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Una nariz rota. {Alexander J. Haider}

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Una nariz rota. {Alexander J. Haider}

Mensaje por Georgina Steensen el Miér Mayo 04, 2011 1:12 am

Maldita sea.—gruñí mientras bajaba con rapidez del UART10 una vez en el hangar.

La iba a matar, iba a hacer cuadraditos pequeños de su cuerpo hasta que se convirtiera en una masa sanguinolenta a base de puñetazos. Maldita niñata. ¿A quién cojones se le ocurría? Me quité el casco en un gesto rápido, entregándoselo sin mirar al primero de los ingenieros que se acercó a mí para revisar que el avión estaba en buen estado. ¡Y por supuesto que lo estaba! Hawk no tendría ni un roce mientras estuviera yo a los mandos. Era una costumbre que había tomado en la Academia Militar al inicio de mis correrías, un nombre simbólico que demostraba el cariño que había tomado a mi pequeño después de los años de maniobras. Siempre procuraba coger el mismo, todo el mundo sabía aquello.

En ese momento no estaba pensando en Hawk, ni en mis años como recluta, sino en una persona en específico que con su cabello largo se encontraba descendiendo de su propio UART10. Con largas zancadas me dirigí hacia allí, pude ver los rostros como si fueran un borrón de ingenieros y pilotos que se encontraban en ese momento en el hangar. Oh, sí, iba a matarla, a descuartizarla. Había tenido problemas con Iris desde que había llegado hacía unos tres años, desde el primer momento se había dado de Diva y le encantaba recordárnoslo a los demás, pero lo de aquel día ya se pasaba de castaño oscuro. No iba a permitirlo, no cuando lo había hecho bajo mi mando.

Había cosas que me tomaba muy en serio y volar era una de ellas, más cuando nos encontrábamos en territorio hostil y en unas maniobras de reconocimiento. No nos encontrábamos ya en territorio de las Naciones Unidas, por mucho que aquello fuera la Zona36 tal y como el gobierno espolvoreaba a los vientos en cuanto tenía un momento. Era zona de guerra y como tal había ciertas actitudes que no pensaba tolerar. Iris puso por fin los pies en el suelo, hablando de forma coqueta con el ingeniero que se había acercado a su UART10.

¿Se puede saber a qué cojones ha venido eso? —pregunté deteniéndome a unos pasos.
No sé a qué te refieres.

Bufé mientras apretaba los puños, su chulería había sido la causante de muchos de los problemas y, sobre todo, su puta manía de hacerse la tonta. Si me hubiera dicho que había sido un error, que había sido sin darse cuenta, no estaría en ese momento a su lado a punto de partirle las piernas. Lentamente se fue formando un círculo a nuestro alrededor. Podía ver rostros pálidos de aquellos que nos conocían, varios pilotos que habían salido con nosotras se acercaron hasta donde estábamos sabiendo que se estaba comenzando a formar una auténtica Tormenta.

No me jodas, lo sabes perfectamente ¿qué gilipollas se cruza en mitad de la trayectoria sin ni siquiera avisar?
Ese no es mi problema, Steensen, deberías haber estado más atenta. —respondió la muchacha, con una sonrisa coqueta mientras guiñaba el ojo a uno de los otros pilotos.
Precisamente por haber estado atenta, no nos hemos estampado.

Avancé dos pasos, tenía que mirar ligeramente hacia abajo y ella hacia arriba, estaba tensa como la cuerda de un piano mientras el puño de mi izquierda comenzaba a cerrarse con violencia. Estaba tirando lo suficiente de la cuerda como para saber que en cualquier momento se estrellaría, pero no hizo caso, la risa que escapó de sus labios fue suficiente. Instantes más tarde mi puño se había estrellado contra su inmaculado rostro con tal violencia que había terminado en el suelo, un hilillo rojo manaba por entre sus dedos tras llevarse la mano a su rostro, comenzando a llorar como si de una niña pequeña se tratara. A mi alrededor se había desatado el caos, alguien me sujetaba por detrás impidiendo que me lanzara de nuevo sobre ella.

¡Vuelve a hacerlo y no será tu nariz la que termine rota! —vociferé fuera de mis casillas.


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Re: Una nariz rota. {Alexander J. Haider}

Mensaje por Alexander J. Haider el Miér Mayo 04, 2011 2:45 am

Maniobras de reconocimiento en el aire, algo tan esperado y a la vez tan poco usual desde que entré a formar parte de los guardias de la presidenta, cada una de estas acciones sobre Crow, el avion que solía coger, una aeronave a la que con el tiempo le había cogido cariño, cierto era que los demás pilotos la cogían, tenía su lógica, habían de aprovecharse aviones para cualquier ataque, reconocimiento o fuese lo que fuese necesario, todo aquello pasaba por la mente mientras iba en la parte trasera de las demás aviones que hicieron la expedición de reconocimiento, solo cuatro, el número exacto para no llamar la atención y conocer más acerca del territorio hostil.

Sobrevolaba el cielo, entre nubes y ese azulrosado del cielo que se formaba cuando atardecía, habían sido horas de vuelo, pero con el objetivo cumplido, aunque con un pequeño percance causado por una piloto que estropeó la vuelta con la normalidad que solía parecer, entonces aun pilotando pude visualizar el hangar de las naciones unidas, como los aviones se acercaban a éste con esa elegancia, como grandes aves mortales capaces de destruir ciudades, personas solo con pulsar los botones adecuados, veloces, silenciosas, preparadas para cualquier situación, unas armas aladas, mi gran debilidad.

Hice aterrizar a Crow no muy lejos de Hawk, el avion de George, cuando paré los motores, me quité el casco con tranquilidad, lo cierto es que estaba cansado, nos habíamos pasado el día en la Unión Euroasiatica, la comida había sido pésima, apenas recordaba lo mal que se comía en una maniobra, sin que me diera cuenta ya habían pasado dos años desde que dejé de estar en un contacto directo con las aviones, ahora más bien éstas pasaban a un segundo plano, como algunas prioridades, las cuales habían cambiado o modificado.

Bajé del avion y vi a George con Iris en lo que parecía una discusión, me acerqué a ambas corriendo, dejando el casco en el suelo cuando estuve lo suficientemente cerca de ellas, entendía el cabreo de George, pero cuando iba a ponerme en medio para calmar la tensión vi como ella le dió un puñetazo a la Barbie Voladora, entonces aunque de buenas me hubiese puesto del lado de George tuve que ponerme en el medio separandolas, mirando a mi amiga con cara de pocos amigos ¿que hacía? ¿no habíamos tenido suficiente hoy en todo el día?.

-¡George calla!-dije ordenandoselo seco y tajante- y tu vete a que te vean la nariz o ponte algo, pero llevaosla-dije mirandola molesto, hice una indicación para que se la llevaran, entonces observé como los espectadores de este mini teatro se llevaban a la protagonista víctima del caracter de Georgina, cuando estuvieron suficientemente lejos, giré el rostro hacia ella.

-¡¿ Se puede saber que demonios te ocurre?! nos hemos pasado todo el p-to día fuera! ¿en que piensas, dime, en que?!?!-dije cabreado, si había algo que me molestara es que hubiera discusiones por las formas de volar, aunque nuestros comportamientos al principio y durante esta amistad habían sido cuanto menos temerarios, pero no tenía nada que ver, conocía de sobra que ambas no se llevaban bien, por algo la sacaba del calabozo cuando algun percance ocurría- Tienes dos opciones, te calmas o te calmas ¿lo tienes claro?-dije aun molesto, aunque intentando no dejarme dominar por los impulsos, no más de lo que ya estaba.

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Re: Una nariz rota. {Alexander J. Haider}

Mensaje por Georgina Steensen el Miér Mayo 04, 2011 6:23 am

Había algo que no soportaba y es que me mandara callar, que el que lo hiciera fuera Alex no significaba que me lo tomara mejor por mucho que tuviera mayor rango que yo. Cualquiera hubiera pensado que agacharía las orejas, me callaría y lo dejaría estar, pero no fue el caso. Me sujetaban con fuerza por detrás porque mi cuerpo se movía con violencia intentando soltarse, no sabía si para volver a arremeter contra Iris o contra Alex. Cuando estaba de esa manera me daba lo mismo quién estuviera delante, solo había un objetivo claro en mi cabeza: terminar aquello. Vi cómo se la llevaban, Iris llorando como si la vida le fuera en ello, mientras que varios pilotos e ingenieros se la llevaban prácticamente en volandas. ¡Ni que la hubiera matado! Joder, estaba fuera de mis casillas.

El enfado burbujeaba dentro de mí, la tensión, el largo día de vuelo, las malas condiciones. Por mucho que me gustara volar, aquel momento no era precisamente el mejor. Escuché lo que me decía aunque en un primer momento no comprendí sus palabras. Mi mirada estaba fija en la espalda de Iris, la cual era guiada rumbo, seguramente, de enfermería. En parte me sentía bien por lo que había hecho, iba a estar un buen tiempo con la nariz tapada. La neblina roja que siempre cubría mis ojos cuando estaba en uno de mis “ataques” persistía. Había escuchado hablar sobre antiguos bersekers, sobre esos guerreros milenarios que entraban en un furor guerrero en el que no sentían ni padecían, en el que luchaban llevados por una furia asesina. Mi hermano me llamaba Valkiria en bromas, mote que algunos de mis compañeros compartían.

Giré entonces mi rostro furioso hacia Alex, el hombre que me había estado sujetando me soltó. Un armario empotrado que trabajaba en el hangar en el mantenimiento de los aviones. Había incluso tenido dificultad para sujetarme tan fuera de mi como estaba. No veía, no sentía. En dos zancadas me puse delante de Alex, unos centímetros más alto que yo, pero no por ello me dejaba intimidar. Le miré a los ojos fuera de sí, fuera de mis casillas, como un gallo de pelea dispuesta a darlo todo. No me había gustado lo que había ocurrido, ni con Iris, ni en su interrupción.

¿Qué cojones crees que haces Haider? —prácticamente le escupí en la cara a apenas unos centímetros de él, estaba enfrentándome a un oficial con más rango que el mío, en ese momento no me importaba. —¿Es que no has visto lo que ha hecho? ¡Esa puta niñata no sabe lo que es volar en equipo, solo sabe vanagloriarse y darse aires! —mi voz se estaba alzando de nuevo, no me importaba nada que nos estuvieran escuchando y mirando. Me contuve para no empujarlo aunque estuve cerca de ello. —¡Ha estado a punto de provocar que me estrellara joder!

Todo el mundo sabía que dentro de un UART10 podía hacer verdaderas acrobacias, que mi ausente sentido del peligro me había convertido en una de las mejores pilotos de la Unión. Hacía lo que fuera necesario, en el momento que hiciera falta, pero el comportamiento de Iris, en unas maniobras como aquellas, me había sacado por completo de mis casillas. Una cosa era hacer el tonto cuando se estaba de prácticas, avisando al resto de los pilotos. Otra muy distinta arriesgar una misión por las estupideces de una persona.

Me mantuve quieta, mirándole, desafiante, con los puños apretados contra los costados preparados. Todos sabían que mis estallidos eran monumentales y que no me gustaba que se metieran de por medio. El único que sabía controlarme, tranquilizarme, era mi hermano y no estaba allí para hacerlo.

La Tormenta había estallado.

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Re: Una nariz rota. {Alexander J. Haider}

Mensaje por Alexander J. Haider el Miér Mayo 04, 2011 7:44 am

Cuando actuaba así era como una tigresa que se sentía enjaulada, una furia que necesitaba explotar, unas nubes formando una tormenta, conociendola no me esperaba piropos, de hecho de haberme hecho caso estaría extrañado por su reacción tan colaborativa, pero no sucedió, simplemente habló, tenía razón, es que no se la negaba, no tenía porque estar tan mosqueada con aquella, me encargaría para que le abrieran expediente o lo que fuese necesario, pero no se necesitaba llegar a pegar, no hoy ni ahora.

Asentí al principio como signo de que estaba oyendola y en parte de que estaba deacuerdo, pero no hacia falta ponerse así, de no ser ella, probablemente la hubiese mandado llevar al calabozo por su falta de respeto a un oficial, en cambio simplemente escuché cada una de sus palabras y movimientos, como si la analizase todo, como si fuera un concurso de la tele y yo un espectador, con una calma frustrada ya que estaba más cabreado de lo aparente, sonreí con cierta ironía, simplemente salió así.

-¿¡ Que hago yo?! soy el único que no actua como un energumeno porque la barbie de turno le haga una jugarreta, y esa niña terminará donde debe si sigue así pero no debes seguirle el juego, George, joder!-dije mirandola, sabía que mi modo de actuar no era el correcto, pero no estaba dispuesto a que ella se siguiera alterando, de hecho estaba- no ha estado a punto de provocar nada, solo el avion se le ha descontrolado un poco, lo que no entiendo quien la ha mandado para ir de maniobras cuando no esta preparada-dije encogiendome de hombros.

Ella estaba en posición desafiante, pese a que estaba aun con una agresividad a flor de piel, controlaba los impulsos, intentando calmarme mentalmente, que el corazón no se acelerase ya que cuanta mayor tensión peor reacción, apreté un puño y me quedé serio mirandola, con actitud desafiante de igual modo que ella, observé a nuestro alrededor, al ver que la gente tanto pilotos como mecanicos, y demás usuarios del hangar estaban a una distancia que parecía ser como una extraña cupula alejada de nosotros, cogí a George y la llevé al interior del hangar, a la zona cubierta.

-Escucha, una cosa es que te saque de los problemas cuando lo necesites, pero no puedes ir buscandolos! algun día mis escusas y ayudas no servirán de nada ¿no lo entiendes?-dije serio con sequedad, apoyandome en la pared, estaba bastante orgulloso del control que poseía sobre la agresividad, aunque estaba seguro que a la mínima que me tocaran reaccionaría muy mal, el cuerpo me pedía dar golpes, dar patadas , lo que fuese, pero en vez de todo ello, solo intenté relajar tensiones, como siempre, sin efectividad alguna.
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Re: Una nariz rota. {Alexander J. Haider}

Mensaje por Georgina Steensen el Miér Mayo 04, 2011 8:09 am

Me solté con un gesto brusco una vez estábamos en el interior mientras le miraba chirriando los dientes, realmente furiosa. No había nadie a la vista y eso hizo que me descontrolara, estaba a punto de explotar del todo, de dejar que las emociones me invadieran por completo. Había conseguido mantenerlas a duras penas bajo control porque no quería montar una escenita pero allí… allí no había nadie más que Alex y encima… ¿es que estaba ciego? ¡Joder! Apreté los puños de nuevo poniéndome a su altura una vez más, justo frente a él delante de la pared en la que estaba apoyado rechinando los dientes como siempre ocurría cuando estaba furiosa. Necesitaba… no sabía exactamente lo que necesitaba.

¿Tú te has escuchado? —pregunté mientras prácticamente le fulminaba con la mirada a pocos centímetros de su cara. —¡La estás defendiendo!

Odiaba que ocurriera eso, Iris tenía la puta capacidad de hacer que los tíos se convirtieran en poco más que una babosa en el suelo sin una pizca de raciocinio. Algunas personas dirían que era que estaba celosa porque no era tan femenina y bla bla bla, no me dejaba llevar por esas gilipolleces. Una mujer lo era de todas todas, sin necesidad de todas esas artimañas y si me llamaban machista o gilipolleces por el estilo me importaba una puta mierda. Iris era una calienta braguetas, era lo que mejor se le daba. Calentar, hasta el extremo, y luego apartarse. Lo había visto en demasiadas ocasiones y parecía que Alex había caído también en su trampa. Apreté los puños una vez más, el derecho con el que había golpeado, me escocía en la zona de los nudillos, pero había estado muchísimo peor en el ring ilegal en mi época de novata como para que me preocupara en exceso.

Me moví hacia delante, hasta que mi cuerpo estuvo prácticamente pegado al suyo y mi rostro a unos pocos centímetros. Tenía que alzarme ligeramente para poder estar más a su altura a pesar de mi 1,80 de altura puesto que me sacaba casi diez centímetros. Con mis ojos claros clavados en los suyos en esta posición me quedé unos instantes en silencio antes de comenzar a hablar de nuevo.

¿Y quién te ha pedido ayuda? —dije en un susurro rabioso mientras mantenía mi posición. —Nadie, Hadier, nadie lo ha hecho. —el tono era mortalmente bajo mientras le miraba a los ojos en todo momento en esa misma posición. —Yo al menos no lo necesito, no cuando sé lo que he visto y lo que ha hecho… no ha perdido el control del avión por mucho que tú te esmeres en defenderla.

Me mantuve unos instantes más en esa posición, sin apartarme. Uno de tantos gestos amenazantes que había aprendido a lo largo del tiempo. No había nada que me diera miedo, inconsciente me habían llamado en más de una ocasión y estaba segura de que tenía razón. No temía al dolor porque lo había dado y recibido en demasiadas ocasiones. No le temía a un castigo porque los había recibido desde que tenía uso de razón. Cualquiera pensaría que con mi familia debería haber sido distinto, pero había vivido demasiado en mi corta vida como para achantarme en ese momento.

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Re: Una nariz rota. {Alexander J. Haider}

Mensaje por Alexander J. Haider el Miér Mayo 04, 2011 8:38 am

Rodé los ojos , me estaba cansando de estar pasivo frente a sus actuaciones que se me antojaban de una niña en cierto modo caprichosa en todo, le había dicho que "no estaba preparada", lo que venía a ser que era una "burra", di un bufido, entonces ella se acercó mucho a mi, sin miedo, con terquedad, mi rostro pareció ensombrecerse por una pequeña furia contenida que estaba a una linea de salir, a una misera linea invisible, en la que ella estaba provocandome, eso no terminaría bien para nada.

Entonces sin meditarlo demasiado le di un empujón con fuerza, mi intención no era hacerle caer, simplemente era un aviso de que no volviera a acercarse, me crucé de brazos, aquello parecía a nuestros primeros años de novatos allí, siempre terminabamos peleandos, por estupideces, en este caso yo sería la Iris esa que tan mal le caía a George, aunque claro, yo hacía mucho mejor de "toca pelotas de George" que la debilucha Iris, nota mental: debía tratar mejor a Iris, almenos no ponerle motes, ella podría estar bajo mi mando algún día.

-No la defiendo!-dije tajante, dando por zanjado el tema de Iris ¿pero que decía? ¿creía que defendería a Iris antes que a ella? aquello solo me molestó aun más y moví la mano con forma de puño contra la pared con la que estaba apoyada, aunque no hizo mucho, almenos descargué unas minusculas partes de tensión, muy pocas, casi inaudibles y una pequeña sensación del golpe recorrió la mano aunque desapareció poco despues.

Lo siguiente que dijo me molestó aun más, entonces me acerqué a ella y la cogí de manera que pudiese emparetarla contra la pared de manera brusca, era como si alguien por lo que has hecho tanto no quisiera nada de tí, lo hacía por ella, me preocupaba, pero estaba jodidamente ciega si no lo veía, apreté mi mano sontra su cuerpo con ira, con rabia por sus palabras, esta vez solo la impulsividad dominaba la situación, la racionalidad había desaparecido como un suspiro.

-¿Quien me ha pedido ayuda? ¿quien? sabes, si quieres...a la proxima que te den! lo hacía porque me preocupaba como un soberano estupido pero ahora que ya veo la situación, que todo te da igual, te ayudará otro o nadie!-dije mirandola a los ojos, apretando con más fuerza, casi sin importarme quien hubiese cerca o que pasase, era un cara a cara, como en el ring, apreté mucho más hasta que la solté bruscamente.

-Y yo que creía que hoy sería un buen día- dije sonriendo negando mientras la miraba, casi hubiera preferido quedarme de guardia hoy con la presidenta, me aburría de mala manera muchas veces pero almenos no discutía por lo que hacia una niñata como Iris, vi donde estaba mi casco allí en mitad del hangar, la gente pasaba por su alrededor y nadie le hacia caso, poco después vi nuestras aviones, una al lado de la otra, como un equipo, ahora esto era más un par de individuos cabreados, ojala escuchara las palabras de calma de Arabelle o la canción que cantaba mi madre cuando estaba cabreado, aquello en estos momentos parecía más un recuerdo anhelado.
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Re: Una nariz rota. {Alexander J. Haider}

Mensaje por Georgina Steensen el Miér Mayo 04, 2011 10:16 am

La furia aumentaba según pasaban los segundos en vez de desaparecer. Necesitaba golpear, necesitaba descargarla de alguna manera. Una risotada irónica se escapó de mis labios ante su comentario de que no defendía a Iris. ¿Pensaba que estaba ciega o era una estúpida? Habían sido claras sus palabras. Cegada por la furia no podía ver nada más, no podía entender nada más que lo que mi mente quería entender. Era lo malo de estar en mi estado de ánimo actual, que era muy difícil hacerme razonar. Imprudente, me llamaban, sin miedo a nada y a nadie. Cabezota hasta límites insospechados y terca como nadie, esto último estaba más claro que el agua en ese mismo momento.

Le gruñí cuando me sujetó con fuerza, por mi cabeza me vinieron las imágenes del pasado, aquellas en las que arremetíamos el uno contra el otro con furia y violencia, cuando en el ring descargábamos toda nuestra rabia. Había recibido miles de golpes de él, como el que sentí en ese momento cuando me empujó con fuerza contra la pared haciendo que mis dientes castañearan por unos instantes. Forcejé hasta que me soltó y le miré con los puños apretados a mis costados. Aquello no iba a terminar bien, estábamos los dos cada vez más cabreados, más furiosos, hasta límites que hacía mucho tiempo que no se habían traspasado. Y pensar que todo había sido por Iris provocaba que me enfureciera todavía más. En ese momento Alex había pasado a ser aquel contra el que el mal humor acumulado del día estaba a punto de estallar, de arrollar todo lo que había por delante sin importar quién era. Sin importar que se tratara de mi mejor amigo y que nos habíamos contado todo a lo largo de los años. Sin importar que pudiéramos terminar como el Rosario de la Aurora como se solía decir.

Le solté a mi vez un empujón con fuerza, sin pararme a pensar en las consecuencias mientras mi cuerpo se tensaba, los tendones se volvían tirantes como la cuerda de un piano y mi corazón comenzaba a bombardear con más fuerza producto de la adrenalina del deseado enfrentamiento. Necesitaba aquello, necesitaba golpear y ser golpeada, necesitaba que todo estallara y poder de esa manera descargar toda la frustración que llevaba acumulada. Escuchaba sus palabras como un torbellino intermitente, apenas podían pasar la marea roja que me rodeaba sin ver ni entender lo que había a mi alrededor.

Sólo éramos dos, él y yo, el resto del mundo se difuminaba en el borde de mi visión sin hacerle en realidad caso.

¡Me importa una mierda! —le espeté en pleno rostro, sabía que más tarde me arrepentiría de esas palabras como siempre me ocurría cuando discutíamos, pero en ese momento ese pensamiento no existía en mi cabeza, demasiado iracunda como para pensar con claridad. —¡Que te jodan Haider! —hice un arco con la mano como quien apartaba una mosca volviéndole a dar otro empujón con fuerza, con ira, por no estamparle el puñetazo en plena cara que comenzaba a formarse de nuevo en mi puño. —¿Crees que me voy a echar a llorar porque no vengas a defenderme como un caballero andante? —pregunté cargando de ironía mis palabras. —¡¡No soy una jodida damisela en apuros!

Tenía la respiración acelerada al mismo ritmo que el corazón bombeaba con rapidez. En ese momento éramos adversarios, la rabia comenzó a borbotear en mi interior incapaz de pensar con claridad.

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Re: Una nariz rota. {Alexander J. Haider}

Mensaje por Alexander J. Haider el Vie Mayo 06, 2011 3:16 am

Conforme hablaba veía como nuestra conversación caía en un pozo sin fondo, más oscuro, menos tenue, más severo, pero en vez de buscar la luz, prefería permanecer en aquella conversacion con tintes teñidos de negro, tintes que aunque sus palabras me dolían , el orgullo superaba todas las tonterías que ella decía, la parte de "teniente" resurgía de entre las sombras dejando de lado al Alex amigo, al Alex preocupado, pasando a ser el teniente..y cabreado, aunque no ese que esperaba ni hacia mandar ordenes, no, simplemente era ese al que no le gustaba que le pisotearan, si había algo que odiaba era la sensación de que era un "caballero andante", un heroe, porque estaba muy equivocada y lo sabía.

Nuestra amistad había pasado a un segundo plano, de hecho, todo había pasado a un segundo plano, el ir y venir de los aviones era secundario, las discusiones, las charlas entre pilotos u oficiales, el simple viento que se había girado de repente, las aves, el cielo que empezaba a nublarse, nada formaba parte de nuestra conversación, aquella pequeña cúpula en la que estábamos, que de saber que alguien nos gritara nuestro nombre seguramente ni nos enteraríamos.

Entonces me empujó, los pies se echaron marcha atrás unos pasos, la miré aun más cabreado, tenso, no iba a aguantar más aquello, ni un solo empujón, esto parecía una pelea de empujones, entonces si debía hacer que esto se terminara o almenos que hubiera unos minutos de descanso, se me ocurrió un pequeño plan, no muy meditado, de hecho fué hecho y pensado ¿consecuencias? poco me importaban, como mucho el calabozo, un lugar al que utilizaba de zona de descanso más o menos.

Entonces me acerqué a ella con todo el carácter, extrayendolo como si de sangre se tratara y le dí un fuerte empujón con la intención de hacerla caer, puse mis manos sobre su cuerpo de manera que mi fuerza era lo suficiente y cargada con la ira que sus frases provocaban en mí, la hice caer al suelo, la miré desde arriba, viendola en tierra, no se donde la conversación había perdido sentido, donde quedaba algo llamado amistad, aquellos momentos transcurridos durante los años, ahora eran minucias, pequeñeces, casi nada...

-Me voy, no voy a seguir con este estupido juego y con tu estupida cabezonería, que no se si hablo contigo o con ella-dije mirandola, eramos como dos crios empujandonos, no había ningun oficial cerca, era algo a nuestro favor, no me apetecía dar explicaciones de nada, ni siquiera de esto, solo quería echarme en la cama y descansar, el deseado descanso que llevaba ausente en estos últimos años, casi parecía más un sueño que algo realista, aquello en sí solo hacía que mis dias fueran peores, que el mal humor aumentara, que la parte impulsiva-ya de por si alta- aumentara, algo que no ayudaba es que mi querida Georgina también tuviese un caracter parecido, a nadie nos favorecía, a ninguno.
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Re: Una nariz rota. {Alexander J. Haider}

Mensaje por Georgina Steensen el Vie Mayo 06, 2011 3:43 am

El duelo de empujones, un duelo de egos sería mejor dicho. El suyo y el mío en constante enfrentamiento. Casi podía vernos varios años más jóvenes, en momentos como aquel. Si hubiera pensado con racionalidad, si no estuviera tan enfadada, seguramente me reiría por las similitudes. Pero entonces éramos rivales, nos agotábamos mutuamente, estábamos midiéndonos de forma constante, sin detenernos ni siquiera cuando llegaron las amenazas de los oficiales con expulsarnos, no sabía exactamente cuándo ni cómo había sido el punto de inflexión, cuándo nos acercamos como amigos y no como enemigos. Había sido una época, no un momento en concreto, quizá fueran la cantidad de tiempo que nos pasamos uno al lado del otro en los calabozos, quizá la cantidad de vueltas que tuvimos que dar corriendo como si de dos críos castigados nos tratáramos, muchas veces bajo la lluvia, incluso una vez bajo la nieve apenas vestidos con la camiseta y el pantalón. Aquello no era un campamento de verano y los castigos ejemplares estaban hechos para curtir o echar a los que no merecieran estar dentro del ejército de las Naciones.

Ambos habíamos demostrado que éramos mucho más duros de lo que habían creído en un primer momento y mucho mejores. Y allí estábamos, tensando de nuevo las cuerdas, hasta el punto de estar al límite de romperse. Sin darnos cuenta que las palabras que nos decíamos herían más que en aquellos primeros momentos porque antes no importaban y, en cambio, ahora herían mucho más que un balazo, que mil balazos. Lo mismo que los actos. No era consciente de lo que estaba ocurriendo hasta que me encontré de golpe en el suelo notando las reverberaciones de la caída en todo mi cuerpo, apretando los dientes y mirándole. Varias maldiciones atravesaron la neblina roja de mi cerebro mientras le miraba.

Y una mierda.

Debería cortar el momento en ese momento, dejar que se marchara, razonar, ser una persona sensata… pero entonces no sería George Steensen, sino alguien haciendo una mala imitación. Me medio incorporé hasta apoyar las manos en el suelo, lo mismo que una rodilla y hacer un barrido que buscaba tumbarlo en el suelo. Que me hubiera tirado de un empujón me había cabreado, por lo que en cuanto cayó me moví para ponerme encima de él y descargar mi puño contra su rostro, un rostro que en ese momento no era el de mi amigo, ni el de mi oficial superior.

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Re: Una nariz rota. {Alexander J. Haider}

Mensaje por Alexander J. Haider el Vie Mayo 06, 2011 4:12 am

Iba a girarme para irme, cuando con su barrida caí al suelo como una estatua al caer, el cuerpo cayó al suelo, pero me giré de manera que el golpe no fuese tan brusco, cuando estuve allí sobre el solido cimiento, vi el cielo, el corazón se me aceleraba por la adrenalina, ese cabreo que no parecía decaer ni difuminarse, dejé ambas manos estiradas en el suelo, como recuperando fuerzas, aunque no me había hecho daño, era más el hecho, todo lo que conllevaba este juego de empujones lo que nos había llevado a un extremo, a la otra parte de la amistad, era como un viaje al pasado donde ambos nos odiabamos, no nos soportabamos, ahora era el antes, pero todo era muy diferente al pasado, antes todo dentro del sinsentido carecía lo más mínimo la vida del otro, ahora se suponía que nos importabamos, se suponía, en estos momentos lo dudaba.

El cuerpo permanecía extendido, entonces apoyé mis brazos en el suelo con intención de levantarme cuando se puso sobre mí, su rostro mostraba un cabreo mucho mayor del imaginado, entonces y sin previo aviso me dió un puñetazo, quizá fuera porque no me lo esperaba o porque simplemente no tenía fuerzas para una reacción lo suficientemente convincente, cuando noté sus nudillos en la mejilla, el golpe fué tan brusco que giró mi rostro y causó un hilillo de sangre en el labio, la miré con odio, y con el brazo me limpie la sangre de la boca y le di un golpe en el estomago, para poco después moviendome con brusquedad y con una de las técnicas militares que allí aprendíamos la hice caer, haciendo que cuando me separase, ponerme sobre ella con habilidad, cegado por toda clase de sensaciones, mayoritariamente malas, y le cogí de ambas muñecas apretándoselas, inmovilizandola.

Con la mano libre le dí un puñetazo, me daba igual que fuese mi amiga, por mi como si fuese Matusalen, creo que esta discusión abriría unas pequeñas grietas, pero las superariamos, aunque no era lo que me preocupaba, el orgullo y el ego entremezclados estaban heridos, y la única manera de descargar toda mi rabia tanto por esto como por lo acumulado a lo largo de los meses se llamaba Georgina Steensen, ella pagaría todo lo que el resto habia pagado indirectamente, parecía un volcán en erupción, conteniendo la lava hasta al final soltarla y dejarla caer sobre el volcán en un manto ardiente, no había palabras, solo hechos, solo golpes..
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Re: Una nariz rota. {Alexander J. Haider}

Mensaje por Georgina Steensen el Vie Mayo 06, 2011 4:42 am

Un gruñido se escapó de entre mis labios al tiempo que sentía la llave que provocaba que me quedara tendida bajo su cuerpo y forcejeé cuando me cogió de las muñecas. Mi campo de visión se redujo a su rostro, una mancha que me impedía ver nada más mientras que el dolor explotaba al sentir la primera arremetida hacia mi cara que provocó el sabor acre de la sangre en el interior de la misma. Escupí hacia un lado, una mezcla de saliva y sangre recibiendo un segundo golpe que me hizo girar el rostro y mirarle con odio. Aquello no podía seguir así. Mi cuerpo se contorsionaba buscando el lugar donde hacía menos presión, donde poder hacer presión para hacerle girar. Giré brevemente mis muñecas mientras le miraba.

No había palabras, no se necesitaban en ese momento. Era el idioma de la violencia, de la rabia contenida, era nuestra forma de descargarnos, el problema es que lo hacíamos el uno contra el otro, sin pensar en nada más que en ese instante. No había futuro, únicamente el presente y en el presente él me seguiría golpeando si no hacía nada para impedírselo. La mente racional desapareció, tomando el control los instintos. Con un gesto rápido y veloz giré mi cuerpo, presionando con mis piernas para desestabilizarle y de esa manera hacerle girar hacia un lado al mismo tiempo que buscaba soltar al menos una de mis muñecas. Conseguido le propiné un golpe en la zona del estómago buscando un momento de espacio, un instante que apenas duró antes de volver a lanzarme contra él.

Eran golpes que iban y venían. Piernas que se entrelazaban, buscando golpear, puñetazos que en ocasiones daban en su objetivo, de la misma manera que los suyos impactaban con fuerza en mi cuerpo. La marea roja era carmesí, cargada de sangre, de frustración y de dolor, de miedo, de agonía y temor. No había nada más que ese momento, no pensaba en las consecuencias de pegar a un oficial de mayor rango, ni en la posibilidad de que cumplieran su amenaza de enviarme directamente a oficinas. No pensaba en el dolor que sentiría al día siguiente, ni la angustia que se apoderaría de mi una vez que me diera cuenta de que había descargado contra él cuando no era mi intención.

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Re: Una nariz rota. {Alexander J. Haider}

Mensaje por Alexander J. Haider el Vie Mayo 06, 2011 11:45 pm

La golpeaba sin pensar, como si fuera un saco de boxeo en vez de una persona, como si estuviera en un gimnasio en vez de en un hangar, el viento hacia mover nuestros cabellos al mismo ritmo, pero aquello era algo que no percibíamos, las voces de los pilotos al vernos no parecía afectarnos, me descargaba en ella, dandole puñetazos sin pensar, aun sabiendo que la hacía daño y que seguramente me arrepentiría, seguramente no, seguro me arrepentiría, el corazón palpitaba aceleradamente de igual manera que cuando volaba y haciamos alguna acrobacia, la adrenalina viajaba por todo el cuerpo junto con esas emociones negativas.

Entonces ella me hizo caer con un movimiento habilidoso, y con un golpe en el estomago, algo que hizo que inconscientemente pusiera las manos en el, haciendo que cayese al suelo y cambiar los turnos, estando otra vez ella sobre mi, notando de nuevo el frío suelo con sus pequeñas piedrecitas a mi alrededor, notaba la presencia del estomago, pero aun más notaba como me daba puñetazos, la respiración era entrecortada por los puñetazos arritmicos, giraba el rostro, sangraba, la sangre caía pero adolorido el rostro no sabía exactamente de donde había salido, cual era su foco de nacimiento, el dolor de cabeza empezaba a aparecer a causa de tantos golpes, el organo más resentido empezaba a hacer acto de presencia, ella ni lo sabría, giré el rostro mirandola y puse mis manos sobre las suyas cogiendolas con fuerza, cogiendo sus puños y haciendo fuerza para que por unos momentos todo tuviese cierta calma.

Entonces escuché por primera vez en todo este rato las botas de algunos que se acercaban, sin dejar de hacer fuerza giré un poco el rostro y allí vi al Coronel Anderson, no parecía muy alegre que se dijera, nos miró de manera inquisidora, aparté a Georgina de manera bastante brusca, conociendolo como lo conociamos, más nos valía pensar rápido alguna manera para que no nos mandase al calabozo, me puse en pie conforme pude y me negué a tenderle la mano a George, de hecho no me apetecía hablar con ella, iba a pronunciar palabra cuando el oficial habló, con su peculiar manera tajante y fría.

-Llevaoslos al calabozo..a ambos se os denegará durante tres semanas subir a los aviones e ir a hacer maniobras al exterior-dijo y luego nos miró con severidad-vaya oficiales estais hechos-dijo de manera despectiva yendose al lugar de donde provenía, iba a renegarle pero me cogieron de los brazos como si fuera un delincuente del cuarto, moví los brazos, no quería ir al calabozo, estar sin volar durante tres semanas era de las peores noticias que había escuchado, todo por culpa de la barbie voladora, aunque nosotros también lo habiamos fomentado.

No miré durante todo el trayecto, era una especie de protesta silenciosa, por mucho que me moviese eran más y me sujetaban bien, aunque eran dos contra uno, parecían gorilas en vez de pilotos, el dolor de cabeza permanecía como una música de fondo en mi mente, dejé de forcejear y simplemente me dejé llevar, no había salido nada como esperaba, hubiese querido una buena tarde con ella y había pasado lo contrario, notaba como la sangre, pequeños caminitos de sangre recorrían mi rostro, creo que tenía un corte bajo un ojo pero ni idea, no quería saber nada de nadie, solo descansar y tomarme la medicación, nada de eso ocurriría.
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Re: Una nariz rota. {Alexander J. Haider}

Mensaje por Georgina Steensen el Sáb Mayo 07, 2011 12:10 am

Tema finalizado.

Continúa por aquí en los Calabozos.

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