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¿Visita Diplomática? {Cornelia H. Queenston}

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¿Visita Diplomática? {Cornelia H. Queenston}

Mensaje por Nike von Austerlitz el Miér Mayo 04, 2011 9:51 am

El vuelo en avión había sido horrible, no fuera por la calidad del vuelo sino porque en sí no me gustaba volar. Detestaba la sensación de no tener los pies en la tierra y depende de un aparatejo. Por esa misma razón jamás me había metido en el mundo de la aviación, no le tenía miedo a volar pero sí me incomodada tremendamente. Desde mi llegada fui dirigida directamente al despacho privado de la presidenta de las Naciones Unidas, sin más explicación sin más parrafernalia, todo el mundo sabía porque estaba aquí, yo sabía porque estaba aquí.

Llevaba el uniforme militar, tampoco se esperaba otra cosa. Era así como me sentía más cómoda. Al fin al cabo eso era lo que era y no me avergonzaba de ello. Mientras caminaba con paso seguro por los pasillos siendo conducida por un oficial, que no pasaría de los 20 años, sentía las miradas clavadas en mí. Eso me hizo esbozar una sonrisa un tanto cínica. Ya que no sabía si era por mí o por el uniforme en sí. Sabía que era joven, pero me lo había ganado. Había trabajado muy duro para estar donde estaba e indudablmente aspiraba a más, a mucho más. Y porque la miedica y su marido de turno no hicieran nada por mejorar las relaciones diplomáticas de la Unión que se iría a pique siendo dirigida por dos abogados no significaba que yo me fuera a quedar atrás.

Había visto lo que habían hecho en el sur, como Neo se autoproclamó emperador y yo pensaba hacer lo mismo, pero debía hacerlo con sutileza y ya estaba empezando a maquinar planes. Lo primero era una buena relación personal con la presidenta de NNUU. Me habían dicho mucho sobre ella y como para no, era una de las mujeres más poderosas de nuestro tiempo y dirigía un país enfocado en en la milicia principalmente, por lo que no dudaba poder entablar una bena relación con ella, a pesar de que las relaciones interpersonales no diplomáticas no eran lo mío.

Por fin abrieron la puerta del despacho y me indicaron que pasara, que en seguida llegaría la presidenta. Su nombre era Cornelia, Cornelia Queenstone. Curioso apellido, piedra de la reina. ¿Tendría algún doble significado? Me senté tal y como me indiracon, no estaba aquí para comportarme como me diera la gana, era una extranjera, una invitada y debía comportarme. Esperé paciente, sabiendo que la conversación daría mucho más de sí de lo que yo misma albergaba a imaginar.

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Re: ¿Visita Diplomática? {Cornelia H. Queenston}

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Jue Mayo 05, 2011 7:35 am

En su agenda no abundaba el tiempo libre, cabía destacar, y ahí estaba el mayor problema. Ocuparse de la administración de una superpotencia –mas aun de una que a su vez englobaba diversos Estados- no era tarea fácil y el tiempo parecía evaporarse. Aquél era el aspecto negativo por excelencia: el tiempo. Los “avances” desde el comienzo de su gestión habían sido numerosos pero por mucho que le desesperara la situación, siempre quedarían ajustes que realizar, mejoras que establecer y en definitiva siempre habría un lugar más a dónde avanzar. Y aquel era el mayor problema de C.H. Queenstone, quien podía preveer que no importaba cuanto se esforzase, su mandato acabaría en algún momento –tick tack, Harleen, tick tack- y con él el orden que ella misma había instaurado, aunque basándose en los modelos de su admirada Reagan. Cornelia estaba convencida de que nadie podría hacer más que ella una vez terminado su gobierno, y era por eso que el paso del tiempo le atemorizaba tanto, dejando de lado nimiedades como las arrugas y la edad que en definitiva también le quitaban el sueño en algunas noches. Pero eso era diferente.

Sus pasos resonaron por los pasillos que en realidad no estaban tan desiertos como prometían, pues si bien ella no tenía un par de hombretones detrás suyo. No les necesitaba. No es que fuera una supermujer que pudiera luchar contra cualquier tipo de contingencias que se le presentara –aunque tampoco estamos diciendo que no fuera capaz- pero sencillamente cuando a cada segundo se estaba siendo monitoreado y a su vez se encontraba en su zona especial no tenía porqué temer. Además, el motivo de que se dirigiera en ese momento a su despacho no le parecía exageradamente amenazante. Sí muy curioso y otro tanto de sospechoso, pero no era una amenaza.

Había oído hablar de esa mujer, aunque debía admitir que no mucho. Era una general del territorio potencialmente enemigo, Nike von Austerlitz si mal no recordaba, y hasta donde sabía no debía de ser demasiado diferente de los tantos generales que la Unión debía de tener, palabras más palabras menos. Sin embargo… No debía ser tan similar a los otros; no en vano habría decidido hacer acto de presencia en su elemento. ¿Porqué, entonces? O bien se trataba de un individuo bastante idiota por decir lo menos, o quizás era alguien con un auténtico plan, con determinadas intenciones y objetivos. Y aquello le resultaría de lo más interesante.

Un par de agentes rodeaban el exterior del despacho, mas ella no se detuvo a mirarlos y frunciendo levemente el ceño abrió de una vez por todas la puerta y entró en donde le esperaba la general temeraria. Cornelia no estaba del todo segura respecto a qué se habría esperado de la agente, pero lo cierto es que verla allí ya habiendo tomado asiento le extrañó un poco. Probablemente sería por el aspecto demasiado joven de la mujer, o quizás simplemente por ver un uniforme militar diferente al suyo propio.

-General von Austerlitz. –fue su manera de saludar con una leve inclinación de cabeza a la vez que se dirigía a su asiento con paso veloz, siempre apresurada por no perder el tiempo. La General era mucho más joven que cuando ella había alcanzado ese rango, a decir verdad, y eso ponía en manifiesto directo su potencial; no podía ser simplemente una mujer con suerte, aunque las gracias tampoco parecían escasear en ella. –A qué debo el honor. –evocó, sin lograr que su frase sonara como una pregunta. Tomó asiento y no desvió los ojos de ella, examinando desde sus modos hasta las insignias de su uniforme. Ahora sería cuando determinaría si sólo era “interesante” o quizás algo más valiosa.
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Re: ¿Visita Diplomática? {Cornelia H. Queenston}

Mensaje por Nike von Austerlitz el Jue Mayo 05, 2011 8:08 am

El tiempo pasaba lento, demasiado lento. Estaba acostumbrada a moverme todo el día y suplir lo que la miedica y su tanda de abogados no eran capaces de hacer. Por lo que el periodo hasta que la presidenta por fin entró en la estancia se me hicieron eternos. Pero tampoco me importó, tenía muchas cosas que pensar. Había oído hablar de ella y para no, tenía la sensación que me defraudaría la idea que me había hecho de su persona. No la vi entrar pero sí escuché abrir la puerta.

Me levanté, casi como un resorte e hice el saludo militar. Algo que me habían inculcado de pequeña era el respeto entre las personas, ya fueran de menor, mayor rango u otro bando. En este caso me encontraba frente a una igual, militar, comandante general de su ejército y como tal debía reconocerle su rango tal y como esperaba que ella reconociera el mío. Para mí, el honor era lo más importante y eso se trasladaba al trato entre oficiales sobre todo a la hora de tratar con oficiales de otras naciones, ante todo el reconocimiento y el respeto.

Se fue acercando a su mesa y se sentó, yo hice de lo mismo. Había llegado el momento de la verdad, era hora de sacar todo mi potencial.
-General Queenstone.-hablé de forma clara, intentando trasmitir seguridad y confianza en mi voz, pero al mismo tiempo cierta sumisión, para dar a saber que no venía a imponer nada. Simplemente a hacer una oferta. Al tratarla de general, ya que ese era el rango que ostentaba, significaba que la trataba como igual y era así como venái a tratarla, aunque jamás se me pasaría por alto que aparte de General, también era la Presidenta de las NNUU. Pero aquí ella estaba como cabeza de su ejército y y del mío. Y dada la política llevaba desde su mandato quedaban muy claras sus prioridades, que eran afines a las mías, el ejército por enciam de todo. Ya me gustaría a mí, fomentar la formación militar desde la escuela y dejar de enseñarles a pintar cueadros o tocar el piano, no necesitábamos un segundo Mozart. Sino líderes fuertes capaces de sostener y sacar adelante una nación.

Era cierto que para mí el arte era muy importante, tenía el título de violinista y era una parte de mi día a día, pero no me gustaba el enfoque que el gobierno le daba. No me gustaba en absoluto, ya que era capaz de ver lo que era realmetne importante en este momento y precisamente, hoy en día, las artes no lo eran. Esbocé una pequeña sonrisa, apenas torcí los labios y correspondí a la inclinación de cabeza. Me fijé en sus rasgos, era atractiva. Se podía decir que me gustó, me gustó como hacía tiempo que nadie me atraía de ese modo. Quizá era porque estaba rodeada de hombres y casi la única mujer que veía en mi día a día era una miedica incapaz de dirigir como se debería una nación.

Me tomé mi tiempo en responder, debía aclarar mis ideas.-General, a pesar de que sea lo que suponga, no vengo en nombre de la Unión. Sino vengo por cuenta propia.-tomé aire, espera que la general, me apoyase. Conocía la enemistad entre la Unión y NNUU, mi enemistad no iba contra mi propia nación sino contra el gobierno de esta.-Vengo por intereses personales, que creo, que usted y yo, general, podamos tener en común.
Ya sólo me quedaba aguardar la reacción de la mujer, para saber si las cosas saldrían como esperaba que salieran.

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Re: ¿Visita Diplomática? {Cornelia H. Queenston}

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Jue Mayo 05, 2011 9:46 am

Y al final la mujer prometía ser algo más que interesante. Su primera impresión en Cornelia no fue negativa, mas sí controversial al llamarla por su rango. Una charla en igualdad de posiciones, aquello era lo que le había sugerido el oírla referirse a ella por su rango militar. ¿Cuándo había sido la última vez que había experimentado una situación así? No podía recordarlo, y probablemente no era a causa de una mala memoria. De todas formas, no encontró nada negativo a que se refiriera a ella de ese modo, pues sus reparos desaparecieron al reconocer una ínfima cantidad de sumisión, que convertía a ese par de palabras en una muestra de respeto echa y derecha. Después de todo y a fin de cuentas ese era su rango y podía estar orgullosa de ello… al menos hasta recordar que aquella mujer con diez años menos casi había logrado equipararla; sólo sería cuestión de tiempo para que la superara del todo.

Aguardó en silencio, analizándolo todo a la espera de que las explicaciones llegaran. ¿Acaso había visto un pequeño asomo de sonrisa en ese rostro? Extraño, sutil y ligeramente llamativo, aunque no para Cornelia. Había sonreído. ¿Y qué? Ella también podía sonreír levemente, de hecho bien había sentido un leve impulso de hacerlo, pero eso jamás ocurrió. En lugar de eso

-¿Ah, no? –musitó arqueando una ceja, ocultando parte de su sorpresa ante aquella pequeña revelación. Observó con cierto aire contrariado el uniforme de su interlocutora por espacio de unos segundos, como si estuviera cuestionando así las palabras de la mujer. Sin embargo, no tenía porqué extrañarse de ello: a veces la milicia sencillamente pasaba a formar parte de los individuos. Ella de primera mano podía asegurarlo.

Queenstone se acomodó levemente en su asiento, adoptando una postura ligeramente erguida, un autoreflejo propio de ella. Así qué tenía sus propios motivos… estaba ansiosa por conocerlos de pronto. Era como un nuevo juguete para un niño, quizás uno de su propio pasado, obsequiado por su padre por dar un ejemplo. Sin embargo debía de ser algo más que un mero juguete, podía ser quizás un gusto por algún juego en particular. Finalmente Cornelia dejó de reprimir aquella leve sonrisa que había amenazado con salir a la luz blanca de la iluminación artificial, aunque con un aire francamente sarcástico que no podía quitarse cada vez que sonreía.

-¿Qué intereses en común puedo tener con un miembro de la Unión, General?-su sonrisa desapareció de pronto, tan efusivamente como llegó. Su lugar fue ocupado por una pequeña mueca que denotaba la curiosidad de la mujer, que a pesar de hacer preguntas ya comenzaba a acercarse a las respuestas. –Aunque no tengo fundamentos para imaginar que usted es un miembro común de la Unión Euroasiática. ¿Me equivoco? –cuestionó, hasta que finalmente regresó a su estado de silenciosa vigilancia, tal como el de las cámaras ocultas –y no tan ocultas- de la habitación. Aun era muy pronto para poder emitir juicios correctos a su costa, pero no obstante podía sentir una leve familiaridad en cuanto a ella. Quería conocer sus intereses personales, sin duda alguna, pero algo le decía que aquello no sería una misión tan sencilla como cabría suponer.
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Re: ¿Visita Diplomática? {Cornelia H. Queenston}

Mensaje por Nike von Austerlitz el Jue Mayo 05, 2011 10:11 am

Me quedé quita notando su mirada, sabía que me estaba evaluando tal y como yo había hecho con ella nada más que entró. Era una tactica común entre los militares, conocer al enemigo así conocerás su punto flaco. Esa era la forma de atacar y ganar, no lanzar todo un ejército del hombre sin estrategia si quiera. La estrategia era la clave para la victoria y sólo se necesitaba coger un libro de historia para comprobarlo. La historia era lo que nos daba nuestra identidad y había que saber valorarla, analizarla y aprender ella para no volver a caer en los mismos errores, al igual que servía para buscar modelos a seguir.

Sabía que los primeros momentos de la conversación no serían fáciles, estábamos en bandos diferentes y eso dificultaba la cosa pero no esperaba que la situación se mantuviera así a lo largo de toda la convesación. Decían que la presidenta era muy dada a buneas conversaciones y esperaba que los rumoeres que cruzaba el océano fueran ciertos. No sabía hasta que punto le podrían interesar lo que yo tuviera que decirle, pero aunque sea podía asegurar que le llamaría la atención ya que mi propósito no era otro que acabar con el gobierno actual de la Unión Eurosiática e imitar el modelo político de las Naciones Unidas mezclando dejes con el Imperio Antártico. La verdad es que si mi propósito llega a cumplirse conseguir una alianza con las NNUU sería mi primer paso, por lo que si conseguía una buena amistad con su cabeza de estado en este preciso instante, todo lo demás iría más rápido.

No sólo me juntaba a ella por intereses, sino también ya que parecíamos ser afines en muchos aspectos y eso me gustaba, hacía tiempo que no sentía tal reconocimiento con una persona. La presidente, era algo más de una década mayor que yo y eso hacía que indudablemnte la viera como un modelo a seguir, alguien que me podía serivr como referencía de a donde era a donde podría llegar. Y de hecho, la tenía como tal, prefería admirar y respetar a alguien así antes de que a una miedica que se esconde tras hombretones. Esperaba que ella percibiera la admiración que sentía por ella ya que sino hubiera sido así, no hubiera cruzado medio mundo para estar aquí, ahora.

Amplié más mi sonrisa, cosa que era realmente extraño en mí, al escucharla. Sabía que mi vista era extraña, era consciente de ello, pero no me importaba. Me erguí algo más en el asiento, ahora venía la parte que más me gustaba. Le explicaría mis intereses y donde podrían estar relacionados con los suyos.-En absoluto, mi General, no se equivoca. Los intereses que persigo son diferentes a los que tiene acutalmente la Unión, y creo, que tienen relación con los suyos.-la miré, está vez más seria. Ahora sí que necestiaba que me escuchase como una igual, ya que estos temas sólo se podían hablar de igual a igual. Hablaríamos como cabeza de nuestros repsectivos ejércitos o al menos yo lo esperaba así.-Conozco la enemistad entre nuestras naciones, y la verdad, sólo puedo decir que no me extraña que la haya. El gobierno de la UE es poco más que corrupto, el ejército ha pasado a un segundo plano y apenas recibimos ayudas del gobierno. Ha llegado hasta tal punto la situación que se ha retirado la formación militar de las escuelas. Lo han sustituido por educación artística. Cosa, que en mi opinión, no tiene utilidad dada como están las cosas en el momento actual. El gobierno está dirigido por una mujer, que se esconde detrás de guardaespaldas y su esposo, se desliza de cama en cama de sus numerosas amantes. Realmente, la Unión no fue lo que en su momento y si ahora mismo, usted y su ejército, General, pretendierais invadirla tendríais muchas probabilidades de conseguirlo y esto. Os lo digo como Comandante General del Ejército de la Unión. Lo que vengoa proponeros, es algo curioso y sin lugar a dudas inaudito. Es una alianza. Pero no entre naciones, mi General, porque entonces os hubiera tratado de Señora Presidenta. Sino entre ejércitos, una alianza militar, mi General.

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Re: ¿Visita Diplomática? {Cornelia H. Queenston}

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Jue Mayo 05, 2011 11:32 am

Le gustase o no, lo prefiriera o lo rechazara, la conversación había pasado a desarrollarse de igual a igual. Ello no era algo negativo a fin de cuentas, pero para quien llevaba tanto tiempo arraigada en el poder y en los tratos como una superior podía causar cierta desazón. Sin embargo Cornelia se consoló pensando en las insólitas cualidades que suponía su interlocutora debía de tener para estar donde estaba en ese preciso momento y, por supuesto, en aquellos intereses que decía debían de compartir ambas. En todo caso, si debía tener un diálogo de igual a igual, no le hacía asco a la idea de llevarlo a cabo con esa mujer que tenía enfrente.

Y la presidenta se prestó a escuchar lo que ella habría titulado como Las Mil y Un Desgracias de la Unión, repasando aspectos como la –a su juicio- inútil educación a los más pequeños de la población y lo referente a la principal governante de la Unión, aquella mujer que más que aborrecible se le volvía incomprensible. Sencillamente, no podía entenderla. ¿Relegar a la milicia? ¿Regular el desarrollo de su territorio con semejantes políticas? ¡Pero por favor! Si ni siquiera podía mantener a su marido en su propia cama…bueno, precisamente ella no era la persona indicada para juzgar ese aspecto en concreto, ella misma se había encargado de destrozar todo lo referente al matrimonio dentro de su ámbito privado, de una u otra manera. De cualquier manera, no podía entenderla, ni siquiera a su enorme fijación por las obras de arte, las antigüedades y demás, tan manifiestas en toda ella. Cornelia jamás había logrado apreciar el arte y la belleza en general de la manera correcta, por lo que aquellas obras de arte que Bonham idolatraba para ella no eran más que montones de colores esparcidos en un lienzo, de una calidad y un diseño más que malo a comparación de lo que los actuales medios gráficos podían alcanzar. Y lamentablemente aquel aspecto posiblemente nunca iba a cambiar en ella; era una de las desventajas de ser una Queenstone.

Una pequeña fracesilla llamó la atención de la dirigente máxima, quien alzó una ceja mientras en su mente imaginaba el sentido real que tenían aquellas palabras. Básicamente lo que la rubia le proponía era un negocio, una auténtica alianza militar que le sería beneficiosa a ambas partes, en especial a von Austerlitz. Pero, ¿Realmente estaba en situación de aceptar semejante ofrecimiento? ¿Porqué hacerlo? Ella misma lo había dicho: si se propusiera invadir el territorio enemigo muy posiblemente conseguiría la victoria. Entonces, ¿de qué le servía el apoyo si aparentemente no lo necesitaba? De nada, al menos aquello fue lo primero que la mujer pensó y esto se manifestó en su rostro por un par de segundos; una futura negativa. Habría sido capaz de emitir una risa burlona, hacerle notar a su “colega” que su ayuda no sería realmente necesaria y posteriormente la habría invitado a pasear hasta la zona de la U.E., pero una idea fugaz le hizo fruncir levemente los labios y descartar la idea de pronto. Aquella mujer no era tonta, no había dejado caer esa pequeña información así porque sí, buscaba comprobar algo, y Cornelia tenía el presentimiento de que a pesar de no haber emitido palabra ya le había dado lo que quería.

Sonrió levemente, una pequeña mueca que buscaba tranquilizarse a sí misma. No había echo un daño considerable a su imagen, simplemente se había mostrado un poco menos merecedora de confianza: tal como debía ser, se dijo, teniendo en cuenta su puesto. Sin embargo con eso no podía ser suficiente y acto seguido se prestó a asentir con la cabeza. –No me sorprende que prefieras revelarte. –dijo escogiendo sus palabras con cuidado. –Yo también lo habría echo, aunque no puedo imaginar una vida fuera de mis Naciones. –dijo con cierto énfasis en sus palabras, aunque sin darse cuenta. Relajó su postura de pronto, apoyando su espalda contra el respaldar de su butaca, con cierto alivio. Así que era eso, negocios. –Creo que es una buena idea; aceptaría la alianza. Mas, ¿qué te hace pensar que funcionaría? ¿Tus hombres y mujeres están dispuestos a pelear codo con codo junto a nosotros?- y tras decir eso desvió la mirada hacia una de las tantas cámaras, semioculta en la pared. Una suerte que no transmitieran sonido; una desgracia que aquello no le resultara necesario a los operadores a la hora de descifrar una conversación.
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Mensaje por Nike von Austerlitz el Vie Mayo 06, 2011 2:42 am

Acabé y aguardé su reacción, sabía que las siguientes palabras de la presidenta serían las definitivas, había optado por ir al grano ya que no había cosa que me disgustase más que andarme por las ramas, hablar y hablar sin tener idea de lo que se decía, igual que hacía la miedica en sus discursos a los cuales me veía obligada a presenciar. Debía fingir que la milicia estaba a favor de las decisiones tomadas por un gobierno compuesto por abogados, que se dedicaban a matar una ley tras otra, y eso que ya la corrompían bastante cada vez que la interpretaban. Me aburrían mortalmente, tenerme aburrida no era bueno, no, no lo era.

Mantuvo mi mirada en lo alto, no podía permitir que me aplastase. Debía ganarme su respeto tal y como ella tenía el mío. Si esto seguía adelante debíamos tratarnos de igual a igual, no podía permitirme quedarme en un lugar inferior y esperaba ella que captase la idea. Era cierto que podía intentar un Golpe de Estado por mí misma, de hecho, ya lo tenía pensado, tenía la mayor parte del ejército bajo mi control pero reconocía que era mucho más práctico si contaba con el respaldo de un país como Naciones Unidas, donde la milicicia tenía casi todo el poder en sus manos. No, perdón,tenían todo, sólo hacía falta ver a su dirigente como para darse cuenta de ello.

Algo me dijo, por la postura, que Queenstone había aceptado, otra peuqeña sonrisa se dibujo en mi rostro. Según Bonham era una sonrisa calculadora y maquiavélica. Ahora sí que tenía razón aquella mujer, esta sonrisa ocultaba plantes y no precisamente benévolos para con su gobierno. Me hacía gracia pensar lo que esa mujer estaba pensando que haría en este preciso instante. Dedicarme a las artes, quizá. Que ingénua. Era incapaz de pensar que aquella mujer llegaba a los 40 pero su mentalidad no dejaba de ser tan simple como la de una niña.

Miré directamente a Queenstone, y asentí brevemente con la cabeza. No pensaba exactamente revelarme, ya que las revoluciones nunca acababan bien, mis intenciones eran otras, iba directamente al quid de la cuestión. Sublevarse no era otra cosa que andarse por las ramas, yo quería la esencia, en otras palabras: un golpe de estado.-Como siempre, hay de todo. Pero sí puedo asegurarle que tengo hombres fieles a mi causa. Lamentablemente el número femenino entre mis filas Ha disminuído bastante en los últimos años dada la política llevaba por Bonham, y muchas de ellas están a su favor. Mas puedo asegurarle una cosa, tengo mi ejército controlado, mis oficiales son de fiar.-me quedé callada unos instnates. Confiaba en mis subordinados, sobre todo aquellos que me habían demostrado que podía confiar en ellos.-Realmente, no sé si funcionará o no. Lo único que tengo claro, General, es que si no lo intento jamás sabré si esto podría funcionar o no. No me gustaría ver como la Unión se hunde, no bajo el poder de otras potencias sino como se hunde a sí misma.

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Re: ¿Visita Diplomática? {Cornelia H. Queenston}

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Sáb Mayo 07, 2011 3:59 am

Queenstone asintió en silencio, los ojos fijos sobre su escritorio. Sí, tendrían apoyo de al menos una porción de la milicia probablemente. Y no, von Austerlitz no parecía dudar ni una de las palabras que emitía, aunque también era cierto que al fin y al cabo no había tenido más opción que recurrir a ella… Y ello podía resultar algo peligroso, pues las personas desesperadas podían tomar medidas de igual índole. Sin embargo, en ese caso eso no ocurriría: la misma necesidad que le había arrastrado hasta el Omnipotent le obligaría a cooperar constantemente con las Naciones, siempre en pos de su propio beneficio claro.

-Esas idiotas... –masculló secamente, aun desviando la mirada. Cornelia adoraba a las mujeres, podía sentir admiración por ellas con mucha más facilidad que cuando de un hombre se trataba, y sin embargo también podía llegar a odiarlas como a más que nada en el mundo. ¿Por qué? Ellas eran quienes más podían decepcionarlas en todo el mundo entero; ellas eran sus heroínas y de pronto sus capas voladoras podían atascarse en el rotor de un avión…por decir lo menos. Hizo una mueca. Las mujeres de la Unión Euroasiática no le agradaban en general; ni hablar de su líder, aquella muñequita de porcelana que en más de una ocasión le habría gustado estrellar contra el suelo. Y sin embargo, ahora bien podía tener una oportunidad de hacerlo: Nike von Austerlitz se la había presentado, en bandeja de plata. De no ser por la influencia de aquella mujer apasionada por las antigüedades, la Unión tendría una tropa decente. ¡Sí, lo había pensado! Hasta ella, C.H. Queenstone, había sentido pena por el enemigo. ¿Y cómo no hacerlo? Tal como había dicho su interlocutora, sería una pena ver como la Unión se hundiera por sí sola. Una pena bastante beneficiosa y un poquitín de graciosa, desde luego, pero más que nada consistiría en algo patético. Un insulto para el arte de la guerra, y para el juego del gobierno.

-Tiene sentido, mucho sentido. –dijo por fin tras otro período de silencio, volviendo a alzar la mirada y concentrándose en su interlocutora: su expresión, sus ojos, todo estaba siendo analizado nuevamente. Definitivamente, si tenía que tener a una enemiga la prefería a ella antes que a Anne Bonham. Y si debían de ser aliadas… Simplemente, encantada: sus planes eran música para sus oídos y su aspecto no era exactamente algo que le impulsara a desviar la mirada. Y sin embargo aun era muy pronto para confiar en ella; sólo era una aliada. Los aliados podían ir y venir. ¿Acaso no había ocurrido así a lo largo de la historia? Desde luego: Estados Unidos y la Unión Rusa Soviética Socialista habían sido un perfecto ejemplo de ello. Y, hasta donde ella sabía, no había nada que pudiera asegurar que aquel destino no les esperaría a ellas. Sin embargo, tenía que recordar que mientras habían sido aliados de alguna manera habían logrado su objetivo. Con eso podía bastar, al menos de momento. –Me pregunto qué harás con Bonham. Esa perra merece demasiado, y no hablo exactamente de condecoraciones.–dijo mientras esbozaba de pronto una sonrisa algo más visible que las anteriores, aunque para nada algo más inocente: todo lo contrario, era una sonrisa malévola, cargada de expectativas. Quería ver a aquella mujer pagar, pagar por todos los errores e idioteces que había cometido. ¿No se había dado cuenta de que estaba marcando a una generación, una maldita tanda de niños que en su vida jamás imaginarían dedicarse a la milicia y al orden? Vergüenza ajena, eso era lo que ella sentía al pensar en ellos. Y curiosidad, volvió a sonreír. Se preguntaba qué clases de cambios traería consigo la joven general; qué mejoras. Era muy joven, en verdad lo era. ¿Acaso podría hacerlo todo a la perfección? Esperaba que sí, aunque a su vez eso la convertiría en una potencial enemiga. O quizás en una aliada perpetua: aun no podía saberlo. Quizás, por lo pronto, lo mejor sería establecer una buena relación con ella: un auténtico trato de igual a igual. Y de repente, Cornelia se había bajado a su mismo nivel, ahora ella también presa de la necesidad de tener un aliado a su favor.
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Re: ¿Visita Diplomática? {Cornelia H. Queenston}

Mensaje por Nike von Austerlitz el Lun Mayo 09, 2011 5:22 am

La observaba, no por molestarla sino porque a raíz de ello podía sacar muchas conclusiones acerca de su persona. A pesar de todo lo que había oído, no me dejaba llevar por las noticias de los periódicos -los cuales pasaban por el despacho de Bonham.- por lo que las noticias que salían en ellas, eran de dudosa vericidad. Prefería comprobar las cosas con mis ojos, eso lo tenía bien claro, siempre lo había tenido claro, no creía si no veía. Así de simple.

Colaboraría con Queenstone, ambas sabíamos, confiaba en ello, que esta alianza es temporal, como todas ellas en la historia. Naciones se unen para un beneficio común y luego estas se rompían. El futuro era incierto, pero a la vez claro. Con dos potencias alíadas se iría a por la tercera y una vez destruída la tercera esa alianza, ya no podrá seguir en pie por razones más que lógicas. Para que aquello ocurriera podrían pasar años, e incluso nuestras vídas, pero tarde o temprano pasaría. Por lo que en este momento, lo importante era el presente, el pasado porque nos llevaba a tomar decisiones en el presente y no caer en viejos errores, pero no en el futuro.

La verdad, me gustaría contar con más mujeres dentro del ejército. Las mujeres eramos más pasionales, y eso en todo los ámbitos, está más que probado que a la hora de la batallas el lado femenino lucha incluso con más fervor que el masculino. Tener a una o dos de esas entre tus filas era la cosa más valiosa que podía tener. Pero no, de momento contaba con un estúpido grupo de oficiales babosos. Todavía no les había quedado claro por donde iban los tiros y parecía que no les quedarían en un corto periodo de tiempo. A pesar de mis quejas, eran buenos oficiales, al menos, la mayor parte de ellos.

Notaba como me evaluaba con la mirada y como yo hacía lo mismo con ella. Era otro modo de medir fuerzas, la mirada de una persona decía mucho de ésta. Todavía no tenía una opinión clara respecto a ella, pero tenía una cosa bien clara, la admiraba, por lo que había conseguido. Un valor que me parecía indespensable era el reconocimiento entre los rivales, mientras este exista habrá honor y cordialidad entre ellos. La guerra es algo más que lanzarse misiles entre dos grupos, era un juego, un juego lleno de entresijos que si se jugaba bien, podía ser más complejo que cualquier obra de arte. O al menos, para mí, sí lo era.

-La verdad, es una decisión dificil de tomar. Algo habrá que hacer, pero realmente prefiero no evadirme en fantasías y centrarme en lo que realmente importa. Además, si en esta pequeña cuestión no estoy sola, la decisión respecto a ella no sólo constará de mi opinión personal. ¿No cree?
Que hacerle a la miedica, que gratos pensamientos me cruzaban la mente. No tenía nada claro, pero se me ocurrían mil y una cosa, quería algo inteligente que no fuera ni vulgar ni rudo, quería que sufriera pero no precisamente en el ámbito físico. Me sorprendía incluso, con los pensamientos que rondaban mi mente. Estaba claro, que se lo merecía y eso no cabía a ninguna duda.

La miraba ahora, y debía reconocer que pensar en romper esta alianza - amistad que se estaba empezando a formar, en un futuro no me agradaba. Era una mujer la cual no sólo la veía un modelo a seguir, sino también una buena compañera no sólo precisamente de guerra. Una persona, que en cierto modo se asemejaba a mí y eso me gustaba, me gustaba sentirme reconocida con alguien, con alguien "mayor" que yo.

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Re: ¿Visita Diplomática? {Cornelia H. Queenston}

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Miér Mayo 11, 2011 3:39 am

-No, tienes razón. Es algo que concierne a ambas y estoy segura de que ya nos divertiremos discutiendo al respecto. –consintió con una pequeña sonrisa, tan característica de ella. Podía pensar en mil y un cosas destinadas a la “pequeña Anne”, algunas más morbosas que otras, aunque siempre partiendo del mismo objetivo: degradarla, avergonzarla…y sí, básicamente cualquier cosa que pudiera perjudicarla de algún modo. Sin embargo pensar en eso aun era una pérdida de tiempo, sólo era una fantasía: ella seguía en su despacho sin conquistar nada, y probablemente Bonham estaría escuchando música en ese preciso momento. Argh…

-Deberíamos pues comenzar a entrar en acción. Este año se llevará a cabo la Feria Universal, en breve de hecho. –comentó de pronto, a la vez que recordaba la invitación y presentación que el Imperio Antártico había enviado a su persona unos días atrás. Cooperación internacional, paz social, blah blah blah… El evento contaría con la participación tanto de la Unión como del Imperio, y naturalmente que las Naciones no podían ser menos, por más que sus intereses distaran bastante de ese pacifismo idílico. Como si alguna de las potencias siquiera pensase en ello. De cualquier forma, había aceptado pues podía resultar una gran oportunidad, para conseguir aliados por ejemplo. Aunque ahora que Mahoma venía a la montaña -¿o acaso la montaña había ido?- la situación había mutado considerablemente.

-La Feria nos brinda una gran posibilidad para actuar. El quid es cómo actuar. –siguió hablando mientras bajaba la mirada, con expresión pensativa. Se apartó un mechón de cabello de la frente, abstraída. –Bonham probablemente haga acto de presencia, al menos en una ocasión. De cualquier manera ella estaría muy pendiente del evento, no es ella quien realmente me preocupa… -se detuvo justo a tiempo, evitándose añadir que las personas que realmente le preocupaban de la Unión Euroasiática eran sus militares, personas como la misma Nike. No, no habría sido buena idea el decir aquello: se habría delatado a ella misma. –En cuanto a Neo… él es el encargado de la planeación del evento y demás, pero me sorprendería bastante verlo siquiera una sola vez presente. Ese hombre no es ningún idiota pacifista, como nos quiere hacer creer. Estoy segura.

Y de pronto calló, a la vez que una pequeña idea comenzaba a tomar forma en su cabeza. En cierta forma todos los territorios pasarían a estar vulnerables de no tomarse las medidas adecuadas de seguridad aquel día, y si bien ella no estaría muy para la labor de aprovecharse de la situación quizás sí habría alguien disponible. Sí, ya lo creía. Elevó la vista de pronto, preguntándose si acabo von Austerlizt habría pensado lo mismo que ella. Quizás sí, quizás no. De cualquier manera, le parecía una buena manera de actuar, un plan realizable si se contaba con el apoyo que ella había prometido.

-¿No crees que la Unión estará algo distraída, en esas circunstancias? Dependerá, al igual que todos, en gran medida de su ejército para protegerse. Y… -comenzó a arrastrar las palabras, distrayéndose observando sus manos y jugando con ellas como una niña, observando sus uñas que prefería llevar largas y aparentando tranquilidad. No podía estar tranquila, no ante la idea que se le había presenta. -… ¿Y qué crees que ocurriría de no contar con parte de él? –y dejó las palabras flotando en el aire, a la espera de una respuesta. Aquello podría dar lugar a un resultado de lo más interesante y, esperaba, beneficioso.

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Re: ¿Visita Diplomática? {Cornelia H. Queenston}

Mensaje por Nike von Austerlitz el Dom Mayo 15, 2011 3:04 am

Me permití dejar volar mi imaginación que poder hacerle, en mis sueños más morbosos había cosas de todo tipo, pero disfrutaría muchísimo más viendo a Bonham humillada publicamente, ese creo que sería castigo suficiente. Siempre había sido muy diplomática y porque su política no me gustase no iba a joderle la vida en ese sentido, en la política no había que llegar a las manos aunque muchos políticos obviaban ese pequeño detalle.

Intentaba mirarle a la cara, pero no podía, su físico me atraía de una forma que naide lo había hecho. Pero no había sidosólo eso lo que me había cautivado de esa mujer, sino su forma de ser. Toda ella me había atrapado en cierto sentido, y eso no podía ser posible, no podía sentir eso por una perosna a la que acababa de conocer. Si conocer se podía llegar a utilizar ya que lo único que habíamos puesto sobre la emsa habían sido temas políticos.

Salí de mis pensamientos abruptamente una vez que comenzó a hablar. Sí la Feria, aquella patética feria que pretendía fomentar la paz internacional. Pamplinas, cuando ese estúpido evento terminase las guerras comenzarían y todo volvería a ser igual que antes. Esperaba realmente que la gente fuera consciente de ello, de repente, cortó la frase, enarqué una ceja y la observé con curiosidad.-¿Qué es lo que más le preocupa, General? Neo, en este preciso instante, al menos a mí parecer no entra dentro de los objetivos, al menos en un inicio no lo era.
¿Que querría haber dicho? ¿Me estaría ocultando algo? Posiblemente. Queenstone era inteligente, lo sabía y estaba segura que tramaba algo que no era capaz de adivinar el que.

Cerré la boca de golpe, observándola, había furncido levemente el ceño y esperaba. Quería saber si tomaría parte en esto, ya que si no podía contar con su confianza no había alianza. Las alianzas eran de igual a igual, sino sólo uno se beneficiaría y no estaba dispuesta a que me tomaran por tonta. No tenía tanta experiencia como ella, de ello estaba seguro, pero sí tenía la mía y me habían enseñado bien. No dejaría que me tomasen el pelo, no otra vez.

-No sé que pasará, General, ya que no iré a la Feria. Me quedaré en la Unión asegurándome de la seguridad de la zona. Bonham tiene su propio cuerpo de policias como para proteger tanto a sí misma como a todos los que van con ella, la mayor parte del ejército se quedará conmigo...-había empezado a hablar con voz fuerte, segura pero poco a poco se fue perdiendo hasta quedarse en un murmull ode voz. La observaba a ella, jugueteaba con sus manos, con sus uñas.Me quedé observándola sin decir ni hacer nada, me revolví en el asiento. La volví a mirar bajando levemente la cabeza. Poco a poco notabacomo me iba acalorando, antes de que puediera darme cuenta estaba roja, apenas me había sonrojado pero al tener la piel muy pálida se notaba mucho.

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Re: ¿Visita Diplomática? {Cornelia H. Queenston}

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Dom Mayo 15, 2011 7:59 am

Quién le preocupaba, qué le preocupaba… había sido un error el decir aquello, una auténtica metedura de pata. Había visto el gesto de Nike, cómo había levantado una de sus cejas y de pronto fue conciente de su error y de que con él había perdido de repente parte de la confianza que la rubia le había otorgado. “¿Confianza?” se oyó preguntarse a sí misma en su mente. ¿De qué confianza hablaba? Entre ellas no había habido confianza real bajo ningún concepto, quizás habrían llegado a convertirse en potenciales aliadas, pero hasta en las alianzas más fuertes siempre reinaba cierto temor y desconfianza del otro: la historia era la mayor prueba de todo ello. Si quería que Nike confiara en ella debería basarse en algo más que políticas, algo mucho más sólido. Pero, ¿Y porqué? De pronto se dio cuenta de que en realidad no tenía motivos para querer tener una mejor relación con ella, no era algo que se justificara por sí solo. A no ser porque…

-No tiene importancia. –se apresuró a responder con una mentira. No podía admitir que temía a su aliada, aquello era inadmisible. ¿Qué opinaría von Austerlitz de ella si llegara a enterarse? Que era una aliada vulnerable, que quizás no era merecedora de ninguna alianza. Y de pronto se sorprendió imaginando porqué le prestaba tanta importancia a ese hecho, siendo que teóricamente podría conseguir un aliado semejante en el futuro. Y sin embargo le seguía interesando, y le seguía importando su opinión sobre ella misma, cualquiera que fuera.

-Vaya, eso es algo decepcionante. –se le escapó junto con un mohín. Bonham, como de costumbre, estaría tan protegida como la muñeca de porcelana que deseaba ser. Atentar contra su persona se volvía un imposible, por lo que debía descartar esa idea; en cuanto a encargarse de empeorar su opinión, machar su nombre y demás…eso era un tanto más factible, incluso más sencillo. En cuanto a Nike podía percibir cierta negativa a cooperar, más allá del hecho de que hacerlo significaría una organización demasiado compleja para tan poco tiempo. Además no confiaba en Cornelia; eso era otro punto en su contra.

Dejó de juguetear con sus manos de repente, disimulando tan bien como podía la curiosidad de su rostro. ¿Había visto bien? No había dado mucha importancia al echo de que la manera de hablar de la joven se modificara un poco, pasando de decidida hasta finalmente convertirse en un murmullo, sencillamente había imaginado que quizás había metido la pata tal como ella algunos momentos antes y había decidido callar. Pero no era así, y lo sabía. Nike había adoptado de pronto una forma de actuar manifiestamente incómoda y, lo que era peor, hasta había llegado al extremo de ruborizarse. La mirada gacha de la mujer mas joven no podía ocultar lo que era demasiado evidente; ese carmín que tenía por sobre sus mejillas y que le conferían el aspecto de una auténtica muñeca de porcelana. No iba a negarlo, su aspecto delicado le inspiraba mucho más que ternura y la certeza de que Nike no era ninguna muñequita vulnerable inspiraba mucho más que su admiración. Se sorprendió a sí misma observándola fijamente, quieta y en silencio, hasta que de pronto reaccionó y se acomodó en su asiento: piernas cruzadas, un brazo cruzado bajo el pecho –por no decir bajo sus pechos- y su mano libre jugueteando con un mechón rubio de su cabello, formando un casi perfecto rizo. Quizás habría encontrado una nueva forma de afianzar la relación de ambas, por un medio alternativo que en lo personal le parecía más beneficioso.

-Me pregunto si acaso usted tendría algún plan para actuar. Me pregunto qué pasa por su cabeza. –fueron sus palabras, impregnadas de un doble sentido. Sonrió para sus adentros; de pronto estaba coqueteando con otra general y no podía saber con certeza si acaso sus intenciones serían correspondidas o si tan solo se trataba de un malentendido. De cualquier forma, si era una pérdida de tiempo resultaba ser una bastante entretenida y, porqué no, divertida. Una buena anécdota para contar a alguien…si tan solo existiese un alguien.

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