunque os garantizo que su apariencia externa y su carácter bonachón no tiene nada que ver cuándo se la juega entre las sábanas. Entonces se convierte en una especie de diosa infalible, perfecta, una virtuosa cuándo toca... ciertos instrumentos.

- Si me dejas indefenso no... -me estremecí ahogando un gemido- ...es juego limpio... oh, joder. -el escalofrío que recorrió todo mi cuerpo hizo que me inclinara hacia adelante, extendiendo mis brazos hasta apoyar las manos en la pared del baño portátil.

Entonces lo hizo. Cómo si de una escena porno se tratase, con ese "decorado", esa forma de tratarnos, se arrodilló enfrente de mí y empezó a hacer otra de las cosas que hacía genial. La primera vez que me práctico sexo oral debo reconocer que me costó no correrme en su boca a los cinco minutos. Hacía algo con la lengua a lo que no me acostumbraba, y no quería revelarme el secreto. Ese día, con la mirada casi me acusa de eyaculador precoz. Cuarenta y cinco minutos después, creo que ese tema quedó zanjado. Se metió el pene en la boca, yo puse los ojos en blanco un instante y casi tropiezo con mi pantalón semi-bajado. Con cada vaivén, miraba sus ojos, miradas a las que ella me respondía con ojos lascivos. Maldita sea, el papel de zorra le entraba cómo un guante... ¿cómo era posible? Alguno de mis amigos de la facultad -aún cuándo reconocían que estaba muy muy buena- la llamaban "la monjita". Me gustaría que vieran sólo cinco segundos de lo que estaba ocurriendo ahora. Sonreí, y Alicia me quitó las ideas de un plumazo con otro lametón.
Las ganas de poseerla del todo hicieron que sujetara su pelo y con movimientos cortos, la empujara hacia mi pene ligeramente, para que fuera suyo en su práctica totalidad. Esa vez no logré ahogar el gemido, y retumbó con algo de eco en aquellas paredes de plástico fino. Me daba igual ya, todo. De hecho, ni siquiera tenía planeado acabar tan desnudos, pero con Alicia pasaba cómo con las chocolatinas. Estaba tan delicioso que necesitabas quitar todo el envoltorio y mancharte con el chocolate para disfrutarlo de verdad. Yo imaginaba en ponerla de cara a la pared, bajarle el pantalón, separar su braguita y volar a la tierra de la pasión y el sexo rápido. Pero demonios, eso era cien veces mejor.

- Aah... -¿quién necesita drogas para vivir emociones fuertes cuando tienes una chica con esos labios?- Me encanta, me encanta, me encanta... -el cerebro se había atascado en esas dos palabras. No había suficiente sangre para articular nada más.- Pero si vamos a jugar así, te voy a dejar ganar... -mi lado oscuro, de ex-presidiario, se sentó a los mandos durante dos milésimas- Chupa, joder.

Tenía que auto-controlarme, así que minutos -dos o tres- después de decirle eso, la aparté de mi sexo y la ayudé a incorporarse, acorralándola en una esquina. Incluso con todo ese frío, un ápice de sudor descendía al lado de mi ojo derecho. La besé casi imperceptiblemente y contacté sus ojos con los míos, que contenían lujuria al vacío. Recogiendo con la lengua una pequeña gota de saliva que esperaba para caer al borde de sus labios, de nuevo mis dedos iniciaron la travesía, pero ésta vez de pararon en su trasero, que así con ambas manos, recordando sin memoria ese tacto suave, cómo la piel de una nube.

- Tengo dos opciones, Terpelli. -susurré en su oído mientras lo mordía, lo lamía- Tenemos dos opciones. -proseguí- Puedo ponerte contra esa pared, abrir tus piernas y... -mordí con algo de fuerza su lóbulo izquierdo, para besarlo después- Y también puedo quitarte las braguitas devolverte éste maravilloso favor. -miré de reojo mi pene, caliente, enhiesto, hinchado.- ¿Qué me dices? -metí mi mano en su ropa interior para empezar a recrearme con su sexo.

Tacto sublime.

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Re: Trabajo y otros "placeres". [Privado] [+18]

Mensaje por Alicia Terpelli el Dom Jun 19, 2011 11:02 am

Qué gracia que él hablara de juego limpio. Era para partirse, y me habría reído, de no estar ocupada con una actividad mucho más placentera (relativamente; mucho rato así y empezarían a dolerme un poquito las rodillas. Pero poco, ¿eh?). Él, que había entrado en mi vida de improviso. Él, que a veces cuando estábamos en su casa o en la mía me decía lo que quería hacer cuando ya estaba haciéndolo, sin avisar. No le reprochaba ni una cosa ni la otra, que conste. Yo estaba encantada de que hubiera roto los cristales blindados de mi persona. Poco a poco, casi sin esfuerzo aparente, había pavimentado un camino dulce y tranquilo hacia un mundo más allá del que me rodeaba. En ese nuevo mundo había risas, ternura, abrazos, besos, recuerdos, algunos antiguos, otros nuevos, lluvia, sal, azúcar... Y sexo, cómo no. Él mismo lo había dicho cuando empezamos a salir; no era ningún monje budista. Y yo tampoco, pero a veces había momentos en los que parecía que llevara un cinturón de castidad que me hubiera absorbido la personalidad. Me divertía recordar a la gente de la Universidad, y a él también, cuando todos se pensaban que yo había dedicado mi cuerpo y mi alma a los libros y las clases. Una rata de biblioteca, solían decir.

Por supuesto me gustaría contarles que no era nada de eso, y menos ahora que tenía un motivo para deshinibirme. Un motivo muy fuerte. Uzz era ahora el motor principal de mi alegría y la naturalidad. Y, desde luego, también de mi deseo. A veces él no veía lo que yo sí; un hombre joven fuerte, muy atractivo, capaz de derretir a cualquiera si se lo propusiera. En mi caso se lo proponía. Y lo conseguía. Había ocasiones en las que no hacía falta que hiciera nada. Como era el caso de esta noche, por ejemplo. La verdad es que el trabajo (oral) lo estaba haciendo yo. Sin embargo, sus reacciones eran las que lograban que mi interior se deshiciera en ríos de fuego y ganas de poseerlo por entero. Quería que fuera mío, mío y de nadie más. Esos suspiros quería atesorarlos para siempre en MI memoria y que ninguna otra tuviera esa ocasión. Esas palabras rudas, bruscas, primarias, que a un antiguo álter ego le hubieran parecido inadecuadas y soeces, encendían las brasas de mi instinto. Era algo que me fascinaba de Uzziel, que era capaz de despertar en mí a alguien que no era la cara que mostraba al mundo. Como si me pusiera delante de un espejo, vestida con propiedad, y al unirse él en mi reflejo la ropa se evaporase. La vergüenza, los reparos. No me sentía utilizada, de ningún modo. Era hermoso que no necesitara apariencias para gustarle. Adoraba ser yo la que le provocase placer. Adoraba ser yo quien le encantase, quien le hiciera lo que le gustaba. Y adoraba que fuera él quien hiciera lo mismo por mí. Él, el que me había hecho fundirme definitivamente con una parte fiera de mí misma que había intentado evitar por recato. No era necesario a su lado. Podía ser lo que quisiera. Él iba a seguir conmigo. Lo quería de una manera que no implicaba sólo atracción física. Admiraba los esfuerzos que había hecho, admiraba su día a día y valoraba que estuviera ahí para tenderme la mano sin reservas.

Quedándome frente a frente con él una vez más, clavando sus ojos en los míos, comprendí unas cuantas cosas. La primera, que quería hacer el amor con él, y cuanto antes. Sus gemidos y sus palabras no me habían dejado indiferente, claro. La segunda, que lo que le había dicho por la mañana era cierto; veía mi vida futura a su lado. Y no quería que fuera de otra manera. Y la tercera era que no deseaba preliminares. Ya estaba lo bastante caliente y hacernos esperar, tanto a él como a mí, sería una crueldad. Suspiré y jadeé con sus besos, sus mordiscos, el calor de su boca en mi piel. Mis uñas se clavaron en la suya, en su espalda, mis caderas querían fundirse con las de él. Mi pelo y mi espalda se amaban, teniendo como único intermediario las gotas de sudor frío que recorrían su curva. Gemí cuando sus dedos empezaron a jugar de nuevo con mi sexo. Quería tenerlo ya. YA.

-O me lo haces ya o te lo hago yo, pero déjate de juegos previos- murmuré con esa voz ronca tan extraña en mi tono normal. Mis labios capturaron a los suyos, mi lengua se puso a enredar dentro de su boca y mis brazos le rodearon el cuello, cruzándose tras su espalda. El corazón me latía frenético. Mi sexo también. Necesitaba hacerlo, ya me daba igual si alguien nos oía no.
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Re: Trabajo y otros "placeres". [Privado] [+18]

Mensaje por Uzziel X. Winter el Lun Jun 20, 2011 9:27 am

Alicia fue de lo más convincente con todos esos actos, con pocas palabras, las suficientes para sellar ese pacto. Me cedía su piel una vez más, la dejaba salir a jugar con la mía, la una contra la otra, para poder crear otra vez más aquellos chispazos a los que estábamos enganchados. Adictos, eso éramos cuando el sonido imperante era el de una cremallera descendiendo. Entonces ya no había marcha atrás, llegábamos al punto de no retorno, dónde los labios impactaban silenciosos, las manos adquirían velocidad y hambre, en el ambiente se podía cortar la lujuria. Me parecía increíble que cada noche -o tarde, o mañana- en la que eso ocurría fuera una experiencia tan brutal. Era cómo si cada uno de mis poros montaran una fiesta particular, invitando a mis sensaciones.

Ya había oído las palabras que quería oír. Una voz casi desconocida, que aparecía exclusivamente en aquellas ocasiones "especiales". Me gustaba sacar su lado salvaje a relucir. Llevar al límite su entereza. Siempre me decía que era el único que lo había conseguido, y fuera verdad o no, me lo demostraba con cada gemido. Maldita sea, la quería tanto que archivaba en mi memoria todo lo que ocurría entre nosotros, para fantasear sonriente cuando ella no estaba a mi lado. Cuándo me encontraba en el trabajo, entrevistando o tomando fotos. Hacía unos días había sentido una especie de miedo. Miedo a dárselo todo, que ocurriera algo -que conociera a otro, o que un día se diera cuenta de que no le gustaba lo que hay- y se marchase. En realidad lo que más me asustaba era decirle que alguna vez había estado en la cárcel. Oh dios. Algún día tenía que saberlo, pero... ¿cuándo era demasiado tarde? ¿Cuándo demasiado pronto? Abrí los ojos después de un beso, y lo que ví nubló mis ideas.

Al fin actué, dejándome llevar. Le dí la vuelta, dejando a mi merced su trasero. Le quité las braguitas en un hecho anecdótico, igual que el frío que cada vez se volvía más presente. Nuestros cuerpos ironizaron sobre eso, puesto que seguían sudando. Una maravilla el ser humano, riéndose de los hechos naturales desde tiempos inmemoriales. No quería esperar más, y ella tampoco. Se ponía "furiosa" si la hacía esperar, y cogía lo que consideraba suyo. Separando su nalga izquierda con la mano, introducí mi pene lubricado con su propia saliva en la vagina de Alicia, que también estaba muy mojada. Creí que podía controlar ese grito, de veras, pero era tanta la hinchazón de mi entrepierna, tantas las ganas de penetrarla, que tuve que dejar escapar todo el aire a través de mi garganta.

- Sí... -puse mis manos en sus caderas, empezando un suave vaivén, cómo si de un baile se tratara. Me acerqué a su oído, mordiéndole la oreja.- Yo tampoco podía esperar...aah... Gracias por elegir... oh... -eché la cabeza hacia atrás, un impulso de éxtasis se inyectó directamente a mi entrepierna- ...la primera opción. -gemí.

Volví a mi posición besando su espalda por el camino. Separé un poco más sus piernas, para que la experiencia fuera óptima. Su sexo cada vez se abría más, facilitando que mi pene se introdujera hasta lo más profundo. Notaba la calidez rodeando el miembro, una sensación difícil de explicar, pero que hacía que en mis venas, la sangre corriera poseída por los demonios. No sabía cómo, pero mi cabello estaba húmedo, desde mi garganta expulsaba vaho cómo si fuera una chimenea. Aumenté la velocidad de las embestidas y la azoté ligeramente. Ese trasero debería estar prohibido, tenía el tacto de todas las cosas suaves que existían concentrados en una forma perfecta. Secretamente, bendecí la creación. Que mis creencias ateas me perdonen.

- Uf... estás muy mojada... -saqué mi pene un instante, para introducirlo de nuevo. Repetí esa acción varias veces más, jadeando cada instante.

El mundo ajeno a ese baño portátil no era nada comparado con la acción que se vivía dentro.

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Re: Trabajo y otros "placeres". [Privado] [+18]

Mensaje por Alicia Terpelli el Miér Jun 22, 2011 10:45 am

La relación sexual, es el conjunto de comportamientos eróticos que realizan dos o más seres de distinto sexo o del mismo, y que generalmente suele incluir uno o varios coitos. La relación sexual, es el conjunto de comportamientos eróticos que realizan dos o más seres de distinto sexo o del mismo, y que generalmente suele incluir uno o varios coitos. La relación sexual, es el conjunto de comportamientos eróticos que realizan dos o más seres de distinto sexo o del mismo, y que generalmente suele incluir uno o varios coitos. La relación sexual... La relación... La... Oh, a la mierda. Momentos estúpidos que había pasado en la biblioteca de la facultad leyendo libros de una amiga que estudiaba sexología y se me había quedado esa frase. Momentos y frases que no tenían ni idea de lo que estaban diciendo. No se podía intentar describir lo que se sentía al hacer el amor con toda la pasión y al mismo tiempo, afecto, que se tenía cuando la persona que querías de verdad era la que te abría el camino del placer. Era simplemente imposible.

Pasaba lo mismo cuando le preguntabas a alguien qué sentía, qué había sentido después de hacer puenting. No te lo podía decir, no sin trabarse, no sin pausas exageradas en medio de la descripción. "Es como... como si... como si el estómago se te fuera a Siberia, ¿entiendes lo que quiero decir?". Cuando alguien no sabía qué decir, acudía a estúpidas metáforas y movimientos de mano para desviar la atención de su interlocutor, cosa que pocas veces se conseguía. El receptor, decepcionado e incrédulo, alzaba una ceja, y mientras componía una sonrisa falsa y decía: "Ah, ¿sí? Qué bien, ¿no?", por su mente circulaban las palabras "No me creo nada, no puede ser tan especial como dicen, y menos si éste lerdo no es capaz de decir lo que se siente".

Por mi parte, yo no iba a molestarme en contarle a nadie lo que sentía cuando Uzziel me hacía el amor. Sólo alguien que lo ha experimentado en toda su dimensión es capaz de comprender esas oleadas de placer, esos chispazos de electricidad que te acometían en la espalda, la fuerza repentina que demostrabas cuando tus dedos se crispaban sobre la piel de tu compañero. Sólo alguien que lo ha experimentado en toda su dimensión podría entender el gemido con forma de "Oh" que se escapó de mi garganta cuando mi chico me penetró por primera vez aquella noche. Sentía sus manos en mis caderas, su calor, su frío, su fuerza. Un héroe, un titán poseyendo a una simple mortal, algo demasiado para ella, pero que durante el acto, clamaba por más y más fuerte a voz en grito. Pronto, mi voz ya no sería mía, mis extremidades serían de mantequilla, quedarían inutilizadas, dormidas. La parte más activa de mí sería mi vagina y mi clítoris.

Hablando del cual, por cierto, me parecía un poco abandonado mientras Uzz me penetraba por detrás. Entre suspiros y jadeos, tomé una de sus manos, temblorosa y vacilante, y la conduje por uno de mis pechos, parte de mi costado, mis caderas, y al fin, esa palanca pequeña y divina que únicamente podía dar placer. Yo misma lideré el movimiento, las caricias, dejándole autonomía sólo a sus dedos, para que describiera en mí los movimientos que mejor le pareciesen. Yo estaba en el cielo, en el maldito paraíso. La pared fría hacia que mis pezones conservaran la misma dureza que cuando Uzz se había alimentado de ellos y había encendido las llamas del placer, abierto las puertas de la lujuria. La divinidad y los instintos más sucios del ser humano se mezclaban en una sola habitación.

Con cada embestida jadeaba y gemía a un volumen más alto. Su nombre en mis labios era lo más excitante que podía decir. Una débil risa se ahogó a medio camino de nacer, pero siempre la recordaría como la risa que pudo presenciar una escena de sexo en toda regla.

-Sí... Oh, Dios... Mucho... Ya ves lo que me... Ah, joder, sí... Ya ves lo que me pones, Uzz- asombroso que hubiera podido articular esa frase entera. Labios secos, ojos cerrados con fuerza, manos que querían arañar los azulejos del baño sin conseguirlo. Cuerpo a su merced. Me poseería por completo y para siempre.

Pero quería verle la cara. Quería ver su rostro cuando experimentaba ese placer al tenerme, al unirme a él del todo. De modo que, un poco con brusquedad y rapidez, me di la vuelta y, con una mano en su pecho y una sonrisa traviesa, maliciosa, ardiente, lo conduje hasta la taza del váter e hice que se sentara ahí. Yo me senté sobre él, introduje su pene en mí con suavidad, e inicié un suave movimiento de caderas, sensual, lento, pausado. Luego ya aumentaría el ritmo. Mis manos aferraron su pelo, lo bastante fuerte para que viera que lo deseaba, y lo bastante suave para no herirlo. Me incliné ligeramente para morder su cuello. Su corazón provocaba el eco de los latidos en sus venas, en su sangre...

... en su miembro, vivo dentro de mí.
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