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Llamadas mortales (Cornelia)

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Llamadas mortales (Cornelia)

Mensaje por Alexander J. Haider el Sáb Mayo 07, 2011 2:55 am

Las 11:45 a.m

Salía del calabozo en el que había pasado tres días recluido junto con George, solo salimos nos dispersamos una hacia un lado y el otro hacia el otro, caminaba en dirección del hangar, la idea era pararme a observar las aviones antes de volver al trabajo, aunque iba hacia allí, el aspecto era deplorable, pero llegaría tarde si volvía a casa a ponerme bien.

Caminaba por allí, el sol de la mañana era bastante molesto luego de estar encerrado como una rata durante aquellos días, entonces mientras andaba por allí mirando las aviones cuando vi que un piloto novato se acercó corriendo hacia donde estaba, me giré y enarqué una ceja al ver que venía con prisa.

-Que-dije simplemente a la espera de noticias o fuese lo que fuese lo que quería, me crucé de brazos, realmente no tenía las más mínimas ganas de trabajar y aguantar las hormonas de la presidenta.

Entonces el joven que debía tener unos 19 años, empezó a hablar- la presidenta te necesita en su despacho urgentemente-dijo aun respirando aceleradamente debido a la corrida que se había pegado para llegar donde estaba, por su aspecto se podía decir que no le hacía gracia hacer de mensajero cuando podía volar, pero olvidaba que la gente solo quería ascender de rango y todo eso sumaba puntos, asentí de manera que él se fué maldiciendo cosas que no dí la menor importancia.

Me dirigí corriendo hacia el despacho presidencial, pasando desde el exterior como era el hangar hacia los pasillos del Omnipotent-04, hasta que subí un par de pisos, pasando por pasillos, puertas cerradas y abiertas, hasta que por fin llegué a la puerta del despacho al que me había dirigido, el destino de la carrera, aunque molesto por no haber tenido tiempo para nada, también la curiosidad aumentaba, aun así no estaba de humor para sus ya usuales menosprecios.

Abrí la puerta sin llamar, y allí estaba, entré cerrando la puerta quedandome alejado de donde estaba, iba a apoyarme sobre ésta pero deshice la idea, mi rostro debía parecer un mapa debido al enfrentamiento que tuve con George, pero dudaba que le interesara, tenía asimilado que solo era su juguete, su amante...

-Que quieres-dije serio mirandola y acercandome hasta sentarme en el sillon de enfrente de su mesa.
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Re: Llamadas mortales (Cornelia)

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Sáb Mayo 07, 2011 4:46 am

“…hija del rigor, cree que puede dirigir una nación por la fuerza. ¡Ni hablar de un conjunto de naciones! Carece de formación política, ya habéis visto todo lo que hizo. Una tirana con piernas largas, ojos azules y cabello rubio: de haber nacido un siglo atrás, habría dejado a Hitler sin trabajo. Es una mujer ignorante, incapaz de apreciar nada ajeno a las armas y la fuerza. ¿Cómo podéis permitirle seguir en el poder? Los buenos y los malos nunca existieron, pero…”

Y así continuaba el artículo que la mujer tenía frente a sí, sosteniéndolo con ambas manos y con una expresión completamente seria. Lo había leído, releído y finalmente lo había revisado por última vez, como si esperara que mágicamente las letras y palabras se deshicieran en halagos a su persona. Pero nada de eso ocurrió ni iba a suceder, por mucho que forzara la mirada. Sin embargo, sí existían medidas que ella podía tomar al respecto y, si bien era más un capricho de diva militante que otra cosa, iba a permitírselo.

Cornelia no solía leer periódicos ni diarios extranjeros, a no ser que estuviera segura de que hacerlo le reportaría cierto placer lleno de satisfacción. Sin embargo, en aquella ocasión era distinto y en sus manos tenía un conocido periódico de obra y gracia del Imperio Antártico. La idea, obviamente, había sido que el artículo no llegara a manos de nadie de Naciones y así simplemente fomentar el espíritu liberal de sus habitantes imperialistas…o al menos en apariencia. En realidad, había sido estúpido creer que nada de eso llegaría a manos de nadie de la Zona 36 y, a su vez, sería estúpido pensar que nada de eso no había sido echo intencionalmente. Simplemente, así era la manera de operar del Imperio: desde las sombras, siempre pudiendo ampararse en algún tipo de excusa.

La puerta del despacho se abrió de repente, dando paso a Alexander: piloto, guardia personal y… sin rodeos, su amante. No estaba de humor como para sonreír al verle llegar, aunque lo cierto era que su presencia le divertía en cierto modo. En su lugar arrugó la nariz al ver su rostro. Menudo guardia tenía. –En problemas como siempre, Haider. –su tono de voz fue pausado, pero en él se ocultaba una burla implícita. Por desgracia, ella no estaba tampoco de un humor ideal aquella mañana, y los modos de su querido tampoco le alegraron exactamente. -¿Acaso no lo sabes? –preguntó incrédula, aunque era lógico que no estuviera enterado. ¿Porqué habría él leído un periódico del Imperio? Quizás algo de estupidez se le había pegado al hojear tanto papel de mediana calidad.

Dejó el periódico sobre la mesa de forma brusca y se lo entregó. Luego se quedó en silencio, observándolo atentamente a la espera de una reacción de cualquier tipo. Conociéndolo, no reaccionaría como ella habría esperado: le causaría gracia, por decir lo menos. Y sin embargo no lo había llamado sólo para compartir una crítica literaria, nada de eso. –Zikiya X. Muneehra, la autora. –dijo de repente con una suavidad exagerada mientras esbozaba una leve sonrisilla burlona y ladina. Zikiya X. Muneerah, aquella jovencita, pronto sería responsable de sus palabras.
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Re: Llamadas mortales (Cornelia)

Mensaje por Alexander J. Haider el Dom Mayo 08, 2011 6:58 am

"Problemas", debería creer que hacía eso en mi tiempo libre, acabar en calabozos por placer, soberana estupidez, pero era entendible, creo que ella se aburría de sobremanera, simplemente asentí ante su comentario sobre eso, no sonreí, conociendola solía buscar las castañas al gato, suspiré y esperé a ver, que quería, que necesitaba la presidenta para que fuese tan urgente, estando sentado, vi lo que hacía.

-No lo se-dije mirandola, para entonces ella acercó el periodico y me puse a leer la noticia, no decía nada agradable sobre la presidenta, seguí leyendolo hasta que terminé la noticia, en algunas cosas estaba deacuerdo, en otras lo más mínimo, entonces dejé sobre la mesa el periodico y cuando siguió hablando, escuché, aunque me hacía una idea de lo que pediría, matarla, era lo único que se me venía en mente.

Ella me dijo su nombre aunque lo había leído- así que quieres matarla porque dice lo que piensa ¿no?-dije levantandome de la silla mirandola inquisitivamente, me atraía la idea, pero solo por tener acción, una cosa era lanzar bombas desde el aire que no ves a quien le da, que matar a alguien a conciencia, aunque no negaría una orden, no ahora, que aunque con ganas de discutir, ganas de sacar todo lo que llevaba encima por culpa de los calabozos, dos días encerrado allí con una comida pésima y en unas mismas cuatro paredes no traían nada bueno, solo desesperación y muchos pensamientos.

-La tengo que matar ¿no?-dije mirandola, puede que no, pero ya eran dos años como su guardia, más algunos pequeños encuentros en la infancia, escasos, pero Cornelia no era una desconocida precisamente y ya empezaba a entender sus juegos, entonces me acerqué a ella, me apetecía otro juego, no sabía si estaría por la labor, pero segun tenía entendido los guardias en estos momentos estaban ocupados, es decir vía libre, posé una de mis manos en su espalda acercandola a mi, acerqué mi rostro a su oído y susurré- morirá-dije seco.

Poco después me separé y saqué el paquete de cigarrillos que tenía en el bolsillo, cogí uno y un mechero y lo encendi, para poco después dejar la cajetilla en el bolsillo de nuevo, di una calada y me apoyé en la mesa mirandola-¿algo más querida Rock (and roll)?-dije mientras expulsaba el humo cerca de su cara, sonriendo ladino.
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Re: Llamadas mortales (Cornelia)

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Dom Mayo 08, 2011 3:18 pm

No se había enterado de nada, tal como habría sido normal imaginar y Cornelia aguardó ya mientras lo veía leer cada párrafo, ya algo más tranquila. Su presencia le había tranquilizado; el hecho de tener alguien a quien arrojarle la bronca ya era suficiente. Además, para qué mentir, el muchacho era su opiáceo.

-Exacto. –respondió sin rodeos la mujer, yendo al grano e irguiéndose levemente en su asiento. Quería que la asesinara, quería verla muerta, pero sin embargo arrugó levemente el ceño al detenerse a pensar en algo y finalmente sonrió. Que pensara diferente en realidad le era irrelevante: no eran sus pensamientos los que le importaban, sino en todo caso los intereses ocultos detrás de esa opinión hecha pública. ¿O acaso ella se dedicaba a contratar sicarios para cada periodista que la desacreditaba de alguna manera? Por supuesto que no lo hacía, no habría suficientes asesinos en el mundo para acabar la labor. Sin embargo, no podía dejar pasar esa ocasión. Probablemente la mujer no tuviera la culpa de haber escrito ese artículo –aunque probablemente no habría puesto ni la más mínima resistencia para hacerlo- pero de todas formas eso ya no importaba. Una pena que ella resultara la ganadora del sorteo pero así es la vida…según la presidenta, claro.

-Tómalo más bien como una condena ejemplar. –dijo con una sonrisa ladina, como si mandar a matar a alguien fuera cosa de todos los días. Alex había captado sus intenciones, desde luego, y lo que era aun más importante, parecía estar aceptándolas sin rechistar. Aquello le complacía, y esto no cambió cuando el joven decidió acercársele a ella para asegurarle algo en un susurro. Ella volvió a sonreír al sentir su aliento sobre su oído y su mano contra su espalda, al parecer él quería hacer más que simplemente planear la muerte de alguien, pero finalmente nada de eso ocurrió y volvió a su lugar.

Tan diligente de tu parte, eso es bueno. –comentó, tras lo cual hizo una mueca al verlo sacar el paquete de cigarros. Aquellas cosas no le agradaban, dañaban el cuerpo al fin y al cabo y a su juicio era algo que un militar que se preciara no podía permitirse. –No me extraña que te hayan roto la nariz, esta basura debe ponerte mas torpe de lo que ya eres. –comentó molesta ante el humo que tenía frente a sí e intentando respirar lo menos posible. Alargó su mano y le arrancó el cigarro de las suyas, lanzándolo sin mas a alguna parte de su despacho. Ya se ocuparía alguien de la limpieza, a ella le daba igual.

-Quiero que hagas un trabajo limpio pero discreto, a ser posible inculpa a otro. Dudo que a alguien le importara esa vida, pero de todas formas se cuidadoso. –aconsejó, a la vez que clavaba sus ojos azules en los de su acompañante, como si esperara que así se tomara en serio sus palabras. Era necesario hacerlo, con lo cabezota que era. Alzó una ceja ante el apodo, Rock, y decidió devolverle el “favor” a la vez que se ponía de pie y rodeaba el escritorio con paso tranquilo pero resuelto hasta posicionarse frente a él. –Claro que sí: sexo, drogas y alcohol. Y ya sabes lo que pienso de las dos últimas. –dijo volviendo a abusar de las cercanías, siendo ella esta vez quien acercaba sus labios al oído de él y a su vez rodeando su cintura con sus manos…con el solo objetivo de arrancarle la cajetilla de cigarros de los bolsillos. Los consiguió y pasó a guardarlos en uno de los bolsillos de su chaqueta militar. Por desgracia también se alejó, mas siempre manteniéndose en pie. No le agradaba estar sentada, siendo que su interlocutor no lo estaba: le hacía sentir inferior y ella podía serlo todo menos eso. –Espero que hagas lo que te digo. –fueron sus nuevas palabras, mucho mas violentas que las anteriores, mientras se cruzaba de brazos.
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Re: Llamadas mortales (Cornelia)

Mensaje por Alexander J. Haider el Dom Mayo 08, 2011 11:38 pm

Iba a dar otra calada cuando la presidenta me quitó el cigarrillo de la boca y lo lanzó al suelo, deseé que el despacho ardiera, la miré sin una pizca de gracia, más bien con odio contenido, estaba comportandome pero me había pasado dos días en el calabozo no es que estuviera de buenas y menos cuando no me habian roto la nariz y ella decía que sí ¿acaso no sabía de medicina? mejor dicho ¿ que sabía ella exactamente aparte de mandar?

-Mira, intento de presidenta frustrado...no me han roto la nariz, primera y segunda, fumo si me apetece, me drogo si me apetece y hago lo que quiero que para eso es mi cuerpo ¿te enteras o te hago un croquis?-dije con voz un poco más alta de lo esperado, no estaba para que me tocasen la moral, entonces ella se acercó, aquello se me hizo raro no por el hecho de que se acercara, bueno si pero no como siempre, sino luego de decirme aquella estupidez, aveces creo que hablaba con una adolescente en vez de con alguien que sobrepasaba los 30, aunque pensarlo así me hacía sentir muy joven, todo era positivo, quitando a su marido, al cual gustoso me gustaría hacerlo desaparecer del mapa aunque fuera enviarlo al Imperio.

-Sí, ya...matar, limpiar y quedar impune, se lo que hacer en casos así más o menos, dala por muerta..ah y por cierto, devuelveme mi cajetilla, no eres mi madre -dije mirandola, me había dado cuenta cuando se acercó que me la quitó, usaba la misma estrategia cuando quería quitarme cosas, no era de extrañar que me hubiese quitado la cajetilla, aun así lo comprobé, puse una mano en el bolsillo y wala, no estaba- habiendo sido general ¿y eres tan previsible?-dije enarcando una ceja cruzado de brazos.

Aunque cuando se acercó quise que aquello terminara de un modo más bien cercano, pareció ser que ella se tomó como venganza mi acto anterior, esto parecía ser un juego de niños, a ver quien tardaba más en hacerse el blando o algo así, asi que viendo que ella no optaba por darme mi especial veneno me acerqué aunque esta vez con otras intenciones, me puse contra ella llevandola hasta su mesa, dirigiendola como si de un barco se tratase hasta que tropezó con la mesa o eso oí por el sonido que produjo, el plan A funcionaba, no iba a robarle la cajetilla, más bien otra cosa.

Entonces la besé ¿el por que? por santa gana, dudo que me pidiese explicaciones por eso, ese beso fué muy pasional, casi como desesperado aunque no exactamente del todo, pasé mis brazos de nuevo por su espalda acercandola a mí y en cierto modo teniendola inmobilizada o almenos con ciertas limitaciones para moverse, hice que nos alejaramos de allí mientras seguí con el beso, hasta separarme unos centimetros de sus labios, viendo sus ojos claros y su piel más bien blanquecina-lo haré-susurré y la volví a besar pero esta vez con menos pasión, simplemente un beso, sin misterios.
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Re: Llamadas mortales (Cornelia)

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Jue Mayo 12, 2011 3:07 pm

Había entendido a la perfección lo que debía de hacer, al menos eso era lo reconfortante de toda la situación. Eso y el hecho de que estuviera allí. De cualquier forma Cornelia no estaba en ese momento como para soportar insubordinaciones, su mal humor apenas y había menguando un poco en cuanto se había convencido de que alguien pagaría por aquellas burlas -porque alguien debía pagar de una vez por todas sin importar qué tan inocente fuera- pero este no había acabado por desaparecer del todo. Y no, Alexander no había colaborado demasiado para mejorar su estado de ánimo; últimamente habían fomentado más la libre discusión que otros aspectos no tan molestos de su relación. Hasta el más pequeño comentario, capaz de inspirarle algo de humor visto en otras circunstancias, había acabado por fastidiarla y una simple y estúpida cajetilla de cigarros se convertiría en un genuino disparador de una auténtica guerra… por así decirlo.

Así que era previsible… pensó ella con sarcasmo, a la vez que se dejaba guiar apenas sorprendida por la habitación. Daba igual lo que dijera, no iba a dar el brazo a torcer: de cualquier modo eso era irrelevante en ese momento…no lo de dar el brazo a torcer desde luego, ella jamás lo haría, pero sí lo de los cigarros. El fin justificaba los medios, sin duda. Pero, ¿Qué fin? Ella detuvo esos pensamientos al sentir que su cuerpo chocaba levemente contra el escritorio. Él quería jugar, no le extrañaba ni le sorprendía, pero ella también y sus juegos eran algo bastante más perversos. Unos besos y un revolcón no le resultaban tan atractivos como otras alternativas, algo más “creativas” como le gustaba pensar en ellas. Y mas elocuentes, que vamos, sacar lo peor de ella no era algo que le costara demasiado.

Él le había besado, con urgencia y un dejo de desesperación, justo como a ella le gustaba. Ella había correspondido la acción de igual manera pero había ciertas diferencias respecto a ambos. Lo había disfrutado, le agradaba que la besara, y sin embargo seguía molesta; era mejor si lo estaba. Por supuesto que lo haría, se repitió mentalmente para luego recibir un nuevo beso, esta vez mucho más pasivo que el anterior. Sus manos se movieron ágiles por sobre la espalda del joven y sus dientes aun con más prisas, al momento en que Cornelia decidió dar por finalizado el beso mordiendo con fuerza los labios de su “pareja”, hasta que sintió la esencia metálica de la sangre en sus propios labios y se separó de pronto, utilizando las manos que momentos antes lo habían aferrado para apartarlo de sí con un empujón.

-¿Qué te has creído? ¿Que aquí las cosas se hacen como y cuando tu las quieres? –tras lo cual soltó una carcajada algo más que amarga. Estaba molesta, como era evidente: él había cometido un error al atreverse a besarla de aquella manera, un error que las cámaras bien podrían atestiguar. La verdad es que el que Queenstone mantuviera una vida extramatrimonial más que activa no era ningún secreto, el problema radicaba más bien en el cómo antes que en el qué, y ella prefería tener en cualquier caso el dominio de ambos. Así pues, siempre podría aprovecharse de la situación, tanto frente a cámaras como sin ellas. De ser sinceros, en realidad estas no le preocupaban: en todo caso le darían otra no tan grata sorpresa a su no tan querido esposo y una experiencia algo más que agradable con su bastante más –aunque a fuerza de malos tratos- amante. Eso claro, si no lo había arruinado todo ya con su accionar. Y allí se quedó ella, de pié y observándole con una mezcla de diversión y desafío, a la espera del nuevo conflicto que quizás estaría por llegar. O a lo mejor no; de cualquier manera sería un resultado interesante y una forma de mejorar su mañana, que parecía no poder ir de mal en peor.

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Re: Llamadas mortales (Cornelia)

Mensaje por Alexander J. Haider el Vie Mayo 27, 2011 4:40 am

Aquel baile de dominación a ver quien podía más, formaba parte de toda esta "relación" o fuera lo que fuera, de la que aveces deseaba no formar parte, más que nada porque si perfectamente se acostaba conmigo que decir del resto, la odiaba por como me trataba, como un puñetero perro sarnoso y vagabundo, algo que hacia que cada vez que la viera ese odio aumentara de igual modo que esa misma atracción incontrolable, de la que deseaba que desapareciese y solo pululara el odio, a fin de cuentas era el más rentable, todo era más simple con él...estaba claro que la vida no era simple.

Entonces me mordió el labio, me aparté con brusquedad y la miré, había aguantado demasiado comportandome, o intentandolo como para que me mordiera, un irrefrenable deseo de pegarla se me pasó por la mente, pero lo contuve pero no las palabras, aquellas que llevaban tiempo deseando salir, que se quedaban en el lúgubre pensamiento a la espera de la ocasión, a la espera de un cambio o de un divorcio, algo que no ocurría y que me sumía en una mayor ira hacia ella y sus palabras que se las llevaba el viento como una hoja cae en el otoño.

-Almenos las cosas que hago van hacia algun lado!! tu que...mucha presidenta y todo lo que quieras, pero no sirves para nada! solo me haces perder el tiempo y yo estupido por querer perderlo contigo!! ¿cuando demonios harás algo, eh? porque me largaré...de aquí y prtobablemente de las Naciones Unidas, aunque haré lo de tu encargo-dije cabreado- ah! por cierto, vete a la mierda con tu intento de dominación que lo unico que haces es cabrearme más, si quieres jugar a ver quien domina a quien, comprate juegos de sadomasoquismo y haces un pacto con algun sumiso yau, pero de mi te olvidas! ¿entiendes? y cuando tomes una puta decisión me lo dices, así dejaré de hacer el gilipollas!-dije estando fuera de mí completamente.

Le habia seguido el juego de a ver quien podía con quien, pero con los años ya no me parecía tan interesante, simplemente ese juego era que un día ella dominaba y otro yo, como una lotería pero a lo sexual y salvaje, lo bueno es que no lo hacíamos constantemente pero si lo suficiente como para llegar a aburrirlo, estaba claro que esa situación estaba llegando poco a poco a mi límite, como una bomba a punto de explotar y que no se sabía cuando las consecuencias de ésta llegarían a su fin, almenos me habia desahogado.

-No se hacen como y cuando las quiero, pero tampoco como y cuando las quieres, así que...-me encogí de hombros- tengo una duda: ¿cuantos amantes tienes al mes? -dije sonriendo, aunque aun con el cabreo a flor de piel, cualquier mala respuesta encendería la llama de nuevo, era como un descanso en medio de un ring.
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Re: Llamadas mortales (Cornelia)

Mensaje por Cornelia H. Queenstone el Vie Mayo 27, 2011 2:36 pm

Su sonrisa burlona no pudo más que ensancharse al notar los efectos que había provocado ella en su amante: impaciencia, frustración y por sobre todas las cosas, ira. La ira era algo majestuoso, algo admirable en todos los hombres, que podía alcanzar magnitudes impensadas si se la cultivaba adecuadamente y Cornelia sabía muy bien aquello. Y sabía apreciarlo. De todo ello seguramente iba a salir algo malo, y a su vez eso sería positivo: positivo para sus propios intereses, al menos. ¿Y cuáles eran esos? La diversión y el disfrute, desde luego, y siempre obtenía suficiente de ambos estando en su compañía.

Cometió un gran error al oírle hablar y decir todas aquellas quejas y verdades, un error que muy probablemente le cobraría sus represalias. En lugar de adoptar una expresión afectada o cualquier otra medida algo más inteligente que denotara una pizca de comprensión y afecto, se había decantado por la menos apropiada: había reído. ¡Había sido una carcajada! Su enojo no había echo más que causarle gracia, o al menos eso fue lo que ella dejó entrever en un primer momento. Observó al joven con expresión divertida mientras le oía hablar, hasta que finalmente este terminó. Había sido una auténtica suerte, en verdad, el que no hubieran acabado a los golpes, más allá de lo negativo o no que ello podría haber resultado. A lo menos, divertido.

Pero sin embargo las apariencias pueden resultar engañosas y la de Cornelia no era la excepción a la regla, al menos no en ese momento. A pesar de su audible burla podía comprender la situación, al menos en parte, y también podía sentir una fracción de remordimiento al respecto. En especial ante la amenaza de largarse. ¿Por qué importaba tanto aquello? No había sido su primer amante ni sería el último, y sin embargo hasta promesas de un futuro le había echo. ¿Y eso porqué? ¿Qué tenía de especial además de un rostro bonito? No era algo que ella pudiera comprender, al menos no su parte conciente. Y sin embargo ahí estaba ella, de pie ante él, furibundo, y de pronto fue conciente de que debía decir algo al respecto. No algo que sólo enturbiara aun más las aguas –con la facilidad que tenía para aquello- sino una medida un poco más extremista… algo que le asegurara el no perderlo, al menos no por esa ocasión. Ignoró sus otros comentarios, referentes a su papel de presidente por ejemplo, pues sabía que ellos no formaban parte de la problemática principal. La principal estaba formada pura y exclusivamente por ellos ambos, y por su egoísmo. Y sí, el suyo propio ocupaba la mayor parte.

-Ya lo sabes, debes darme tiempo. Aun no es el momento de que haga nada, pero sabes bien que ya falta poco. –fue su excusa en tono seco, su excusa de siempre. Hasta que se quedara sin su poder no sería prudente tomar acciones legales de ningún tipo, entre ellas el divorcio. ¿Cómo afectaría eso a su reputación? ¿Y a su billetera? Un cincuenta por ciento menos en ambos casos, de seguro. Por tanto, no eran buenas opciones, ni siquiera considerables. -¿Al mes? –repitió un tanto sorprendida, aunque aquello fue algo fugas y se permitió una pequeña sonrisa juguetona, a la vez que pasaba a dejar reposar sus brazos sobre su escritorio, arqueándose levemente y, en definitiva, volviendo a jugar. No estaba segura de qué responder al respecto, al fin y al cabo no estaba segura de qué consecuencias podría acarrear tal o cual respuesta, por lo que finalmente se decantó por una evasiva. –La misma cantidad que tú, probablemente. –y luego esperó en silencio, a la espera de o bien un viento apaciguador o aun mejor un huracán.

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Re: Llamadas mortales (Cornelia)

Mensaje por Alexander J. Haider el Sáb Mayo 28, 2011 7:51 am

Su forma de respuesta ante lo dicho, esa risa que surgió de sus labios solo hizo que mi ira, aquella que parecía que por momentos había descendido, solo fué un breve descanso, una breve pausa que solo elevaba lentamente aquella furia hacia ella, sus palabras solo incrementaban algo que llevaba tiempo como extasiado, cierto que habían discutido más de una vez, pero aquello ya sobrepasaba todo el tiempo, aquel tiempo que parecía que ella quisiese que estuviese más a la espera, tampoco creía que mereciese tanto esperar ¿no?, era facil, no había niños de por medio, cosa que hacia que esa tarea no llegase a peor cauce, solo era decirle algo así como " hace tiempo que no te quiero, estoy con otro" o alguna estupidez de esas.

Aquello le parecía divertido, no encontraba la gracia en ningun sitio, mi expresión se tornaba más seria -¿Tiempo?¿ crees que me gusta estar en segunda línea, eh? se me termina la paciencia, bueno, hace tiempo que se me terminó-dije mirandola- entonces pocas o ninguna, no me da tiempo con tus tonterias matutinas o diurnas-dije con voz desganada, era como si esa chispa que ella parecía sacarme, poco a poco desapareciese o almenos ya no fuera tan consistente, estaba claro que no era así, pero era todo muy diferente, como si la melodía heavy de un principio pasase a ser una simple balada, algo que ya aveces carecía de "sustancia", como el suelo mojado por la lluvia poco a poco se disipase, volviendose seco y luminoso por el sol.

-No te voy a estar esperando siempre, a la proxima lo más seguro simplemente...cortaré de raíz esto, no tiene sentido ser tu marioneta para nada, aunque tu que vas a saber, follas con todo bicho viviente
-dije encogiendome de hombros, como si aquello no me importara, como si nada de lo que hiciese me importara, pero solo de pensar que estaba con su marido, que era de él, dicho posesivamente, y probablemente con más...odiaba el amor o fuera lo que fuera esto, estaba claro que aquí el perjudicado en parte era yo, ya que solo me daba largas y más largas...tiempo.

-Siempre dices lo mismo, si me pagaran por oirlo sería rico y no me vengas con tus burlas de mierda joder, ya no eres una cria, esa frialdad es tan falsa como tu matrimonio, así que es mi ultimatum o haces algo pronto o solo termine tu encargo..y aun pidas tiempo, no habrá nada-dije con sequedad, claro y conciso, sabía que lo hacía por la presidencia, el dinero, reputación y blablabla, a mi parecer cualquier escusa servía para alargar esto más, me acerqué a la puerta.

-Con o sin tu permiso me voy a hacer la guardia-dije como finalizando sin mirarla siquiera, en dirección a la puerta, en teoría era un simple aviso, como si a la vez hiciera como si no me importase su reacción, aunque si me importaba, pero estaba cansado de estar ahí...simplemente, como un simple perchero, que si hay ropa puesta bien y sino, también...puse la mano en el puño de la puerta y lo giré, sumido en ese silencio que solía acompañarme como un viejo perro viendo todo, ese que siempre estaba ahi, al unico al que no había de esperar ni dar tiempo.
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